Don Álvaro de Luna: 99

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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate


con ese polvo que pisais confunda
mi frente; asi lo haré.... Mas no, no puedo
aceptar de traidor la horrible culpa
¿Queréisme perdonar cual se perdona
á delincuente vil que se apresura
trocar una muerte que le espanta
por la infamia que imbécil no le turba?
¿No hay acaso mas bienes que la vida
para hombres como yo?....Mirad la altura
do subiera algun dia; esa grandeza,
ese poder cuyo esplendor circunda
mi pasado existir; bienes son esos
á que solo muriendo se renuncia.
¿Me los devolvereis? No; que, cual vasos,
de los reyes las míseras hechuras,
pueden, cuando se rompen, reemplazarse,
pero á su antiguo ser no vuelven nunca.
Si no me es dado ser lo que antes fuera,
¿qué aguardo ahora de la suerte adusta?
¿A qué vivir, á qué? ¿A ser escarnio
de aquellos mismos que en mejor fortuna
miraba yo á mis pies? ¿A que esos nobles
que logré sujetar á la coyunda,
de su antigua opresion se venguen fieros,
mi cuello atando con cadena dura?
No, primero morir: quien tanto ha sido
no penseis que á ser nada se reduzca;
y á tal humillacion, á tal infamia,
no encuentro mas refugio que la tumba.

REY: Húndete en ella, pues; y hunde contigo,

ingrato, mi poder y mi ventura.
¡Ah! ¿Qué será de mí si me abandonas?
¿Do una mano hallaré que ale conduzca.
del dificil reinar por la árdua senda,
y el cetro tenga que mi mano abruma?
¿Dónde un amigo que en mi triste suerte
valor, consuelo y esperanza infunda;
cuyo pecho mis males compadezca,
cuyo acento disipe su amargura?
Contino allá con mi grandeza á solas,
nadie habrá que mis tédios interrumpa;



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