Discurso de todos los diablos: 062

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Hombres del mundo, no prestéis, no convidéis, no déis: pedid y agarrad, y ande el mogollón; que ser quisto no es tan bueno como ser guardoso, y ser rico es mejor que quitarse con los pidones.
No hay cosa tan cara como ser bienquisto, ni de tanta comodidad y ahorro como ser malquisto. No lleven y gruñan, no coman y murmuren; ser caballero de ayuno es gran cosa; que alabanzas pasadas por hospital peores son que un vituperio por ahorro.
Atajóle otra legumbre de la caldera, que nadaba entremetido con todo, bien descubierto; y sabido su nombre, era el Pero, fruta de los achaques y de la malicia, de quien se hace los postres a cuanto oye la calumnia: el Pero, que no deja madurar ninguna honra ni crédito. —«Doncella es, pero amiga de ventana; hidalgo es, pero no sé qué me ha oído; hombre de bien es, pero muy soberbio.» —Y este Pero no hay lenguaje que no le lleve, y los hay de invierno y de verano.
Y oyendo esto, dijo Gotero:
—Es tan agro el diablo, que me tiene hecha un vinagre la caldera, y él se está tan verde como al principio.
En esto arremetió a la caldera con un cobertor y tapóla. Preguntáronle la causa y dijo:
—Están hirviendo ahí Penseque, aquel maldito que es discreto después y advertido sin tiempo, y otro picarón que da mal sabor a toda la caldera y me tiene aturdido; que ni sabe lo que se hace, ni lo que se dice, ni lo que se caldera, y siempre responde que él ata bien su dedo, y sólo trata de atar su dedo, y que como él ate bien su dedo, le basta; y sería mejor que por loco le atase su dedo a él. Esto hace peor caldo que los mojigatos que ahí están.
Gozando de la ocasión y del divertimiento, se entraron gran cantidad de gente, de rondón, sin que nadie les dijera nada.


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