Don Álvaro de Luna: Acto 2 (Versión para imprimir)

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Autor: Antonio Gil y Zárate

Acto Segundo
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El teatro representa un magnífico salón con ventanas

y puertas laterales. En el fondo hay tambien tres

grandes puertas que, abriéndose, dejan ver el jardin.

Mesa y sillas.




ESCENA PRIMERA.


DON ALVARO, solo.


(Sale muy agitado y luego se sienta.)


Por fin, concluyóse ya

tan enojosa función:

¡fiestas cuando el corazón

lleno de ponzoña está!

¡Reir, fingir alegria,

y aqui dentro padecer!

No, nadie pudo creer

lo que el semblante mentía.

Do quiér con malignos ojos

yo los ví que me observaban,

cual gentes que no ignoraban

mis mal ocultos enojos;

y entre el fúnebre brillar

de la fingida sonrisa,

con maliciosa pesquisa

mis penas escudriñar.

Parecido á ningun otro

es este horrible tormento:

brasas era el asiento

do estaba como en un potro.

No puedo mas.... De esta pena

descansemos un instante.—

¡Cuán ufano y arrogante!


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estaba allí el de Villena !
¡Cómo triunfaba el malvado!
¿Y á Elvira le entregaré?—
No.... jamás consentiré....
¡Qué he de hacer, si lo he jurado!


ESCENA II


DON ALVARO. ELVIRA.


ELVIRA: Héle allí....¡Cuán abatido! Padre....
ÁLVARO: Hija mia, ¿tú aqui?
ELVIRA: Cuando retirar os vi

parecisteisme afligido.

ÁLVARO: Un poco.... si.... Pero al verte

se ahuyentan todas mis penas:
tú solamente serenas
este rostro que la suerte,
sellando en él la arrogancia,
a estar mustio y agitado,
de negras sombras cercado,
condenó desde la infancia.
Do quiera inspirando susto
y amenazando sombrío,
solo contigo, angel mío,
depongo mi ceño adusto.
Tu sonreir inocente
hondo penetra en el alma,
y en ella vierte la calma
desarrugando mi frente.

ELVIRA: ¡ Dichosa yo, pues consigo

vuestras penas mitigar!
Mas ¿qué funesto pesar ?...

ÁLVARO: ¡Ah! mi existencia maldigo.
ELVIRA: ¿Vos, señor, á quien el cielo

de bienes sin fin colmó?
¿Vos, á quien fortuna alzó
do mas no alcanza su vuelo?
Poder, honores, riqueza ,
cuanto un mortal ambiciona



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 teneislo.

ÁLVARO: Sí, la corona

solo falta á mi grandeza
Mas mi poder soberano
que á quien le contempla asombra,
que á mis plantas por alfombra
pone el reino castellano,
¿sabes cuanto al coraron
cuesta de afan y tormento?
¡Perdido es para el contento
cuanto alcanza la ambicion.

ELVIRA: Dejadlo. ¿A qué lo queréis

si vuestra desdicha labra ?

ÁLVARO: ¿Quieres que mi pecho te abra?

No lo puedo.

ELVIRA: ¡No podeis!
ÁLVARO: No, que á quien logra alcanzarlo.

cual sujeto á un maleficio,
es el tenerlo un suplicio ,
y en un suplicio el dejarlo.

ELVIRA: ¿Y si os lo quitan?
ÁLVARO: ¿Qué dices? ¿Sabes que ya lo procuran?

¿Sabes?... ¡Ah! mal se figuran
que han de lograrlo.... ;Infelices!
Pronto mi venganza.... Elvira ,
perdona, no estoy en mí
perdona á tu padre, sí
que hablando de esto delira.

ELVIRA: ¿ Qué oigo?... ¿Algun traidor sin ley:
ÁLVARO: Lo son cuantos me rodean.
ELVIRA: ¿Y vuestra ruina desean?
ÁLVARO: Sí.
ELVIRA: Mas el favor del rey....
ÁLVARO: Y ¿qué es de un rey el favor ?

Tan solo nube ligera,
llama leve y pasagera
que apaga el viento menor.

ELVIRA: ¿Temeis perderlo?
ÁLVARO: Hija mia, ya lo he perdido.


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ELVIRA: ¡ Dios santo ¿morireis?
ÁLVARO: Calma tu espanto;

mucho espero todavia.

ELVIRA: ¡ Ah! sálvese vuestra vida

y piérdase lo demas.

ÁLVARO: Vida y poder salvarás

si quieres.

ELVIRA: ¿Yo?
ÁLVARO: Hija querida

tal vez á exigirte voy
un sacrificio penoso.

ELVIRA: Por vos ninguno es costoso:

dispuesta á todos estoy.

