Don Álvaro de Luna: Acto 3 (Versión para imprimir)

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Autor: Antonio Gil y Zárate

Acto Tercero
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Don Álvaro de Luna Antonio Gil y Zárate



El teatro representa una galeria o parte de corredor que da la vuelta al patio grande de un castillo. Por los arcos de esta galeria se ve lo restante del patio, y en el fondo una de las torres que debe ser practicable, alcanzandose tambien á ver parte del cielo. A los dos lados del proscenio habrá igualmente otras torres. La de la derecha del actor tiene una puerta pequeña que se supone dar á un pasadizo o escalera estrecha que conduce al pie de la misma torre. La de la izquierda tiene una gran puerta gótica que conduce á habitaciones interior. Mas allá de estas torres hasta la barandilla del corredor, el paso está espedito, de suerte que se puede recorrer libremente toda la galeria é ir por ella á las demás partes del edificio.Es de noche, y la escena está alumbrada por una lámpara que cuelga del techo.



ESCENA PRIMERA.


PACHECO.VIVERO

(Vivero sale con precaución: va á la puerta de la
derecha: da tres palmadas; responden con otras
tres dentro. La puerta se abre y sale por ella Pacheco.)


VIVERO: Entrad, don Juan no temais
PACHECO: ¿Estamos solos?
VIVERO: Si , solos.
PACHECO: ¿Dónde estoy?
VIVERO: La galeria

es esta que corre en torno
del gran patio: las dos torres
que a Burgos causan asombro



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mirad allí.... Aquella puerta
de los moriscos, adornos
es la estancia del maestre.
La de Elvira allá en el fondo.
PACHECO: ¿Luego deberán pasar

por este sitio?

VIVERO: Es forzoso.
PACHECO: ¿Decís que por esta puerta

(Señalando la de la derecha.)
nadie entrará?

VIVERO: Ningun otro,

sino yo, su llave tiene;
que desde tiempos remotos
nadie ese paso frecuenta.

PACHECO: (Señalando la puerta de la izquierda.)

 ¿Qué es aquello?

VIVERO: El oratorio.
PACHECO: ¿Y alli se han de celebrar

sin duda esos desposorios?

VIVERO: El sol de ocultar acaba

en el mar sus rayos rojos;
y la santa ceremonia
se celebrará muy pronto.
Elvira á cumplir ha ido
sus deberes religiosos,
y cuando vuelva....

PACHECO: Vivero,

no volverá.

VIVERO: ¿No?.... ¿Pues cómo?....
PACHECO: Dispuesta mi gente está

en el camino, y ya....

VIVERO: ¡Un robo!
PACHECO: Estoy á todo resuelto;

Si, Perez Vivero, á todo.
Pues debo á vuestra amistad,
y aun mas al poder del oro,
el haber de mi prisión
las herradas puertas roto,
yo os juro que he de lograr
mis vengativos enojos.
De sangre del condestable



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tengo sed; mas esto es poco,
y antes le quiero robar
su mas preciado tesoro.
Quiero vengarme tambien
de ese envanecido mozo
que ha osado poner su amor
donde yo puse los ojos.
Goza, Destúñiga, aprisa
de tu triunfo: será corto;
que ya está aqui el de Villena
para servirte de estorbo,
y en lagrimas muy en breve
se convertirán tus gozos.
VIVERO: Gente viene.... El condestable.

Marchad, ocultaos pronto,
(Vase Villena y cierra la puerta.)


ESCENA II.


DON ALVARO. VIVERO


VIVERO: ¿Que, en fin, señor, decidido

estais á admitir por yerno
á un Plasencia

ÁLVARO: Perez , sí;

porque si al padre aborrezco,
brillan prendas en el hijo
de cumplido caballero.
Mi Elvira, mi amada Elvira,
por él arde en dulce fuego,
y a su rogar, á su llanto,
Perez, resistir no puedo.
Su dulce voz me conmueve,
me vence; y el duro pecho
es blanda cera con ella,
bronce para todos siendo.
Demas que al amor de padre
se une mi interés en esto.
Hoy mi privanza vacila,
bien lo conozco, Vivero,
y apuntalar es preciso



