Don Álvaro de Luna: 98

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate



era vuestro furor: sola esta idea
heria el corazon con flecha aguda.
REY: ¿Tan cruel me juzgabas, tan ingrato,

que pudiste creerlo? ¿Tal injuria
hacias á tu rey? ¿Pensaste acaso
que yo firmara tu sentencia injusta,
si á firmar tu perdon ya no estuviera
tambien resuelto con la misma pluma?
¿Nada tu pecho te decia, nada?
¡Ah, que esa duda en tí no tiene escusa!

ÁLVARO: Os engañáis, señor.... Bien lo sabia:

jamas vuestra clemencia puse en duda;
y aun cuando en vuestro amor no confiara
la prenda que aqui veis me la asegura.

(Le enseña el anillo que recibió en el primer acto.)

REY: ¿Mi anillo?
ÁLVARO: ¿ Os acordais?
REY: Sí , bien me acuerdo.

Prenda de mi amistad que fiel te escuda
contra mi saña atroz.... Pues si la tienes,
¿cómo á usar de ella, di, no te apresuras?

ÁLVARO: Y ¿á qué quiero un perdon que me condena

a ser del vulgo vil desprecio y burla?
Para el fuerte varon la vida acaba
donde acaba el honor.

REY: Y ¿te figuras

que lo has perdido?

ÁLVARO: sobre mi frente

sentencia que mil crímenes me imputa
grabada quedará.

REY: Borrarla puedo.
ÁLVARO: No devuelve la honra quien indulta.

Decid:ese perdon tan ponderado,
¿venislo á dar sin condicion ninguna?

REY: Que lo pidas no mas... Esto le debo

á mi alta dignidad.

ÁLVARO: Quereis, en suma,

mi humillación, señor.

REY: ¿ Quién humillarse

ante su rey, don Alvaro, rehusa?

ÁLVARO: No lo rehuyo yo. Mandad que al punto


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