Discurso de todos los diablos: 037

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


—¡Despedazóse la ley, no llego el juicio al fin! —repetían todas aquellas almas cuando el espíritu, para consolarlos desta nulidad que alegaban en el otro mundo contra los que los atropellaron, dijo con el mismo profeta, capítulo II:
—Como el vino engaña al que bebe, así sucederá al varón soberbio, y no será ensalzado el que extendió su alma como el infierno; y él mismo, como la muerte, no se harta, y congregó a sí todas las gentes, y aunóse con todos los pueblos.
»¿Por ventura todos éstos no tomarán parábola contra él y hablilas de sus enigmas; y se dirá: Desdichado de aquel que multiplica lo que no es suyo ? ¡Hasta cuándo agravará contra sí lodo pegajoso.
»¿Por ventura, de repente, no se levantarán los que te han de morder, y despertarán los que te han de hacer pedazos, y serás su despojo?
»Porque tú despojaste muchas ciudades, te despojarán todos los demás que quedaren de los pueblos, por la sangre del hombre, y la maldad de la ciudad de la tierra y de todos los que en ella habitan.
»Pensaste confusión a tu casa, acabaste muchos pueblos y pecó tu ánima.
»Por lo cual la piedra de la pared dará voces, y el madero que está entre las junturas de los edificios responderá, o el escarabajo de la madera lo parlará.
—Yo —dijo el espíritu— no os pondero las amenazas del profeta; sólo os advierto que no hace Dios tanto caso de vosotros, que remita el castigo de los tiranos a grandes príncipes, ni a sucesos prodigiosos, ni a mayores fuerzas: el castigo está en las cosas de que no hacéis caso. Mirad con qué gente hace Dios liga contra vuestras prevenciones, soberbias y vanidades; con la piedra de la pared y el escarabajo de la madera y el leño podrido que está entre las junturas de los edificios. Artillería de Dios es la carcoma, y el gusano, y la mosma, y la rana, y otra infinidad de sabandijas. La palabra de Dios, malditos, es aquí mancuerda de todos vuestros oídos.


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