Discurso leído ante el claustro de la Universidad Central en el solemne acto de recibir la investidura de Doctor en Filosofía y Letras
S. PABLO
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ILMO. SEÑOR:
Hoy que aparecen nuevos elementos en la historia, porque los antiguos van dejando, á lo ménos, la decisiva y no disputada preponderancia que tuvieron en su debido tiempo sobre el hombre y las cosas humanas; cuando el arte parece enmudecer, porque aun no ha encontrado el nuevo ideal que ha de reanimarlo; cuando la ciencia, firme en su base y ley propia — el conocimiento sistemático segun razon cierta y universal — desenvuelve verdades antes desconocidas ó mal ordenadas y formuladas, mientras de otro lado se rige en un sentido cada vez más ámplio y universal-humano en consonancia con la verdad científica; cuando la política ha derrumbado antiguos ídolos del poder público ó sujetádolos á más alta ley y poder que el del derecho personal de gobierno — el del individuo á la vez y el del todo social; cuando, sobre todos estos términos de la vida, la Humanidad ensancha su actividad en todas sus restantes esferas, restituyendo á la Naturaleza el derecho que le negara durante siglos un abstracto idealismo, emancipando al Espíritu del servilismo de la materia, y reconociendo con creciente claridad en el ordenado concierto de todos los séres la universal y fundamental unidad sobre todos igualmente, la ley del Sér Supremo en todo sér y vida finita bajo ella; cuando todo esto, en suma, presenciamos, necesario es estudiar de nuevo y más atentamente las leyes tambien de nuestro propio sér y vida, entrando cada uno en sí y cada uno con todos en la conciencia de sí mismo, para recoger, ordenar, utilizar en bien propio y comun todas las experiencias y progresos pasados, todos los sacrificios y conquistas con la propia sangre alcanzados, y reconocerlos á la luz de un más alto y universal criterio, principio de toda vida, ley y norma de toda humana actividad, sin cuya luz y guia la ciencia seria un cáos y la historia imposible.
Y si, en los tiempos de transicion en que vivimos, más nos espanta y aterra la oscuridad que aun nos rodea, que nos reanima y fortalece la claridad que de léjos presentimos; si observamos frecuentemente aun que la indiferencia alterna con la supersticion, la guia engañosa de las conciencias, en el imperio de los corazones; si este desconsolador espectáculo ocasiona desfallecimiento en unos, deja sueltas en otros pasiones egoistas, y en todos siembra confusion y siniestra ansiosa inquietud, que en la vida exterior política aparece como revolucion de un lado, reaccion de otro, oscilacion impotente en medio y por resultado obligados estamos, si no hemos de perder el último derrotero que nos resta en este cáos, la ley de la razon en nosotros y el sentimiento de la Providencia sobre nosotros, cayendo de aquí en manos del accidente y en el goce egoista de la herencia de siglos, á indagar los principios que determinan el desenvolvimiento humano y la ley á que obedecen los momentos de crisis, como el presente, en nuestra vida. Preciso es tambien, si no hemos de caer en la duda y la desconfianza moral y religiosa de la vida ante la larga serie, aun no terminada, de dolores y de martirios, y de sangrientas luchas que apénas han dejado al hombre espacio para reconocerse y pensar en sí; preciso es, decimos, advertir que cada lucha ha conquistado un bien, y cada dolor ha limitado el reino del mal, siendo la ley de nuestra limitacion, que cada grado del bien cueste á cada uno y á todos un proporcionado esfuerzo y sacrificio. Sin el firme aliento que presta al hombre el presentimiento de un mejor destino, jamas borrado por la adversidad histórica, ni aun por el propio error y daño del fondo de su conciencia, y sin la viva esperanza de realizar aquel destino bajo mejores condiciones y medios, que él mismo, en parte, debe poner, mediante activa confianza en la suprema eficaz proteccion de Dios, habria desmayado en medio del camino creyendo agotada su energía ante las contrariedades históricas. Cuando este presentimiento vivificador no inspira el genio de las razas y de los pueblos, parece como que Dios los abandona, y que cortadas las raices que los sustentan pierden la savia de la vida.
Un observador superficial que viera sucederse naciones, pueblos, imperios, instituciones, produciendo su aparicion y desaparicion esos terribles cataclismos en qué sociedades y civilizaciones enteras perecen, creería el mundo entregado al acaso ó condenado al mal [1], y llegaria á pensar que en este tropel de la vida se cortarian los tiempos. Mas no desconfiemos por estos dolorosos cambios, hijos de nuestra limitacion, de la naturaleza humana, que seria desconfiar de Dios en su Providencia sobre el hombre y sobre todo lo finito. El espectáculo puede entristecernos, pero no debe abatirnos, porque la historia nos enseña que á costa del propio esfuerzo adelanta el hombre hácia el término de sus aspiraciones. Aceptemos, pues, la ley de nuestra gradual educacion y progresivo perfeccionamiento; y estudiemos lo pasado y contemplemos lo presente, no para condenarlos, sino para encontrar en ellos el claro exterior testimonio de la ley que hallamos en nuestra conciencia, y que nos hace entenderlos y estimarlos sobre su mal é imperfeccion misma con la esperanza de lo por venir[2].
Mostrar cómo se cumple esta ley en la historia universal, tendiendo á restablecer al hombre en la entera posesion de su naturaleza y en el libre y justo ejercicio de sus fuerzas y relaciones, para el cumplimiento del destino providencial de la Humanidad, es el asunto que me propongo desenvolver cuanto en los límites de un discurso quepa.
No pudiéramos plantear, ni ménos resolver, semejante tema, si no procurásemos levantar la consideracion á los principios y leyes del movimiento histórico en sus alternadas evoluciones, á traves de las cuales van perfeccionándose el hombre y la Humanidad; si no lográramos penetrar en la idea que anima y determina los hechos al parecer accidentales de la vida; si no fijásemos, en fin, el verdadero concepto de ésta, reduciendo á sistema y cuerpo de doctrina, ajustado á la realidad, la variedad de estados y de sucesos que la historia nos presenta.
En el estado comun del conocimiento, creemos poseer con claridad y suficiente reguladora amplitud el concepto de la vida; ¡pero qué de errores y torcidas consecuencias y aplicaciones falsas nacen de esta presuncion! Atentos al desacorde eco y perturbadora impresion que produce la experiencia diaria, distraidos por el afan de posesion inmediata de la vida y de sus bienes, afan que corrompe el corazon, embota la mente y atropella la voluntad, advertimos sólo que la vida luce un momento en el tiempo para acabar luégo con la muerte; y nos damos á pensar que el puro suceder es el contenido y la ley de la vida[3]. Y si esta nocion puramente sensible que no pasa del hecho es falsa é incompleta, la que la reflexion abstracta forma no es tampoco ni verdadera ni edificante: partiendo del conocimiento empírico de los hechos, y reconociendo sólo lo individual, induce lo comun y lo genérico como idea é ideal indeterminado (hijo del entendimiento y por éste objetivado en la fantasía), en cuya posesion se hace consistir el fin de la vida. El sacrificio de lo ideal ante lo sensible ó viceversa, la confusion entre la idea y el hecho, el desconocimiento, siempre, de lo real y permanente que la vida contiene, es el resultado de semejante concepcion[4]. Preciso es levantar el pensamiento á la region serena de la realidad independiente de todo límite y oposicion de tiempo y espacio como tambien de nuestra concepcion subjetiva; necesario es penetrar en el organismo de las ideas puras de la razon, que, aunque preparados y fortificados por la reflexion, sólo en ella y por ella reconocemos inmediatamente si hemos de reconocer el concepto primario de la vida. Sólo, pues, en la razon y en racional sistemático conocimiento cabe entender esta ámplia, directora y reguladora idea, que afirme nuestras convicciones; que calme nuestras inquietudes; que nos advierta y acuse de los caminos torcidos que seguimos en el pensar y en el vivir; que nos guie para rehacerlos y enderezarlos; y que concierte con plan seguro y fecundo la variedad de estos mismos caminos, según la variedad de los fines de la vida. Mas es preciso escuchar fielmente en todo esto la voz de la razon en nuestra conciencia, sin cuyo testimonio vagariamos inciertos por el campo indefinido de las abstracciones intelectuales: sólo en la unidad de la conciencia tenemos el hilo para esta como para toda indagacion verdadera y fecunda[5]. No es la vida, aunque concepto primero en su género, un concepto, simple en su pura unidad o concepto de simple cosa y sér. Cuando reflexionamos atentamente en ella la concebimos como la propiedad de un sér decimos, en efecto, el vegetal, el animal, el hombre viven. Suponemos lo primero en esta afirmacion que el vegetal, el animal, el hombre son; entendemos todavía que son de algun modo ó manera conforme con su sér, y en este sentido decimos que existen. No confundamos aquí el concepto de existencia más extenso y simple con el concepto de vida más complejo: el mineral existe, mas no diriamos con propiedad que vive. Distinguimos ademas bajo la unidad de la existencia dos modos opuestos: cuando concebimos el cuadrado, el circulo, etc., reconocemos que existen, como figuras inscritas en el espacio, siempre lo mismo, sin variacion; y á este modo de existencia inmutable, eterno, oponemos los estados mudables y sucesivos que nos ofrece, por ejemplo, el vegetal. La existencia eterna, que no es por tanto una temporalidad indefinida, sin principio ni fin, y la existencia temporal se unen bajo la unidad de la existencia en un concepto compuesto, el de la existencia eterno-temporal, la comunmente llamada continuidad, que reconocemos en un sér, en cuanto determina su esencia en estados efectivos, mudables; puesto que su sér y su esencia son siempre, no cambian, y tienen, á la vez, la unidad del sér que en ellos se realiza y la distincion real de sus estados, cada uno en sí, y de uno en otro, sin vacío ni salto entre ellos, ó en continuidad de existir, como decimos[6]. Esto es precisamente lo que constituye la vida, cuyo concepto contiene de consiguiente dos términos: lo permanente, lo variable, y lo permanente en lo variable mismo, pues la esencia es inmutable y eterna, sobre el tiempo. Hallamos, pues, que la vida es la propiedad que tiene un sér de realizar interiormente su esencia, de causar sus reales sucesivos estados (que por relacion al fin y al modo se llaman desenvolvimientos graduales), de efectuar como de suyo y motu propio una serie continua de estados determinados en el tiempo. «La actividad vital es una actividad interna que procede de dentro á fuera por intususcepcion, es decir, una actividad intima[7]é intima aun en su manifestacion relativa exterior.
En cuanto un sér realiza su esencia en la vida de tal modo que obra y se desarrolla temporalmente segun su naturaleza y en concierto á la vez con otros y todos los séres, es y se llama bueno, tiene bondad, la bondad de su naturaleza en su vida temporal, y de relacion. La prosecucion de este bien como fin que debe cumplirse en el tiempo constituye el destino de los seres. Pero no siempre el sér finito efectúa el bien, ni siempre camina en derecho de su destino; á vece se desenvuelve y obra de una manera contraria á su naturaleza ó falta á sus justas relaciones con los demas séres, turbando el órden y concierto que rigen el mundo. En esto consiste el mal, que es al bien como la sombra á la luz: no es real en sí, con sér propio y primero, sino que es pura falta y torcimiento y aberracion de un bien, que allí, en aquel estado, se debió cumplir y no se cumplió sino al reves de bien por el sugeto. No hay por lo tanto mal absoluto y primero[8] como no hay absoluta oscuridad, sino que lo absoluto y lo primero es el bien; y asi come la luz hace desaparecer las tinieblas, asi el bien vence y borra el mal, y el mal en el hombre mediante en parte el propio esfuerza y supremamente mediante Dios.
Importa pues, si hemos de conocer el valor y mérito moral de la historia humana, indagar la naturaleza y el destino del hombre y de la Humanidad. El hombre es un sér de union, de Espíritu y Naturaleza[9]; se relaciona, con el mundo físico por el cuerpo, el cual resume con mayor elevacion todas las fuerzas y elementos naturales; y se une al mundo espiritual por el alma que le constituye ser racional y libre. La Humanidad es el sér genérico y sobre-individual en el cual el hombre nace y vive, como en su comun linage y patria, la más intima, así como los séres naturales nacen y viven en el seno de la Naturaleza; y al modo que de ésta reciben los cuerpos los medios de su existencia y desarrollo, para expresar y realizar en su individualidad la razon comun de su género, de igual manera el hombre que compendia en sí, en intimo concierto, el mundo natural y el espiritual recibe de la Humanidad, y de aquí gradualmente de la nacion, el pueblo, la familia, á más de los medios y recursos que con tan provida riqueza ofrece la Naturaleza á su existencia, las condiciones necesarias á su vida y desenvolvimiento moral para expresar y realizar su esencia y ley de hombre en todos los fines humanos.
El destino del hombre corresponde enteramente á su naturaleza; y como es lo primero é inmediato un individuo humano, debe desarrollar su individualidad en todos los modos de su vida, esto es, debe desenvolver todas sus facultades en el cultivo de cada una y en el proporcionado concierto de todas, recibiendo influencias de todos los séres que le rodean y obrando á la vez con propiedad y libertad el bien de su naturaleza racional, sin dejarse arrastrar por leyes ó fuerzas extrañas que menoscaben su mérito moral y dignidad de hombre. En este doble movimiento de receptividad y de espontaneidad se muestra el carácter propio de todo individuo, que necesita influencias y condiciones de los demas séres (en lo cual es receptivo) para desenvolver y manifestar con propia virtud y energia lo que en él hay de peculiar y único en su género, su individual carácter (en lo cual es espontáneo, original). Así, el árbol, por ejemplo, recibe su alimento del suelo en que radica, de los líquidos que absorbe, de los gases que se asimila, de la luz, el calor y la electricidad que le animan y vivifican; y elaborando todos estos elementos en su seno desarrolla con singular fuerza, lozanía, forma, magnitud, etc., la sustancia vegetal que contiene; resume en su fruto la obra acabada de su individualidad, y devuelve mejorados, los elementos que recibiera. A esta semejanza se desarrolla el hombre, aunque en cualidad y modo de órden superior, con razon y libertad y propia conciencia[10] El destino del hombre bajo el punto de vista del cuerpo, consiste en el cultivo de sus fuerzas, en el embellecimiento de sus formas y en la satisfaccion de sus necesidades legitimas, mediante la completa posesion de las fuerzas y elementos de la Naturaleza, cuyo fin constituye la Industria. La mision de ésta es emancipar al hombre del trabajo material, haciendo que sea ejecutado por agentes naturales, y permitiendo al hombre consagrarse á la cultura de sus facultades superiores.
El desarrollo y perfeccionamiento de estas facultades constituye el destino del espíritu humano, cuyos fines particulares deben, por lo tanto, referirse al sentimiento, al pensamiento y á la voluntad. El Arte corresponde predominantemente al sentimiento, la Ciencia al pensamiento, y la Moralidad á la voluntad. El Arte tiene por objeto la realizacion de lo bello, expresando la esencia divina bajo formas sensibles; en lo cual viene á unir la Naturaleza y el Espirita, infundiendo en aquella las ideas y sentimientos de éste; y á cumplir una obra puramente humana, idealizando la Naturaleza y naturalizando el Espíritu. La Ciencia consiste en el conocimiento de la realidad: por ella aspira el Espíritu á representarse los diversos órdenes de cosas en un sistema de conocimientos correspondiente al organismo de los séres: este acuerdo de lo conocido con lo real y existente es la verdad, objeto de la ciencia. La Moralidad estriba en el cumplimiento del bien con conciencia y libertad, esto es, en la realizacion de los actos de la vida con entero conocimiento y voluntad pura (legitima). Ademas, para realizar el bien se necesitan ciertas condiciones, de las cuales, unas son dadas sin excepcion á todos los hombres, pueblos, etc., por la Naturaleza, en relacion al cuerpo (aire, calor, etc.); por la Razon, en relacion al espíritu, (ideas, leyes, etc.); y supremamente por Dios; y otras son prestadas recíproca y voluntariamente por los hombres mismos en la vida social. Estas últimas constituyen el Derecho humano, que tiende á formar un reino y Estado comun en la tierra, en el que todo sér racional obtenga los medios y condiciones necesarias al cumplimiento de su destino. Estos fines particulares del hombre se desenvuelven y progresan en la historia uniéndonos, en la medida de su perfeccionamiento, con los demas séres y supremamente con Dios. En esta union intima y personal del hombre con Dios y con todos los séres, como bajo Dios absolutamente, cumplida con diligente cultivo del conocimiento de Dios innato en la conciencia y del amor de Dios impreso en el corazon (piedad) y del amor asimismo de todos los seres segun Dios (caridad), en esta union, decimos, consiste la Religion, el fin supremo y el más alto destino de la Humanidad. Inspira la religion el piadoso deseo de unirse pueblos y hombres en el conocimiento y amor de Dios bajo una comunion religiosa[11]para honrarle de una manera pura, libre y bella con espíritu de amor filial, y en universal fraternidad. Abrazando esta union á todo el sér racional en el conjunto de su destino (por lo que cada hombre debe consagrarse con religiosidad á sų profesion determinada) y en su personalidad entera, en cuerpo y espíritu, en pensamiento, en sentimiento, en voluntad, se arraiga en su ánimo y en la creencia de la Humanidad, la firme y animadora esperanza en la saludable y bienhechora influencia de Dios en la vida.
