Discurso de todos los diablos: 022

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 



»La mu llaman al sueño las mujeres, y el mu al que se duerme; pónenme un babador, cuélganme dijes, nácenme los dientes. Voto a N; por no aguardar eso, y unas viruelas y el palomino muerto, y que no me rasque: «Ay, el angelicos», y «A ro, ro», me esté en los infiernos siempre jamás. ¡Pues qué, si paso del sarampión, y ya mayor voy a la escuela en invierno, con un alambique por nariz, tomados todos los cabos del cuerpo con sabañones, dos por arracadas, uno a la jineta en el pico de la nariz, dos convidados a comer y cenar en los zancajos, llamando señor al maestro; y si tardo me toman a cuestas, y como si el culo aprendiera algo o le encomendaran al lición, le abren a azotes! Maldito sea quien tal quiere volver a nacer.
»Pues consideraos mancebos, acechados de la lujuria dc las mujeres en toda parte y sitiados de su apetito, haciendo vuestras vidas y vuestras almas alimento de su desorden. ¿Ahora había yo de volver allá a calzar justo y andar mirándome a la sombra, trotando con los ojos las azuteas y los terrados, suspirando dc noche, hecho mal agüero en competencia de las lechuzas, abrigando esquinas, recogiendo canales, adorando cabellos, y dando mi patrimonio por la cinta de un zapato, y llamar favor que me pidan lo que no tengo? volver a! ¡Oh, maldito sea, sobremaldito, quien tal quiere repasar! Pues qué, ya hombre, cargado de cuidados, entre arrepentimientos y desengaños, empezando a sentir el montón de las enfermedades que la mocedad acaudaló, haciendo el noviciado para viejo, mandando entresacar capas al barbero, que mejor se puede llamar canario, introduciendo en jordán la navaja, diciendo que son lunares y achacándoselas a los trabajos, negando años a pasar de la jaqueca y dolor de mueles y ijada! ¡Pues qué se compara con haber de ser forzosamente hipócrita de miembros, y decir, cayéndome a pedazos: «Nunca estuve para más; yo lo haré; aquí me las tengo», y otras cosas que cuestan caro a los que las dicen! Mas todo es burla con haber de estar enamorado y solicitar en competencia de los muchachos, retar a toda una mujer entera, y dejarla más amagada que harta, habiendo gastado la noche en achaches y en disculpas y en requiebros vacíos, y ser forzoso ponerme colorado de que digan:


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