Don Álvaro de Luna: 25

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate



ÁLVARO: De noble sangre nacido,

tuve nobles pensamientos;
y pues Luna me llamé,
astro de mudable aspecto,
mudanzas quise en mi suerte,
mas luna en creciente siendo.
Negar que de la ambicion
oí gustoso los ecos,
fuera negar lo que claro
mis obras estan diciendo;
y lo que en mi juzgué bien,
en vos no lo vitupero.

PACHECO: Peno vos no habeis, maestre,

sentido lo que yo siento.
Paso a paso habeis llegado
a lo que sois, siendo espejo
de vos mismo, pues que nadie
os pudo servir de ejemplo.
Pero yo cuando ambiciono
subir, en presencia os tengo:
vuestra imagen me persigue,
me turba en todos mis sueños;
contino vuestra grandeza
con ansioso afán contemplo;
y cuando en ser lo que soy
pudiera estar satisfecho,
os miro, y que hay más allá
Conozco, y nada me creo
es locura, bien lo sé;
Pero al fin estoy resuelto:
o a ser llego lo que sois,
o en la demanda perezco.

ÁLVARO: Y por ventura, ¿sabeís?

lo que pedís?....¡Ah! temedlo.
No os engañe la apariencia;
que en este encumbrado puesto
todo por de fuera es glorias,
todo suplicios por dentro.
Su esplendor que tanto ofusca
es semejante al del fuego,
bello a distancia, mas quema
al que osa tocarlo necio.
Aquí solo encontrareis
inquietud, desasosiego,
continuo afan que acompañan
las dudas y los recelos.
En cuanto tengais al lado
contrarios estareis viendo,
que entre miradas afables
lanzan dardos encubiertos;
y sobre vos vereis siempre,
cual rayo ardiente suspenso,
el brazo que os elevara
pronto a arrojaros al suelo.



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