Discurso de todos los diablos: 031

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 031 de 072
Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Determiné, adestrado con estas consideraciones, desembarazar mi ánimo y descansar de todos estos odios: fuime al príncipe, y volvíle cuanto me había dado; y porque la restitución fuese cortés y no grosera, la acompañé con palabras que Tácito refiere y mejora, persuadiéndole a que en darme tanto caudal se mostró espléndido, y en recibirlo prudente, pues mostraba que lo había dado el benemérito, pues lo sabía despreciar. Yo tuve tan grande amor al príncipe, que no acobardaron mi buen celo las amenazas de su condición; batalla, no comunicación era conmigo la suya, según las grandes contradicciones con que siempre le disgustaba. No acallaron mi verdad su locura ni su fuerza, ni menos derramó sangre que a mi reprehensión se adelantase el desvelo de mi conciencia. Mató a su madre, quemó a Roma, éste que despobló todo el imperio de beneméritos con el cuchillo; y estas cosas pudieron persuadir a Pisón la conjuración, que se llamó de su mismo nombre pisoniana, muy bien propuesta, pero mal callada, donde murieron los mismos que habían de matar. Son pasos de la Providencia el guardar al tirano del peligro de la vida, por no venir colmado de las muchas afrentas y desesperación que merecía. Aseguróse el príncipe déstos, pero no de sus vicios, y luego al punto mandó matar a Lucano porque era mejor poeta que él, y a mí también me dio a escoger muerte: mas eso no lo hizo por piedad, antes bien fue fuerza mañosa, pareciéndole a él que la padecería muchas veces repetida en la elección della, y que padecería, la que escogiese, con el efeto, y las que dejase, con el miedo que las rehusaba. Yo, metido en un baño, cortadas las venas, me despaché para este puesto que hoy tengo, donde este maldito aún no se harta de crueldades y lee cátedra de martirios a los diablos. En el Senado cuando mató a su madre, hicieron votos y sacrificios públicos, y osaron adularle con las aras y los templos; y cuando se difirió de la conjura de Pisón, hicieron lo mismo por la salud del príncipe, y mandaron que al mes de abril, en honra suya, le llamasen Nerón. ¡Mirad qué senadores, que luego le sentenciaron a muerte ellos propios siendo su príncipe, y le hicieron morir como merecía porque los creyó! Mas los senadores malos muchas veces aconsejan al príncipe lo que le pueden acusar.


<<<
>>>