Discurso de todos los diablos: 045

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


El pobre poeta de los pícaros, que no pudo negarse y se vio descubierto y conocido, pidió que le diesen licencia para hablar.
Fuéle concedida, y dijo:
—¿Es mejor lo que hacen los poetas de los honrados? ¿Está mejor ocupado un ingenio en gastar doce pliegos de papel de entradas y salidas y maranas para casar un lacayo sin amontestaciones, que yo, que con un cantarillo y un Cachumba, cachumba, y un ¡Oh, qué lindito!, al muchacho que trae un pastel a su amo, le embarazo la boca con el tonillo para que no dé un bocado al plato, y al jarro un sorbo? Más sisas excusé con el Zambapalo y con la Marigarulleta, que letras tienen mis cantares. ¿Con qué me pagarán que a la niña que trae el cuarto de mondongo la embarace la garganta con el Naqueracuza, y no con una morcilla? ¿Fuera mejor matar de hambre a todos los graciosos, hacer gallinas a todos los lacayos, y en los entremeses deshonrando mujeres, afrentando maridos y cachando costumbres, y entreteniendo con la malicia, acabando con palos o con músicos, que es peor? ¿Es mejor hacer autor, y andar dando qué decir a Satanás, y pidiendo el alma, y lloviendo ángeles a pura nube, y tener a vuesa merced quejoso siempre? —dijo mirando a Lucifer, y que no daba a un poeta una ánima, que siempre se la lleva el buen pastor—. ¿Es mejor andar sacando los pecados propios y mis amancebamientos a la jineta, en los romances, de garganta en garganta, y que canten todos lo que yo había de llorar; y que, si Doris escupe, ande su gargajo de boca en boca? ¿Es mejor que Gil y Pascual anden siempre en los villancicos, el uno con mil, y el otro con portal, tirando las navidades, envueltos en consonantes sin pelo ? ¿ES mejor andar gastando auroras en mejillas y perlas en lágrimas, como si se hallasen detrás de la puerta; y estando España sin un real de plata, gastarla en fuentes y en cuellos torneados, valiendo a setenta por ciento, y sin que se vea una onza gastada en lámparas por los poetas, teniendo repartidos millones en orejas y testuces? ¡Pues lo que hacen con el oro! A carretadas fo echan en cabellos, como si fuera paja donde no aprovecha nadie: ¿y llamándome a mí poeta de pícaros, porque sin gasto ni daño alegro y entretengo barato y brioso con Vengo de Panamá, y De qué tienes dulce el dedo, y Don don camaleón, y otras letrillas traviesas de son y comederas.? No, sino escribiré coruscos, lustros, joven, construyendo, adunco, poro, con trisulca, alcuza, naquera cuza; y libando, aljófar, con si bien, erigiendo piras, canoro con centodeliras:


Zarabullí, ay bullí, bullí, de zarabullí.
Bullícuzcuz de la Veracruz;
Yo me bullo y me meneo,
me bailo, me zangoteo,
me refocilo y recreo
por medio maravedí:
Zarabullí.


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