ÁLVARO: ¿ Conoces al de Villena?
ELVIRA: ¡Al de Villena, señor!
ÁLVARO: ¿ Qué tienes?
ELVIRA: No sé.... De horror

siempre ese nombre me llena.
Villena es vuestro enemigo.

ÁLVARO: Lo sé.... y otro tiempo

cara esa ambición le costara;
que entonces pronto castigo....
Mas hoy adversa fortuna
lo dispone de otra suerte;
y á quien no puedo dar muerte,
es prudencia que me una.

ELVIRA: ¡Cómo!
ÁLVARO: Galan, cortesano,

de antiguo ilustre solar,
a noble doncella honrar
puede sin duda su mano.

ELVIRA: Ya entiendo.... Tal vez la mia....
ÁLVARO: Prometérsela debí.
ELVIRA: ¡Oh cielos! ¡triste de mí!
ÁLVARO: ¿ Acaso repugnaria ?...
ELVIRA: ¿ No os he dicho que me espanta

ese hombre?

ÁLVARO: Mas en la corte

su bizarria , su porte,
hoy á las damas encanta.



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ELVIRA: ¿Me he de casar sin amor?
ÁLVARO: En la muger bien nacida,

si amor el pecho no anida,
en cambio sobra el honor.

ELVIRA: Bien, señor, me casaré;

basta que os lo prometiera:
cúmplase mi suerte fiera;
mas despues....

ÁLVARO: ¿Qué?
ELVIRA: Moriré.
ÁLVARO: ¡Tú morir! ¿Qué dices, necia?

¿Asi mi pecho quebrantas?
Mas ¿cómo al que anhelan tantas
tu ceguedad le desprecia?

ELVIRA: ¿No dije que le daré

mi mano? ¿Puedo hacer mas?

ÁLVARO: Y ¿ desdichada serás?.
ELVIRA: Eso, señor, ya lo sé.
ÁLVARO: Y ¿piensas lo consintiera?

Hija de mi corazon,
no es tanta, no, mi ambicion
que á tu dicha la prefiera.
Mas ¡qué infundado temor!
¡Tú infeliz!.... No lo serás.
¡Cuán al contrario! Hallarás
la ventura en derredor.
Gentil, de bella apostura,
noble, discreto y cortés,
no desmerece el marques
de tu gala y hermosura;
y aunque repugnancia leve
tengas, al fin, que vencer,
consolaráte el placer
que tu pecho sentir debe
honrando mi ancianidad.
Tú salvarás mi cabeza,
y de un padre la grandeza
será tu felicidad.

ELVIRA: ¡Ah! no sabeis qué dolor

me costará la obediencia.

ÁLVARO: Estraño tu resistencia....




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A no ser que ya otro amor....
¿Callas?....Elvira, ¿es verdad?
ELVIRA: Señor....
ÁLVARO: Todo lo comprendo.

¡Ah ! ¡ya en cólera me enciendo!
Mal haya tu liviandad.

ELVIRA: No prosigais; que ofendido

con tal sospecha me habéis:
ni en mí mancha encontrareis,
ni de quien soy yo me olvido;
y aunque tuviere otro amor,
sumisa al deber filial,
será la obediencia igual,
si el sacrificio es mayor.

ÁLVARO: Hija mia, no lo dudo;

perdona si te ofendí:
sí, digno será de tí
aquel que prendarte pudo.
Y ¿quién sabe?.... Su nobleza,
su poder puede ser tal,
que de un odioso rival
logre abatir la altiveza.
Porque le aborrezco, Elvira,
y aun mas que tú le detesto,
y horror su enlace funesto
como á tí misma me inspira.

ELVIRA: Digno, señor, de los dos

es el que á mi ley se humilla:
poderoso es en Castilla;
pero...

ÁLVARO: Nómbrale por Dios.



ESCENA III.


DICHOS. VIVERO.


VIVERO: Señor....
ÁLVARO: ¡Qué necio importuno!

¡Y bien! ¿Qué quereis?

VIVERO: Que os diga

dos palabras permitid.



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ÁLVARO: Importa?
VIVERO: Importa. Me envia

el de Villena.

ÁLVARO: (Le lleva á un lado.)

Hablad quedo.

VIVERO: Su palabra está cumplida.
ÁLVARO: ¿Ha hablado á su alteza ya?
VIVERO: En este instante.
ÁLVARO: ¿Y la lista?
VIVERO: Entregósela.
ÁLVARO: ¿Y qué dice

el rey? ¿consiente?

VIVERO: Vacila.
ÁLVARO: ¿Cómo?
VIVERO: Piensa que el asunto

mas consejo necesita.
Tal vez os lo pida á vos;
y el de Villena os lo avisa
para que....

