Discurso de todos los diablos: 024

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Renegados precitos, habiéndome oído, ¿hay alguno de vosotros que quiera volver al nacer por donde vino, y recular la vida hasta el vientre de su madre?
—Nones, nones —decían todos—: infierno y no mama; diablos y no comadres.
Sólo uno, mal encarado, barbinegro, cara salpicada y zurdo, dijo:
—Yo quiero volver, no por tornar a vivir, sino porque me estoy atormentando aquí con la memoria de los pícaros y mentirosos y enredadores, que en la vida me contaban mentiras, y yo, de puro cortés callaba, y ellos quedaban muy ufanos de que yo los había creído. Voto a N, que no creía a nadie nada, y piensan los bribones guiñapos que los creí. Don Fulano, que me dijo muy estirado de cejas: «Por la misericordia de Dios, señor mío, puedo decir que en mi vida he pedido nada a nadie»; y el ladrón decía verdad, porque pedía algo; que nada no se pide; y porque él no pedía, sino tomaba; era una demanda con don y tenía más deudas que Eva, y nadie le prestó dineros que no prestase paciencia, y era a puras trampas ratonera, y decía que no. ¡Pues la muchacha, que me dijo que era doncella, habiendo tenido más barrigas que un corro de pasteleros, y, habiendo parido la procesión de las amas, y me quería hacer creer que era virgo, siendo ella cáncer y yo escorpión! Y el tenderete, vendiéndome fidalguía, más grave que mil quintales, y más cansado que yo dél, me decía que todos los otros eran judíos, y sé yo que su padre se murió de asco de un torrezno, y que su merced anda de mala con la Pascua de Resurrección, y que en los caniculares echa en remojo toda su casa porque no se le encienda, y que clava una espina a diez pasos de un Ecce Horno, y él piensa que se le pueden fiar paternostres molidos; y voto a N, que sé yo que guarda su dinero y la ley de Moisén. Él dice que espera un hábito, yo digo que al Mesías. Pues el bellaco, pícaro, chancero, que con su «a Dios gracias» por empuñadura, muy entornado de ojos, con su cabeza torcida remendando su intención, me decía:


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