Discurso de todos los diablos: 029

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Pues para ver quién fue este desatinado tirano y cuál su violencia, por testigo de su grandeza, por voz de las alabanzas de su padre, con sus propias manos me mató a puñaladas, más él murió en la mesa y vivió en la guerra. Concertadme estas medidas. Su maestro, de quien no quiso aprender a vivir, enseñó con qué le matasen, y una uña de asno disimuló el veneno, y él se quedó cornudo, sin Dios, sin reino y sin vida. A mí me dio el fin que he dicho por lo que habéis oído, y a Abdolonymo, mondapozos, estándolos mondando, le hizo rey de Sidonia, no por ensalzar la virtud, sino por mortificar con afrenta la soberbia de los nobles de Persia después de la muerte de Darío. Topéme aquí con él, porque los privados que ha habido en el mundo nos juntamos a tomar satisfacción de nuestros príncipes, y díjele que dónde había dejado lo de Dios, y que si estaba desengañado; y en razón desto nos asimos cuando llegaste. Matóme porque alabé a su padre. Mira lo que es delito digno de muerte en un tirano, siéndolo sólo en el padre haberle engendrado. A Parmenion y Filotas, sus privados, también los mandó matar, aunque le adoraban y tenían por hijo de Júpiter. A Amyntas, su prima, y a su madrastra y hermano, y a Callisthenes, su privado, mandó matar. De suerte, ¡oh Lucifer!, que el delito es ser privado, no ser malo ni bueno, y es como lo que pasa en la vida humana, que todos mueren de hombres, y no de enfermos; que ése es achaque.
—¿Ahora sabes —dijo Satanás— que la privanza es tropezón y todo príncipe zancadilla; que los tiranos lo aborrecen todo: a lo bueno porque no es malo, y a lo malo porque no es peor? ¿Qué privado han hecho que no le hayan precipitado? ¿Qué digo? Acuérdeseos de la emblema de la esponja: todos sois esponjas de los príncipes; déjanos chupar hasta que estáis hinchados, y luego os exprimen y sacan el zumo para sí.


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