Don Álvaro de Luna: 22

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate


En vano, débil monarca,
fingir intentas un resto
de amistad: mejor que tú
en tu alma mezquina leo
el odio que oculto abrigas
acaso sin tú saberlo.
No pienses, no, que en tí fio;
que al débil su propio miedo
le hace cruel, y llorando
traspasa á su amigo el pecho.
Mas, nada temo.... En mis manos
tu corazon siempre tengo,
y en ellas es para mí
lo que á un niño sus muñecos.
¿Presumes de mí librarte?
¡pensamiento loco y necio!
Rey don Juan, eres mi esclavo:
tan antiguo cautiverio
no se quebranta en un día;
y el que ha nacido á ser siervo,
por mucho que lo resista,
tiembla siempre ante su dueño.
¡No te atreviste, alma débil,
á decretar mi destierro!....
Pues dejas á mi eleccion
partir o quedarme, el tiempo
sabré emplear de tal suerte
que tiembles ya verme lejos.

(Sale Pacheco.)

Mas Pacheco....

PACHECO: Condestable,

concededme unos momentos.

ÁLVARO: ¿Importa me hableis ahora?
PACHECO: Importa.
ÁLVARO: Pues decid presto.
PACHECO: Poco tardaré, que hablar

con toda franqueza os quiero;
y porque bien me entendais,
me escusaré de rodeos.

ÁLVARO: ¿Y bien?
PACHECO: Tal vez lo sabeis,





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