Dolores Veitimilla

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(>PUNTK8 DB MI CARTER*. )

Jl FJor de U. Remember.


I.

No es una novelarom&ntiea la que hoy damos & luz^ Es la biografia de una poetisa menos conocida en su patria por sus sentidos versos que por la lamentable catestrofe que puso fin k su vida.

En Febrero de 1855 cuponos en suerte hacer un via- je k Guayaquil k bordodel vapor de guerra Rimac. que un mes mas tarde debia nauf ragar en las costas del Sur del Perti. La sociedad del Guayas es altamente obse- quiosa y pocas horas despues de fondeado un buque en la ria es abordadopor multitud de canoas, por- tadoras de tarjetas y esquelas de invitation para los nuevos hu£spedes. Entre las relaciones cuyo tra- to frecuento el firraante de este articulo existia una senorita de notable hermosura y cultivado injenio k la qpe, hablando una noche de versos, le arrancamos el compromiso de que nos proporcionaria las compo* siciones de una. amiga suya. Causas estrafias k nuestra voluntad nos hicieron por entonces abaudonar preci- pitadamente Guayaquil, y en distintas ocasiones que tuvimos motivo para escribir & nuestra ben£vola ami* ga la recordamos tal vez con impertinencia su prome- »a. Por fin,, en 1&57, recibimos de ella un paquetito„ conteniendo un peri6dico y un pliego de versos, pre- eibsos materiales que faeron. k enriquecer nuestra car* tera. '


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II.


Recorriendo las columnas del peri6dico nos detuvi- mos en tm articulo que se ocupaba de un fusilamiento, de uno de esos asesinatos que la sociedad ejecuta en nombre de la ley. H6 aqni el articulo :

« No es sobre la tumba de un grande, no sobre la de un poderoso, no sobre la de un aristocrata, que derra- mo mis lagrimas. No! Las vierto sobre la de un hom- bre, sobre la de un esposo, sobre la de un padre de cin- co hijos, que no tenia para estos mas patrimonio que el trabajo de sus brazos.

Cuando la voz del Todo-Poderoso manda & uno de nuestros semejantes pasar & la mansion de los muertos, lo vemos desaparecer de entre nosotros con sentimien- to, es rerdad, pero sin murmurar. Y sus amigos y deu- dos caiman la vehemencia de su dolor con el relijioso pensamiento de que es el Creador quien lo ha manda- do, y que sus derechos sobre la vida de los hombres son incontestables.

Mas no es lo mismo cuando vemos por la voluntad de ur.o 6 un pufiado de nuestros semejantes, que nin- gun derecho tiene sobre nuestra existencia, arrancar del seno de la sociedad y de los brazos de una familia amada & un individuo, para inmolarlo sobre el altar de una ley barbara. j Ah ! entonces la humanidad entera no puede menos que rebelarse contra esa ley y mirar petriticada de dolor su ejeciicion.

j Guan amarga se presenta la vida si se la contempla al traves de las sombrias impresiones que despierta una muerte como la del indijena Tibubcio Luoeuo, ajusticiado cl dia 20 del presente mes, en la plazuela de San lYancisco, de esta ciudad ! — La vida que de suyo es un constante dolor: la vida que de suyo es la defeccion contfnua de las mas caras afecciones del co- razon: la vida que de sayo es la desaparicion succsiva de todas nuestras esperanzas : la vida, en fin, que es


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Una cadena mas 6 menos larga de infortunios, cuyos pesados eslabones son vueltos aan mas pesados por las preocapaciones sociales.

4 Y qu6 diremos de los desgarradores pensamientos que la infeliz victim* debe teuer en ese instante f . . . . slmposible no derrainar Idgrimas tan amargas como las qae en ese momento salieron de los ojos del infoiv tnnado Lucero! Si, las derr«maste, in&rtir de la opi- nion de los hombres ; pero ellas fueron la ultima prue- ba que diste de la debilidad humana. Despues, vaiien- te y magndnimo como Socrates, apuraste A grandes tragos la copa envenenada que te ofrecieron tus paisa- nos y bajaste tranquilo & la tumba.