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torre que se está cayendo.
Logrando de esa familia
el apoyo, nada temo;
que si ausente el padre, ignora
el proyectado himeneo,
lo que hora no consintiera,
habrá de aprobarlo hecho.
Por lo mismo es importante
en este asunto el secreto
Yo no sé; pero me acosan
tan tristes presentimientos,
que en vano del corazón
á desterrados me esfuerzo.
Ese Villena.... Su fuga
me tiene afanoso, inquieto,
y á guardarme de sus artes
dias ha que solo atiendo.
¿Cómo se pudo escapar?....
¿Quién osó romper sus hierros?
¡Ah! tiemble, si le descubro,
de mi furor el perverso.
VIVERO: Sin duda el marques, señor,

huyendo en estraños reinos....

ÁLVARO: No lo creas: le conozco.

No estará, Perez, muy lejos;
y acaso en el mismo Burgos....
Mas no hablemos mas en eso.
Pensemos solo en la dicha
de Elvira.... Testigo os ruego
que en esta boda seais.

VIVERO: Serviros tan solo anhelo.

Mas permitid que de aqui
me aleje breves momentos.
Graves negocios me llaman.

ÁLVARO: Id, pues; pero volved presto;

que ya Destúñiga llega,
y es impaciente el deseo
del que su ardiente amor
aguarda el ansiado premio.

( Vase Vivero)



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ESCENA III.

DON ÁLVARO.DESTÚÑIGA

DESTÚÑIGA: Dadme los brazos, señor.
ÁLVARO: Gustoso os recibo en ellos;

que es gloria al pecho estrechar
la flor de los caballeros.
noble, galan y valiente
siempre, Destúñiga, os veo
el primero en los combates,
en las justas el mas diestro.
Honor dareis á mi casa;
y ya os miro con el tiempo,
a par que de mis estados,
de mi poder heredero.

DESTÚÑIGA: Tan solo ambiciono ser

de la hermosa Elvira dueño.
Mas ¿dónde está?

ÁLVARO: Fue á la iglesia;

y ya no puede.... ¿Qué es esto?
 
(Oyese ruido dentro,)

¿Qué ruido?.... ¿Por qué mis gentes
precipitadas corriendo?



ESCENA IV.


DICHOS. UN ESCUDERO. CRIADOS.

ESCUDERO: ¡Señor!
ÁLVARO: ¿Qué es eso?
ESCUDERO: ¡Oh maldad!
DESTÚÑIGA: ¿Qué ha sucedido?
ESCUDERO: ¡Perversos!
ÁLVARO: Hablad.
ESCUDERO: Doña Elvira..,.
ÁLVARO: ¿Y bien?
ESCUDERO: ¿Cómo decir?....
ÁLVARO: Acabemos.
DESTÚÑIGA: ¿Alguna desgracia, acaso?


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ESCUDERO: Ha sido robada.
DESTÚÑIGA: ¡Cielos!
ÁLVARO: Guzmán, ved lo que decis.
ESCUDERO: ¡Ah! Señor, es harto cierto.

Veníamos de la iglesia;
y de este sitio no lejos,
seis hombres con antifaces,
desnudando los aceros,
se arrojan sobre nosotros.
Defenderme en vano intento,
que la espada sirve mal
el valor de un pobre viejo.
Aquella débil escolta
de dueñas y de escuderos
pronto se vio dispersada;
y los agresores, duchos
de doña Elvira, á pesar
de sus gritos y mi esfuerzo,
se alejan; que favorece
la noche su vil proyecto.

ÁLVARO: ¡Horrible maldad!
DESTÚÑIGA: ¡Oh rabia!

Corramos luego tras ellos.

(Vase precipitadamente.)
 

ÁLVARO: Rivadeneira, Chacon,

vosotros todos, id presto;
id á buscarla.... Llevad
gentes, armas.... Id: no hay tiempo
que perder.... Recorred toda
la ciudad.... Los mas secretos
parajes reconoced:
no omitais de hallarla medio.
Al que volvérmela logre,
mi mejor villa le ofrezco.

