Discurso de todos los diablos: 046

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


«Júzguenlo los diablos, cuánto es mejor zarabullí que adunco, y cuzcuz que poco; y meneo que pira, y zangoteo que lustro; y refo cilo que trisulca; lo uno es culto y lo otro pimiento. Cuál hará mejor caldo, dígalo un cocinero. Ello bien puedo ser yo, el poeta de los pícaros; mas ellos son los pícaros poetas; y por lo menos a mi no me vela la Inquisición ni tengo examinadores; y míreseme bien mi causa, que soy el mejor de todos; y Dios me haga bien con mis seguidillas y jacarandinas, que no me entiendo con octavas ni con esotras historias, ni se hallará que haya dicho mal de otro poeta.
El culto se iba a embestir con él, armado de cede en joven como de punta en blanco.
Mandóle Satanás detener, y reconociéndole, hallaron que lle vama escondidas y desenvainadas dos paludes buidas y un adolescente de chispa. Mandó Lucifer que, pues cada uno de por sí bastaba a revolver el mundo, que entre sí tuviesen paz, y que se repartiesen el uno a ser confusión de lenguas y el otro sonsonete.


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