ÁLVARO: ¿Le habló de mi?

¿Dijo el pacto que nos liga?

VIVERO: No, que á sus ojos conviene

esté la trama escondida.

ÁLVARO: Bien....¿Y el rey?
VIVERO: Es de creer

qué en breve aqui se dirija.
En el jardin ha quedado....
(Mirando por una ventana.)
Miradle allí.... Se encamina
hácia este sitio.

ÁLVARO: Dejadme,

dejadme aqui solo.—Elvira,
retírate tú tambien;
que luego la interrumpida.
conversacion seguiremos.

ELVIRA: ¡ Padre !
ÁLVARO: ¿Qué me quieres, hija?
ELVIRA: ¿Quedais enojado?
ÁLVARO: No.
ELVIRA: Vuestra mano.
ÁLVARO: Prenda mia,




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abrázame.

(Se abrazan)

ELVIRA: ¡ Padre amado !
ÁLVARO: Ve, yo pensaré en tu dicha.


(vase Elvira.)

El rey se acerca.... Vivero,
hablarle aqui me precisa:
cuidad de que no entre nadie
a turbar nuestra entrevista.

(Vase Vivero.)

ESCENA IV.

EL REY, DON ALVARO.

( Don Alvaro se sienta cerca de la mesa, en ademan
pensativo y fingiendo que no ve entrar al rey,
el cual llega distraido leyendo un papel. )


ÁLVARO: ¡Qué pensativo está!.... Cual si imprevista

fuera su entrada aqui disimulemos.

REY: Alba.... Plasencia.... Castro.... el almirante....

Mucho pide el marques.... ¡Tantos destierros....
tantas prisiones!.... No; que hartas desgracias
han afligido ya....

ÁLVARO: Su ánimo incierto....

parece vacilar.... Facil sería....

REY: ¡El condestable aqui!....De él ocultemos

este papel.

ÁLVARO: Lo guarda.... Mi designio

se logrará.

REY: ¡Maestre!
ÁLVARO: ¿Quién?....¡Oh cielos!

¡Vos, señor!.... Perdonad.... Visto no había
que os hallabais aqui.

REY: Triste os encuentro,

¿Por qué tan abatido?

ÁLVARO: Para estarlo,

si vuestro amor perdí, motivos tengo.

REY: ¿Quién?....¡Oh cielo. Siempre mas vivo,

maestre, conservais mi antiguo afecto.



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ÁLVARO: No lo dudo, señor.... Sé que no es facil

romper los lazos que estrechára el tiempo;
sé que un ardiente defensor me queda
en vuestro corazon.... Mas los perversos
que en daño mio sin cesar trabajan,
conseguirán al fin su odioso intento.

REY: ¡ Impotente rencor!
ÁLVARO: No; que sus tramas

no conoceis, señor: los viles medios,
las artes ignorais de que en mi daño
sabe hacer su maldad pérfido empleo.
Harto conocen que atacar no pueden
de frente á su rival; que en vuestro seno
tengo seguro, impenetrable asilo,
do de su saña atroz me hallo á cubierto;
mas el castillo que asaltar no logran,
procuran socavar por los cimientos.

REY: ¡ Dios! ¿qué quereis decir?
ÁLVARO: Nada.... Mas vale entregarse á la suerte.
REY: Algun secreto me intentais descubrir.
ÁLVARO: Mal informado acaso yo estaré.
REY: No, no: lo quiero, lo mando.... Hablad.
ÁLVARO: Pues bien, aquí se abriga

vasta conspiracion que en el silencio
los lazos tiende do traidores tratan
de envolver á los dos.

REY: (Aparte.) ¿Si será cierto?

Esta lista.... (Alto.) Seguid.

ÁLVARO: Cuando al olvido

 dabais, señor, suss torpes desafueros;
cuando aqui los recibo generoso
con sincera amistad, entre festejos,
¡entonces su cobarde alevosia
asesta el vil puñal contra mi pecho!
¡Ingratos!

REY: Pero hablad.... ¿Qué trama oculta?....
ÁLVARO: ¿Pues no la conoceis?.... Que, ¿no son ellos


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los que pintando como infiel valido
al que es tan solo de lealtad modelo,
de alejarme de vos, con mengua mia,
á dar llegaron el falaz consejo?
¿No son ellos tambien?....
REY: Mas desde entonces

ya nadie osára hablar en daño vuestro.

ÁLVARO: Es cierto; y hora su perfidia sigue

camino mas seguro, aunque mas lento.

REY: Esplicaos, por Dios.
ÁLVARO: De sus rencores

mis amigos, no yo, son el objeto.