(Vanse todos los criados.)


ESCENA V.


DON ALVARO, solo.

Hija mia, mi tesoro,



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mi dulce amor, mi embeleso,
¡tú arrebatada á tu padre!
¡Tú robada!....¡Ah! Pierdo el seso.
Cielo, ¿para qué me diste
grandezas, bienes sin cuento,
si á mi vejez preparabas
tan crudo golpe funesto?
Llévate todos tus dones,
que solo á mi Elvira quiero.
No puedo mas.... Aguardar
es insufrible tormento.
Voy yo mismo.... Sí, corramos;
que aunque contemple mi duelo
toda Burgos, nada importa:
soy padre: mi hija es primero.


ESCENA VI.


DON ALVARO. PACHECO.

PACHECO: Condestable.
ÁLVARO: ¿Quién me llama?
PACHECO: ¿No me conoce el de Luna?
ÁLVARO: ¡ Villena ¡Oh negra fortuna!

¡Infame y horrible trama!
¿Quién te ha conducido aqui?
¿Quién pudo?....

PACHECO: ¿Quién? Mi valor.
ÁLVARO: Y ¿qué me quieres, traidor?
PACHECO: ¿Puedes ignorarlo, di?

Odio, furor y venganza
respira mi corazon;
¿cuál puede ser mi intencion?
Responde, ¿cuál mi esperanza?

ÁLVARO: El sitio elegiste mal;

que estás, Villena, en mi casa.

PACHECO: A quien ira ciega abrasa

todo sitio le es igual.
Demas que solo te encuentro:
fuera tus gentes estan;
y á mi voz acudirán



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los que he dejado allí dentro.
ÁLVARO: Digna hazaña de un malvado:

asesinar á traicion.

PACHECO: Hicieralo con razón;

mas desecha ese cuidado.
Hidalgo soy: sin bajeza
sé vengarme, aunque ofendido;
que en mi venganza no olvido
lo que debo á mi nobleza.
Cuerpo á cuerpo solo quiero
mi rencor satisfacer;
pues traicion no he menester
donde me basta mi acero.

ÁLVARO: Y ¿osas de honor blasonar

cuando á mi hija me robaste?
Porque tú has sido.

PACHECO: Acertaste;

por mí se ha visto arrancar
de tu lado.... Elvira es mia,
la prometiste á mi amor:
¿creías que, sin valor,
quitármela dejaria?
Cual tu perfidia merece
en estos momentos obro,
y adonde quiera recobro
un bien que me pertenece.

ÁLVARO: ¡Perverso! Y ¿en tu furor

a un padre osaste afligir?
¿No me podias herir
sin causarme este dolor?

PACHECO: Y tu vida por ventura

¿es bastante á mi venganza?
El que pérfido me lanza
en una prision oscura,
el que ardiendo en rabia ciega
ante una corte me humilla,
el que de toda Castilla
á ser ludibrio me entrega,
¿podrá muriendo pagarme?
No: le quiero ver sufrir,
verter lágrimas, gemir;



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quiero en su dolor gozarme;
ÁLVARO: Goza, pues, en mi quebranto;

gózate, bárbaro, en él;
que porque seas cruel,
no he de sofocar mi llanto.
Soy padre; y harto con esto
le digo á tu corazon:
ten piedad; que no es razón
darme este golpe funesto.
Ya se humilla mi altivez:
¿qué mas me pide tu anhelo?
No me quites el consuelo
que me queda en mi vejez.
Vuélveme á mi Elvira, sí:
es mi embeleso, mi vida;
recobre á mi hija perdida,
y haz cuanto quieras de mí.
Mis riquezas te daré,
y el puesto que tanto anhelas;
 y si mi vista recelas,
a un destierro marcharé;
y en fin, por única suerte,
déjame verla, abrazarla,
contra este pecho estrecharla,
y dame despues la muerte.

PACHECO: ¡Qué mal juzgaba de tí!