Que aili tu cuerpo descanse en paz, pobre fraccion de una clase perseguida ; en tanto que tu espiritu, mirado por los dnjeles como su igual, disfrute de la herencia divina que el Padre comun te tenia preparada. Euega en ella al Gran Todo, que pronto una jeneracion mas civilizada y bumanitaria que la actual, venga & borrar del c6digo de la patria de tus antepasados la pena de muerte. »

Este articulo tan henchido de sentimiento y de un* cion babia brotado de la pluma de Dolores Veintimilla. Sin embargo, la sociedad, 16jos de prosternarse ante el talento de la mujer, encontro ensu mismo articulo una arma para herirla y los mas groseros insultos cayeron sobre la ilustrada joven. Los menos osados la aconse- jaban que se dejasen de moralizar ; porque la obliga- tion de la mujer no era escribir en los periodicos sino atender k las faenas dom^sticas. Dolores, que habia pu- blicado ya algunas poesias acojidas con id^nticas dia- trivas, no tuvo la bastante fuerza de dnimo para des- preciarlas y la prensa no volvio 4 rejistrar ninguna otra flor de su bella intelijencia.

Pero la poetisa sentia en su espiritu la imperiosa ne- cesidad de trasiadar sus impresiones y sufrimientos al papel y por eso escribia ya solo para sus amigas inti- mas, las que sacaban cdpias de sus armoniosos versos.

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Asi ban podido Uegar & n nostras inanos, y salvarsequt- z& de la oscuridad, las producciones que insertamos y que al saborearlas, har&n lamentar 4 todos los aprecia- dores de las bellas letras la prematura p6rdida de ese jftiio, agostado en la primavera de la vida y que tan bri- Uantes promesas daba para el porveuir.

HL

Los versos de Dolores Yeintimilla son por lo jeneral f&ciles y arnioniosos, sin estar exentos de incorreccio- nes que con un poeo mas de estudio habria conseguido evitar. Resalta en ellos una melancolia profunda que es el reflejo de su alma desgarrada. Juzguen nuestroa lectorfes por las composiciones que pasanios & copiar.

A CARMEN. fBemitiendola mi jazmin del Cabo.)

Menos bell a que tfi, Garmela mia, Vaya esa flor 4 ornar tu cabellera : Yo misma la he cojido en la pradera Y carinosa mi alma te la envia. Gnando seca y marchita caiga un dia* No la arrojes por Dios & la ribera : Guardala cual memoria lisonjera De la dulce amistad que nos unia.

Presumimos que la autora se propuso acaso escribir un soneto y que lo dej6 sin termiuar. El primer verso dice en el orijinal — menos bella que tu, amiga mia ; mas nosotros en gracia de la armonia nos hemos tornado la lijera libertad de ccrrejirlo. A la misma amiga, &quien consagr6 tan linda octava, dirijia algun tiempo dea- pues al separarse de el la esta fluidisima letrilla :

Ninfa del Guayas De tus abrilea

Encantador t En el albor,


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Cuando regreses Los tiernos goce&

A la mansion, Y la emotion

Doude te espera Con que las madres

Todo el amor Amamos (Oh !

De los que hoy ruegan A los pedazos

Para ti & Dies; Del eorazon:

Guando mas tarde Noolvides, Carmen,

Vengan en pos No olvides, j no !

De los placeres A tu Dolores

Que apuras hoy, Por otro amor.

Si se eceptua la incorreccion gramatical que hem os subrayado, la letrilla toda revela excesiva facilidad para versificar; loque nos demuestra que deben exis- tir otras muehas poesias de la senora Veintimilla. Pa- ra escribir asi creemos indispensable haberse ejercitado mucho.

A UN RELOJ.

Con tu acompasado son Marcando vas inclejnente De mi pobre eorazon La yiolenta pulsacion .... Dichosa quien no te siente I

Funesto, funesto bien

Haces reioj La venida

Marcas del ser & la vida, Y asi impasible tambien La hora de la partida.

El espiritu de estas quintillas es un tanto oscuro* La poettsa no pudo ser indiferente como ya lo hemos cticho & la critica ultrajante y 4 la maledicencia. H6 aqui acaso una de sus mejores producciones en la que devuelve & la sociedad de su patria toda la hiel que la iqjusticia de los hombres la hizo apurar*