REY: ¿ Vuestros amigos?
ÁLVARO: Sí: con su desgracia

mis mas seguros defensores pierdo;
y este coloso que su amor sostiene,
cuando solo se encuentre vendrá al suelo.

REY: ¿Mas qué pruebas teneis?....
ÁLVARO: ¡Ah! Desterrados

en pocas horas se verán, o presos.

REY: ¡Cielos! ¿Cómo sabeis?....
ÁLVARO: Hoy mismo deben

proponeros, señor, tan vil proyecto.
Todo está preparado.... Ya sus nombres
inscriptos se hallan en horrible pliego;
y como mas audaz, mas ambicioso,
á presentarlo aqui vendrá Pacheco.

REY: ¡Pacheco!....Sí, es verdad... Ya lo ha entregado.
ÁLVARO: ¿Es posible?
REY: Miradlo.... Aqui lo tengo.
ÁLVARO: ¡ Ah! Con tal prueba declarad ahora

si yo soy el traidor, o lo son ellos.

REY: ¡ Atroz perfidia!.... Con razon no quise....

Mas en los nombres que trazados leo
no amigos todos son.... El de Plasencia,
el de Alba y otros que contrarios fueron
siempre á vuestro poder, ¿cómo se encuentran?...

ÁLVARO: Asi pretenden disfrazar su intento.

En breve libres se verán los suyos:
solo en mis partidarios todo el peso
caerá de su furor.



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¡Que el de Villena
de tan bajos ardides....
ÁLVARO: Conocerlo debiérais ya señor. ¿No es él, acaso,

quien al príncipe incauto corrompiendo,
entre placeres y delicias torpes
perdio su juventud? ¿Por sus consejos
contra su padre y rey el estandarte
tambien de rebelion no diera al viento?
¿Quién concitando á turbulentos nobles,
siembra discordias y la paz del reino
aleja sino es él? ¿Quién ambicioso
codicia con afan mi honroso puesto;
y á medios viles, á sus artes, quiere,
sus servicios, como yo, deberlo?
El es tambien, él es.... ¡Necio! ¿Y presume
mostrarse igual á mí? ¿ Dó los trofeos
están que al moro conquistó su espada?
¿Qué hazañas hasta aquí nombre le dieron?
O ¿cuándo, ya que en armas no es famoso,
mostrára su prudencia en los consejos?
Ponedle á prueba; y á sus torpes manos
por breves dias confiad el cetro.
La discordia vereis, aun no abatida,
su horrible frente levantar de nuevo;
vereis lanzarse, como hambrientos lobos,
él y los suyos á los tristes pueblos,
y su sangre beber; y escarnecida
vuestra alta dignidad vereis á un tiempo.
¿Qué mas? Del uso que el malvado hiciera
de su infausto poder en ese pliego
la prueba teneis ya.... Si asi empezaba,
de lo que hiciera al fin estremeceos.

REY: Harto lo veo, sí.... Sus falsedades,

sus palabras de sangre hora recuerdo.
¡Ah! perverso, ¡qué horror!.... Pero, maestre,
¿qué partido tomar?

ÁLVARO: No os aconsejo.

Solo debo decir, por si os importa,
que donde esté Villena estar no puedo.

REY: ¿Dejarme hora quereis?


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ÁLVARO: Será preciso.

Si él queda en vuestra corte, yo me ausento.
Con disturbios sin fin, si ambos en ella
que estemos consentís, la turbaremos:
él de mi ruina sin cesar tratando,
yo sus pérfidas tramas combatiendo.
Entre uno y otro que elijais conviene:
ved á cuál preferís....Yo con respeto
vuestra sentencia aguardo.

REY: Y un instante

¿podeis dudar cuál sea? Conocerlo
me es forzoso, maestre; de mi ladono os debeis separar; que al noble esfuerzo
con que mi causa sosteneis constante,
el bello lustre de mi trono debo.
Mas combatido por afectos tantos,
dejadme respirar; que harto padezco
en tan penosa lucha, y retirado
me es necesario estar cortos momentos.
En breve os llamaré; y en este asunto
de lo que hacer conviene trataremos.
Adios.

ÁLVARO: Pero, señor, con esa lista,

¿qué pretendeis hacer?

REY: Nada.... Os la entrego.

(Le da el papel y vase.)


ESCENA V.


DON ÁLVARO, solo.

Respira, al fin, corazon,
que ya el triunfo aseguré.
Villena, rival osado,
caiste en tu propia red.
Mira este pacto afrentoso
que me quisiste imponer,

(Rompe el papel.)

míralo pedazos hecho;
y tiemble ya tu altivez,
que con tu pecho malvado



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hoy lo mismo espero hacer.


ESCENA VI.


DON ALVARO. PACHECO.


