Discurso de todos los diablos: 070

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 070 de 072
Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Púsose delante, y en viéndola el rebelde serafín, el lucero amotinado, dijo:
—Mando que todos vosotros tengáis a la Prosperidad por diabla máxima, superior y superlativa, pues todos vosotros juntos no traéis la tercera parte de gentes al infierno que ella sola trae.
»Ésta es la que olvida a los hombres de Dios y de sí y de sus prójimos. Ésta los confía de las riquezas, los enlaza con la vanidad, los ciega con el gozo, los carga con los tesoros, los entierra con los oficios. ¿En qué tragedia no reparte todos los papeles? ¿Qué cordura, en llegando a ella, no se resbala? ¿Qué locura no crece? ¿Qué advertencia tiene lugar? ¿Qué consejo se logra? ¿Qué castigo se teme? Y, ¿cuál no se merece? Ella alimenta de sucesos los escándalos, de escarmientos las historias, de venganzas a los tiranos y de sangre a los verdugos. ¡Cuántos ánimos tuvo la miseria y el apocamiento canonizados, que en poder de la prosperidad fueron insolentes y formidables ! ¡Ah, ministros! Reverenciadla y introducidla; y las almas que se mantuvieron humildes a prueba de prosperidad, no hay perder tiempo con ellas. Escarmentad en aquel diablo necio, que para tentar a Job pidió licencia a Dios para perseguirle, empobrecerle y plagarle. ¡Gentil maña, debiendo pedir licencia para aumentarle los bienes y el descanso y la salud! Que en el mundo el que alcanza todo lo que quiere, como no echa menos a Dios para nada, aun para jurarle le olvida.
»¡ Demonios —dijo, empinando el aullido—, publíquense desde hoy los trabajos y la persecución por enemigos mortales del infierno! Son milicia de Dios y medicina de su sabiduría y dádiva de su mano. El rico dice: «Hay que comer y que guardar y que gozar.»


<<<
>>>