Discurso de todos los diablos: 043

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Tales palabras dijo aquel difunto por madurar, que Lucifer y sus ministros a gritos dijeron:
—No dice mal este condenado; mas si le oyen y le creen, a los médicos y a los diablos (el ruin delante) los ha de destruir.
Mandáronle tapar la boca, y a pocos pasos que anduvieron fue tal el alarido y la grita, que con prevención y susto se pusieron en defensa.
Habia gran número de gente de todos estados.
—Ellos son —decían—; sáquenlos.
—¿Habíamos de dar con ellos?
—¡Oh, infame mujer! ¡Oh, maldito pícaro!
—Aquí te tengo.
Y otras palabras tal alborozadas como éstas.
Unos se asían de otros, y apenas se vían sino dos bultos: uno con un manto, señas de mujer; y otro hecho pedazos y lleno de alcuzas y jarros y trastos.
—¿Qué es esto ? —dijo la guarda.
Llegó la ronda, bien ordenado el tribunal; respondieron:
—Señor, aquí hemos hallado escondida la disculpa de muchos chismes y la
averiguación de muchas insolencias.
—Aquí están —decían con gran alegría.
—Aquí los tenemos.
Pedían albricias a Lucifer:
—Aquí están, señor, la mujer tapada que dice todas las cosas, y et poeta de tos pícaros.


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