Como todo lo humano sólo vive y progresa en sociedad, exige el cumplimiento de los fines humanos anteriormente expuestos, la formacion de asociaciones especiales consagradas á su realizacion y progresivo desarrollo, las cuales deben constituir un organismo racional, viviendo cada una en si independiente, pero en reciproca influencia con todas las demas. A ello aspira la Humanidad en su historia: en los primeros tiempos, sin darse cuenta de los ensayos con que intenta cumplir esta ley de su perfeccionamiento; y en épocas más adelantadas, procurando realizarla con pleno conocimiento, y aproximándose al ideal que la esclarece y anima, segun el cual debe cumplir cada hombre su peculiar destino en relacion y armonia con el fin total de la Humanidad.
Aparte de estas asociaciones hay otras aun más íntimas, que abrazan toda la vida del hombre y constituyen una verdadera personalidad. Tales son: el matrimonio, que constituye la familia, base primera de toda sociedad; el pueblo, conjunto de familias que reconocen un origen comun y que se enlazan en comunes intereses; la nacion, reunion de pueblos determinada por la Naturaleza con limites geográficos, constituida por los vinculos de raza, de lengua comun, y de comunes tradiciones, aspiraciones y costumbres; y por último, la Humanidad en la tierra que une las naciones bajo el principio fundamental de la unidad esencial humana sobre la oposicion de razas y de pueblos, cuya variedad de caractéres debe venir á enriquecer la obra comun de la civilizacion, concurriendo á ella todos de consuno, libre y pacificamente unidos por los infinitos medios de relacion que el comercio entero humano establece[12]. La historia, pues, debe marchar progresivamente hácia la organizacion justa y libre de la familia, de los pueblos, de las naciones, en la Humanidad, haciendo cada vez más intima la relacion de estas esferas, y aspirando á unir todos los pueblos de la tierra en esfuerzo y trabajo comun para el cumplimiento del destino humano[13]. La prosecucion de estos fines debe ser el objeto de los constantes esfuerzos de la Humanidad en su historia.
Ahora bien: si el hombre, como sér finito, no desarrolla completamente de una vez todas sus facultades, ni agota su naturaleza en una serie de actos temporales por infinitos que sean, sino que siempre le queda algo por cumplir y mejorar, es preciso reconocer que marcha sucesivamente hácia la más plena realizacion de su destino, aproximándose al cumplimiento de su ideal, esto es, del fin racional que debe cumplir en su vida. En esto consiste la gradual perfectibilidad del hombre que, á diferencia de la Naturaleza, constantemente idéntica en todas sus obras, tiene siempre delante y sobre cada acto de su libertad algo nuevo y mejor que hacer en la idea absoluta del bien. La marcha sucesiva que lleva el hombre en esta gradacion hácia el bien constituye el progreso. A esta obra contribuyen en la Humanidad toda, y para cada hombre en ella, todos los hechos y esfuerzos precedentes que nunca son enteramente perdidos en la historia universal, sino que quedan como punto de partida para ulterior bien y mejora humana. De aqui nace una doble ley del progreso: la conservacion y el adelanto. La Humanidad no rompe nunca del todo con su pasado: aprovecha y conserva las conquistas adquiridas en la realizacion de su fin; y sobreponiéndose, cada vez con la fuerza de nueva vida, sólo á los límites que encerraban la antigua (que ántes fueron anchura, ahora son estrechez), ó depurando ideas y elementos torcidos ó viciados, se abre, como el árbol en su crecimiento, nuevos y más anchos horizontes que preparan la completa reintegracion de la personalidad humana en la posesión de sus derechos y en el libre ejercicio de sus fuerzas y facultades.
El hombre y la Humanidad realizan su esencia en la vida por si mismos inmediatamente como séres morales, y supremamente ayudados y guiados, segun su mérito, por Dios como Sér y Providencia suprema. En esto consiste la libertad racional humana, la cual por tanto es la forma cómo somos nosotros mismos causa y causa temporal de nuestros hechos[14]. Las dos condiciones, sin las cuales no se puede concebir la libertad, son: la conciencia y el imperio de sí, mens sui conscia, et sui compos. La libertad es tan extensa como nuestra causalidad, pero no más. El hombre no causa su sér ni sus propiedades, sino sólo sus actos: no somos, pues, libres de sér ó no sér, de obrar ó no obrar, de pensar ó no pensar, etc., sino sólo de obrar de una manera á otra, de pensar esto ó aquello. La libertad, de consiguiente, tiene sus limites en nuestra propia naturaleza: podemos sólo realizar lo humano, que constituye la ley de nuestra voluntad. Pero la ley es conocida por la razon; y si ha de conformarse á aquella nuestra libertad, debe ser esclarecida por ésta. La historia, pues, debe aspirar á la consagración de la libertad humana, no limitándose sólo á vencer la esclavitad social que pervierte las relaciones entre los hombres, sino, radicalmente, á libertar al individuo humano de la servidumbre de la pasion y de la ignorancia que le hacen esclavo de si mismo y siervo del pecado[15]. Por esto ha podido decir un filósofo moderno que la historia del mundo es la historia de la libertad[16]. Todo progreso se traduce, en efecto, en una mayor extension de este principio, condicion necesaria de nuestra vida que nadie puede negar ni limitar, sin suprimir ó anular con él la personalidad humana.[17]
Mas si la libertad del hombre es, como su naturaleza, finita; si su vida está condicionada de todos lados por la Naturaleza, por el Espíritu, por la Humanidad; y si la Humanidad misma como el sér total de union de Espiritu y Naturaleza no es todo el Sér, ni su vida la vida toda, necesario es, si no hemos de dejar sin fundamento la ciencia de la historia, si queremos saber la razon de nuestra limitacion y de nuestra libertad en ella, elevarnos al reconocimiento del Sér infinito y absoluto que funda toda realidad y esencia toda vida[18].
Muchos niegan al hombre la posibilidad de tal conocimiento. Unos encerrándose en el mundo del sentido, confunden en su impotencia el don mas precioso del espíritu; y otros para levantar sobre las ruinas de la razon la fe sin ella inconcebible, deponen ante una irracional creencia el rationabile obsequium, que recomendaba san Pablo. Unos y otros proceden contra razon; unos y otros son ateos. Porque tan ateo es el que niega el Sér infinito absoluto, como el que declara imposible su conocimiento, sin reparar el absurdo que tal afirmacion implica: éstos como aquellos pretenden, acaso sin saberlo, hacer imposible toda relacion esencial entre Dios y el hombre. Pero semejantes esfuerzos son tan vanos como los del que se propusiera privarse de libertad para no obrar el mal: el hombre no dejará de ser, libre, como Dios no deja, en su infinita claridad y bondad, de arrojar torrentes de luz sobre sus oscuros blasfemadores[19]. El pensamiento positivo de la Humanidad en todos tiempos y paises, habla más alto que aquella presuntuosa, cuanto escéptica, declaracion que suele acompañar á la decadencia de las instituciones humanas: «el itinerario de los pueblos está señalado por el itinerario de los dioses, que la Humanidad se forma cuando no llega á conocer en su verdad[20].»
Somos llevados, en efecto, por una necesidad de la razon á pensar en el fundamento de todo lo que conocemos finito, limitado[21]. Y si este pensamiento supremo no ha de ser una idea de nuestro entendimiento sin objeto ni realidad, debemos pensar el Sér que, fundando todo lo finito y condicionando todo lo relativo, no sea él mismo limitado, ni condicionado por otro: ex ipso et per ipsum et in ipso sunt omnia[22]. Ahora bien, este fundamento es Dios, el Ser de toda realidad (Ens realissimum): su esencia una, infinita y absoluta se pone, se afirma absoluta é infinitamente, existe. No cabe, pues, pensar á Dios sin pensarle existente[23], porque en el Sér la existencia es absoluta, necesaria. Su esencia es por tanto siempre plenamente realizada, siendo su vida infinita, absoluta y eterna como su esencia[24]. Él es de consiguiente, el fundamento de todo sér y la causa de toda vida: In Deo sumus, vivimus, et movemur. Creando Dios el mundo y al hombre, su semejante, de su esencia[25], y segun la ley de la contrariedad bajo la unidad, dedúcese que deben existir dos séres relativamente opuestos: el uno constituido por el carácter predominante relativo de lo infinito, bajo la forma de la totalidad y la ligada inmediatividad, la Naturaleza; y el otro por el carácter de lo absoluto bajo la forma de la propiedad y propia causalidad, ó de la libertad y conciencia, el Espíritu. Como estos dos séres son y existen bajo la unidad absoluta del divino fundamento y de su divina causalidad, deben tambien unirse en real union en un sér compuesto armónicamente de ámbos: el Hombre, en efecto, es el sér de union intima de Espíritu y de Naturaleza. Reconocemos estes dos séres, en la union de ambos, como conteniendo en su mayor y más lleno concierto todo lo natural y espiritual que existe, pero siendo reciprocamente limitados: son, pues, infinitos relativos, no absolutos; existen y viven bajo el infinito absoluto, Dios, come el Sér supremo.
Por cuanto la Naturaleza, el Espíritu y la Humanidad son infinitos en su género y modo, deben contener una infinidad de séres infinitamente finitos (individuos), que realicen la esencia y ley de su género, cada uno en su lugar y dentro de sus limites[26]. Segun esto es visto, y la observacion lo comprueba enteramente, que cada individuo no expresa la esencia de su género sino de una manera singular, única, principio reconocido por Leibnitz en su teoría de los indiscernibles. Si no hubiera, pues, más que un número determinado de individuos, la esencia de la especie y el género se agotaria despues de un cierto número de manifestaciones particulares, lo cual es contradictorio. De consiguiente, no hay fundamentalmente y bajo la unidad de la divina causa más que un mundo y género natural, un mundo y reino espiritual, un género humano, que contienen en sí infinitos individuos á la semejanza del género respectivo. La conciencia ilustrada reconoce ya una unidad y ley de Naturaleza en todos los mundos planetarios; y presiente la unidad del mundo espiritual en la comunion de los Santos y de los pasados con los presentes; y reconoce cada vez con más viva claridad y más universal sentimiento una sola Humanidad sobre la distincion de razas, naciones y pueblos, incultos ó cultos, injustos ó justos, malos ó buenos, debiéndose los segundos á los primeros para el comun humano bien y justicia y salud.
Como los individuos participan en un grado determinado de lo infinito por su real semejanza á ello, y como esta semejanza es inagotable en aproximacion y asimilacion á lo infinito, siguese de aquí que todo individuo debe determinar su naturaleza en una serie infinita de estados semejantes á él, esto es, infinitamente finitos, singulares, que se excluyen recíprocamente unos á otros, en cuanto representan cada uno, de una manera propia y única, el sér, el género del individuo mismo. Aquí radica el valor real, é insustituible de cada sér finito, de cada vida, de cada edad, de cada hora de la vida en el tiempo. Todo individuo es, pues, semejante al todo superior en que se funda; y de esta manera reflejan todos al Creador[27]: cada cuerpo, cada espíritu, cada hombre representa en su límite y de un único individual modo la Naturaleza, el Espíritu la Humanidad entera; y por eso debe el sér consciente y libre aspirar á realizar en su individualidad la ley de union de espíritu y cuerpo que le asemeja á Dios. Por eso tambien obedeciendo muchas veces el hombre á sus pasiones ó á su egoismo sólo, concurre sin embargo sobre y á pesar de su mal querer y obrar que no deja de serlo, al progreso de la Humanidad[28]. Ahora bien: no pudiendo los individuos expresar ni realizar su naturaleza de una vez, y excluyéndose unas de otras sus determinaciones activas, sólo la sucesion puede resolver esta contradiccion; les estados individuales se suceden continuamente bajo la forma del tiempo. El tiempo, pues, se refiere sólo á las mudanzas interiores de los séres; y como éstas nacen de la esencia que es inagotable, el tiempo está en ella contenido como la forma permanente del mudar, en la mudanza misma. La esencia, por tanto, es sobre el tiempo, es permanente, eterna; y por lo mismo la infinidad de los estados en que sucesivamente se determina, exige un tiempo infinito para manifestarse. Tal es el fundamento del vivir y la ley de la vida misma finita.
Considerando este admirable organismo del universo no pensamos jamas que Dios sea absorbido ni resuelto en él; antes bien, como el Sér uno infinito absoluto es el absolutamente superior, el Sér Supremo[29]. La finitud, pues, separa en relacion infinita á los séres creados del Creador, sin mengua ni division por ello de la unidad absoluta de Dios, de la cual tiene el sér finito su propia unidad en su misma finita (infinitamente finita) relacion bajo Dios, el uno y el único y Supremo Sér. Y en esta finitud y dentro de ella son posibles el error y el mal en el sér finito y el hombre, sin que el mal ni el error sean el sér mismo y la esencia de lo finito, ni afecten, ni dañen al Sér Supremo[30].
Dios se une divinamente con los séres finitos, conociéndelos, amándolos, guiándolos, salvándolos, segun, en parte, la perfeccion de estos y su merecimiento en la participacion de la bondad divina. Está, pues, en una relacion infinitamente más intimа у superior con la Humanidad que con los séres inferiores. Pero á todos los abraza en su pensamiento, en su sentimiento y en su voluntad, y dirige el Mundo con sabiduría, con justicia y con amor. Conoce en un presente igual la vida del Universo; y en este presente ve de una vez lo relativamente pasado y lo futuro en las interiores relaciones de la realidad, proveyendo y dictando eternamente y cada vez su decreto último y eficaz en armonía con la plenitud de la vida eterna y la plenitud determinada de la vida temporal: en una palabra, Dios provee á la vida de todos los séres, obrando cada vez en el mundo lo único real y realizable por entónces[31]; y cumpliendo en lo tanto su peculiar destino los séreş finitos bajo el plan y decreto de la Providencia. Esta saludable y vivificadora influencia de Dios en la historia, que se dirige más íntimamente á los séres racionales, segun la naturaleza de ellos mismos, se muestra especialmente en las épocas de crisis para la Humanidad, en las cuales aparecen hombres superiores[32] que regeneran las sociedades con hechos ó doctrinas, é inspiran á los pueblos el aliento de nueva vida y la esperanza en el bien mediante el propio esfuerzo y mejora. «Lo que es la educacion para el hombre individual, dice Lessing, es la revelacion para la Humani-dad entera. La educacion es la revelacion que se cumple en el hombre individual; la revelacion es la educacion que se cumple en la Humanidad y que continúa cumpliéndose»[33]. El hombre, dice otro ilustre historiador, no está solamente en relacion con Dios en el momento de la creacion, sino que sigue estándolo por la infinita duracion de su existencia. La accion incesante de Dios sobre el hombre es la gracia; la accion incesante de Dios sobre la Humanidad es el gobierno providencial. Jamas falta al hombre, ni aun al culpable, la proteccion divina. Los pueblos están siempre tambien bajo la mano de Dios; la Humanidad pereceria si estuviese un instante separada de su Creador. En los individuos la intervencion providencial se produce en la intimidad de la conciencia; en los pueblos se revela en la historia[34].
