Discurso de todos los diablos: 018

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


En esto Bruto, con voz turbada y rostro avergonzado, dijo a gritos:
—¡Ah, senadores!, ¿no oís a César? ¿Esa maldad añadís a las otras contra el príncipe, siendo autores de la maldad: culpar a quien os creyó? Hablad responded, consejeros, con vosotros habla el divino Julio. Tales sois, que yo y Casio fuimos traidores porque os creíamos ignorando que vosotros siempre anheláis a que vuestro ceño y vuestras barbas y lo prolijo de vuestras togas tengan la obediencia y el mando, y el príncipe el peligro. Si en las repúblicas, multiplicando dominios, ejercéis la soberanía, la cudicia de repetir la primera dignidad os hace negociar y no regir, o la consideración de la suerte alternativa os amedrenta, para disgustar al que puede tener alguno capaz del mismo puesto por pariente o amigo. Si asistías a príncipe, de tal manera empináis vuestro oficio, y tanto autorizáis vuestra vanidad, que le viene a ser más peligroso al monarca no obedeceros, que al vasallo no obedecer al monarca. ¿Qué pretendistes con vuestro engaño o nuestra traición? Responded a César; que nosotros padecemos castigo en nuestras afrentas, Uno de los senadores, que sepultado en ascuas enfadaba a las penas, con sobrecejo severo, muy ponderado de facciones, con voz desmayada y trémula, dijo:
—¿Qué habláis los príncipes, si Ptolomeo, rey, mató vilmente al gran Pompeyo por tu causa, a quien debía el reino que tenía? ¿Qué delitos fue en los consejeros matarte a ti para cobrar los reinos que nos arrebataste? ¿Desquitar a Pompeyo es maldad? Júzguenlo los diablos. Achillas mató al Magno por mandato de su rey, y era un bergante que comía de sus delitos. Más infame fuiste tú, que viendo la cabeza de Pompeyo lloraste; más traidor fue tu llanto que su espada; sentimiento mandado fue el tuyo; de la piedad hiciste venganza; más atroz fuiste mirándole muerto que venciéndole vivo: ojos hipócritas no han de estar en la primera cabeza del mundo; nosotros empezamos la restauración con tu muerte; no apresuramos la venida de Nerón; el pueblo no supo escoger. Tal fuiste, tirano, que tu sangre salieron, como de imperio hidra, de una cabeza cortada, doce.


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