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A MIS ENEMIGOS,

iQu6 os hice yo, mujer desventurada, Que en mi rostro, trai (lores, escupis De la infame calumnia la ponzofia T asi matais & mi alma juvenil ! iQu6 sombra os puede hacer ana insensata Que arroja de los vientos al confin, Los lamentos de su alma atribulada Y el llanto de sus ojos ; ay de mi ! Envidiais, envidiais que sus aromas Le d6 & las brisas mansas el jazmin f • Envidiais que los p&jaros entonen Sus himnos cuando el sol viene & lucirf No ! no os burlais de mi sino del cielo. . . . Que, al hacernie tan triste 6 infeliz, Me di6 para endulzar mi desventura De ardiente inspiracion rayo jentil. Por qu6, por qu6 quereis que yo sofoque Lo que en mi pensamiento osa vivir t Por qu6 matais para la dicha mi alma f Por qu6 \ eobardes ! & traicion me herfsf No dan respeto la mujer, la esposa, La madre amante & vuestra lengua vil. . . . Me marcais con el sello de la impura. . . . Ay ! Nada I nada ! respetais en mi !

Estos endecasilabos hacen adivinar completamente & la mujer que, como la leona herida, se alza arrogan- te 6 irritada ; pero cuya exaltacion termina siempre con l&grimas. Despues de la indignation que respiran algunos versos nada hay tan sentido como el ultimo. En 61 est& la mujer que cediendo & su debilidad estalla en lastimero llanto.


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SUFRIMIENTO.


Pasaste, edad hermosa,

En que riz6 el ambiente

Las hebras del cabello por mi frente

Que hoy anubla la pena congojosa.

Pasaste. edad de rosa,

De los felices aiios,

Y contigo mis gratas ilusiones ....

Quedan en su lugar los desenganos

Que brot6 el huracan de las pasiones.

Entonces j ay t entonces, madre mia, Tus l&bios enjugaban L4grimas iufantiles que surcaban Mis purpureas mejillas .... Y en el dia Ay ! de mi no est&s cerca para verlas ... I Son del dolor alquitaradas perlas !

Madre! madre ! no sepas la amargura

Que aqueja el corazon de tu Dolores.

Saber mi desventura

Fuera aumentar tan solo los rigores

Con que en ti la desgracia audaz se encona.

En mi nombre mi sino me pusiste !

Sino, madre, bien triste !

Mi corona nupcial, est& en corona

De espinas ya cambiada

Es tu Dolores \ ay ! tan desdichada ! ! !

Esta composicion hace vislumbrar los padecimientos morales que en el hogar domdstico torturaban el cora- zon de Dolores. No faltar&n rigorosos preceptistas que encuentren arrastrado tal 6 cual verso, impropia la

aplicacion de este 6 aquel verbo pero para nosotros

los jemidos que se desprenden del alma se juzgan solo con el sentimiento. Ki c6mo entrabar con las reglas del arte los sollozos de los que lloran ?


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Nuestra poetisa, tierna y dulce & veces como en la composition que acabamos de examinar, es en otras arrebatada y endrjica. $Aqui6n no conmoverd dolo- rosamente el desencanto amargo que refiejan las octa- vas siguientes f

QUEJAS.

Y amarlo pnde ! ! ! Al sol de la existencia Se abria apenas sonadora el alma. . . . PerdkS mi pobre corazon su calma Desde el fatal instante en que lo hall6. Sus palabras sonaron en mi oido Como musica blanda y deliciosa ; Subi6 & mi rostro el tinte de la rosa; Como la hoja en el 4rbol vacil6.

Su im&jen en el snefio me acosaba, Sicmpre halagiiefta, siempre enamorada : Mil veces sorprendiste, madre amada, En mi boca un suspiro abrasador. T era 61 quien lo arrancaba de mi pecho ; £l, la fascination de mis sentidos ; 1ST, ideal de mis suenos mas queridos ; El, mi primero, mi ferviente amor.

Sin 61, para mi el campo delicioso

En vez de flores me obsequiaba abrojos ;

Sin 61, eran sombrios k mis ojos

Del sol los ray os en el mes de abril.

Vivia de su vida apasionada ;

Era el centro de mi alma el amor suyo ;

Era mi aspiration, era mi orgullo

( Por qu6 tan presto me olvidara el vil !

No es mio ya sn amor qne & otra prefiere : Sus caricias son frias como el hitio : Es mentira sn f6, finje desvelo . . . Mas no me enga&ar& con su fiction . . . .


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T amarle pude delirante, local !1 No ! mi altivez no sufra su maltrato Y si & olvidar no alcanzas al ingrato Te arrancare* del pecho, corazon !

