Discurso de todos los diablos: 072

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Discurso de todos los diablos Francisco de Quevedo y Villegas


 


»Y, sobre todo, acreditadme los chismes con los poderosos, y veréis lo que hacen y lo que padecen, y cuál ponen el mundo y adónde van a parar.
»Y esos emperadores y esos ministros no se juntan más, y cada uno pone para sí mismo.
»Los filósofos y los tiranos están donde se oigan y se atosiguen, los unos con oprobios y los otros con sentencias.
»Los soplones sirvan de fuelles, y no de abanicos; aticen y no refresquen.
»Los entremetidos sean piojos del infierno, y coman a quien los cría, y hagan ronchas en quien los sustenta.»
Y mirando a la Dueña, dijo:
—¿Dueñas? Déselas Dios a quien las desea: mirando estoy adónde las echaré.
Los demonios y condenados, que le vieron determinado a ruciarlos de dueñas, empezaron todos a decir:
—Por allá, por acullá; dueña, y no por mi casa.
Escondíanse todos y bajaban las cabezas, viéndose amagar de dueñas.
Viendo este alboroto y temor, dijo:
—Ahora esténse así, y juro por mí y por mi corona, que al diablo que se descuidare en lo que he mandado, y al condenado que más despreciare mis órdenes, que le he de condenar a dueñas sin sueldo.
Esténse varadas en ese zahurdón, y condenaré a los diablos a dueñas como a galeras.
Con esto desaparecieron todos, atemorizados del castigo; y Lucifer se retiró a su antigua noche, dejando a su familia horror, a sus estados leyes y a los hombres advertencia, que, si fa logramos, podremos decir que tal vez es medicina el veneno

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