Don Álvaro de Luna: 96

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate


al que es de virtud ejemplo;
y si hora en él me contemplo,
tal vez la posteridad,
obrando con equidad,
hará que se cambie en templo.
Porque en mis hombros robustos
sostuve leal el trono,
guardándolo en su abandono
de contrarios mil injustos.
Débil, sin gloria, entre sustos
yo le di fuerza y quietud;
y un dia con rectitud
la historia á los dos juzgando,
mi lealtad ensalzando,
culpará su ingratitud.
Mas lejos ya tal locura:
grande fui, pequeño soy;
y solo pensemos hoy
en otra mayor ventura.
Sí, que en la celeste altura,
si alcanzarla merecí,
grande seré como aqui;
y esta grandeza falaz,
si en el mundo es tan fugaz,
pura, eterna será allí.


ESCENA III.


DON ALVARO. EL REY. MORALES. Luego PACHECO.


(Salen el rey y Morales con misterio por la última puerta
de la izquierda. El rey estará embozado en una capa. Despues
de dichos los primeros versos, Morales se marcha. Pacheco no
sale hasta mediada ya esta escena, embozado tambien, y se retirará
hacia el fondo, procurando no ser visto del rey y de don Alvaro,
y observándolo todo.)

MORALES: Vedle allí.—Condestable.
ÁLVARO: ¿Quién?... ¡Fernando!


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