Discurso de todos los diablos: 036

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Siguieron luego a estas palabras quejas lastimosas y terribles alaridos, señalando todos con ¡ay! dónde tenían el azogue del favor; y empezaron todos a temblar, que parecía familia de Almadén.
Mas Belisario tornó otra vez a hablar y todos atendieron:
—Ved la infamia de Justiniano, que acobardados sus premios del exceso de mis méritos y servicios, me cegó; y mi virtud tan solamente me negoció la desdicha. Y habiendo de dejarme, temió mi razón y acabó conmigo. Y todos vosotros lo habéis hecho de la misma suerte, y en vuestras corónicas somos manchas coloradas de vuestra reputación.
Y un afligido, que no se dio a conocer, dijo:
—No estéis ufanos de la miseria de los que os creen y pueden con vosotros, que príncipes no habido constantes, y privados firmes: esto es echaros el agraz en el ojo. Josef en las sagradas letras; Eleázaro, conde y príncipe, fue privado de Roberto, rey de Francia, y ni tropezó ni resbaló ni cayo, ni otros muchos cuya alabanza vivió igual hasta su fin, cuyo aplauso no descaeció, cuya dicha nunca la enfermaron los invidiosos, y vivos y muertos y escritos fueron exaltación de sus reyes, como nosotros acusación y escándalo y queja.
En esto se oyó una voz de un espíritu, que decía estas palabras de Habacuc, profeta, hablando con los poderosos:
—Quare respicis super iniqua agentes, et taces devorante impio justiorem se?
Et facies homines quasi pisces maris, et quasi reptile non habens principem.
Et factum est judicium, et contradictio potentior.
Propter hoc Iacerata est lex, et non pervenit usque ad finem judicium.


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