PACHECO: ¿Hablásteis al rey, maestre?
ÁLVARO: Sí, Villena , ya le hablé.
PACHECO: ¿ Luego consiente?
ÁLVARO: Lo ignoro.
PACHECO: ¿No le pudisteis vencer?
ÁLVARO: Mas dichoso en mis esfuerzos

seré sin duda otra vez.

PACHECO: La diligencia conviene:

mas eficaz os juzgué.

ÁLVARO: Es que acaso entre los dos

hechos los tratos no estén.

PACHECO: ¿Eso decís? Terminados

quedaron á mi entender.

ÁLVARO: Todavia cierto punto

falta que arreglar.

PACHECO: ¿Cuál es?
ÁLVARO: Lo del casamiento.
PACHECO: ¿Cómo?

¿No prometisteis tambien?

ÁLVARO: Prometí si consentia

Elvira gustosa en él.
Recordadlo.

PACHECO: Lo recuerdo;

pero de un padre la ley
puede obligar...

ÁLVARO: su tirano

ser no pretendo, marques,
ni contra su voluntad
vos admitiérais muger,

PACHECO: Que sea buena casada

es tan solo mi interés;
y eso dejadlo á mi cargo.

ÁLVARO: No es, Pacheco, menester;

que es bien nacida, y cual noble....

PACHECO: Condestable, ya lo sé;




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pero acabemos: Elvira....

ÁLVARO: Tardo sois en comprender.

Duéleme tan malas nuevas
daros; mas Elvira....

PACHECO: ¿Y bien?
ÁLVARO: No consiente.
PACHECO: ¡No consiente!

Tal disculpa no penseis
que admita.

ÁLVARO: Admitidla o no;

que eso resuelve, sabed.

PACHECO: Ahorrémonos de palabras.

Vuestro amigo quiero ser:
si vos quereislo ser mio,
mis condiciones sabeis.

ÁLVARO: No acostumbro tolerar

quien me las quiera imponer.

PACHECO: Ni yo sufrir de un perjuro

acostumbro la doblez.

ÁLVARO: Tened la lengua,o si no,

vive Dios, la arrancaré.

PACHECO: ¡Débil anciano!
ÁLVARO: .La sangre

no ha helado en mi la vejez;
para humillar á soberbios
sobra á mi brazo poder,
y mas soberbios que vos
suelen besarme los pies.
¿Pensasteis, jóven audaz,
envanecido doncel,
que hasta el de Luna elevarse
pudiera vuestra altivez?
¿Pensasteis que do mi frente
se alza igual á la del rey,
se alzara tambien la vuestra
do apenas miro un laurel?
El astro de mi fortuna
no perdió su brillantez,
y rivales como vos
solo merecen desdén.

PACHECO: No me hablábais tan altivo




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cuando enantes os hablé.
El enojo del monarca
sin duda olvidado habeis;
o porque hora mas benigno
os ha mirado tal vez,
á vuestra privanza antigua
os imaginais volver.
Dejad tan loca esperanza,
maestre, no os engañeis;
que en rueda va la fortuna,
y al que en su cumbre se ve,
pues nadie a fijarla llega,
le toca solo el caer.
En ese astro que os guiaba,
creedme á mi, no os fieis;
que si alguna luz le queda
en su triste palidez,
es la que basta á llevaros
donde os habeis de perder.
Al proponeros mi alianza,
yo salvaros intenté:
no por amor, lo confieso,
sino que á mi me está bien.
Impórtame mas que todo
vuestra herencia recoger;
prefiero en paz aguardarla,
porque mas segura esté;
pero si arrancarla es fuerza,
si guerra quereis, tambien
la guerra acepto, y el triunfo
á quien quiera Dios lo dé.

ÁLVARO: Guerra, pues, el de Villena.
PACHECO: Guerra, sí, pues la quereis.
ÁLVARO: ¡Ah! yo os cortaré los vuelos.
PACHECO: Yo humillaré esa altivez.
ÁLVARO: Pronto tendreis nuevas mías.
PACHECO: Antes mias las tendreis.
ÁLVARO: Quedad, Villena, con Dios.
PACHECO: Id, condestable, con él.


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ESCENA VII.


PACHECO. VIVERO.


PACHECO: Los instantes son preciosos:

no hay ninguno que perder.
(Sale Vivero.)
¿Sois vos, Vivero?

VIVERO: ¿El maestre?
PACHECO: Por allí ha marchado.
VIVERO: El rey le llama.
PACHECO: ¡El rey! ¿qué decís?

¿Le llama el rey?.... ¿Para qué?

VIVERO: Enojado está su alteza,

segun me llego á entender;
y al condestable amenaza
en su suerte algun revés.

PACHECO: Con todo, primero es fuerza....

El aviso no le deis.