Confesamos que pocas voces hemos leido versos mas llenos de pasion y nataralidad. Elios importan la his- toria de un amor desgraciado, acaso el perjurio de an esi>oso, las ilusiones de una alma de fuego desvaneci- das. Ellos hacen presentir on drama terrible y espan- toso. j Pobre mujer !

IV.

En J alio de 1857 faimos dolorosamente sorprendidos por la lectura del siguiente articulo consignado en la Democrada de Quito :

« Es un caso muy raro un suieidio en el Ecuador, por- 'que su ear&cter, sus creencias, sus eostumbres ban he- cho felizmente dificil la fatal resolucion de que un in- dividuo, colocado en cierta posicion social, se arrebate su propia existencia. Y cuando alguna vez ha ocurri- do un hecho de esta naturaleza, ha sido quiz& porque algun desgraciado ha llegado & enajenar su voluntad y buscar en la muerte el remedio & un dolor continuo y desgarrante. En otras partes los individuos se suici- dan por causas quiz& comnnes ; entre nosotros un sui- eidio es muy raro y por lo mismo el motivo debe ser estraordinario y poderoso.

La mujer, por sus sentimientos, por su debilidad y por su constitucion misma, parece debe estar mas pre- servada de an pensamiento fatidico. Asi el suieidio de una mujer de ciertas prendas y virtudes, y si desto se aftade la condicion de madre y esposa, debe ser el re- sultado de un m6vil muy atroz, de una herida muy honda*

La sefiorita Dolores Veintimiila se ha suicidado en Cuenca!

Q uitefta de orijen, desposada oon an ciadadano gra


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nadino, permaneci6 algun tiempo en Guayaquil, y lue- go se traalado 6 la provincia de Cuenca, donde ha cor* tado ella misma el hilo de bus dias.

I Cu&l ha podido ser la causa de tan ftmesta resolu- cion ! Esa joven que ha buscado en lamuerte un reme- dio desesperado; esa joven que no solo renunci6 su existencia, sino aue pudo sobreponerse & la ternura de dos objetos niuy caros para ella, 4 ha dejado siquiera al juicio de los vivos alguna causa ostensible que escusar pudiera tan terrible resoluoiou t

Ella ha muerto cantando su desventura y dejando & la justicia humaua pate u tea los motivos que fuerou los verdaderos verdugos de su existencia; moiivos que sobradamente pueden escitar la clemeiicia de los hom- bres sensibles respecto de una mujer, que vi6 su pudor ofendido por viHanos sarcasmos y su diguidad ultraja- da por impuros conceptos ; ; y todo esto en papeles pti- blicos 1

Favorecida por la naturaleza, la seftorita Veintimilla pudo desarrollar y cultivar su talento singular ; pudo elevarse & la rejion de las ideas ; pudo hacer sentir sus conceptos arinoniosos, y quiso revelarse como mujer de espiritualidad y sentimiento : quiso hacer conocer que su alma comprendia la importaiicia de un principle humanitario y que su ccrazon latia con una emocion jenerosa; y cuando ella crey6, como era natural, en- contrar justos apreciadores de su talento que se exhi- bia con gracia y con modestia, encoutr6 profanadores indigpos que no supieron ni respetar su pudor, ni com- prender el inento de sus conceptos delicados.

La ejecucion de un reo desvalido di6 ocasion & la se- fiorita Veintimilla para dar & luz una sentida necrofofia, donde se encuentran los rasgos de la mas esquisitasen- sibilidad, donde el alma de uua mujer peusadora se su- bleva contra la pena del suplicio, donde las considera- ciones mas piadosas revelan & la mujer cristiaua, don- de se encuentran las ideas mas juiciosas, y que com- prueban que una mujer tiene tambien el derecho de juz- gar y de pensar como un flldsofb. Quiso manif estar una


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noble compasion por un desgraciado y asigtirle con ttha I4grima jenerosa en sua filtimos momentos.

