Discurso de todos los diablos: 071

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


Y el pobre: “¡Ay, Dios mío! ¡Dios me remedie!» Y pide con Dios, y come por Dios; y al uno le llaman pordiosero, y al otro hombre sin Dios. Trabajos delos el Sumo Señor; descanso y buena ventura y felicidad, vosotros. »Item más, para encaminar el buen gobierno, os mando que ningún demonio pierda tiempo en las audiencias, tribunales y palacios, que los pretendientes y pleiteantes y aduladores y invidiosos mejor saben venir acá y traerse unos a otros, que vosotros traerlos.
»Ningún demonio se me aborrece con otra capa sino la de la comodidad, que es el calzador con que entrará a pocos estirones en la conciencia más estrecha.
»Al dinero, en todas las partes que le toparen los demonios, sin exceptar ninguno, se levanten y le den su lugar, que importa: la causa es secreta, no nos oigan las faldriqueras.
»La guerra se ha de estorbar por todos mis ministros en todas partes, que ejercita los ánimos, premia los virtuosos, ampara los valientes, aniquila el ocio nuestro amigo y acuerda de los santos y de los votos. Diablos, en todo el mundo meted paz; que con ella viene el descuido, la lujuria, la gula, la mormuración; los vicios medran, los mentirosos se oyen, los alcagüetes se admiten, las putas, la negociación; y los méritos se caen en su estado. Y no os fatiguéis mucho en enredar los hombres en amancebamientos y gustos de mujer; no hay pecado tan traidor como éste, que apunta al infierno y da en el arrepentimiento cada vez; y las mujeres se dan mucha prisa a desengañar de sí, y los que no se arrepienten, se hartan.
»Hijos diablos, asistid a mohatreros y a usuras, a venganzas, a pretensiones, a invidias, y sobre todo os encomiendo la hipocresía, que es lazo de todas las cosas y de todos los sentidos y potencias; que no se siente ni se conoce ni se rehúsa, y se premia y se adora.


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