Discurso de todos los diablos: 026

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Entretenidos tuvo esta gente a todos.
Estábase Satanás embobado oyéndolos.
Vino el Soplón, abanico del infierno, resuello de las culpas, y dijo a
Lucifer señalándosele:
—Aquel demonio que allí va despeado, acaba de llegar del mundo, y ha veinte años que no ha venido.
Mandóle llamar; llegó muy congojado.
—¿Cómo te has atrevido —le preguntó— al faltar de aquí tanto tiempo, sin venir a dar cuenta, ni traer alma alguna ni avisar de nada, y diablo me soy?
El diablo le dijo que no le reprehendiese antes de oírle; que «quien condena no oyendo la parte, puede hacer justicia, mas no ser’ justo».
—Óigame vuesa diablencia —decía—. Señor, yo recibí en guarda un mercader: los diez años le tuve persuadido que hurtase; los otros diez que no restituyese.
Dóise Lucifer una gran palmada en la frente, y dijo:
—¡Miren qué traza de diablo ésta! Ya no es el infierno lo que solía, y los demonios no valen sus orejas llenas de agua.
Y volviéndose al diablillo, le dijo:
—Mentecato, con los mercaderes hase de gastar el tiempo, y ese muy poco, en persuadirles a que hurten; pero en hurtando, ellos se tienen cuidado de no restituir. Esto es tanto y no sabe lo que se diabla.


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