Guardémonos, sin embargo, de pensar que la Providencia niega ó anula la libertad humana[35]; léjos de ello, no concebimos la vida racional sino aspirando á conciliar la accion espontánea del hombre con los decretos providenciales. Como todo en Dios es infinito y absoluto, su vida está por encima del mal y del error: sólo puede conocer la verdad, sentir el amor y obrar el bien; su libertad, por tanto, infinita y absoluta, no es arbitraria ni dependiente de condiciones exteriores, sino necesariamente conforme a la razon divina, que establece el órden absoluto del mundo y la armonía de la vida universal. El hombre, hecho à imágen y semejanza de Dios, conoce la verdad y el bien por su razon y debe someter su libertad á las leyes racionales; mas por la limitacion de su naturaleza no siempre realiza el bien ni conforma su libertad con la razon: puede hacer el mal. Ahora bien: todo mal entraña una pena; la pena limita; altera más ó ménos la libertad, pero ella es al mismo tiempo una gracia para regenerar al culpable, y es, en la unidad de la justicia divina, el derecho y el bien adecuado á la culpa[36]. El hombre no es libre de no expiar el mal, porque no depende de él sufrir la pena que ha merecido; pero expiándolo tiene la conciencia de su libertad, porque su mismo castigo es una consecuencia del mal uso que de ella ha hecho. Depende, pues, siempre de él entrar en el camino de la salvacion, y Dios le llama continuamente á ella por la gracia[37]. La perturbacion que el mal ocasiona es reparada así por el hombre mismo bajo el auxilio de la Providencia que, aun castigando, protege y anima á la Humanidad en esta obra de redencion. En este fin supremo se concilian los libres esfuerzos humanos con los decretos divinos, siendo el hombre, en su parte y lugar, cooperador de Dios en la historia.
Segun de las anteriores consideraciones se desprende, la vida é historia humana, aunque finitas, pueden acercarse y se acercan en el hecho á ser, segun su ley y naturaleza, la imágen de Dios y de su vida. Una vez levantado el espíritu individual y la conciencia de la Humanidad, en conocimiento y obra, á la fuente de donde toda realidad y toda vida procede, deben hallar en ella las leyes biológicas universales y necesarias segun las que determina libremente el hombre sus hechos, creencias, costumbres é instituciones. Y de aqui debe resultar, mediante la cooperacion divina, la mejor y más libre y más bella obra que en el sér finito y humano cabe, en los límites de su naturaleza, comparable sólo á la infinita y absoluta obra que Dios realiza eternamente como Sér Supremo.
Gravísimo error es, por lo tanto, creer que basta para la ciencia de la Historia el conocimiento inmediato de los hechos, con la limitada abstracta y varia induccion que al historiador permite esta base. El objeto entero de la Historia es la vida una del Sér y de todos los séres finitos bajo Dios: su comprension puede ser limitada para el Sér finito; pero la historia misma, la verdaderamente universal historia es la obra infinita de Dios en lo finito segun las divinas relaciones ántes explicadas, y manifestables en lo finito, sólo en forma de sucesion y tiempo, ó históricamente, pero sin dejar por eso su esencia y leyes eternas. Y claro es que no realizándose toda la vida en la mera efectividad cada vez, no basta para su inteligencia verdadera la esfera estrecha de la pura experiencia. ¿Qué significaria la simple exposicion de hechos? ¿Qué valdria la descripcion de razas, pueblos ó edades, si bajo cada una de estas particulares manifestaciones en la historia humana, no se encerrara algo de permanente y esencial, que sólo por lo tanto pudiera realizarse históricamente en la infinidad del tiempo todo, y ser conocido en la razon para guiar rectamente cada vez los hechos propios y presentes? El conocimiento de los hechos como aisladas fenomenalidades, no sólo careceria de sentido sino que seria imposible. De aquí que todos, aun sin darse cuenta de ello, busquen un criterio para entender las manifestaciones individuales de la vida en general, y la vida humana, y aun la propia individual. Mas todo criterio es insuficiente é irracional, si no se funda en el concepto y leyes permanentes de la vida: considerar una institucion ó un acontecimiento, aunque sean los más grandes que la historia presente, como la razon de todo el progreso humano es ciertamente contrario á la esencia y ley de la vida misma[38]. Sólo, pues, subordinando á ésta todos los hechos, y refiriendo cada vez y siempre la efectividad inmediata histórica á la razon y ley de la vida, podemos entender verdadera, aunque gradualmente el sentido de la historia y fijar con seguridad, libres, cuanto en lo finito cabe, de error y de torcida direccion las leyes que rigen el desenvolvimiento humano.
Ahora bien, si como dejamos sentado, la vida es ante todo una como propiedad del sér que vive; si contiene ademas variedad de estados en los cuales se va determinando la naturaleza del sér ó del objeto histórico; y si, por último, esta oposicion debe armonizarse gradualmente en interior relacion y concierto segun la unidad del sér mismo histórico, que al tenor de dichos términos se manifiesta como él mismo es, con verdad en el tiempo, siguese, que la unidad, la variedad y la armonía son de la manera explicada las leyes universales de la vida histórica.
La unidad es de su propiedad misma la primera ley de toda existencia, la siempre presente y la determinante, é imborrable por ninguna ulterior relacion: la unidad del sér preside á la cristalizacion del mineral, á la formacion de la planta, al organismo del animal, lo mismo que al movimiento de cada sistema planetario[39]. El sér que vive contiene virtualmente en su unidad, y en tal razon, sus determinaciones ulteriores, ya como gérmen donde se hallan embrionariamente, en indistincion, los estados y desarrollos futuros, ya como fuerza y energía que pugna por distinguirlos y desenvolverlos de aquella primera indeterminacion en que se muestran, como entre su esencia y sus relaciones, cada vez y en cada objeto histórico.
Forzoso es, pues, si no ha de quedar el sér en estado de indeterminacion, que en algun punto crítico se rompa, por decirlo así, aquella unidad embrionaria, desplegándose su contenido de manera enteramente determinada, individual. Comienza entónces, no sin esfuerzo y agitada lucha, la variedad, la cual no es otra cosa que la primera histórica manifestacion de la unidad en su particularidad é individualidad contenida, y por tanto en oposicion relativa sostenida entre las partes mismas (fuerzas, facultades, órganos), y aun con el todo y unidad indeterminada primera[40]. Pero esta interior contrariedad no agota, ni resume, ni anula la unidad, aunque temporalmente parezca como debilitada ó suspensa; pues la unidad no depende ni se sujeta á sus relaciones sino como debajo de ella misma, y de hecho obra latente é inadvertida, en medio de las oposiciones sensiblemente predominantes. Infiérese, por tanto, que cuanto más rica y complicada es esta oposicion, tanto más rico y complejo y durable en el tiempo debe ser el desarrollo del sér histórico en esta su segunda edad y estado.
Mas este movimiento relativamente opuesto de expansion y determinacion histórica, está contenido en límites ciertos segun la naturaleza del sér histórico, y la ley misma de su unidad, sin lo cual el sér caeria en contradiccion y muerte, y la oposicion misma no tendria razon de tal, ni resultado. A medida que el sér va desenvolviendo su esencia y determinándola en la actividad individual y sucesiva de sus fuerzas, se indican gradualmente en la historia misma nuevas y más delicadas é intermedias fuerzas, engendradas por la necesidad latente de la unidad, en medio de las oposiciones primeras, y que las acercan, las combinan y concilian sin violenta agitacion, aunque no sin esfuerzo y lucha interior: crisis esta de modo opuesto á la primera, y en la que la oposicion sirve suavemente á la unidad, en el insecto como universo. En este punto comienzan á asentarse y á ser reconocidos principios y leyes y mediaciones comunes, primero abstractamente y con unidad sólo presentida, y, á veces, con supresion de los términos y fuerzas opuestas. De aqui y por nuevos intermedios y más claro reconocimiento de la unidad, y de la unidad con todas sus relaciones, como sobre ellas, entran estas en la verdadera armonía como opuestas y unidas juntamente en la propiedad y en el propio libre movimiento de cada una sin predominio exclusivo, sino proporcional, bajo la igual subordinacion de todas á la unidad y á ella sola como la única suprema, y en la relativa ordenada superioridad ó coordinacion ó subordinacion de unas con otras. Así, y por estos grados, llega el sér en su vida á un verdadero organismo histórico en el todo, en las partes, y de estas entre sí y con el todo como bajo él, con un órden interior en la unidad y con verdad histórica de ésta y del sér en ella[41].
Cuando el sér ha realizado su naturaleza bajo el predominio de esta ley y dado los frutos que fundan la esperanza de ulterior vida, su historia presente empieza á declinar, recorriendo en marcha contrapuesta á la anterior fases análogas á las del periodo ascendente, en las cuales se van sucesivamente perdiendo y como recogiendo en sí las fuerzas hasta el punto crítico total en que cesa la manifestacion histórica del sér mediante ellas. Forma asi la vida un ciclo cerrado en que se corresponden y como que se tocan inversamente el principio y el fin.
Segun estas leyes de aplicacion universal, observamos, en efecto, que todo sér finito, nace, se desarrolla, florece, decae y muere en su finitud, en una totalidad de tiempo cerrado: asciende en los primeros períodos de su existencia, hasta llegar á la plenitud de sus fuerzas, y decae en los últimos hasta tocar al limite extremo de su vida presente y que como el nacimiento no acaba en la nada absoluta, sino en la nada relativa de esta presente vida, pero en el juicio y cuenta positiva superior de toda ella, como ya lo indican en los séres morales los íntimos presentimientos y esperanzas, y aun las secretas ansiedades y terrores, que atestiguan en la muerte misma la vida más esencial é íntima del hombre. El hecho de la muerte, en el sentido, no alcanza á la ley eterna de la vida en la conciencia, ántes bien nunca se muestra la vida más en su entera y real verdad, y en todas sus leyes, que ante la muerte histórica y en medio de ella misma y viviéndola, del modo explicado, en el espíritu.
Estas leyes de la vida se determinan en los séres finitos en razon del modo y contenido sucesivo en tres edades: infancia, juventud y madurez, en cada una de las cuales se distinguen todavía dos principales periodos. Se forma y desarrolla, á la verdad, el feto en el seno de la madre, como parte interior y aneja del cuerpo materno, cual la semilla en el seno de la tierra. En el punto del nacimiento pasa el hombre de la vida de gérmen, en la que estaba aun adherido, á otra vida, á la existencia libre en el espacio; respira el aire de la naturaleza exterior; comienza á asimilarse con propia energia los elementos vivificadores que ésta le ofrece; y principia á desarrollar sus fuerzas y facultades viviendo por si, aunque bajo el amparo y guia material y moral de sus padres. Mas, todavía vive largo tiempo en cuerpo y espíritu en inmediata adhesion con los objetos y fenómenos del mundo sensible; y atraido por sus encantos, se lleva á ellos con toda su actividad, sin saberse aun de su energía reactiva, ni ménos de su personalidad y propiedad moral; ignora á lo que viene al mundo; y viviendo todo en lo objetivo inmediato, y ocupado en sorprenderse y preguntar incesantemente y en entender lo que ve ú oye alrededor (primer anuncio exterior del espíritu en el niño), incapaz aun de la suspension y reflexion del juicio, se lleva en sus hechos por las impresiones inmediatas de placer ó dolor, se mueve interiormente por los primeros sentimientos, ya egoistas, ya nobles y generosos, pero sin saberse aun claramente de uno ni otro, ni de sí como el sugeto que media en todo ello: vive, en suma, en su naturaleza racional sin saberlo todavía. Falta, pues, al hombre en esta su primera edad, la facultad de reflexion y distincion sobre sí mismo, y sobre sí, en todas sus relaciones, é inmediatamente en las de su espíritu con su cuerpo; y se manifiesta, en todo, con la fe cándida y objetiva que hace á nuestros ojos la gracia y el atractivo encantador que, sobre toda reflexion é interes personal, nos cautiva en el trato del niño y nos hace revivir en él. ¡Feliz el que no ha perdido esta divina simpatía hácia el hombre inocente, su gracia y su belleza!
A la infancia sigue inmediatamente, aunque no sin señales críticas, la edad de la juventud, edad de oposicion y de lucha que comienza por un periodo de expansion, en el cual se desenvuelven desigual y agitadamente los órganos y las facultades humanas en esfuerzo y lucha intima y alternada entre la expansion que atrae al jóven hácia fuera y lo distrae de sí, y la concentracion que revela la propiedad de su espíritu, y lo llama hácia dentro de sí mismo. Y, obrando todo esto a la vez, trae al jóven á una confusion y aturdimiento tal, ó al embebecimiento exclusivo en una ú otra direccion contraria, que es el peligro capital de la vida de reflexion, si la educacion no prestara aquí al jóven una mano poderosa é ilustrada. Inícianse entonces en el jóven los fines generales de su vida, las ideas, que emprende y plantea con presuncion impaciente y con personal meritoria afectacion, á veces en un sentido, á veces en varios, ya tomados de improviso, ya de improviso olvidados. Y, en el sentimiento de la propia energía, despertado poderosamente en el fondo de estas oposiciones, no le basta ya el tranquilo hogar paterno, y se aventura en más anchas esferas sociales á probar las nuevas fuerzas de su espíritu y corazon, de todo su sér, aspirando á reconocerse y sentirse hijo de la Madre-Patria, y más allá hijo y parte activa de los grandes destinos humanos, segun es de inacabable la idea que en él ensancha secretamente su pensamiento y corazon. Proyecta entonces numerosos ideales que contempla en su libre espíritu, y que, con prisa juvenil, quiere ver aquí realizados, en la Naturaleza por el arte, en el mundo moral por el pensamiento y el esfuerzo heróico; y olvidando en el entusiasmo de si propio, su individual limitacion y la ley de sus relaciones, suele caer el sugeto bajo la buena y bella idea que le domina, á veces en la precipitacion, á veces en la violencia propia y agena, y de aquí al cabo, en la frustracion de sus fines, y para si propio en la desilusion y el desengaño[42]. Pero, instando, como insta, la vida á la actividad y al hecho presente cada vez, y á la prevision del hecho venidero, y para ello á pensamiento y máximas ciertas de obrar, se acomoda ó se resigna el hombre, en la impotencia de llevar adelante, á su modo, el ideal de su primera juventud, á un político compromiso con las llamadas circunstancias, donde hace ahora ménos de lo que realmente puede y debe, y á cuenta de servir algo á sus relaciones, se sirve lo más á sí mismo, resbaladero suave de un egoismo hipócrita y sistemático, en el que cada cual se conjura por arrastrar consigo á los demas, y por corromper y degradar con mil sagaces artes la vida nueva, en vez de cumplir en ella, por lo menos, ya que no en sí, el ideal sagrado de los fines humanos. Y esto los mejores, los que hacen ley y guian hoy la corriente de los tiempos, sin contar los que más débiles, pero no ménos egoistas, se encierran en un idealismo indolente y aislado, ni los que, al extremo opuesto, declaran y enseñan que el hombre es un accidente, la vida un goce del que más puede, las relaciones un objeto de explotacion y lucro. Así la vida, en oposicion á su primer generoso movimiento, suele descender al tocar de la segunda en la tercera edad —la edad de la madurez y del fruto— «bajando el hombre de negacion en negacion hasta el sepulcro de su egoismo personal... Y, ¿saca Dios al hombre á la escena del mundo, y le tiene de su mano cada dia y cada hora, y le da por compañeros el Espíritu y la Naturaleza, por madre la Humanidad, por asiento el tiempo y el espacio, por techo el cielo, para que este hombre deje estrellarse en él como en cuerpo duro atravesado en la corriente los planes de la Providencia?»[43].
Mas aunque este sea el hecho de un hombre ó de muchos ó aun los mas, y aunque sea el hecho y voz confusa de un siglo, no es esta la ley del hombre y de la Humanidad, ni es tampoco el hecho universal de una época; y aun la lucha de mal con mal, de egoismo con egoismo, y el término comunmente presentido de tal estado, mueve, si no á los más, á los ménos, pero fuertes con la fuerza de todos y la del bien, á restablecer la ley de la vida en esta edad, de lo cual nos da la historia misma testimonio y animadora enseñanza.
