Discurso de todos los diablos: 044

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


No se puede explicar la demostración que Lucifer hizo de haber hallado en su reino estas dos figuras tan perniciosas. Mandó sacar a la mujer tapada; estaba hecha un ovillo, liada con su manto; dio grandísimos gritos, diciendo que no la destapasen, porque se perdería el mundo.
—Déjenme; basta, que estoy aquí sólo porque me tapé; yo tengo infinitas caras, y muchos me acusan que debajo deste manto tienen la suya; mi delito es mi manto. Yo, la pobre mujer tapada, dije al rey pasando un chiste y a la reina otro; yo dije a los privados, yo a los ministros, yo a los señores, yo a los clérigos, yo a los frailes, y a los obispos; y este negro manto ha sido de lenguas, y no de soplillo. No tengo yo la culpa, sino bellacos, que como me ven tapada, se me meten debajo del manto y dicen lo que quieren, y luego no hay sino: «una mujer tapada dicen que dijo»: «¿Saben vuesas mercedes lo que dijo una mujer tapada?» «Cuentan que una mujer dio tal memorial.» Y yo, pobre de mi, soy una tonta que apenas sé pedir siendo mujer. Si fuera yo este bellaco pícaro que está a mi lado.. .
Y él respondió:
—¿Qué culpa es la mia, mala hembra?
—¿Qué culpa? —dijo un demonio—. Ser tú peor que todos nosotros: ¿tú no eres el poeta de los pícaros, que has llenado el mundo de disparates y locuras ? ¿Quién inventó el Tengue—tengue y Don gotondrón, y Pisare yo el polvillo, Zarabanda y dura, y Vámonos a chacona, y Qué es aquello que relumbra, madre mía, la Gatatumba, y Naqueracuza? ¿Qué es naqueracuza, infame? ¿Qué quiere decir Gandi; y Hurrúa, que en la ventana está; y Ay, ay, ay (y traer todo el pueblo en un grito); y Ejecutor de la vara, y daca a Ejecutor de la vara; y Señor boticario, deme una cala; y Válate Barrabás el pollo; y Guiriguirigay, y otras cosas que sin entenderlas tú ni el que las canta, ni el que las oye, al son de las alcuzas y de los jarros y de los platos las cantan los muchachos y mozas de fregar con tonillos de aceite y vinagre y dos de queso, y pella y pastel, que tú compones, y no hay recado que no chilles, ni calle que no aturdas, obligando a que se enfurezcan las repúblicas, y con pregones restañan tus letrillas y hues y ayes y arrorros, cuzas y pipiritandos? Nadie está en los infiernos con tanta causa ni con tan sucia causa.


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