Don Álvaro de Luna: 53

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate


este poder me han valido;
y lo que tan caro cuesta
ninguno lo cede vivo.
¿Pensábais desde la cumbre
precipitarme al abismo?
¿Habeis querido perderme?
¡Torpe afan, vano designio!
Cual la roca de las olas
de vuestro furor me rio;
y mientras siempre mas firme
vuestros esfuerzos resisto,
soy cual sol resplandeciente
cuyo irresistible brillo
las nubes que me hacen sombra
solo al mostrarme disipo.
Acatad, pues, este sol
que hoy se levanta mas vivo,
y ante su lumbre esplendente
bajad los ojos altivos.
Bajadlos, ceded, postraos,
caed á mis pies sumisos;
y allí adorad al que rige
de Castilla los destinos.
PACHECO: ¡Ah! ¡ pesia mi negra estrella!
SANTILLANA: ¡Oh baldón! Nuestro suplicio

decretad luego.

ÁLVARO: A vosotros,

me basta el veros rendidos;
y en prueba de que no os temo,
os perdono compasivo.
Pero, vos, Pacheco, ireis
de san Gormaz al castillo.
Marchad luego.—Su custodia
á vos, Vivero, os confio.

PACHECO: Triunfais, condestable, ahora;

mas todavía respiro.

ÁLVARO: Cuidad; que á mas de prisiones,

Villena, hay tambien cuchillos.




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