El fin de la segunda edad es á la par la entrada en la tercera, la edad plena ó de la madurez y del fruto. Y es tan propio en su ley este período histórico en el individuo humano como en las humanas sociedades, que, aunque influido decididamente (de dentro ó de fuera) en su vitalidad y en sus frutos por el hecho y carácter de los dos precedentes, todavia no pierde enteramente su propia bondad, y aun sobre el error y el mal pasado le restan vivos su primera intencion y esfuerzos hácia el bien, el amor desinteresado hácia la nueva vida en que renace la suya y á la que ofrece la propia pasada como ejemplo y advertencia. Muéstrase, en todo, esta edad bajo el carácter predominante del concierto y la armonía. En ella puede y debe levantarse el individuo humano á la conciencia de la union y acuerdo ordenado del Espíritu y la Naturaleza en él mismo, y á influir con este sentido en los demas, y á considerar sus relaciones por el lado de la semejanza más que por el de la diferencia y oposicion. Y sino una ciencia profunda y generalmente influyente, la experiencia al ménos, de la propia vida le muestra en serena ojeada numerosas, benéficas y salvadoras influencias de un órden superior divino; y reconoce al Dios Supremo en su corazon y procura asemejársele en sus obras. Alcanzando al mismo paso la plenitud bien proporcionada y fecunda de sus fuerzas y facultades, y el conocimiento decidido (más ó ménos claro segun su educacion) de su destino entero histórico, se afirma en la constante voluntad de cumplirlo, segun sus fuerzas, sin presuncion como sin decaimiento, sino con igualdad y medida, con entera atencion al fin y bien comun, y en relacion ordenada con sus contemporáneos en los fines análogos y universales humanos.
Pero siendo esta, como es, la ley de la vida en su tercera edad, y hablando igualmente en la razon á los que la cumplen como á los que no, dista aun hoy mucho de corresponder al ideal de la razon la obra del entendimiento y la voluntad; pues sobre nuestra general limitacion histórica que no niega ni impide el fin de la razon, pero que lo sujeta cada vez á cierto grado para mantener vivo el esfuerzo á lo mejor, y cumplir de este único modo lo eterno en lo temporal, faltan aun de hecho numerosas condiciones desde el todo al individuo, para que éste pueda cumplir la ley entera de sus edades segun es todavía posible en esta tierra é historia humana, que está aun, en sus mayores esferas, en trabajosa elaboracion bien distante de la madurez y del fruto. Sólo hasta hoy algunos hombres privilegiados que ilustran nuestra historia, y que sobreponiéndose á su tiempo han traido á la conciencia universal humana principios de vida, han presentido y preparado con pensamiento y obra el advenimiento de las épocas siguientes; y hoy mismo, donde mejor pensamos y obramos, ¿qué significan las luchas, y ansiedades, y desencantos de lo pasado en unos, que semejan al fin de las cosas; y los presentimientos luminosos, los esfuerzos heróicos, las claridades vivas sobre la totalidad de las relaciones humanas, en otros? O ¿á dónde mira y va á parar todo esto sino á alguna mejora y más general bien que el pasado, segun cuesta de cara la lejana claridad que de ello hoy alcanzamos?
Tras este período pleno de la madurez comienza la vida á recogerse en sí, y á decrecer la energia sensible de sus fuerzas; el hombre busca el descanso y el reposo, y relativamente lo logra en la vida misma que él formó y educó á su lado, y en el respeto de la Humanidad á la vida anciana; y abrigado ahora, como en la infancia, bajo el techo sagrado del hogar doméstico, puede vivir consigo en el presentimiento sereno de lo futuro, como acaso el niño traiga, sin saberlo, en el llamado genio, inclinacion, dotes naturales, ecos lejanos de algun misterioso pasado. Así, no muere todo el hombre por decrecer ahora relativamente en cuerpo y espíritu lo que ántes habia crecido, y despues de llenar su destino obligado en esta presente vida; ántes bien anuncia ya desde el ocaso presente, en el juicio claro de conciencia sobre toda su historia y en los presentimientos y esperanzas ulteriores, vida tambien y superior á la actual, entre las cuales señala la muerte á nuestros ojos como la crisis y el tránsito juntamente.
Estas edades de la vida en el individuo humano, aquí trazadas sólo en sus generales lineamentos, no se cumplen siempre en el hecho segun la ley, ya porque el hombre no sigue con la necesidad inmediata que los séres naturales el curso regular de su desenvolvimiento, ya porque hace su vida en medio siempre de una totalidad y de totales relaciones humanas, aun no bien concertadas en sí, ni para los fines de la vida individual, proviniendo de uno y otro lado irregularidades y excepciones numerosas, que si no borran la ley, la tuercen temporalmente. Por esto, y mientras el cuerpo sigue con regular continuidad en su vida el grado y carácter de estas edades —salvo accidente, ó aun en parte influencia destructora del espíritu, al cual contiene y advierte aquel indirectamente— es frecuente observar espíritus infantes que son prematuramente jóvenes, ó hallar en éstos anticipada madurez y aun ancianidad, ú observar el desorden inverso, todo con trastorno y confusion estéril de las leyes eternas de la vida en el espíritu, que decae al punto de objeto en puro sugeto, de sí mismo en la vana y repugnante afectacion personal.
Resta observar estas leyes y legítimas edades históricas en la vida de la Humanidad y de las personas superiores humanas.
Creada la Humanidad, con providencial y sabio decreto, en medio de la Naturaleza y de esta tierra[44], como el resúmen y conclusion de la obra divina, en intima union de todo lo natural y lo espiritual en la unidad humana, trae aquí la ley eterna de realizar libremente esta union en medio y sobre la oposicion de Naturaleza y Espíritu á semejanza de Dios, ajustándose con obediencia moral, no con material servidumbre, á esta ley divina, que cumple, por tanto, con propio sér, con propia causalidad, que Dios mismo en su unidad absoluta sostiene, y si cabe decirlo, respeta como Sér y Legislador supremo.
Y en esta propiedad del sér humano —en Dios y segun Dios— son propios asimismo en su sér y vida y leyes biológicas los elementos fundamentalmente unidos en el hombre (la Naturaleza y el Espíritu), y destinados á efectiva union histórica en el individuo como en la familia universal humana, y de uno con otra en proporcionada relacion é influjo[45].
Y con tal propiedad es y vive el hombre como el compuesto de sus esenciales elementos y fuerzas, en medio de justas relaciones por Dios indicadas y por el hombre realizables, que puede el hombre y toda la humanidad, en su limitacion, preocuparse y llevar su libertad hácia uno ú otro de estos elementos, torciendo las justas relaciones entre ellos y de aquí las supremas con Dios, desfigurando histórica, aunque no absolutamente, en sí mismo la señal é imágen divina. Pues, siendo toda relacion en la unidad, en ésta funda su esencia, y su necesidad, y necesario cumplimiento, en la proporcion y correspondencia de ámbos términos, segun el sér y estado de cada uno, sosteniendo su propiedad en medio de sus mismas relacionės y con ellas, como fundada y conservada por Dios en su absoluta necesidad. Este es el sentido de las profundas palabras: Dios rige el mundo y al hombre suavemente (en relacion); el hombre se rige (dirige) hácia Dios gradualmente, en la correspondiente relacion. Tal es la ley de las relaciones y de la vida de relacion en la unidad. Así se mantiene la propiedad y libertad del sér finito, en medio de la relacion, y se sostiene tambien ésta con esencial distincion de aquella, y con sólo gradual cumplimiento en la propiedad del sér, pero sin division de ésta en la unidad.
Esta ley sencilla y profunda de las relaciones en la unidad, vale igualmente en lo mínimo que en lo máximo, dentro de los elementos y fuerzas humanas en sus interiores relaciones, como en las relaciones compuestas proporcionales de lo natural y lo espiritual, siempre segun la propiedad y el propio estado de cada uno, al cual va tambien ligada y proporcionada la relativa ordenada vida. Y rige esta ley en toda la humanidad desde cada individuo en sus relaciones históricas con la familia humana, gradual y recíprocamente medidas segun la propiedad y respectivo desarrollo de ámbos lados; y principalmente rige en el hombre todo, como el compuesto vivo de todos los elementos y relaciones dichas (como el mundo en resumen el μικρόκοσμος), respecto á Dios como creador y legislador y fin supremo de todos los séres, cuya señal todos llevan y lleva con todos el hombre como el compuesto superior de ellos en unidad, debiendo expresarla dentro de si y en todas sus relaciones para responder en su lugar á la voz y llamamiento de Dios.
Y pues cada elemento, y fuerza, y funcion de este mundo en pequeño, que es el hombre, no llega en el hecho humano á sus justas relaciones, sino segun su respectiva propiedad; ni cada relacion compuesta llega á su debido concierto, sino en proporcion con las elementales de cada sér que compone el hombre, ni éste y la Humanidad llegan á la debida relacion con Dios (segun Dios manda en la creacion divina), sino segun y con todas las antedichas relaciones concertadas en la vida humana, con hecho meritorio de ésta, por eso es grande, si lo hay, y es verdaderamente divino el mandato de Dios en el punto de la creacion, y el destino que encargó al hombre de concertar en hecho y libertad los elementos y propiedades y facultades de que divinamente le dotára, no como perfecto y cumplido ya tal destino, sino (respetando su libertad) como para cumplirlo; no como una naturaleza ordenada ya de hecho en el ejercicio de sus órganos y funciones, sino como para ser regida y ordenada segun propiedad, suave y gradualmente; no como un espíritu ordenado en sí del mismo modo, ni concertado á la vez con la naturaleza en el hombre y de éste con la humana familia de grado en grado; ni como un hombre unido ya definitivamente con Dios y gozando de su divina presencia; sino como capaz de todo ello en su propia libertad, y esperándolo de Dios, que aunque no lo hace por el hombre ni en su lugar, sino el hombre mismo con propiedad y libré mérito, lo prepara todo para el fin, para una union real y verdadera como á la verdad de Dios y á la del hombre conviene, no union particular de esto ó aquello humano sin el todo, ni union abstracta y general sin lo individual, ni individual sin lo general, sino de todo en todo, como fundamentalmente es indicada al nacer, y debe ser cumplida por el hombre, Dios mediante. Por esto, á pesar de todos los errores y decaimientos y pecados de la Humanidad en su historia, y de sus enagenaciones de Dios, jamas se ha borrado ni olvidado, sino que siempre ha quedado un resto de confianza y de esperanza firmisima en que Dios ayuda divinamente á la Humanidad en la obra verdaderamente humano-divina, que con la creacion le señaló y trazó, al dotarle y sobre todos los séres finitos de razon y libertad.
Si, pues la Humanidad recibió de Dios los elementos de su obra histórica (el mundo todo dentro de ella), y aun el compas y medida y plan de obrar, mas no las relaciones, hechas ya y concertadas de estos elementos que restaban á la libertad humana, aunque ayudada en justa proporcion por Dios, se sigue que debe el hombre realizar esta obra de relacion y union en el pequeño humano universo, á semejanza del grande universo, no desde luego aislado, sino segun y con respecto á la propiedad y ley de vida de cada elemento del mundo en el hombre. Se sigue tambien, que la Humanidad sólo cumple su relacion meritoria con Dios, en la propiedad de su sér y vida, sobre el concierto de la Naturaleza y el Espiritu (divinamente ligados en ella á una vida comun), segun la propiedad de cada uno en ordenadas y graduales relaciones, conforme á la fundamental constitucion y ley divina del hombre. Síguese asimismo, que la Humanidad no vive legitimamente en sus relaciones, aun las supremas, sino a la vez con la propiedad y propio desarrollo de sus elementos y fuerzas por ella interiormente ordenados, segun las mismas leyes biológicas en la universal historia humana, que las observadas en el individuo, y que la consideracion de la historia universal confirma á cada paso y hecho al atento observador.
Por la misma explicada ley de las relaciones (las particulares como las universales, las mínimas como las máximas y supremas, las simples como las compuestas) se dejan entender las leyes de la vida é historia de la Humanidad, en el cumplimiento laborioso de su destino, en razon y medida de su propiedad de sér, en la propiedad de la Naturaleza y del Espíritu en ella, como sér finito, bajo Dios como el único infinito y supremo Sér. Y podemos entender, cómo, segun esta ley, ha podido caminar la Humanidad finita en temporal desacuerdo de su vida de propiedad con su vida de relacion; y cómo sin embargo esta relacion se cumple en general con admirable regularidad: de la parte del hombre finita y gradualmente, de la parte de Dios infinita pero suavemente respecto al hombre y en secreta conformidad cada vez con el estado histórico en todos sus elementos constitutivos, pues llevan todos el sello de Dios, que debe ser por el hombre en sí, reproducido y vivificado.
Caractericemos, ahora, brevemente las edades históricas de la humanidad, cuya ley viene ya mostrada y fundada en el conocimiento de las mismas edades en el individuo, y en el de las leyes generales expuestas.
Segun estas leyes (y las de la limitacion y gradual desarrollo en el tiempo de todo sér finito) se manifiesta la Humanidad, en su edad primera, como sér inmediato y principalmente natural. Comienza, desde luego y humanamente, viviendo en su elemento natural y en la propiedad de la Naturaleza que le recibe al nacer, le da la primera luz y calor, el primer nutrimento y crecimiento, y hácia la cual, aun para asimilarse con propia energia la vitalidad exterior y para orientarse en la tierra y defenderse de los naturales obstáculos, necesita el hombre dirigir toda la atencion de su naciente espíritu, que vive, entre tanto, como olvidado de sí propio en su más íntimo sér y libertad, y se conoce y contempla principalmente en el mundo sensible como encantado y embebido en él, contemplando á este modo todas sus demas relaciones, aun las divinas, nunca borradas, aunque sí desfiguradas.
Vive, pues, el hombre en todo esto menguado, y como en falta y en pecado con las totales y las supremas relaciones de su sér; pero sin conecerlo claramente entónces, si el Espiritu mismo, que habla siempre en el hombre, no hiciera sentir profundamente alguna vez, y Dios, por su medio, en hombres extraordinarios, la propiedad de su sér superior oscurecida ó comprimida en injusta relacion por el naturalismo inmediato; y si no contemplara de léjos la reparacion de esta primera universal injusticia y un mejor renacimiento en el hombre. No falta, pues, absolutamente, por esta desordenada temporal relacion la propiedad del sér humano en la edad naturalista, ni falta la presencia del Espíritu, en ella, ni ménos la presencia y advertencia suave de Dios, que, aun desfigurada y mal entendida, permite que la Humanidad siga durante siglos humanamente esta inmediata predominante intimidad, con la Naturaleza, sin romper desde luego con su sér natural, que seria romper la unidad y precipitar el órden gradual de la historia humana y el órden suave de la divina, é impedir al hombre que llevára en su dia la Naturaleza al Espíritu y á Dios, ordenada y соп vertida en él mismo y por su hecho propio segun la ley di vina de la creacion en el hombre. Por esto, y para este fin meritorio permite Dios que la Humanidad viva al principio de su historia principalmente en la Naturaleza hasta entenderla y conocer por propia experiencia el uso y el abuso, el órden y el desórden, para aprender á concertarla en sí gradualmente.
Llenas están las primeras edades históricas de esta tenaz preocupacion y embebecimiento de la Humanidad, en la Naturaleza con las falsas imágenes del Espíritu, y de Dios en ella bajo este aspecto (idolatría), y de las secretas y raras voces del Espíritu ya tristes, ya irritadas (misterios, iniciaciones, profecías), y de las advertencias divinas, ya suaves, ya severas y terribles: todo lo cual forma el tejido admirable y grandemente educador de la primera historia humana (repetida en cierto modo en cada nuevo hombre), con preparacion lejana providencial á la segunda edad, pero соn respeto siempre á la propiedad y libertad del sér finito en esta su propiedad y primer estado humano, para entrar gradualmente y en el debido tiempo en su sér y vida esріritual.
Mas, no por esta larga preparacion y universales advertencias y auxilios de siglos, dejó de ser necesaria una crisis y capital lucha, dentro y fuera del hombre, para el renacimiento verdadero en el mundo y ley del Espíritu, de la gracia y de la libertad. ¡Tan grande y difícil es la obra meritoria de la Humanidad; consiguiente al principio divino de esta misma obra, y tan tenaz es el aferramiento del sér humano en su propiedad y en la de sus elementes, en union viva con ellos, contra la ley suave y gradual de las relaciones en el hombre mismo!... Sólo así podemos entender (cuanto al filósofo es dado en concierto con su fe religiosa), cómo pudo ser necesaria y especialmente visible á nuestros ojos en esta gran crisis histórica la mano y personificacion de Dios en la Humanidad, para vencer en el hombre mismo el antiguo pecado, y fundar firmemente el reino del Espíritu en la Historia universal.
