Discurso de todos los diablos: 055

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Un condenado venía furioso, más que los otros, diciendo a voces:
—¿Qué es esto? Llámome a engaño: ¿unos diablos tientan y condenan, y otros atormentan ? Todo el infierno he revuelto, y no veo algún demonio de los que me tienen aquí. Denme mis demonios. ¿Qué es de mis demonios? ¿Dónde están mis demonios?
No se ha visto tal demanda. ¡Demonios buscaba en el infierno, donde se da con ellos! Hundíase todo de alaridos, iba a decir de risa.
Detúvole la Dueña, diciéndole:
—Anima desdichada, si aquí te faltan diablos, ¿qué harás por allá fuera? Hártate de demonios.
Él abrió los ojos, y, conociéndola, dijo:
—¡Oh, sobrescrito de Bercebús, pinta de sataneses, recovera de condenaciones, encañutadora de personas y enflautadora de miembros, encuadernadora de vicios, endilgadora de pecados, guisandera de los placeres, lucero de los diablos mundanos, que vienes siempre delante y amaneces las lujurias! ¡Tú si que eres proemio de embusteros y prologo de arremangos! ¿Dónde has dejado los diablos y las diablas que me trajeron; que no soy tan bobo que me dejase engañar ni traer destos demonios con colas y cornudos ahumados, con telas de cochinos y alas de morciélagos?


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