Con mas valor te creía:
lástima dame, á fé mia,
el verte abatido así.
¡Vos cuyo escelso poder
aun a los reyes humilla,
condestable de Castilla,
llorais como una muger!
¡Vano ardid, torpe flaqueza!
Para ablandarme ya es tarde:
solo me inspira, cobarde,
desprecio tanta vileza.

ÁLVARO: Pues bien, desnuda el acero,

acércate, fementido:
si como padre he cumplido,
como quien soy cumplir quiero.



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PACHECO: Eso quiero yo tambiem

Llegó tu postrer instante.

ÁLVARO: Con ese tono arrogante

no me infundes miedo: ven;
que sed de tu sangre tengo.

(Saca la espada.)

PACHECO: Beber de la tuya juro.
ÁLVARO: Tu triunfo no está seguro.
PACHECO: Veremos. (Riñen.)
ÁLVARO: Aun sostengo

la espada con brazo fuerte.

PACHECO: Tienes destreza.
ÁLVARO: Y valor.


(Estando riñendo se le cae á Pacheco la escarcela al suelo.)

PACHECO: A pesar de tu furor

espero darte la muerte.

ÁLVARO: ¿Piensas que con la vejez

perdí mi antigua pujanza?
Te engañas; que aün alcanza
a humillar esa altivez.

(Pacheco herido en la mano deja caer la espada.)
 

PACHECO: Herido estoy: ¡suerte fiera!
ÁLVARO: Tomad otra vez la espada.
PACHECO: No puedo; que traspasada

mi mano....

ÁLVARO: Tomad; ¿qué espera

vuestra arrogancia? Os advierto
vuestra vida defendais;
que he resuelto no salgais
de este sitio sino muerto.

PACHECO: ¡Ah! ¡Mal haya mi fortuna!


(Quiere coger la espada y se le cae otra vez.)

¡Oh rabia! Tener no puede
mi brazo....

ÁLVARO: Todo aqui cede á don Avaro de Luna.

Muere, pues.

(Va á herirle, cuando se oye dentro la voz de Elvira. Don Alvaro
al punto se detiene, deja á Pacheco y corre en busca de su hija.)



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ELVIRA: ¡Padre! (Dentro)
ÁLVARO: ¡Qué acento!
ELVIRA: ¡Padre!
ÁLVARO: ¡Es su voz!....¡Vedla allí!

¡Mi Elvira!
pach Huyamos de aquí:
no perdamos un momento.
 (Huye por la puerta pequeña, que deja cerrada.)


ESCENA VII


DON ÁLVARO,DESTÚÑIGA,ELVIRA,
RIBADENEIRA, CRIADOS.

(Vuelve don Alvaro abrazando e Elvira.
Le siguen muchos criados con armas y luces.)

ELVIRA: ¡Padre mio!
ÁLVARO: Hija querida

Mi dulce hechizo, ni bien,
¿Con que te recobro? Ven
Contra este pecho, mi vida.

ELVIRA: ¿Es verdad que os vuelvo a ver,

Que os abrazo, padre amado?

ÁLVARO: Pero, ¿quién te ha libertado?

¿ Quien pudo?....¿Quién ha de ser ?
Si aqui Destúñiga está.
¿Cómo preguntarlo puedo?
¡Cuan agradecido quedo
a su valor !

DESTÚÑIGA: Quizá

fuera inútil mi ardimiento:
que lejos ya los malvados,
con las sombras amparados
Lograran su torpe intento,
pero de Elvira a las voces
gentes acuden....Do quiera
los viles en su carrera
se ve cortados. Veloces
llegamos....Solo al mirarnos
huyen y a mi bien liberto.



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ÁLVARO: ¡Cara Elvira! ¿Con que es cierto

que un pérfido arrebatarme
quiso tal tesoro? ¡Infame!....
Mas me olvidaba.... ¿Dó está?
¿Dónde se ha ocultado ya?
Dejad, dejad que derrame
su sangre vil.

ELVIRA: ¿Qué decís?
DESTÚÑIGA: ¿Qué delirio os enagena?
ÁLVARO: Aqui estaba?
DESTÚÑIGA: ¿Quién?
ÁLVARO: Villena
DESTÚÑIGA/ELVIRA: ¡Villena!
ÁLVARO: Si, ¿no lo oís?