VIVERO: Mas señor....
PACHECO: Esto conviene.
VIVERO: Si su alteza....
PACHECO: Obedeced.

Hablaréle yo primero:
esperadme en el verjel.
Corramos; si me detengo
tarde acaso llegaré.



ESCENA VIII.


DICHOS. ELVIRA.


ELVIRA: Escuchad, marques.
PACHECO: Señora....

(Aparte.) ¡Oh que importuna muger!

ELVIRA: Hablaron quiero un instante.
PACHECO: Os ruego que me escuseis:

el servicio de su alteza
me llama.



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ELVIRA: Corta seré.
PACHECO: No obstante....
ELVIRA: Me importa mucho.
PACHECO: Perdonad: será otra vez. (Vase.)



ESCENA IX.


ELVIRA. VIVERO.


ELVIRA: . Ni escucharme se ha dignado.

¡Qué grosero y descortés!
Mas ¿qué es esto?
(Se oye una música guerrera que se va acercando
poco á poco.)

VIVERO: De la liza

los jueces deberán ser.
Al concluirse el torneo
en conferencia los tres
quedáronse comparando
los lances, segun es ley.
Hora en pompa acompañados
de numeroso tropel,
nos darán del vencedor
aqui el nombre á conocer.
Vos, señora, preparaos;
que hora en su pecho debeis,
cual premio de su valor,
la roja banda poner.
Abrid esas puertas.

ELVIRA: ¡ Cielos!

(Vase Vivero.)
¿quién la merece mas que él?}}

(Se abren las puertas del foro, y se ve el jardin.
Salen los jueces del torneo con grande acompañamiento
de damas, caballeros, pages y escuderos.
Estos llevan pendones, en los que estan
las armas de los que han peleado. Un page
lleva sobre un escudo la banda que ha de servir de premio.)



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ESCENA X.

ELVIRA. PLASENCIA. CASTRO. MENA. SANTILLANA. CABALLEROS
DAMAS.ESCUDEROS.PAGES. JUECES DEL TORNEO

 
SANTILLANA: Oid, infanzones, guerreros de pro,

los que en noble lucha, con hechos gloriosos
que ensalza la fama, los lauros honrosos
habeis merecido que Marte plantó:
oid la sentencia que el juez pronunció.
Dificil sentencia; que en tanto adalid
puede uno mas dicha tener en la lid:
tener mas aliento no puede, eso no.
Corriendo el palenque con raudo corcel,
astillas seis lanzas Destúñiga hiciera;
y luego doblando tan noble carrera,
rompiera otras tantas el fuerte doncel.
Si bien en las suertes se igualan con él,
del potro rebelde cayóse el de Lara,
el suyo dos veces Quiñones cambiara:
merece el primero, por tanto, el laurel.

ELVIRA: (Ap.) ¡Albricias, que él vence, feliz corazon!
SANTILLANA: A vos, bella Elvira, que reina el deseo

de cien justadores nombró del torneo,
á vos toca darle tan fiel galardon.
Alzad, caballeros, alzad el pendon;
y en tanto que sombra le dan á su frente
las nobles enseñas honor del valiente,
ante ella de hinojos reciba este don;
que el fuerte guerrero su noble altivez
do reina la hermosa postrándose humilla :
si un tiempo esgrimiera sangrienta cuchilla,
la dulce coyunda le rinde á su vez.

VIVERO: Es grato en las lides ganar honra y prez;

que asi del guerrero la fama se estiende;
y en júbilo inmenso su pecho se enciende
si el fallo glorioso pronuncia tal juez.
Empero es mas grato, dejando el arnés,
si á par que de osado, de tierno blasona,
á noble doncella deber la corona




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que humilde recibe cayendo á sus pies.
Mas ¿dónde halla el pecho tan fuerte pavés
que allí de unos ojos los rayos resista ?
En vano en las lides laureles conquista,
que amor, débil niño, le vence despues.
SANTILLANA: (A Elvira.)

Tornad, pues, la banda, preciosa labor,
do cifra gloriosa bordó vuestra mano,
do en letras doradas leer puede ufano:
Elvira este premio concede al valor.

ELVIRA: A mí, caballeros, me cupo este honor;

que es gloria en las damas premiar al valiente;
y solo un disgusto mi pecho hora siente:
que el mérito es grande, y el premio...

DESTÚÑIGA: Es mayor.

¿Cuál otro, señora, pudiera?....

ELVIRA: (Bajo.)Callad; que estais imprudente.
DESTÚÑIGA: Mi amor dichas tantas,

Elvira, enagenan.

ELVIRA: Caed á mis plantas;

y humilde, guerrero, la banda aceptad.
Con ella al combate ceñido marchad;
y allí contra el moro lidiando con gloria,
la enseña á ser llegue, señal de victoria,
que anuncia al alarbe cruel mortandad.

