Discurso de todos los diablos: 041

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


A mi hijo dejo por heredero. Item, a mi mujer dejo esto y esto. Item más, a Fulano, mi criado, tanto y cuanto.
Item más, a Fulana, mi criada, esto y el otro. Item más, a Fulano, mi amigo, porque se acuerde de mí, un vestido. Item más (si muriere), dejo libre a Mostafá, mi esclavo. Mando al señor dotor Fulano una taza de plata que tengo, dorada, por el cuidado con que me ha curado. Y al instante que firmé el testamento, la tierra, a quien mandé el cuerpo, tuvo mujer de monjil, mi criado de lágrimas y vestido, mi amigo de acordarse; y todos andaban dados al diablo. Si yo pedía la pócima, mi mujer respondía: tocas; el criado: ropilla; el esclavo, horro Mahoma. Por darme confortativos me daban zupia. El dotor, desde allí adelante, cuando venía me pedía la taza por pedir el pulso, y de mala gana tomaba uno por otro. Si le preguntaba cómo ha de ser la cena, decía que pesada y honda. Si daba un grito decía mi hijo: ya expiró; mi mujer, descuelguen; el criado, daca; el amigo, veamos; el esclavo, vaya. Y como nada de lo que. mandaba se podía cumplir sin mi muerte, en mandar a todos algo, mande que me matasen todos. Si yo volviera a la vida, éste fuera mi testamento:
Item, mando a mi hijo heredero, que mal provecho le haga cuanto comiere, y que mi maldición caiga, y que cuanto le dejo es de mala gana y por no poder más. A él y a ellos se los lleve el diablo; y a mi mujer, que mala pestilencia le dé Dios, y duelos y quebrantos. Y a Fulano, mi criado, si yo muriere, mando que le persigan y se gaste mi hacienda en destruirle; y si viviere, le daré dos vestidos. Y a Fulano, mi amigo, si falleciere, mando que no le dejen parar ni a sol ni a sombra, y que declaro que es un perro.


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