Si nuestra compatriota, en su inapreciable ensayo, fa6 quiz4 la primera que se ha revelado por la prensa, emitiendo un voto de su corazon y un juicio de su inte- lyencia ; si ella quiso manifestar que una ecuatoriana estambien capaz de un gran pensamiento, como tantas mujeres c61ebres de otros pueblos : si ella quiso hacer honor 4 su sexo, comunicando la luz que rebosaba en su espiritu; ella ha debido ser enaltecida, y nunca ha podido esperarse que su primer ensayo fnese la causa, no de una digna recompensa que la sefiorita Yeintimi- 11a pudo y debi6 esperar, sino de un golpe mortal para su alma pura y candorosa. Ella juzgo sin duda, que dando a luz sus concepciones encontrarian £stas una entusiasta acojida en el teatro en que las emitia; por- que es propio y digno de un pueblo culto aplaudir y ensalzar 4 la mujer que piensa. Pero hemos visto con indignacion los conceptos cinicos, impudentes, abomi- nables, lanzados contra la sefiorita Yeintimilla. con- ceptos que asesinaron su alma deiicada, y que la de- terminaron 4 no sobrevivir 4 un golpe tan cruel y tan

alevoso La opinion ilustrada del pais lanzar4 un

anatema contra aquellas plumas impias y perversas de Cuenca, que llevaron su infernal fiereza hasta el punto de emponzofiar la existencia moral de una mujer esti- mable, y precipitarla al suicidio.

Si ! la sefiorita Yeintimilla se elev6 4 la rejion de la intelijencia donde debia hacerse espectable 4 sus corn- pa triotas, y descendi6 asesinada por verdugos, que si no comprendieron la virtud sin mancilla de aquella mujer, comprendieron el secreto de inmolarla feroz- mente.

La sefiorita Yeintimilla ha brillado como un crepfts- culo, como un meteoro fugaz : ha hecho sentir su j£nio, su talento, las visperas de descender 4 la tumba !

Pero ya despues de muerta, j, ha podido escaparse de los tiros saivajes de los que con tanta atrocidad la ator- mentaron cuando viva f No : todavia sobre su tumba,

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en ese lugar donde la criatura no pertenece al inundo 8ino 4 la eternidad, la ha alcanzado la maledicencia engalanada con rudos y plebeyos versos.

Tal ha sido el drama trajico y sombrio dela seflorita Veintimilla ; y habiendo resultado claros y patentes los motivos'desu sensible muerte, su memoria no podr& ser maldecida por los que aprecian y respetan en la mujer el talento y la virtud. »

V.

T7n poeta chileno,.D. Guillenno Blest Gana, amigo de la infortunada Dolores y que acompan6 su cadaver 4 la fosa, consign6 en un sentido articulo algunos por- menores intimos sobre tan desconsoladora trajedia. Creemos oportuno reproducir en parte ese delicado ar- ticulo.

« Vivia en Ouenca, ciudad importante de la reptibli- ca del Ecuador, una mujer joven y hermosa. — Era ca sada y tenia un hijo. — Su marido estaba ausente.

  1. De cuerpo era alta, de frente espaciosa, de ojos belli-

simos, de boca fresca y pequeiia, de cabellos castanos, noble y majestuoso porte,

Lecturas y estudios mal dirijidos, habian estorbado mas bien que servido al desarrollo de su intelijencia despejada ; y era de corazon ardiente, entusiasta y ro manesca de espiritu.

Unida en su temprana edad & un hombre & quien no amaba, sentia que algo faltaba & su vida y el fiiego de sn imajinacion la hacia correr tras la sombra quim&i- •a de un bien desconocido.

No encontrando la dicha, habia dudado del bien y el espiritu religioso habia muerto en su corazon.

8ucedi6 que un hombre logr6 tal vez inspirarla el amor que por ella sentia. Su .corazon y su imajinacion la arrastraban : su orgullo y los juicios del mundo la detenian al borde del abismo.

El presente era triste, oscuro, de Idgrimas. El por- venir incierto, araarg©, sin esperanzas.


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Entonces quiso morir.

La felicidad era para ella imposible. En un lazo ile- jitimo no puede hallarse la dicha sino la desesperacion.

La calamnia esparcia rnmores que despertaban inju- riautes sospechas. El mundo cree siempre en el mal.

Eu estas circuustancias tu6 cuando el J a escribi6 al- gunas lineas contra la pena de muerte.

Esas lineas no quedaron sin respaesta. Bajo el velo delanonimo, an hombre sin corazon cometio la barba- rie de injuriar por la prensa 4 esa pobre mujer.

Aquel hombre era un sacerdote !

El golpe fu6 mortal.

Era una noche. Algunos amigos estuvieron k verla. A las once se retiraron las visitas.

Su hijo dormia. La desdichada se acerc<5 a su lecho y lo beso, sofocando sus sollozos y abogando sus 14- grimas.