(Destúñiga se arrodilla y Elvira le pone la banda
al pecho. Sale Vivero apresurado.)


ESCENA XI.

DICHOS. VIVERO.

VIVERO: Dejad, dejad, caballeros,

esos gratos ejercicios,
y ocupen vuestro valor
otros cuidados mas dignos.
Dejad tan vanos festejos
despojados de su brillo;
pues la presencia les falta
del gran rey que á honrarlos vino.




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CABALLEROS: ¿Como?
VIVERO: Don Juan y su corte

abandonan estos sitios.

DESTÚÑIGA: ¡El rey!
SANTILLANA: ¿Qué causa?
VIVERO: La ignoro.

Con partir tan repentino
el condestable ha quedado
solo, mústio y pensativo,
cual si una horrible desgracia
sobre él hubiera caido.

ELVIRA: ¿Qué será,?.... ¡Cielos!.... sepamos....

¡Temblando estoy! (vase corriendo.)

DESTÚÑIGA: ¡Ah! ya os sigo.


(Destúñiga y las damas siguen á Elvira.)

SANTILLANA: ¿De tan imprevista ausencia,

no adivináis el motivo?

VIVERO: Aquí se acerca Pacheco:

tal vez él podrá decirlo.


ESCENA XII.


PACHECO.VIVERO.PLASENCIA.CASTRO.MENA,SANTILLANA.
CABALLEROS.ESCUDEROS.PAGES.


PACHECO: Triunfamos ya, ricos-hombres,

de un insolente valido.
Cansóse al fin el monarca
de verle usurpar altivo
el soberano poder
que del cielo ha recibido.
La régia pompa, el orgullo
que respira este recinto ,
el ancha copa han colmado
hoy del sufrimiento antiguo.
Marcha indignado su alteza;
y si es fiel mi vaticinio,
cumpliéndose nuestras ansias,
veremos pronto el castigo
del que teniendo en su mano
de Castilla los destinos,



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hollar con osada planta
su ilustre nobleza quiso.
Hora al pasar junto á mí
con triste aspecto sombrío,
miradas de rabia llenas
sus ojos me han dirigido;
pero en su arrugada frente,
en su semblante amarillo,
las evidentes señales
de su desgracia he leido.
CASTRO: ¿Qué dices?....¡Ah! derrocado

otras veces ya le vimos;
y mas audaz y orgulloso
se levantó del abismo.

SANTILLANA: Algun dia nuestras lanzas

en mil combates reñidos,
queriendo humillar su orgullo
remacharon nuestros grillos.

PACHECO: No importa. Lo que no pudo

de tantos nobles el brío,
hoy mas poderoso que ellos
lo alcanza un vano capricho.

VIVERO: Pero si el rey vuelve a verle

aun triunfara su cariño.
Sigamos todos sus huellas.

MENA: ¿Vos del de Luna enemigo?
VIVERO: Ministro del rey, jamas

su interés pospongo al mio.

MENA: ¿No aceptasteis del maestre

riquezas y altos destinos?

PACHECO: Y ¿no os repartia á todos

puestos, ciudades, castillos?
¿Para qué? Para ostentar
su omnimodo poderío.
Agradecedle esos dones,
dones que arrancó el inicuo
a nobles iguales vuestros
desterrados o cautivos.

PLASENCIA: Y ¿quién de ese vil tirano

ofensas no ha recibido?

SANTILLANA: En la corte, en los combates,


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siempre contrario me ha visto,

CASTRO: Y yo de antiguos agravios

aun tengo el recuerdo vivo.

PACHECO: Marchemos, y sin descanso

procuremos su esterminio.

TODOS: Marchemos, sí.


(Hacen todos ademan de marchar; pero se detienen
viendo venir á don Alvaro por el fondo con escolta.)

VIVERO: Mas ¿no es él?
SANTILLANA: Él es.
CASTRO: Se acerca á este sitio.
VIVERO: Le siguen los ballesteros.
PACHECO: ¿Cuál podrá ser su designio?



ESCENA XIII.

DICHOS. D.ALVARO. BALLESTEROS.

(Las ballesteros que acompañan á don Alvaro se
quedan en el fondo. El condestable se adelanta
despacio y con aspecto sombrío por entre los no-
bles que atónitos le abren paso.)

ÁLVARO: ¿Qué es esto, pues, caballeros?

