Discurso de todos los diablos: 067

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 067 de 072
Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Y ese diablo del Cohecho, si no le arrebozo, ¿con qué cara se entrará por unas uñas graduadas y por unas hopalandas magníficas? Calle el pícaro; que el título de máximo diablo sólo es mío.
—¿Y yo —dijo otro—, mondo virtudes como níspolas? ¿Soy de los diablos de mala muerte que se hallan detrás de la puerta? ¿conténtome con niñerías?
¿Valgo yo de embelecos de a ciento en libra? Yo soy demonio de pocas palabras: cuatro razones diré, y hable quien se atreviere. Yo el tal diablo he hecho honra el ser cornudos, gracia el ser putas, oficio el ser ladrón, ladrones los oficios.
Y, entre tantos, no hubo quien tomase la mano: todos callaron, dando lugar a un diablazo, que asido de un hablador y de un vano y lisonjero, decía:
—Déjenme entrar, que traigo. . .
—¿Qué traes? —dijo el Entremetido.
Respondió:
—Éstos dos.
—¿Quién son?
—Un hablador y un lisonjero y vano: son piezas del rey, y por eso los traigo al nuestro.
Viólos Lucifer con asco, y dijo:
—¡Y cómo, si son piezas de reyes! Mas, aunque rey y diablo y archidiablo, no gusto desta gente.
Desde lejos un demoñuelo decía:
—Príncipe, seis años ha que ando tras un ruin, y es tan ruin, que no sí cómo lo acabe de destruir, porque, de puro ruin, no es para nada ni bueno ni malo.


<<<
>>>