Una criada se despert6 ; pero no la causo estraneza ver & su senora acariciando al nino. Vi6 que en segui- da se dirijia 4 la mesa y escribi6 algunas lineas. Era una carta en que la infeliz se despedia de su madre.

Despues volvi6 al lecho de su hijo. La criada crey6 oir un jemido 5 pero la vi6 alejarse con rapidez, apurar con resolucion el contenido de un vaso y vestida como estaba acostarse en su cama.

A la mafiana siguiente el nino lloraba sobre el cada- ver de su madre y la noticia de un suicidio corria de boca en boca.

Un viejo coronel se presentd en mi casa : — Dolores ha suicidado anoche, me dijo.

Juntos salimos. El cad&ver estaba sobre un lecho. Era un hermoso cad&ver. La vida parecia haberse ale- jado solo por un instante y no para siempre de aque- Uos grandes y hermosos ojos. Su frente, blanca y espa- ciosa, parecia albergar aun un pensamiento. Sus ineji- llas y sus labios tenian la pahdez de la muerte y se no- taba en su boca una lijera contraccion de angustia. Sus cabellos caian en derredor sobre una de sus sienes, so- bre el hombroderecho y sobre el seno.


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Su rostro todo, en fin, era un lino reciett cortado. No podia tornar & su ser primero, la vida le faltaba; pero conservaba por an momento an resto de su fres- cura, antes de marchitarse para siempre.

Varias persouas contemplaban el cad&ver con una es- ttipida coriosidad. Dos medicos y algunos estudiantes se preparaban & hacer la autopsia. Nos opusimos con indignation ; pero ruegos y reflexiones fueron est&iles.

Euinores infames dorrian entre tanto. Decian que la infeliz se habia dado la muerte porque estaba en cinta !

Habian insultado ladesgracia, insnltaban la muer- te. La calumnia perseguia k la desdichada mas all& de la tumba !

Las miradas impudicas iban & profanar el cad&ver. El viejo coronel oblig6 & retirarse & los curiosos, dejan- do solo 4 los medicos y dos estudiantes.

Abrieron la frente, rompieron el pecho del cad&ver

y descubrieron que la pobre mujer habia muerto

envenenada.

Antes de*eso lo sabiamos todos. Ella asi lo dejaba escrito y aun quedaba un resto del veneno en el vaso.

Era necesario llevar el cadaver k su hnesa y cost6 mucho encontrar algunos hombres que lo condujeran. Aquel cadaver era an cadaver maldito Jy la preocupa- cion y la miseria especulaban con la muerte. » *

Los ministros de Aquel que todo lo perdona, nega- ron tambien & la suicidiaun pedazo de tierra en la tier- ra de todos.

Los hombres que cargaban el atahud atravesaron' w la ciudad, dirijiendo groseras burlas & los que encontra- ban al paso. — EstA condenada, decian, el demonio ha cargado con lo suyo. — j_

Este era el juicio del mundo !

Ni un deudo, ni un amigo acompaft6 el cad&ver & su ultima morada. Y fu£ un estranjero, un hombre que la habia conocido apenas, el que, condolido de tanto aban- dono, con la cabeza descubierta, formaba, 61 solo, el funebre cortejo. $

En una colina, al lado del cementerio se cav6 la fosa.


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El atahud fu6 arrojado en ella, cubierto & inedias con la tierra. Los conductores habian ganado , su salario y nadie los inspeccionaba. Deinasiado hicieron.

Al lado de esa tumba no hubo ni oraciones ni l&gri- mas. Los sacerdotes imitaron la crueldad de los otros honibres ! Solo el viajero cojuS algunas flores y las pu- so sobre aquella tumba mas abandonada que las otras.

Yo creo en la justicia de Dios ; pero en aquellos mo- mentos dudaba de ella. 4 For qu£ tauto rigor para con la pobre suicida f

La suerte la habia siempre perseguido : sus l&bios no se acostumbraron nunca k la sonrisa : sus ojos vertie- ron mnchasU&grimas : su alma sufri6 mil dolores. Cuan- do amo, su amor era impogible

El caliz estaba lleno y la amargura rebosaba por los bordes.

Esa alma franca no se atrevi6 & enganar al mundo. Fu6 sincera y prefiri6 la muerte & la mentira. Y el mundo la castigd con su desprecio I ; Justicia de Dios!