¿Qué os altera ?.... ¿Por qué miro
en vuestros ojos inquietos
tal turbacion?.... Suspendido
¿por qué las fiestas habeis?
¿Es miedo?.... ¿es furor ?.... Decidlo.
Decidlo vos, el de Castro,
que en tierra los ojos fijos,
cual si mirarme no osárais,
humilde estais y sumiso.
Decidlo, Plasencia, vos,
que con rostro enfurecido,
sacais del pecho al semblante
los deseos vengativos.
Y vos, marques, ¿no direis
por que ufano, envanecido,
ese aspecto vencedor
tomais ahora conmigo?



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PACHECO: Y decidme vos primero:

¿dónde está el rey? ¿por qué el brillo
no aumentan de estos festejos
sus resplandores divinos?
¿Por qué, presuroso, en fin,
se aleja de este recinto?

ÁLVARO: ¿Queréislo saber, marques?

¡Triste de vos si os lo digo!

PACHECO: No es tiempo ya de amenazas.
ÁLVARO: Temblad, don Juan, os repito.
PACHECO: No disimuleis. Su alteza

huye de vos.

ÁLVARO: ¿Quién lo ha dicho?
PACHECO: Vuestro orgullo, que insolente

su dignidad ha ofendido.

SANTILLANA: Esa pompa que á la suya

quereis igualar altivo.

PLASENCIA: Tantos años de opresion

bajo un pérfido ministro.

ÁLVARO: No huye sino de traidores

que alcanzarán su castigo:
traidores que cuando aqui
con amistad los recibo,
en negras ocultas tramas
me asestan pérfidos tiros,
intentando convertir
en llanto estos regocijos.
Pues bien, se convertirán,
puesto que lo habeis querido;
y el águila que aqui os daba
bajo sus alas abrigo,
os va, sus garras abriendo,
á despedazar, inicuos.

PACHECO: ¿Cömo?
ÁLVARO: Marques de Villena,

daos á prision ahora mismo.

PACHECO: ¿Yo?
ÁLVARO: Si
PACHECO: Y ¿quién lo manda?
ÁLVARO: Yo, que basto á confundiros.

Guardias.



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PACHECO: Antes con mi acero....
PLASENCIA: Aqui todos en tu auxilio

estamos, don Juan.

 ( Hacen ademan de echar mano á la espada.)

ÁLVARO: Teneos;

y respetad este escrito.

( Muestra un pliego.)

PACHECO: ¿ Qué escrito?
ÁLVARO: La orden del rey.

Miradla bien.... ¿La habeis visto?

PACHECO: ¡Cielos!
ÁLVARO: ¿Conocéisla?
PACHECO: Sí.
ÁLVARO: Y ¿quién será el atrevido

que este sacrosanto sello
se niegue á acatar sumiso?

PACHECO: Nadie; que es mucha su fuerza.
ÁLVARO: Y aun no tanta necesito:

para humillaros á todos
me sobran sin ella brios.
Qué, ¿tan pronto quien yo soy
pudisteis dar al olvido?
¿No bastan los rudos golpes
que os diera mi acero invicto,
que aun quereis mas escarmientos,
aun provocais mas castigos?
¿No os acordais ya de Olmedo,
donde en combate reñido,
postradas ante mis plantas
ví mis fieros enemigos;
y allí poniendo los pies
en sus cuellos abatidos,
alcéme en los hombros suyos
donde tan alto me miro,
que entre los reyes y yo
distancia apenas distingo?
Pues sabed que este poder
á tanta costa adquirido,
no pienso, no, resignado:
treinta años de afan continuo,
de sobresaltos, de guerras,



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este poder me han valido;
y lo que tan caro cuesta
ninguno lo cede vivo.
¿Pensábais desde la cumbre
precipitarme al abismo?
¿Habeis querido perderme?
¡Torpe afan, vano designio!
Cual la roca de las olas
de vuestro furor me rio;
y mientras siempre mas firme
vuestros esfuerzos resisto,
soy cual sol resplandeciente
cuyo irresistible brillo
las nubes que me hacen sombra
solo al mostrarme disipo.
Acatad, pues, este sol
que hoy se levanta mas vivo,
y ante su lumbre esplendente
bajad los ojos altivos.
Bajadlos, ceded, postraos,
caed á mis pies sumisos;
y allí adorad al que rige
de Castilla los destinos.
PACHECO: ¡Ah! ¡ pesia mi negra estrella!
SANTILLANA: ¡Oh baldón! Nuestro suplicio

decretad luego.

ÁLVARO: A vosotros,

me basta el veros rendidos;
y en prueba de que no os temo,
os perdono compasivo.
Pero, vos, Pacheco, ireis
de san Gormaz al castillo.
Marchad luego.—Su custodia
á vos, Vivero, os confio.

PACHECO: Triunfais, condestable, ahora;

mas todavía respiro.

ÁLVARO: Cuidad; que á mas de prisiones,

Villena, hay tambien cuchillos.




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