Don Álvaro de Luna: 39

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate




¡Que el de Villena
de tan bajos ardides....
ÁLVARO: Conocerlo debiérais ya señor. ¿No es él, acaso,

quien al príncipe incauto corrompiendo,
entre placeres y delicias torpes
perdio su juventud? ¿Por sus consejos
contra su padre y rey el estandarte
tambien de rebelion no diera al viento?
¿Quién concitando á turbulentos nobles,
siembra discordias y la paz del reino
aleja sino es él? ¿Quién ambicioso
codicia con afan mi honroso puesto;
y á medios viles, á sus artes, quiere,
sus servicios, como yo, deberlo?
El es tambien, él es.... ¡Necio! ¿Y presume
mostrarse igual á mí? ¿ Dó los trofeos
están que al moro conquistó su espada?
¿Qué hazañas hasta aquí nombre le dieron?
O ¿cuándo, ya que en armas no es famoso,
mostrára su prudencia en los consejos?
Ponedle á prueba; y á sus torpes manos
por breves dias confiad el cetro.
La discordia vereis, aun no abatida,
su horrible frente levantar de nuevo;
vereis lanzarse, como hambrientos lobos,
él y los suyos á los tristes pueblos,
y su sangre beber; y escarnecida
vuestra alta dignidad vereis á un tiempo.
¿Qué mas? Del uso que el malvado hiciera
de su infausto poder en ese pliego
la prueba teneis ya.... Si asi empezaba,
de lo que hiciera al fin estremeceos.

REY: Harto lo veo, sí.... Sus falsedades,

sus palabras de sangre hora recuerdo.
¡Ah! perverso, ¡qué horror!.... Pero, maestre,
¿qué partido tomar?

ÁLVARO: No os aconsejo.

Solo debo decir, por si os importa,
que donde esté Villena estar no puedo.

REY: ¿Dejarme hora quereis?


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