Pero de aquí adelante, como siempre, y en la propiedad relativa de Dios como Dios y del hombre como hombre, Dios funda y manda y ayuda, de su parte, esta segunda ley de la obra humana; mas no la hace ni la da hecha, sino factible en el tiempo, respetando la libertad finita. Esto nos explica, cómo en esta segunda edad puede la limitada Humanidad vivir tambien, al principio, preocupada de la pro-piedad del Espíritu como el único real y exclusivo sér del hombre, y no sólo como el que lleva la voz y direccion; y vivir entretanto con enemiga y aborrecimiento de la Naturaleza y de todo lo natural humano, mirando sólo al correlativo abuso anterior, nó á la propiedad divina de este nuestro elemental sér y vida, y desconociendo tambien la señal de Dios en la Naturaleza y en el hombre bajo tal razon, cuyo conocimiento entonces, temporalmente imposible, debia llegar en su dia[46].
Y pues, Dios, aun interviniendo más visiblemente —cuanto en lo infinito relativamente á lo finito cabe— aquí como en toda crisis capital histórica, al modo de cada una, no realiza por ello el hecho del hombre, sino que conserva su libertad y la continuidad de sus leyes biológicas, podemos con este religioso respeto observar humanamente los caractéres de esta segunda edad, con los cuales confirma tambien aquí la historia la ley general (aun fuera del punto y tiempo crítico de la divina influencia, el Cristianismo, que en tal sentido veneramos) en todos los pueblos preparados en su primera historia naturalista, para entrar en la segunda edad, con crisis análogas en inagotable variedad, pero con admirable conformidad á la ley y caractéres comunes de tal transicion[47]. Este aspecto propiamente humano é histórico nos permite ademas reconocer en ciencia, cómo la realidad, toda la realidad, del sér humano, se manifiesta en el tiempo y la historia, la universal como la individual, con el relativo bien y el relativo desorden y declinacion de cada edad aislada ó exclusiva en su tiempo, conforme á la relativa verdad y falsedad de cada parte del hombre aisladamente considerada en teoría; y nos pemite esperar firmemente, segun la ley del todo en la vida, la continuacion de esta segunda edad histórica á una nueva edad, según la unidad del todo en la concertada relacion de todos los elementos y fuerzas humanas, de lo espiritual con lo natural, como la experiencia nos indica ya en el individuo (ejemplar pequeño del todo) y la ciencia conoce en principio y ley general.
Entra, pues, la Humanidad, durante su segunda edad, en otro, enteramente otro, su sér y vida, que el sér y vida anterior; no otro sér que el hombre, sino otro en el hombre mismo que el relativo anterior naturalista: entra en el sér y vida del Espíritu (Espíritu humano). Y en este punto y ley nueva de su vida, comienza, lo primero, por amar y tender con esfuerzo poderoso hácia lo que antes no amaba ni sentia vivamente en sí, y por desasirse y alejarse de lo mismo que antes la ataba y poseía con invencible poder. Busca y se goza en la abstraccion de todo lo exterior inmediato, y se ejercita con heróica abnegacion en avivar el Espíritu puro interior, sacrificando en sí mismo todo impedimento sensible y toda entrada en sí mismo que antes lo enagenaba de su sér y vida interior. Quiere ahora sentirse y hallarse á distancia infinita de todo su pasado, representado en el cuerpo y la fantasía sensible, y de todo lo que de aquí procede ó en ello termina. Y esto lo hace el hombre en esta su primera concentracion espiritual, con todo el sér y pensar y poder de que él se sabe, con verdadera sencillez de espíritu y juvenil heroismo, precursor de grandes y bellos frutos; y lo hace en sí mismo, y procura hacerlo en otros y en todos, sin violencia, ni malicia, sino con amor y leal intimidad; y si todos no le igualan, le siguen y obedecen, en señal de que esta es, por entonces, la ley y destino comun humano. Por otro lado, se hace infante y se humilla, como quien busca en todos, tanto como en sí, la enseñanza sobre el nueve sér que vivamente siente, sin conocer aun lo que es, sino sólo, que nada es del sér y vida pasada. De aquí todo se vuelve, en este primer período de la segunda edad, presentimientos y anhelos vagos, infinitos, sorpresas y maravillas, con tal riqueza, que á veces luchan unas con otras y traen ligera confusion, que no impide ciertamente, ántes aguija y ayuda al crecimiento vigoroso del espíritu nuevo[48]. Pero ante todo y decididamente, no quiere el Espíritu hacer pié en el naturalismo precedente, sino en otro suelo y cielo interior que concibe y personifica él en si mismo, sin entera y adecuada verdad todavía, pensándolo como absolutamente ageno y enemigo del inmediato en que fué criado y al que fué llamado como hombre á obrar y merecer. Es todo y puro espíritu, ó piensa y quiere serlo con juvenil esfuerzo, aunque divida al hombre y todo lo humano en sí y alrededor; y en su generoso entusiasmo divide y rompe temporalmente la unidad humana, y la unidad de Dios en el hombre, creyéndose del todo extrahumano y sobrehumano, cuando en realidad sólo se aleja y sobrepone á la preocupacion natural pasada, para entrar más en su intima libertad, y preparar, nó aun ahora, sino en su dia, y en sí mismo, con propią, reflexion, una más alta unidad. Mas esto no lo sabe entonces, ni puede ni debe saberlo el hombre en su espíritu limitado, mientras hace, él mismo, su primera iniciacion y vida espiritual, y prepara las grandes obras propias del Espíritu y de él sólo en el todo. No hallamos en lo esencial otra cosa, ni debemos hallarla[49]en el hombre-jóven á la entrada de su segunda edad, segun queda mostrado. La inmediata experiencia junto con la propia libre reflexion, y Dios ayudando secretamente, se encargan del resto.
No tarda la primera en llegar, ¡andando siglos! y mostrar ya en medio de las grandes obras hijas del puro entusiasmo del Espíritu, la poca solidez é insuficiencia de éste para la total obra y destino del hombre en la tierra. En la inteligencia se anuncia pronto la preocupacion abstracta y tenaz de lo general sin lo individual, y contra ello, sin poder vencer esta voz ni alejarla enteramente de la vida[50]. En el sentimiento se extrema la propension hácia lo maravilloso, hasta degenerar en la credulidad popular ó la supersticion religiosa cercana á la incredulidad. En la voluntad y la práctica se anuncia con general contagio la utopía idealista, que previene irreflexivamente el buen fin, sin el buen principio, ni los buenos medios, con todas las relaciones y circunstancias dadas, la inquieta y movediza alternativa entre el vano buen deseo y la vana esperanza seguida del tardío desengaño que anega el entusiasmo irreflexivo del primer tiempo. A este mismo paso es invadida la voluntad racional por el culto servil é impio del accidente (el acaso, el síno, la estrella, el ¡está de Dios!), nueva forma, en el espíritu del antiguo fatalismo naturalista. El alejamiento decidido de la Naturaleza, único modo al principio de señalar bien las contrarias corrientes, se convierte luego en ódio sistemático en la ciencia, en la moral, en toda la vida; á lo que se allegan pronto los recíprocos odios de espíritu contra espíritu, idea contra idea, institucion contra institucion, y las recÍprocas servidumbres dentro del Espíritu, de la voluntad y la inteligencia bajo el sentimiento, ó al contrario: que de todos los modos se anuncia este desconcierto interior á poco de pasado el primer entusiasmo y poderosa fecundidad.
Largos tiempos, y en la Humanidad largos siglos, viven y obran estas señales de decadencia sin resentirse de ello el vigor del Espíritu en esta segunda edad, pero limitando secretamente dentro del hombre, y por fuera en esferas ulteriores geográficas é históricas, su primera influencia en todo lo humano y su arrebatadora propagacion. Mas, estos anuncios señalan ya de léjos la particularidad de esta segunda edad bajo la voz del Espíritu exclusivo y abstracto del todo humano; y la historia misma, en su inexorable continuidad, mostrará un dia la necesidad de una nueva reflexion del Espíritu en el sentido de la unidad, nó para borrar el pasado bien, sino para rehacerlo en más alto concierto y con plan edificador. Pues en la ley de la historia la ley del ántes y el despues debe vivir la limitada Humanidad, primero en sus partes, con predominante propiedad y libertad, para vivir luego en el todo y con las partes en totales y concertadas relaciones.
Y por otra parte, y previniéndonos hoy contra preocupaciones semejantes del espíritu pasado, no significa todo esto puro mal ni puro error en la ley preponderante del Espíritu en esta edad, sino puro desórden y desordenada relacion que daña lo primero al Espíritu mismo, sin anular empero su sér, ni su propiedad, ni su propio bien en la vida. Antes bien debia el hombre, en su limitacion histórica, conocerse y vivir en la propiedad del Espíritu en inmediata y entretanto exclusiva comunion espiritual, con entera preocupacion y embebecimiento del hombre en el Espíritu para entenderlo en esta propia experiencia; y de aquí en gradual reflexion, ayudando Dios sobre todo, entender sus relaciones con todo lo humano, y supremamente, con tal mérito, entender y cumplir en la vida misma sus justas relaciones con Dios, cuya imágen no es verdadera en el hombre sino sobre la propia verdad del hombre todo en interior concierto segun el fundamento y ley de la primera creacion. ¿Qué tendria que hacer, ó sobre qué recaeria el espíritu reflexivo de la tercera edad, si no estuviera ya históricamente dado y vivido el espíritu inmediato, simplemente ideal, predominante en su propiedad exclusiva en la segunda edad?
Así entendemos que, andando los tiempos, se anunciáran de todos lados voces y hechos indicando unos ya ulteriores tiempos y más completas relaciones, y advirtiendo otros más claramente el lado negativo de la vida bajo el principio predominante del espíritu ideal y abstracto, como se observa señaladamente hácia el fin de esta segunda edad, y de lo cual nos da ejemplos señalados el tiempo presente que en esta parte limitada de la humana civilizacion hacemos y vivimos segun las leyes biológicas del todo. Por una parte se anuncian sentimientos, y virtudes, y obras sociales que piden y empeñan todo el hombre con cuerpo y espíritu en reciproca energia y templanza, y cuyo principio y máxima arranca de más alta idea que la predominante en el tiempo medio y mejor de esta edad. En la inteligencia se anuncian ideas, presentimientos vagos, dudas y luchas que humillan nuestra presuncion intelectual y nos quitan la mal segura confianza en el pensamiento de siglos. Y en la vida exterior nuevas, más extensas y universales comunicaciones con tiempos y pueblos, para las cuales las medidas y planes formados por el espíritu de esta segunda edad son estrechos y vano su creido poder y virtud, nos obligan á comenzar de nuevo y como en nivelada igualdad con los nuevos tiempos y pueblos el plan entero de la vida con todo el hombre y todo lo humano en ella. Y, hasta la Naturaleza, que nos revela fuerzas delicadas y secretas que parecen acercarla al Espíritu, nos desencanta poco a poco de la preocupacion del espíritu ideal y abstracto; se restituye de su proscripcion pasada y nos humilla en nuestra soberbia espiritual; y remueve nuestra indiferencia hácia lo inmediato y sensible; y aun revela al Espíritu mismo tesoros de ciencia y de vitalidad, que ántes se ocultaba él propio por la aversion á la Naturaleza durante el tiempo medio de esta edad, y con los cuales puede guiar y ordenar en el todo, conservándola, la misma Naturaleza, ántes con irracional preocupacion proscrita y maldecida.
Y, en los más íntimos senos del Espíritu, la cándida humildad primera se convierte poco á poco (de siglo en siglo) en soberbia prepotencia, privada y pública, en hombres é instituciones. La suave comunicacion y propagacion de la vida de un espíritu á otro se vuelve en exigencia imperiosa, madre de la hipócrita servidumbre, ó en política propaganda para hacer número y cuerpo, no para edificar interiormente en espíritu y verdad. El heroismo noble, aunque irreflexivo primero, se convierte en política calculada y egoista; y hasta la vivaz alegría de los primeros tiempos de esta edad, hija de la pureza y de la confianza interior, se torna en sombría, y retraida, y suspicaz tristeza, compañera del decaimiento en toda vida[51]. Todo esto indica que no hace aun el Espíritu asiento entero y firme en la Humanidad y en la humana realidad, segun la divina y á semejanza de ella, ni aun tampoco en sí mismo, no acertando á tomar de sí principio derecho y entero para sus propias interiores relaciones, y de ellas para con las exteriores mundanas y las supremas divinas. Pues el Espíritu que vive en realidad y verdad en sí, y de si con todos los séres, es firme, recto, igual consigo y abierto á su modo á toda justa relacion y comunicacion, lo cual no muestra aun el espíritu abstracto en el hombre durante esta segunda edad.
Y llevando la vista de estas interioridades del Espíritu al estado social que de aquí resulta en la conciencia y vida comun, sorprende, con terror secreto, al religioso observador la universal flaqueza interior en que, sobre todo visible remedio, cae rendida la conciencia pública, tras tantos siglos de presuncion y engreimiento espiritual, bajo aquella misma Naturaleza que, crecida ya y fuerte al contacto del Espíritu (por la ley secreta de la union), se entra sagazmente (no ya con inocencia) por mil puertas y modos secretos en su reino, y nos deja como embotados y mudos ante el Espíritu, impotente en su abstraccion idealista ó en la letra servil y muerta. A esto se allega, aumentando la confusion de tal estado, la ciencia nueva que, en medio de pretensiones universales sobre lo humano y lo divino, apénas comienza ella en sí á proferir algunas ininteligibles palabras, que no entendidas, ó contradichas y menospreciadas, sin edificar nada todavia con esta semiclaridad naciente, conmueven y hacen crujir en sus empalmes y cimientos el edificio científico antiguo, y vienen á comprobar su flaqueza y la necesidad de comenzar de nuevo y de raiz el pensamiento y la vida en consecuencia: siendo de ley universal, que nada en el pensamiento es perdido para la vida, como nada en la vida lo es para el pensamiento.
Por estos graduales medios se prepara de léjos la tercera edad humana, ayudándose la Humanidad y ayudándola Dios supremamente. Y se prepara de léjos, decimos, porque el punto de conversion y de crisis, que se anticipa en vano el espíritu irreflexivo, no llega por esto, ni está á la vuelta de cada preparacion, y acaso dista siglos de las más adelantadas y al parecer más cercanas á él. Ni estas preparaciones
bastan, ni ménos suplen la nueva edad que ellas sólo lejanamente indican, debiendo el hombre, en la verdad entera de su sér, segun la verdad del Dios creador en él mismo, y como causa y cabeza de su vida moral, hacer sus obras derechas y enteras con toda razon, desde cierto principio, por todos sus medios y relaciones, en toda su historia y en cada
edad de ella, y aun en cada dia y obra particular humana, sin romper ni saltar la continuidad divina en la historia misma. Fuera de que, y aun en medio de estas preparaciones al parecer extremas é inmediatas á una crisis histórica, y á pesar de las influencias divinas hácia el bien, el espíritu
de esta segunda edad retrasa él mismo y aleja el cambio de su edad y vida propia á la siguiente superior, con la misma ley de propiedad exclusiva con que alejó de si la primera. Y ¡no es extraño! las crisis de la vida aterran al sér finito en cada estado entre ellas; y sin la intervencion poderosa
del Infinito y Supremo, jamas en su limitacion pudiera aquel salir de un estado histórico al siguiente. Esto es de ley y de hecho universal en lo máximo como en lo mínimo. Y esta transicion es mucho más difícil de la segunda edad á la tercera, que de la primera á la segunda, pues que debe realizarla el Espíritu mismo, con propia doble reflexion segun la unidad del todo, cuya voz él solo conoce y lleva respecto á la Naturaleza[52]. Así: respetemos la ley y el compas de la vida y obras universales humanas que caminan bajo la direccion de la divina sabiduría, no el compas ni medida de la humana impaciencia; aunque la razon debe, con este religioso respeto, saber de la parte del hombre el lugar y dia en que vive y la obra que hace en cada tiempo, y aun preveer la obra venidera para salir con algun mérito al encuentro de Dios, y esperar confiadamente la otra suprema parte en el cumplimiento de la ley creadora, segun la cual el Espíritu debe preparar y obrar con sus manos propias, no agenas, su conversion á más alta unidad en el todo, que es una en si siendo una en espíritu y cuerpo á la luz y voz del espíritu.