Pero no : Dios quiefe que la virtud luche y venza : no es bastante luchar, es necesario veneer. Las palmas estdn tras del martirio.

Nosotros la compadecemos de todo corazon. j Su£ri6 y llor6 tanto ! La piedad encuentra siempre un eco en nuestra alma y no sabriamos, no podriamos condenar & la mujer 4 quien todos condenaron.

VI.

El 23 de Mayo de 1857 Dolores Veintimilla abando- naba la existencia, dirijiendo antes & la mujer que la habia llevado en su seno esta lac6nica despedida :

«Perdon una y mil veces, adorada madre. No me llore.

« Le envio mi retrato . . . . ; bendigalo !

« La bendicion de la madre alcanza hasta la eter- nidad.

« Cuide de mi hijo Dele un adios al desgraciado

Galindo

« Su — Dolores. »


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Galindo era el apellido del esposo, ausente por en* tonces de Cuenca.

El mismo periddico que inserirf esta carta rejistraba una composition que la suicida escribiti pocos dias an- tes de morir.

LA NOOHE Y MI DOLOB.

El negro manto que la noche umbria Tiende en el mundo k descansar convida; Su cuerpo estiende ya en la tierra Ma Cansado el pobre, y su dolor olvida.

Tambien el rico en su mullida cama, Duerme, softando avaro en sus riquezas, Duerine el guerrero y en su ensueno esclama : Soy invencible y grandes mis proezas !

Duerme el pastor feliz en su cabafia Y el niarino tranquilo en su bajel ; A 6ste no altera la anibicion y safia , El mar no inquieta el reposar de aquel.

Duerme la fiera en ldbrega espesura t Duerme el ave en las ramas guarecida, Duerme el reptil en su morada impura, Gomo el insecto en su mansion florida.

Duerme el viento ! La brisa silenciosa

Jime apenas las flores cariciando ; Todo entre sombras k la par reposa, Aqui durmiendo, mas all& sofiando,

Tii, dulce amiga, que tal vez un dia Al contemplar la luna misteriosa Exaltabas tu ardiente fantasia, Derramando una ldgrima amorosa.

Duerme tambien tranquila y descansada^ Cual marino calmada la tormenta,


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Asi olvidando la inquietud pasada Mientras tu amiga su dolor lament*.

D6jame que hoy en soledad contemple I)e mi vida las flores deshojadas ;

Hoy no hay mentira que mi angustia temple

Murieron ya mis f&bulas sofiadas !

Hoy en mi yermo espirita no existe Bse incesante sueno de ventura; Ya el mustio tronco de mi vida triste Lo hd desgarrado el rayo de tristura.

Llegu6 al instante postrimero amiga,.

Qne mi destino cruel me senal6 . . . . ! Propicio el cielo siempre te bendiga. . . I De mi vida la antorcha se apagd !

VII.

Cierto es que en la prensa ecuatoriana algunos, \6jos de compadecer & la suicida, insultaron su memoria; pe- ro tambien tuvo en su defensa no pocas plumas nobles y jenerosas. Aparte del articulo de la Democmcia, que hemos reproducido, y del brillante escrito de Blest Ga- na, el seflor Antonio Marchan consagr6 & la poetisa el siguiente soneto :

RECUERDO.

Amargo el c&liz de la vida hallaste En tus horas de negro aufrimiento, T m&rtir de un sublime sentimiento Tu existencia infeliz abandonaste ;

El porvenir que con horror miraste ' Oscureci6 tu noble pensamiento, Y en un sombrio, Wgubre momento, Descanso eterno & tu dolor buscaste


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Que solo pndo pronieterte el mundo En sua alhagos y mentida gloria, De corruption an pi&ago profundo, Sn pestilente lodazal y escoria ; j Incomparable y b&rbaro suplicio A una alma grande que detesta el vicio !

Pobre Dolores ! En las veintiseis auroras de tu exis- tencia Heg6 un instante en que al impnlso del sufiri- miento se rompieron las ya debilitadas fibras de tu al- ma, huy6 de tf la f£ y te arrojaste en brazos del crimen. La sociedad que despiadada te precipit6 en 61, quiz&s un dia sea menos cruel con tu memoria y perdone tu estravio por amor al brillo que has anadido & las letras en la patria de Olmedo. As! hayan pesado mas que tu fin criminal en la balanza de la justicia eterna, la in- mensidad de los martirios que soportaste sobre la tierral