Don Álvaro de Luna: 97

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate


 ¿No te dije?....
MORALES: Señor.... Hay quien os busca,

y hablaros quiere.

ÁLVARO: ¿Dónde está?
MORALES: (Señalando al rey.) Miradle.
ÁLVARO: ¿Quién es?
REY: Yo soy. (Desembozándose.)
ÁLVARO: ¡Señor!.... ¡Vos!
REY: ¿Qué te asusta?

Don Alvaro, yo soy

ÁLVARO: ¡Mi rey !
REY: Tu amigo.
ÁLVARO: ¡Mi amigo!
REY: Sí.... lo soy.... Qué, ¿por ventura

puedes dudarlo?

ÁLVARO: ¿Yo ?.... Ved do me encuentro,

y luego responded.

REY: ¡ Asi me acusas!

¡Ingrato! ¿Cuándo mi amistad sincera
por ti se desmintió?... Si la ley dura
que ata a los reyes al pesado yugo
de agena voluntad, la muerte tuya
me obligó á decretar, ¿piensas que quiero
que esa sentencia bárbara se cumpla?
No, que mis labios pronunciar anhelan
ansiosos tu perdon; y mi ternura
solo aguardaba que tu humilde ruego
hoy Ilegára á mis pies.... En tristes dudas
los momentos pasaban.... Cada ruido
que en inquieta atencion mi oído escucha,
de ese ruego ¡ay de mí! tan anhelado
pienso que el grato portador me anuncia.
¡Inútil esperar! La hora se acerca....
Nadie parece.... La amistad me impulsa....
Ya no puedo esperar.... Parto ; y yo mismo
soy quien vengo á rogarte en tal angustia

ÁLVARO: ¿Qué escucho? ¿Aun me quereis?
REY: ¿Qué mayor prueba?
ÁLVARO: Entonces sin pesar bajo á la tumba.

No era el cadalso vil, no era la muerte,
el mayor de los males que me abruman:



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