Nunca, como en nuestro siglo, y en esta parte de la Humanidad y humana historia que llamamos civilizacion europea, y que sigue hoy con más regularidad que otra alguna las leyes universales biológicas (nó por privilegio, sino en deuda de enseñanza y ejemplo para otras partes y pueblos que viven aun en inculta ó retrasada infancia), se observa esta doble reflexion del Espíritu sobre todo su pasado con la conciencia más clara de su presente, y el presentimiento lúcido, no aun del todo claro, de nuevo mejor porvenir para todas las cosas humanas, en concierto de la presente y la pasada edad, rehechas en toda su verdad y verdaderas relaciones, y libres, bajo un sentido superior, de sus limitaciones anteriores y oposicion exclusiva.
Y, en estos mismos tiempos, en que el espíritu de la segunda edad parece abrirse á nueva vida, observamos —en ley de la continuidad y la coexistencia histórica— que, despues de cumplidos los bienes que, como espíritu aislado y abstracto en exclusiva propiedad y preponderancia, puede dar sin las demas partes del todo, se deshace y cierra su vida particular en la division de elementos y direcciones extremas[53], cayendo, ó en un retraido y silencioso idealismo; ó en el espíritu servil de la letra muerta y la tradicion; ó en un espíritu político mecánico y maquinador; ó egoista é hipócrita, siervo calculador de la materia y el sentido; y, en medio de todo, en un espíritu mudo é inerte é indiferente que vive del momento y en las puras apariencias, y se aterra del fondo y de la verdad. Y cada uno de estos espíritus hace teoría y máxima y propaganda de su idea, y odia secretamente á los contrarios, bien que todos política y aparentemente se prestan y aunan para resistir y ahogar la voz interior, que resta y habla siempre; aunque como caida en suelo ya frio y seco, es tomada por cada uno segun su propio interes ó con capital enemiga[54], ó con menosprecio, ó con indiferencia que ni espera ni escucha hasta que el nuevo espíritu, se aleja quizá á otro tiempo ó lugar, ó á otras generaciones, que comienzan la nueva obra por esta edad desconocida y rechazada. Tal es la ley y el hecho de la historia en las partes y en el todo, en pueblos antiguos, y nuevos, y segun la ley debe serlo tambien en los venideros[55].
Y esta prevision, obligada en la razon y en lo pasado fundada, de la vida y edad madura venidera[56], la edad entera y propia del Hombre, tras la particular predominante de la Naturaleza y del Espíritu, nos dice, con totales pero ciertos lineamentos, que en esta tercera parte de la historia la Naturaleza y todo lo natural en el hombre debe ser reconocido pór el Espíritu en su divina propiedad de sér, en propia libertad, y ordenado ejercicio y desarrollo de sus interiores órganos y fuerzas; y mediante esto en sus ulteriores justas relaciones con el Espíritu, su intérprete y voz directora en todo el hombre, al cual sirve á su vez la Naturaleza de compañía y descanso, y de mediadora aquí con el Mundo, en el que, como reflejo sensible del infinito, debe el Espíritu significar, sensiblemente tambien, su reconocimiento y servicio á Dios. Pero juntamente es vigilada con cien ojos por el Espíritu en el hombre (en nuestra fantasía sensible), para prevenir en nosotros toda preocupacion natural desordenada.
El Espíritu, de su parte, debe reconocerse él mismo (no otro en su lugar), tambien y lo primero en su divina propiedad y propia libertad ejercitada interiormente en el concierto activo, simple y compuesto, de su inteligencia, su sentimiento, su voluntad, con alternada preferencia, segun el fin dado, pero sin exclusiva preponderancia y ayudándose en este ejercicio y compañía íntima cada facultad á su modo con propia fecundidad, pero manteniendo sobre todo la unidad y presencia de todo el Espíritu en cada parte, segun razon y proporcion medida.
Y este Espíritu debe á la vez hacer firme asiento en la tierra y la Naturaleza, por él en sí propio entendida y regida segun la natural bondad y belleza, y como su inmediata compañera de destino en Dios, partiendo siempre en estas relaciones de propia racional reflexion, para expresar aqui tambien la unidad divina del hombre dentro de sus totales relaciones, y prevenir el Espíritu, en sí mismo, los antiguos descaminos del entusiasmo irreflexivo, del idealismo abstracto, de la vanidad de lo maravilloso y de la utopia, con los extremos consiguientes de debilidad, indiferencia é impotencia interior en la vida. En tal manera debe, sobre todo, el Espíritu evitar el desordenado amor propio, que es, en suma, el pecado capital y universal, privado y público de la segunda edad[57], amándose sólo en el todo y en la total obra humana; y en tal razon con amor ordenado segun Dios en el hombre, no con vano amor particular. Y así concertado en sus inmediatas relaciones, se abre con preventivo amor y fraternal fecunda comunicacion á todo espíritu ó idea, á todo pueblo y tiempo, venciendo, ante todo, en si propio la soberbia y el egoismo, y buscando en su infinita imitacion, con sereno entusiasmo, con afan templado y con universal docilidad á Dios y á la verdad divina en todo sér y en todo pensamiento y vida, hasta en el mal y el mal moral, no para consentirlo, sino para convertirlo gradualmente en bien y bondad, á semejanza tambien de como Dios hace con el hombre. Y, en deuda hácia estas bienhechoras relaciones, procura fecundar con circunspecta ciencia y arte práctico el suelo en que vive y toda la Naturaleza alrededor, y educar el espíritu inculto, infante ó enfermo, que le rodea, derramando su luz sobre la tierra, y santificando el nombre de Dios en sí y en todas sus relaciones naturales, espirituales y humanas, que con profundas y numerosas voces le convidan á ello, á la par que Dios lo ordena; en vez de devorar en soberbio silencio ó en vana abstracta lucha, la luz escondida de su ciencia, ó guardarla con egoismo culpable de vanagloria en los espacios imaginarios de su enferma fantasía.
Y este Espíritu y esta Naturaleza —así enteros y vivos cada uno en su divina propiedad y en la propiedad de sus concertadas relaciones[58], las interiores de cada uno y las compuestas de uno con otro, en el todo humano, ordenado asimismo interior y gradualmente con sus individuos— son los elementos y la obra universal histórica, con los que la Humanidad debe ofrecerse otra vez humildemente á Dios y á Dios Supremo en la tercera edad de su vida (como todo sér finito y hombre en la última época de la suya[59]), con todo su sér, en la parte y hecho á ella posible, confiando así firmemente, segun su obra entera desde el principio al fin y con universal y religiosa oracion hácia Dios, en que cumplirá éste su parte divina para con la Humanidad en histórica union con ella, como digna conclusion del divino principio de esta misma historia en el Paraiso[60].
Hemos sentado hasta aquí, segun principios generales, las premisas del tema que nos ocupa, á saber: las leyes de la vida en la historia individual de un lado, y las leyes de la misma vida en la historia universal y sus edades principales de otro, siendo como es de un sér y ley la Humanidad en el todo y en las partes. Reconociendo, ademas, que en medio de estos extremos términos de la vida humana viven con análogo sér y ley las esferas intermedias de la vida—los pueblos, familias, naciones é instituciones—expresando y realizando en su relativa vida é historia, la gradual influencia de la Humanidad en ellas[61], podremos entender fácilmente cómo se realiza el destino humano en el progresivo concierto de todos sus términos y relaciones, correspondiendo á la propiedad y estado de cada individuo aquella suave y real influencia, no perturbadora y facticia como el entendimiento abstracto la concibe y arbitrariamente la personifica en los modernos utopistas. Y si, por último, consideramos que en esta obra se ayuda, ante todo, á sí propio el hombre, reconociéndose miembro activo de la patria comun humana, y se apoya superiormente en las sociedades —que por esto y para esto caminan y se perfeccionan continuamente en sus instituciones— aspirando, en fin, á asemejarse á la vida y obra de Dios, que rige suavemente á los séres racionales segun el grado de su perfeccionamiento y mérito, hallaremos, en conclusion, la verdad del tema: Que la Historia universal tiende, desde la edad antigua, á la media y la moderna, á restablecer al hombre en la entera posesion de su naturaleza, y en el libre y justo ejercicio de sus fuerzas y relaciones para el cumplimiento del destino providencial de la Humanidad[62].
- ↑ Desconsoladora idea que aparece en las épocas de decadencia, y que hacia exclamar al poeta latino en su oda Ad romanos:
Aetas parentum, peior avis tulitEstas terribles palabras, que repiten hoy los partidarios de lo pasado, hallan, por fortuna, poco eco en nuestra sociedad que tiene firme conciencia del progreso, y están plenamente desautorizadas ante las pruebas irrecusables de la ciencia. Si algo degenera en nuestro tiempo, si algo muere, es lo que se opone al libre é infinito perfeccionamiento del hombre y de la sociedad.
Nos nequiores; mox daturos
Progeniem vitiosorem. - ↑ Laurent, Etudes sur l'histoire de l'humanité, t. VII, p. 36.
- ↑ «Toda verdad, está sólo en la historia como toda existencia en el movimiento y en la serie.» Proudhon, Philosophie du progrès. Pero, ¿cómo se concibe el hecho sin agente, cómo el movimiento sin un motor, cómo la serie sin una ley? Aquel pensamiento, expresion superficial de la idea de Hegel, hace imposible toda ciencia, aun la historia.
- ↑ El devenir, considerado por Hegel como primera categoría de la vida, quita á ésta toda su realidad y subsistencia. Si el sér viene á sér, y no es, la esencia se resuelve en la sucesion, y nada de permanente ni de eterno, objeto necesario de la ciencia, queda.
- ↑ «Noli foras ire, in te ipsum redi; in interiore homine habitat veritas.» (Div. Aug. De vera relig., 72)
- ↑ La existencia en su momento último, la actualidad, las manifestaciones temporales de los séres como efecto cada una de todas las precedentes, constituyen le que se llama la efectividad. Para los espíritus irreflexivos, que ni aun entienden la representacion sensible, el hecho, el fenómeno; y que pretendiendo sobreestimarlos los rebajan, esta pura efectividad es por si sola la vida. Mas es este un error engendrado por puro prejuicio del entendimiento y del que es fácil salir con sólo pensar que toda manifestacion sensible, todo hecho, es cerrado en si, exclusivo y negativo de los demas, y que en lo tanto, el sugeto viviente moriria á cada instante, si la vida consistiera en la pura efectividad, y no contuviera la continuidad que hace posible esta especie de muerte y renacimiento de todos los momentos, y de uno á otro del vivir.
- ↑ Tiberghien, Psychologie, II.e p., c. I. — Sanz del Rio, Analítica, c. XVIII.
- ↑ Pero el hombre es tan propio de su sér y propio-activo, y causante de su hecho, que hace positivo en sí el mal, mientras se conoce en él y lo ama, sin que por esto sea el mal en sí sér propio al primero, ni ménos respecto á Dios, sino la negacion de lo divino por el hombre en el hombre mismo consciente y libre.
- ↑ El Espíritu y la Naturaleza, uniéndose en el individuo humano, conservan cada uno su propiedad de sér y su vivir propio, y aun en la union intima sostienen y continuan su vida propia cada uno á su modo y como en su reino, en el cual son y viven, y del cual no salen, uniéndose en el hombre. Y tanto es asi, que la vida propia de cada uno de los dos séres en el individuo humano es la que alimenta y hace la vida propia de union en el hombre. Segun igual ley y razon vive la Humanidad. Esta union es en sí progresiva, mostrándose en la primera edad del hombre y de la Humanidad, como union incipiente, en la cual ni el cuerpo ni el espiritu tienen aun en el sugeto humano la intimidad, ni el equilibrio proporcionado y armónico, ni el mutuo concierto de su union; de lo cual nacen, unas veces, ciertas manifestaciones del Espíritu puro aun no mezclado con la Naturaleza ni sentido de ella (el ángel que decimos, la gracia infantil en el niño); mientras, otras, aparece la Naturaleza pura, sin mostrarse influida por el Espíritu ni sentida de él. Por esto el niño no siente la muerte si tiene idea de ella, porque no siente ni conoce reflexivamente la union que le constituye, ni se ha habituado á ella, ni la ama con el amor que despues, en la edad madura. Necesita por tanto educarse el niño como hombre, como Espiritu y Naturaleza, en concierto y concierto sabido y libremente determinado de ámbos en uno, y si no se educan estos dos seres en su union, queda el hombre imperfecto (inculto). Esta educacion no se hace por ninguno de ellos sólo, ni por el hombre que está sólo iniciado en el niño, sino por la razon, y no la razon abstracta, sino la razon continua de la Humanidad con cada hombre, razon orgánica del todo con el individuo, que es el sentido total de la educacion del hombre en la familia y gradualmente en la patria y en la civilizacion de un siglo, ó de varios pueblos en la unidad de su cultura. De aqui nacen, en el curso de esta union del espiritu y el cuerpo en el hombre, luchas y tormentas y contradicciones y profundos dolores, porque el Espíritu quiere la propiedad y la posesion exclusiva de la union, y la Naturaleza la quiere tambien. Cuando el Espiritu predomina, vindica su idealidad y se embriaga con, ella como lo único absoluto; y á su modo la Naturaleza se embriaga con el placer cuando predomina desproporcionadamente (irracionalmente). Pero más acercados, con el habito, uno á otro, y más ligados á la union y desligados de su propiedad exclusiva é indisciplinada en fuerza del progreso de la union misma en la unidad del sér bumano, sigue más de cerca el dolor y el desencanto al goce y á la ilusión, y nos enseñan con la experiencia misma. Otras veces se toleran uno á otro, espíritu y cuerpo, y viven en una paz inerte y resignada, hasta que el más leve accidente y novedad en la vida de relacion en el hombre y del hombre alrededor, vuelve á despertar la agitacion y el alternado movimiento en el seno intimo de la conciencia. Por esto, á veces, el Espiritu en esta union se embota y cae bajo la Naturaleza; otras, al contrario, y especialmente cuando el cuerpo es débil en el jóven, el Espiritu suele crecer desmedidamente (y la experiencia lo confirma en algunos raros casos de espíritus precoces) de modo que la union se quiebra, el hombre mueге. Es de ley biológica que el hombre y la Humanidad lleguen al estado de justa ecuacion en la union que los constituye, cumpliendo mejor en este nuevo superior grado histórico el fin humano en todas relaciones, y aun las del hombre con Dios como Sér supremo, y realizando asi en mayor perfeccion nuestra naturaleza moral y libre. (Anon. Ms.) Igual sentido encierran las siguientes palabras de Tiberghien, Psych., p. 362 y 363: «Le corps et l'esprit sont des organismes homologues données de proprietés distinctes, mais correspondantes. Le corps est un, simple, identique à sa manière, comme l'âme; il se forme, se developpe en traversant une série d'âges et se montre successivement dans une série d'états pathologiques et périodiques; pourquoi le corps n'aurait-il pas une vie propre somme l'esprit?... Sans doute, le corps n'est vivant que dans son union avec l'esprit comme corps animé; mais cette union n'efface pas la distinction des substances. L'âme est la condition, non la cause de la vie physique, comme la sensibilité est la condition, non la cause de la vie de l'âme au sein de la nature et de la société.»
- ↑ Tiberghien, Psych., II.e p., c. 1., p. 349-352.
- ↑ Sanz del Rio, Ideal, p. 146
- ↑ Cada una de estas entidades humanas es en si tanto más popia y rica en su originalidad, cuanto más real y orgánica es su relacion bajo la comun Humanidad. En la historia se ha desenvuelto, segun esta ley, el individuo humano en relacion con las personalidades superiores con tal medida y regular proceso, que los progresos hacia la unidad han venido á asentar la independencia de individuos, familias, pueblos, naciones, como partes interiores de la Humanidad, en la cual tienen su consagracion ultima y firme los derechos que á aquellas corresponden. Si la Humanidad no fuera un género real y personal á su modo, un individuo superior, la historia seria imposible; porque ¿cómo se trasmitirian los progresos de unas á otras generaciones, sino hubiera más que meras individualidades? La vida de cada hombre seria completamente aislada y egoista como la del animal, si no fuera un individuo racional y orgánico con su todo superior.
