Discurso de todos los diablos: 035

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Y volviendo, jugaban a la pelota Santabareno, favorecido del emperador
León, a quien mandó sacar los ojos; y Patricio, favorecido de Diocleciano, a quien hizo pedazos. Decía Santabareno, tomando la pelota:
—Esto es el poderoso hinchado de viento. Pone al príncipe toda su fuerza en levantarlo de un voleo, y andan en el aire, mas siempre bamboleando; y mientras le dan, dura en lo alto, y en no le dando cae, y en descuidándose se pierde; y si le dan muy recio revienta, y en lo alto se sustenta a puros golpes.
Mas Plauciano, favorecido que fue de Severo, a quien despeñó por una ventana para que fuese espectáculo del pueblo, decía:
—Fui cohete, subí aprisa, y ardiendo y con ruido en lo alto, me calificó por estrella la vista; duré poco, y bajé desmintiendo mis luces en humo y ceniza.
Fausto, favorecido de Pirro, rey de los epirotas; y Perenne y Cleandro, favorecidos de Commodo; y Cincinato, favorecido de Vitelio, emperador; y Rufo, favorecido de Domiciano, y Amproniaso, de Adriano, estaban oyendo la voz temerosa y venerable del gran Belisario, favorecido de Justiniano, que ciego, habiendo dado con el bordón dos golpes y meneado la cabeza entorno para prevenir silencio, dijo:
—¿Es posible, príncipes, que todos vuestros validos han sido malos? Peor es en vosotros ser verdugos de los yerros de vuestra elección que nuestras desgracias. Yo serví a príncipe cristiano y justo y que enseñó qué era justicia y hacerla, y debiendo a mi valor el imperio, despojos, y monarquía y triunfos, me hizo cegar, y me dejó pidiendo por las esquinas el sustento con los miserables; y el nombre que se oía animando los estandartes y espantando los enemigos, y que valió por ejército apellidado andaba por las plazas y calles pidiendo sin saber a quién. El favor de los príncipes es azogue, cosa que no sabe sosegar, que se va de entre los dedos, que en queriendo fijarle se va en humo; cuanto más le subliman es más venenoso, y de favor pasa a solimán; manoseándole se mete en los güesos, y el que mucho le comunica y trabaja por sacarle, queda siempre temblando, y anda temblando hasta que muere, y muere dél.


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