Don Álvaro de Luna: 20

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate



en vos adoran, mas que un rey, un padre.
El escudo soy yo de vuestro solio;
y con ánimo fuerte, incontrastable,
mientras ellos intentan destrozarlo,
lo mantengo, señor, firme y radiante.
Estos mis hechos son, este mi crimen;
y si lo osais ahora castigadme.
REY: ¡Castigarte! ¡Cruel!....¿Puedes creerlo?

¿Eso dices de mí?.... Pues qué, ¿ no sabes
que tu vida es mi vida; que aunque quiera,
no le es dado á tu rey dejar de amarte ?
¡cual si mal grado suyo á ser tu amigo
un mágico poder le arrebatase!
Tú de mi infancia compañero fuiste;
y entre pueriles juegos, dulce, afable,
la prision alegrabas en que injusta
siempre me tuvo recelosa madre.
A todas horas desde entonces fuera
necesidad en mí verte y hablarte,
escuchar tus consejos y seguirlos,
mis contentos decirte o mis pesares;
y hora el pedirte que de mí te alejes
siento mi corazon despedazarse.

ÁLVARO: No mas, no mas, señor....Vuestro vasallo

os obedece ya.... ¿Quereis me marche?
Pues bien, me marcharé.... Nada me importa
que el puro brillo de mis timbres aje
este cruel destierro.... Es vuestro gusto,
cúmplase luego... Adios.... Pocos instantes
durará mi pesar.... Si no sucumbo
al rigor de este golpe que me abate,
sé que bien pronto mas fatal sentencia....

REY: ¡Ah! ¿qué dices?
ÁLVARO: Pues qué, ¿creeis se sacie

el insano rencor de mis contrarios
mientras respire quien temblar los hace?.
¡Qué mal los conoceis! Mi muerte solo,
mi muerte anhelan.

REY: Eso no....Constante te sabré defender.
ÁLVARO: ¿Podeis acaso




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