Discurso de todos los diablos: 010

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Preliminares
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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 
CENSURA DEL DOCTOR BARTOLOMÉ DE LA FUENTE


Este librillo de don Francisco de Quevedo, que tiene por título Discurso de todos los diablos, o Infierno emendado, he visto, y puesto que el discurso es de cosas fingidas y compuestas por su imaginación, no hallo que las proposiciones dél tengan cualidad de oficio, porque a todas se satisface con decir que el Discurso es fingido, enigmático y figurativo, para declarar su concepto por enigmas y figuras.
Solamente hallo qué reparar en el título del libro y en el asumpto del autor. Y cuanto al título, me parece que, ut jacet, sin averiguar la cualidad del Discurso, no solamente es malsonante y escandaloso, sino que contiene error contra la fe, porque da a entender en él que las penas y castigos del infierno estaban mal ordenadas y que se ordenaron mejor, porque la enmienda supone falta y desorden en lo que se ha de enmendar, siendo como es de fe que por justo juicio de Dios están ordenadas las penas conforme a las culpas de los condenados, como la gloria conforme a los méritos de los bienaventurados: Justa illud, Paul, Ad Rom. c. 2, «qui reddet inicuique justa opera sua», lo cual se se repite en otros muchos lugares de la Escritura. Y lo que más agrava esta censura es que, ofreciéndosele al autor esta dificultad, en el prólogo, que él llama «Delantal del libro», y viendo que habían de reparar en ella los cualificadores, burla y mofa dellos, remitiendo la solución a Lucifer, de quien se quiere valer para defensa de su título y solución del argumento que contra él se puede hacer.
Cuanto al asumpto del autor, me parece que es satírico y escandaloso, porque da ocasión de errar a los ignorantes y gente vulgar cerca de la materia del artículo de la de las penas del infierno, pensando que son como él las cuenta, y en lugar de poner espanto y terror, como le pone la Sagrada Escritura y los sanctas y la Iglesia católica para que sean formidables y freno para que no ofendan a Dios, pone en ellas consuelo, alivio, entretenimiento y donaires y otras cosas repugnantes al estado de los condenados.


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