Discurso de todos los diablos: 060

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


—Yo soy —dijo— Pero Gotero; esa es mi caldera, tan famosa entre los cuentos y los muchachos; éstos que me asisten son los gotosos, aquélla mi caldera, y aunque es grande, habré de ensancharla; que son muchos los que vienen a la caldera de Pero Gotero y muchos los que hay en ella. Unos se tiñen como los viejos, a quien allá llamamos los tiñosos de la edad; otros se cuecen, otros se guisan, otros se fríen.
En esto dio tres o cuatro borbotones la caldera, que casi se salía, y el buen Pero Gotero agarró por cucharón un esquife y empezó a espumar. Daba saltos en medio un bulto grande.
—¿Quién es aquél el ojo? —preguntó la Dueña—, que me ha llenado
—Aquél —dijo el buen Gotero— es el Punto crudo, que ha mil siglos que gastó con él lumbre y carbón, y nunca se ha empezado a calentar.
—¡Válate la mala ventura por Punto crudo —dijo el Soplón—, y qué duro eres y qué maldito! ¡Qué de veces te he topado yendo a pedir dineros, y me respondían: «Vuesa merced me perdone, que ha llegado a punto crudo. » Si yo los debía, y venían a cobrar, y suplicaba me aguardasen, respondía el acreedor: «Señor, el venir a cobrar ha sido tan a punto crudo, que no lo puedo suspender., Si pretendía algo, lo daban a otro, y me decían: «Si vuesa merced aguarda a hablar a punto crudo, ¿de qué se queja?» Si solicitaba algún favor de alguna dama, me decía: «Señor, vuesa merced llega a un punto tan crudo, que me ejecutan por dos mil reales.» ¡Válate el diablo por punto crudo, que toda la vida me has atosigado con tus crudezas! Señor Gotero, cuézale vuesa merced hasta que se deshaga; y si no ásele, y tenga asador como tiene caldera.


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