Don Álvaro de Luna: 100

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate



ni donde vuelva los dolientes ojos,
quien á secar sus lágrimas acuda.
Buscaré de mi vida al compañero;
al que cual padre me arrulló en la cuna;
al que á domar un potro en la carrera
me enseñó y á blandir la asta robusta;
al que mas tarde en las sangrientas lides
a mi trono prestó su fuerte ayuda;
y no le encontraré.... Veré tan solo
su ensangrentada imagen furibunda,
en torno mio sin cesar vagando,
que de su muerte bárbara me acusa.
ÁLVARO: ¡ Ah! ¿Qué decís?.... Callad.... Cada palabra

abre en mi corazon Ilaga profunda;
y cuando he menester mas fortaleza,
no hagais ¡oh cielos! que el valor sucumba.
Harto lo sé.... Es verdad.... La muerte mia
funesta os debe ser.... Hoy se sepulta
en un mismo sepulcro á par conmigo
el régio honor de vuestra frente augusta,
y aún de los reyes dé Castilla todos
se hunde también la mísera fortuna.
Al caer mi cabeza alzarán fieros
los turbulentos próceres la suya,
y con furia mayor, antiguas guerras
renovarán en crímenes fecundas.
¡ Ah ! Ya los miro que ambiciosos corren,
y en revueltas sin fin á España turban,
y altivos nombran y deponen reyes,
y su alta dignidad torpes insultan,
y haciendo escarnio de corona y cetro,
en su eterno baldon el poder fundan.

REY: Pues si eso sabes, di, ¿por qué me dejas?

¿por qué, insensato, tu perdon rehusas?

ÁLVARO: ¿ Por qué rompisteis vos el fuerte apoyo

que os diera el cielo en su indulgencia suma?

REY: ¿No respiras aun?
ÁLVARO: Pero sin fuerza.

Quien desciende cual yo de tanta altura
no vuelve á levantarse; o bien del trono
sobre las ruinas su ambicion le encumbra.



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