- ↑ Sanz del Rio, Ideal de la Humanidad, p. 148, 155.
- ↑ Sanz del Rio, Analítica., c. XXIII. — Tiberghien, Psych., p. 603: «Dans la nature, il y a des causes aussi, mais elles ne sont si volontaires ni conscientes: les corps agissent comme des forces aveugles et gravitent vers leur centre d'une manière fatale: leur activité est liée, enchainée, continue. La fatalité est la forme de la causalité physique, comme la liberté es la forme de la causalité spirituelle.» Por eso, aun cuando los séres naturales viven, como sólo el hombre se desenvuelve y obra con conciencia y libertad, es su historia la parte más importante y elevada de la historia del Universo.
- ↑ El libre, albedrio es una voluntad arbitraria que ya se inclina al bien ya al mal, y cuyo más alto mérito es poder no pecar (posse non peccare); la libertad racional es la libertad divina, siempre recta y firme, cuyo mérito es no poder pecar (non posse peccare). El hombre debe aspirar á convertir el libre albedrio en libertad racional, elevándose à medida que se perfecciona sobre la posibilidad moral de hacer el mal. — Tib., Psych., p. 605.
- ↑ La aplicacion de este principio (la libertad) á la existencia del mundo y la trasformacion de su estado por este principio, constituyen el grandioso desarrollo de la historia: porque ella es el progreso en la conciencia de la libertad; un progreso cuya necesidad se trata de reconocer y de demostrar. — Hegel, Philosophie der Geschichte, exposicion de M. Antonides, p. 47.
- ↑ No vienen la sociedad y el Estado á negar ó á limitar la libertad, sino á ofrecerte una esfera de accion adecuada á su fin, y á garantir su ejercicio contra los embates de fuera. La hipótesis de un estado natural (salvaje) en que se posеyera una libertad ilimitada que debe menoscabarse para constituirse la sociedad, sobre estar contradicha por la historia, es contraproducente: en el estado salvaje imperan las pasiones y la violencia que hacen imposible el ejercicio de la libertad, faltando la razon y la justicia. La verdadera libertad ha de ser adquirida por una larga disciplina de la razon y de la voluntad, y sólo merece conservarse por la practica constante de la virtud y por la firme conciencia de su posesion.
- ↑ «Videntes Deum omnia simul vident ipso.» —Div. Thom., adv. gent.' III.
- ↑ Vacherot, La Metaph. et la Science, t. I, p. 46.
- ↑ Edgar Quiney, Le Génie des religions, p. 12.
- ↑ «Nous dissons que l'acte et le procédé fondamental de la vie raisonnable et morale consistent, comme s'exprime Bossuet, à passer, sans nul circuit de raissonnement, quoique par un très-légitime, étan de la raison, du fini à l'infini, de l'être fini réel, qu'on est, qu'on voit, qu'on touche actuellement, à l'Etre infini réellement et actuellement existant, qu'implique et que supposse l'existence du fini. — Gratry, De la connaissance de Dieu, t. I. p. 59. — Y en otro lugar de la misma obra, añade este ilustre escritor: «La plus saine, la plus incontestable philosophie et la plus rigoureuse théologhie, enseignent que Dieu est partout présent; que Dieu est dans tout être, réellement et substantiellement. Done si Dieu est dans cette pierre, je le touche implicitement, en la touchant.» T. II. p. 166.
- ↑ San Pablo, Ep. ad Rom., XI, 36.
- ↑ Sanz del Rio, Analítica, p. 293.
- ↑ Así la vida como propiedad divina es eterna é inmutable, no viene á ser, es; porque Dios es el Sér vivo que realiza lo divino ó manifiesta su divinidad en la infinidad del tiempo creando eternamente el mundo, y vivificándolo continuamente con su esencia: «Die Welt ist stetig in der Macht des Schöpfers, er hört nich auf, sein Werk zu lieben, zu erbalten, und zu bilden.» Krause, Urbild der Menschheit, p. 5.
- ↑ «Ex ipsa summa essentia et per ipsam et in ipsa sunt omnia.» — San Anselmo, Monologium, c. XIV.
- ↑ Es en efecto de evidencia matemática que una infinidad cualquiera contiene una infinidad de infinidades del género subordinado. V. Tiberg: Theorie de l'infini, 35.
- ↑ Tiberghien, Esquisse de Philosophie moral, p. 70.
- ↑ «Las acciones de los hombres producen, en general, otra cosa de la que ellos persiguen y acaban, de la que quieren y desean inmediatamente. Satisfacen sus intereses; pero cumplen al mismo tiempo un fin que estaba oculto y que no entraba en sus intenciones. Tales son visiblemente, entre otras, las acciones de los hombres eminentes en la historia, que prosiguiendo sus propios grandes designios (grandes bajo la relacion de sus peculiares intereses), cumplen, al mismo tiempo, designios mucho más grandes que emanan de la voluntad Suprema. Y es esta voluntad la que constituye su verdadero poder; y es el presentimiento de esta voluntad inherente á esos hombres la que arrastra á todos los demas y destruye toda resistencia. —Hegel, Philos. der Geschichte; exp. de M. Antonides, p. 54.
- ↑ Para explicar la relacion entre Dios y el hombre segun la razon y la conciencia moral exigen, debe reconocerse, sobre la insoluble oposicion del Dualismo, y la confusion irracional del Panicismo, la Unidad del Sér en aquel desconocida, y la Supremidad del Sér anuladas; por éste, y en la que se sostiene la propiedad y la propia, aunque limitada, causalidad de los séres finitos, quedando sobre esta esencial distincion y relacion de lo infinito y lo finito, la absoluta unidad y propiedad de Dios mismo, con la cual es en relacion el absoluto y único supremo Sér sobre el sér y esencia infinita. Tal es el profundo sentido del Monoteísmo, que S. Athanasio (Contra Arrian. I, 28) formula en estas precisas palabras: εἷς θεὸς ἐν τῇ ἐκκλησία κηρύττεται ὁ ἐπὶ πάντων καὶ διὰ πάντων καὶ ἐν πᾶσι ἐπὶ πάντων μὲν ὡς πατήρ, ὡς ἀρχὴ καὶ πήγη, διὰ πάντων δὲ διὰ τοῦ λόγου, ἐν πᾶσι δὲ ἐν τῷ πνεύματι τεῷ ἁγίῳ. Pero esta verdadera racional concepcion ha sido pervertida por el entendimiento abstracto que, cifrando la unidad en unidad formal, exclusiva y en sí indeterminada, sólo alcanza á reconocer la heterogeneidad y la pura exterioridad entre la causa y lo causado, entre Dios y la criatura, ó à lo sumo una semejanza vaga y abstracta, comenzando en relacion, no en unidad, y desde unidad el conocimiento de Dios, y de aqui el de las relaciones entre Dios, como el Sér y Esencia suprema, y la criatura como el sér y esencia infinitamente finita, subordinada. — V. Sanz del Rio, Analítica, c. XXIV; Tiberghien, Theorie de l'infiní, c. V y VI; Ahrens, Cours de Psychologie, 1. X-XII). — El mismo sentido reconocen hoy pensadores eminentes y religiosos, como el abate Gratry, Del conocimiento de Dios; A. Pezzani, Principios superiores de la Moral, obra premiada por la Academia francesa, 1. VI, c. II; M. Herman Fichte (el teísta menos distante de lo verdadero, hijo y refutador respetuoso de G. Fichte, segun T. H. Martin en La vida futura segun la fe y la razon, p. 349) Sistema de la Moral, p. 333, 34, 45, 48, 72; Schliephake, Introduccion al sistema de la Filosofia, §§ 26, 33; H. Ritter: Indicador de Gottinga, n. 174. p. 1728; Azcarate, Exposicion histórico-critica de los sistemas filosóficos modernos, t. II, p. 273; Roman Leal, Filosofia social, p. 396; Weise, Boucuitté, Damiron y otros.
- ↑ De modo que si la unidad se dice de tal y se explica consigo, si no es sér y nada determinado se explica infinitamente en relacion (pues la unidad no está ella misma ni consiste en relacion, sino que es, desde luego, absolutamente), esto es entre lo infinito y lo infinitamente finito, ó entre lo supremo y lo ínfimo relativamente. Y si el ser finito es algo de divino y de divina, unidad lo es, no desde luego como finito sino como sér y esencia en su unidad, y entonces es esencialmente finito bajo el infinito y el supremo en la relacion. El Panteismo no es puro creer en cuanto afirma la unidad; pero es errado en cuanto contra toda razon cientifica y sano sentido práctico y religioso, solo conoce una unidad informe, abstracta, unidad en identidad, y desconoce la propiedad y propia causalidad é infinita variedad del sér en el sér finito, haciendo de la realidad un desierto. Ni el Dualismo es puro error en cuanto reconoce la real distincion y relativa exterioridad de lo finito con lo infinito en tales términos; pero es errado en cuanto desconoce ó abstrae del fundamento y ley de unidad de esta misma relacion y dentro de ella de ámbos lados, y pone en ella en vez de recta, racional y firme relacion, la arbitrariedad en lo infinito, la accidentalidad en lo finito, la confusion caótica entre ambos, madre histórica de la identidad panteista, como por otro lado del fatalismo y el ateismo en todos los tiempos. No se desfigura en vano por el entendimiento la imagen viva de Dios en la razon. Y asi (si es permitido llamar la razon para confirmar y avivar la fe religiosa en el hombre) es el milagro y lo inconcebible para el entendimiento, que Dios, siendo Dios mismo, pueda ser y mostrarse y se haya mostrado divinamente en la historia como Dios y hombre juntamento en esencial relacion, pero con real distincion, en unidad, cual la Humanidad lo venera como principio de su religion universal en Jesucristo.» (Anon. Ms.)
- ↑ Reparemos aqui, para no caer en errado conocimiento, que las obras de Dios no son puramente particulares en este ó aquel lugar ó tiempo, sino que son á la par obras universales en todos los lugares y tiempos, en justa y viva relacion eterna é histórica á la vez.
- ↑ «Nemo vir magnus sine alique afflatu divino unquam fuit. —Cic., De Nat. Deorum, II. 66.
- ↑ Educacion del género humano, trad. por Tissot. Posteriormente (1849) ha desenvuelto el plan de Lessing P. Hofstede de Groot en sus Voorlezingen over de Geschiedeniz der Opovoeding des Menschdoms door God tut op de Komst van Jezus-Christus.
- ↑ Laurent, Études sur l'histoire de l'humanité, t. V, p. 7.
- ↑ Dien tient du plus haut des cieux les rènes de tous les royaumes; il a tous les cœurs en sa main: tantôt il retient les passions, tantôt il leur lâche la bride, et par là il remue tout le genre humain. Veut-il faire des conquérants?... Il fait marcher l'épouvante devant eux, et il inspire à eux et à leurs soldats une hardiesse invincible...Quand le temps fatal est venu qu'il a marqué dès l'éternité à la durés des empires, ou il les renverse par la force, ou il mèle dans les conseils un esprit de vertigue, qui fait errer l'Egipte incertaine comme un homme enivré, en sorte qu'elle s'égare tantôt en des conseils extremes qui désespèrent, tantôt en des conseils lâches qui détruissent toute la force de la majesté. Et même lorsque les conseils sont modérés et vigoureux, Dieu les reduit en fumée par une conduite cachée et supérieure... Dieu exerce, par ce moyen, ses redoutables jugements, selon les règles de sa justice toujours infaillible... Ne parlons plus ni de hasard, ni de fortune, ou parlons en seulement commé d'un mot dont nous couvrons notre ignorance. Ce qui est hasard à l'égard de nos conseils incertains est un dessein concerté dans un conseil plus haut... C'est pourquoi tous ceux qui gouvernent, to sentent assujetis à une force majeure; ils font plus ou moins qu'ils ne pensent, et leurs conseils n'ont jamais manqué d'avoir des effets imprévus: n'ils ne sont maltres des dispositions que les siècles passés ont mises dans les affaires, n'ils ne peuvent prévoir le cours que prendra l'avenir, loin qu'ils le puissent forcer. Celui-là seul tient tout en sa main, qui sait le nom de ce qui est et de ce qui n'est pas encore, qui préside à tous les temps, et prévient tous les conseils. En un mot, il n'y a point de puissance humaine qui ne serve malgré elle à d'autres desseins que les siens. Die seul sait tout réduire à sa volonté. C'est pourquoi tout est surprenant à ne regarder que les causes particulières, et néanmoins tout s'avance avec une suite reglés.» —Discours sur l'histoire universelle, Concl. —Bossuet describe admirablemente, más que razona, la influencia de la Providencia en la historia; pero á fuerza de exaltar el poder de Dios olvida al hombre, ó por mejor decir, no le olvida, quiere humillarle, anularle; Dios lo hace todo; el hombre no es jamas sino un instrumento de sus impenetrables designios. Desconoce que la libertad es la primera condicion del desarrollo de las facultades humanas; y para que éste se cumpla, el hombre y los pueblos deben tener conciencia de que ninguna necesidad fatal les domina, que ellos hacen su destino; que de ellos depende mejorarse y marchar progresivamente hacia la realizacion de su ideal. Por lo demas, el alto pensamiento de referir la historia á un fin providencial y el de considerar el accidente (la coincidencia de causalidades finitas) como sujeto tambien á los eternos consejos de la Providencia, son dos grandes principios que necesariamente ha de reconocer el que quiera penetrar en las leyes del progreso humano, al cual concurren multitud de elementos que el hombre no determina, aunque á él toca aprovecharlos.
- ↑ Roeder.An poena malum esse debeat? Traduc. por Romero Giron: V. Escuela del Derecho, t. II.
- ↑ Laurent, L. V., c. I.
- ↑ De aquí nacen los grandes errores de la llamada Escuela histórica.
- ↑ «Omnia desiderant bonum, ita desiderant unitatem, sine qua esse non possunt.» —Boecio.
- ↑ «La divisibilité ou l'expansion universelle est le mouvement de l'unité à la varieté.» —Cousin, Introduction à l'histoire de la Philosophie.
- ↑ En todo lo cual nada decimos de nuevo, ni lo pudiéramos en razon, que no se haya dicho y pensado siempre por el universal sentido comun; pero con nueva reflexion, segun los tiempos piden, lo precisamos con nuevas señales ántes no advertidas, lo declaramos y determinamos para sacar este sentido del estado de lugar comun en que ha caido con el uso, y creyendo en ello servir á nuestra comun ley en tiempos de crisis y de grandes cambios como los presentes y los presentidos venideros. Ni decimos en esto aforismos o sentencias aisladas, sino que las leyes y relaciones históricas aquí sumariamente expuestas, conciertan á su modo con las relaciones antes indicadas entre la razon y la fe en la unidad de la verdad, las del Espiritu y la Naturaleza en el Hombre, las del Hombre y el Mundo con Dios como bajo el Sér y la Unidad suprema.
- ↑ Tal es el hombre individuo, separado de sus totales relaciones humanas, en su fundamental y determinadamente completa limitacion hasta dentro de si mismo, a cada paso y momento, á cada fuerza y hecho de su vida; lo cual nos debe mover con universal simpatia hácia todos y cada uno de los hombres, en amor y enseñanza edificadora y bienhechora, y á estar prontos y dóciles á lo mismo de parte de los demas, segun razon, y en forma de libertad.
- ↑ Sanz del Rio, Discurso inaugural de 1857 á 1858.
- ↑ Puede, en efecto, considerarse la geografia como el signo mudo de la historia de la Humanidad escrito en el suelo de la tierra. Muéstrase ésta, en verdad, como un todo orgánico cerrado en sí, y como asiento acomodado à la vida del hombre. La oposicion de aire, agua y tierra firme está ordenada orgánica y periódicamente en espacio, tiempo y fuerza. La tierra firme está dividida segun la ley del número en razon de 1 à 3 en la relacion de las cadenas de montañas, en la forma y circunscripcion del continente. Señala éste en la direccion de las montañias dos puntos capitales de la tierra (polos), abrazando en circulo al uno, el polo N., y extendiendo hacia el S. sus extremos agudos; por lo cual la masa del continente se halla principalmente hacia el polo N. Todo el continente, correspondiendo a las leyes eternas y universales de la vida, se divide en dos partes enlazadas por una tercera. La primera, mayor y más antigua, está determinada por una cadena de montañas, que partiendo del estrecho de Behring se extiende hácia el S.O. por Asia y Africa rematando en el cabo de Buena Esperanza. La segunda está determinada igualmente por otra cordillera que parte del mismo estrecho de Behring y se extiende en direccion S.E. hasta terminar en el cabo de Hornos. Cada una de estas cadenas de montañas forma un arco, cuyos lados interiores cóncavos circunscriben el seno de la tierra, dejando el lado convexo hácia afuera: esta forma determina los dos mares, el interior ó Atlántico hácia el cual corren de consiguiente los grandes rios, y el exterior ó Pacifico. Dos cadenas de montañas subordinadas á las anteriores, cortan lateralmente el Ecuador en la direccion E. á O. formando la parte compuesta de la tierra llamada Oceanía, en la cual se equilibran el agua y la tierra firme. Forma asi el continente un compuesto de tres miembros segun las leyes de la unidad, la oposicion y la composicion. La América es, sin contradiccion, infinitamente más nueva que el antiguo Mundo, y la Polynesia está aun en formacion: virgen todavia, se la ve brotar en medio de los mares, pero sin aquellos cataclismos que debieron presidir à la formacion de los continentes, y formar un mundo de islas y preparar sin duda, como antes aquellos, la morado para una ulterior cultura. Cada parte constituye todavia un todo análogo trimembre, porque cada una de las dos cordilleras principales se componen otra vez de dos arcos, con el lado cóncavo hácia adentro y unidas entre si por una cadena intermedia diagonal: asi en el continente antiguo el arco del N. determina el Asia, el del S. el Africa, y la cadena de union entre ámbos la Europa. Igualmente en el arco opuesto del Nuevo Mundo, la parte setentrional forma la América del Norte, la meridional la América del Sur, y la cadena de composicion forma las Indias occidentales. Estas leyes de division determinan, en parte, la historia de la Humanidad, porque ésta se ha desenvuelto y propagadosobre la tierra bajo la ley de la unidad, creciendo juntamente en número de individuos y de pueblos y en union orgánica de todos para el cumplimiento del destino total humano. (Anon. Ms.) V. Altmeyer, Philosophie de l'histoire, I. 17. —Bajo estos principios generales es fácil determinar cómo las condiciones geográficas influyen en la historia. «La existencia de cada pueblo, dice Hegel, se refiere al espacio como al tiempo, y el principio particular que le caracteriza es determinado, en parte, por la Naturaleza que le rodea.» La Humanidad y dentro de ella las razas, pueblos é individuos, están sometidos á la influencia de circunstancias exteriores que condicionan pero no destruyen la libertad del hombre. Montesquieu, y despues de él Herder, han expuesto, y á la verdad exagerado, la influencia del clima y de todas las causas fisicas sobre el carácter y civilizacion de los puebles. Segun el escritor aleman, el papel del hombre y de las naciones está escrito en su organizacion y en la del mundo exterior; no niega á Dios porque es la Providencia quien ha trazado desde el origen los destinos del género humano, y quien coloca á cada individuo, á cada pueblo en el lugar y el tiempo donde deben llenar su mision: «Somos necesariamente lo que podemos ser, relativamente á los tiempos, á los lugares y á las circunstancias en que vivimos.» (Ideen zur Philosophie der Geschichte, XII, 6.) La influencia de la Naturaleza sobre el hombre y sobre los pueblos es incontestable; pero este fatalismo naturalista contradice la esencia del espíritu, que es la libertad, sin la cual, como dejamos demostrado, la vida de los seres racionales seria imposible, y sus condiciones absurdas.
- ↑ No crió Dios al hombre aislado, sino que al punto le dió compañía y familia, en cuya forma debe, pues, cumplir la Humanidad todo su destino divino en la tierra.
- ↑ Por tanto en el dia de hoy (no entonces precisamente), el insensato que condena la Naturaleza en vez de respetarla y educarla suavemente, á semejanza de Dios en ella, condena y maldice el seno en que nació, el aire que respira, la luz que le alumbra, el agua que bebe y el pan que come, y hasta el eco de la voz y la señal impresa de la maldicion que pronuncia. Y condenado y maldecido todo esto, ¡ved lo que resta de su vana soberbia espiritual para la enseñanza y bien de los hombres! (Anon. Ms.)
- ↑ Así, y pues hablamos en ley general, nos dan ejemplo de ello en este punto los pueblos asirio, persa, árabe, los cuales, aunque de manera harto inferior á la de nuestra civilizacion cristiano-europea, ofrecen transiciones semejantes del naturalismo idolátrico á una concepcion superior espiritualista, y aun con caractéres históricos análogos, en Budha, Zoroastro y Mahoma. Y hoy mismo observamos, señaladamente en los puebles hindous y mahometanos, la degeneracion del espíritu inferior de ellos al cristiano en su segunda edad.
- ↑ Aunque involuntariamente se lleva la vista desde estos caractéres de la segunda edad humana, principalmente a nuestra civilizacion europea, y en esta á la religiosa, la ley de ellos es enteramente general y tiene un general fundamento; y es fácil observarla, análogamente en la segunda edad del individuo humano como en la segunda edad de otros pueblos que el europeo, por ejemplo, el asiático en el budhismo, el árabe en el mahometismo, y en otras esferas que la religiosa predominante (y en la que más pronto se señalan los caractéres dichos), en la moral, la política y la general social; pues la ley enunciada ninguna manera de vida excluye; de todas habla y á todas se aplica igualmente.
- ↑ En ley de la unidad del sér y vida humana en el todo y en las partes.
- ↑ El sentido y la Naturaleza, que, aunque el Espíritu desecha de sí en su fantasia, se están y quedan en el hombre segun Dios le creó y mandó para una ulterior justicia y restitucion en el todo, despiertan y luchan contra el espíritu abstracto con su voz misma, en guerra inacabable bajo la forma aquí de Idealismo y Materialismo, con su resultado en esta edad, el Escepticismo.
- ↑ Con profunda y triste conviccion lo decimos considerando las leyes de la vida y la limitacion de la Humanidad en el cumplimiento de ellas en si misma: debe ser de otro más profundo modo la degeneracion y confusion en su dia de la segunda edad que lo fué la de la primera, por lo mismo que en la limitacion humana es más intimo y excelente el principio animador de esta que el de aquella. ¡Triste y desesperanzada conviccion de parte de lo humano, si no supiéramos, de otro lado, que Dios ayuda tambien aqui á la Humanidad de otro superior modo, y que limita el mal histórico con su bondad y por medios sólo de su Providencia conocidas!
- ↑ Pues la unidad humana es una con el Espíritu y en él, y él mediante en todo el resto del hombre en justas relaciones. Esta es la ley profunda que el Espíritu debe entender y dictar en la Humanidad, andando los siglos, en la tercera edad histórica, sobre la ley de su exclusiva, abstracta é ideal preponderancia en el todo. Y para ello, claro es que el Espíritu debe sobreentenderse y sobreponerse á su propia preocupacion en esta edad (que es lo grande y lo crítico), no habiendo en el hombre otra más alta entidad que la del Espíritu, pues que ni la unidad lo fuera sin dejar de ser unidad.
- ↑ Escuelas tradicionalistas ó empíricas; escuelas filosóficas (idealistas); escuelas eclécticas ó meramante combinatorias de varios géneros y modos en todas las esferas de la vida.
- ↑ Pues el Espíritu viejo en toda sér y vida finita no entiende de escuchar y servir, sino de dictar y mandar. Tal es el mal relativo de la propia excelencia del Espíritu en lo finito: ser fuerte en su misma debilidad y hacer fuerza y poderío (tiránico) de ella.
- ↑ No hablamos propia ni primeramente de esta segunda edad humano-histórica como la nuestra única, ni aun por sola induccion de ella á la ley, sino que hablamos en ley general de todas en igual caso y sólo como ejemplo miramos á esta muestra entre otras, en los infinitos individuos humanos que podemos observar, en pueblos, naciones é instituciones y aun en la total Humanidad terrena en su dia, que sólo de lėjos presentimos en el hecho y que en fuerza de la ley general deducimos.
- ↑ Por tan varios y opuestos caminos preparada, no sólo ni tanto por el hombre como por Dios tambien sobre el hombre.
- ↑ Esto es, el pecado del espíritu inmediato é irreflexivo en la preocupacion de sí mismo (que es lo primero como se sabe y se siente el espíritu en la historia), así como el amor desordenado del sentido y de lo sensible es el pecado de la primera edad del Espíritu bajo la preocupacion inmediata de la Naturaleza, y esclavo de ella en el hombre, en la fantasia.
- ↑ Concertadas, no aquí ni en ninguna otra esfera de la vida, en un equilibrio indiferente, é infecundo, como el espíritu abstracto presume, sino es alternada y bien caracterizada diferencia, pero bajo proporcion y medida constante suave y libremente realizada en la oposicion misma en razon de la unidad; y no de otro modo.
- ↑ Los ancianos fueron en todos los pueblos y tiempos los hombres de la religion y oraciones públicas.
- ↑ A la calificacion de bella utopía, que no dejará de ocurrir aqui, á primera vista, y que aun debe ocurrir bajo el espíritu predominante en esta segunda edad, contestamos: que es visto, entónces, que la idea de esta tercera edad no habla ni se entiende con quien la halla en sí mismo irrealizable, ni tampoco con los demas, con el tiempo y siglo ó siglos que así lo entienden y juzgan; de lo cual no podria este siglo ó siglos inferir (sino por una utopía negativa harto más evidente y de harto peor género) que no habla esta idea con la total Humanidad, en todo su ser y pensar y vivir, en la totalidad de su tiempo é historia, segun la integridad de su naturaleza y su creacion por Dios. Y no hablando, pues, esta bella idea (como bella á lo menos se reconoce) precisamente con este aquel hombre ó siglo, deja por el hecho de ser utopía. Pues la utopía no lo es meramente por ser bella idea, sino porque se presume, junto con esto, que es ideal práctico en tiempo cierto, ó el presente, ó que está en relacion continua directa con este ó aquel, à aun con toda esta edad segunda y el todo histórico humano, y como cabiendo en relativa realizacion con él. Mas en este sentido y relacion llana histórica con el estado presente no entendemos si presumimos que sea, sin más, realizable la idea de la tercera edad humana. Pero sí entendemos y afirmamos que la idea de esta tercera y, á su modo, enteramente propia edad está en la naturaleza racional del hombre, y se funda en la ley entera de esta naturaleza, y en la divina integridad con que Dios funde y crea á todos los seres, y al hombre de conformidad y suprema conformidad con los demas séres y á la mayor semejanza de Dios mismo; y concierta ademas con lo observado en los demas séres fuera del hombre y aun en el hombre mismo individual (cuanto el individuo puede hoy expresar en sí esta ley) y con lo mostrado en toda la particular y contrapuesta historia hasta hoy hecha por la Humanidad, y las profundas imperfecciones que hoy mismo siente en la historia y vida hecha y en el total resultado hasta hoy de su pasado. Y pues en vista de este hecho sabemos, por otra parte, que todo sér y el hombre asimismo, vive y se manifiesta en el tiempo, haciendo su historia propia, para expresar en este modo del tiempo su sér total derecha y verdaderamente como es, en testimonio de la verdad é integridad de Dios en sus obras; y que, de consiguiente, debe seguir viviendo y haciendo historia, cuando todavia sólo se ha manifestado predominantemente en una ó algunas partes de su sér y en relaciones particulares de su vida (como es propio del sér finito y el hombre en el tiempo), hasta manifestarse de nuevo en estas mismas partes pero reordenadas y concertadas en la ley de totalidad (en todas sus humanas y sobrehumanas relaciones)— por esto y sobre tales fundamentos, sin mirar únicamente al hecho, ni fundarnos sólo indirectamente, ahora en él, sino en la ley universal de los séres y la del hombre, y bajo ella en vista comparada del estado presente histórico, pensamos y creemos firmemente: Que sobre esta segunda edad (no precisamente en llana continuidad con ella, sino como sobre ella) resta en la ley de la humana naturaleza y por tanto en la ley total de su vida en el tiempo —en la universalidad de su historia— la tercera edad que en presentimiento de razon concebimos, y sólo en generales pero en ciertos lineamentos ideamos, sin pretender anticipar la ley propia sucesiva de los hechos, que la tienen tambien á su modo, pero que, hoy por hoy, solo Dios conoce y sólo se cumple gradualmente, segun que ayudándose el hombre en pensamiento y vida, se haga merecedor aquí, como siempre, del concurso providencial efectivo de Dios. No hasta, pues, contra lo dicho la calificacion de bella utopía, sino la calificacion y prueba de que la ley aquí enunciada no es tal ley de la Humanidad conforme á la ley de los demas séres y supremamente à la ley de Dios en el hombre, que dotado de razon está con ella llamado y por Dios mismo obligado á entender esta ley y á preveer con ella, en lo posible, su hecho propio sucesivo en el individuo y en el todo. Esto es lo que decimos. Y antes bien, nuestro entero pensamiento, y nuestro sentido y consejo práctico (si cabe decir) en consecuencia de la ley expuesta, es bien al reves de lo que dicha calificacion nos atribuye. Pensamos, en efecto, que debe la Humanidad hacer entera esta su segunda edad, viviéndola en todo su crecimiento, en toda su madurez y bellos particulares frutos, y en todo su decrecimiento relativo, en efectiva experimentada decadencia, para reconocer de este lado tambien el particularismo inherente al principio animador de esta edad, y levantarse entonces el hombre de este su decaimiento, por él mismo experimentado y confesado (como cumple á la libertad finita), al esfuerzo vivo hácia lo mejor con la esperanza meritoria en el concurso divino, aquí, como en toda crisis capital de la vida, en el tiempo. ¡Tanto dista nuestro pensamiento de la utopía y la utópica abstraccion, y de desconocer por la idea la ley de la historia y de la continuidad histórica en tal propio modo! ¡Tan léjos estamos, pensando así, de halagar ni dar pié á la presuncion teórica (idealista), ó á la precipitacion práctica perturbadora (religiosa, o cientifica, ó social) con que aun los bien intencionados, pero prevenidos por el espiritu abstracto del siglo, interpretan, á su modo, desfigurándola en parte la idea del Bien y el bien vivir (que aun falta), presente siempre á la razon, pero no aun claramente entendido, ni de consiguiente cumplido por el entendimiento en las grandes y complejas esferas de la historia humana! Sobre todo lo cual están con nosotros y nos apoyan los más llanos y comunísimos proverbios de la prudencia humana en todos los tiempos y pueblos, cosa que, por ménos propia de este lugar y fácil de suyo, dejamos á la consideracion del atento lector.
- ↑ Esta universal gradual influencia de la Humanidad toda en sus esferas particulares históricas, y mediante éstas en el individuo humano, es aun en esta edad poco determinada, aunque sensiblemente es más clara y decisiva que en toda la historia anterior. Son expresion de ella en el derecho, por ejemplo, el llamado derecho natural y de gentes, presentido é indicado en la antigüedad, regularizada aunque incompletamente desde Grocio, y hoy más decididamente caracterizado y determinado en teoria y en hecho. Lo es tambien en la esfera general social, en la llamada opinion y espíritu del siglo, y aun en el cosmopolitismo, cada vez más universalmente determinado é influyente. Es otra señal creciente de esta universal influencia del todo en el individuo y recíprocamente, la educacion humana en sus grados cada vez más comprensivos y caracterizados de educacion privada, pública y universal en los viajes y comunicacion, mediante las lenguas sabias y vulgares, con varios pueblos sobre el propio, cuyo grado comisura á determinarse en los llamados títulos internacionales.
- ↑ Los términos del tema, y en todo caso la declaracion autorizada y terminante que de su sentido nos hemos procurado, no nos permiten descender de las leyes generales filosófico-históricas á los hechos puramente históricos; pero con vista de ellos como punto de induccion y de confirmacion particular, mas no como el total y primer fundamento de la ley, hemos procurado desenvolverlo.