¿Le habeis dejado escapar ?
¡Ah! Por aqui se ha marchado.
¡Maldicion! Está cerrado.
Esa puerta derribar
es fuerza.

DESTÚÑIGA: Mas....
ÁLVARO: Al momento.

¿Que huyó por ella no os digo?
Corred.... Horrible castigo
dar á su maldad intento.

(Los criados de don Alvaro echan la puerta abajo

y vanse por ella.)

DESTÚÑIGA: Pero, señor....
ÁLVARO: ¿Quién le pudo,

quién, introducir así?
Alguno me vende aqui,
alguno, si, no lo dudo.

ELVIRA: ¿Decís que Villena ha entrado?
ÁLVARO: Aqui al traidor encontré;

aquí con él batallé,
y muerte le hubiera dado;
mas llegaste y se salvó.

ELVIRA: Dejadle; y solo pensad

nuestra felicidad.
¿La habeis olvidado?

ÁLVARO: No;

que preparado el altar,



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el santo yugo os espera;
mas de esta angustia tan fiera
necesito descansar.
Id hijos mios, y en tanto
que se cumple vuestro anhelo,
vuestras plegarias al cielo
se eleven con fervor santo.
Al Dios que te ha libertado
dirije, Elvira, tu ruego....
Dejadme solo; que luego
yo marcharé á vuestro lado.

(Vanse Destúñiga y Elvira.)

ESCENA VIII.


DON ALVARO. RIVADENEIRA. CRIADOS.

(Vuelven Rivadeneira y criados.)


ÁLVARO: Y bien, ¿no le habeis hallado?
RIVADENEIRA: Chacon siguiéndole va;

pero, señor, será en vano
que es mucha la oscuridad.

ÁLVARO: ¡Mal haya vuestra torpeza!

¡Que asi se logre escapar!

RIVADENEIRA: Señor....
ÁLVARO: Marchaos de aquí;

mas esa espada os llevad
que puede servir de prueba....

RIVADENEIRA: Tambien en el suelo está

una escarcela.

(Recogiendo la escarcela que se le cayó á Pacheco.)

ÁLVARO: Traed.

Es suya.... Aqui se hallarán
tal vez algunos papeles....
Si.... con efecto.... Acercad
una luz.
(Abre la escarcela y saca varias cartas, cuyas firmas va leyendo.)



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Conde de Castro....
¡Traidor!.... Me la pagará....
Plasencia.... Mendoza.... el de Alba....
todos, todos.... ¿Qué dirán?
Luego lo veré....Mas ¡cielos!
¡Vivero!.... ¿Será verdad?
¡Vivero!.... Su letra es esta,
 su firma.... no hay que dudar.
¡Infame!.... Pero tal vez
indiferente.... No tal,
no; que cada línea aqui
prueba en él una maldad.
¡Oh traicion!....Y ¡yo abrigaba
esa serpiente infernal
en mi pecho!....El premio es este
que le daba á mi amistad!
Ya todo está descubierto:
por él consiguió don Juan
romper su estrecha prision,
por él aqui penetrar,
y él tambien de mi hija amada
dispuso el rapto quizás.
Pues yo le juro al traidor,
al infame, al desleal,
que ha de pagar con su vida
su pérfida iniquidad.


ESCENA IX.


DICHOS. VIVERO.


VIVERO: ¡Ah! ¿Qué he sabido, señor?

¿Será cierto?.... ¡Qué maldad!
¿A vuestra adorada hija
han intentado robar?

ÁLVARO: Si, Vivero.
VIVERO: ¡Horrible crimen!
ÁLVARO: Muy horrible, ¿no es verdad?
VIVERO: Y ¿quién ha osado?....
ÁLVARO: Lo ignoro.


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Tampoco Perez sabrá....

VIVERO: ¡Ah! Si lo supiera....
ÁLVARO: ¿Y bien?

¿Qué haríais?

VIVERO: ¿Lo dudais?

En el pecho del traidor
yo clavara este puñal.

ÁLVARO: Muy bien, Vivero; que sois

mi amigo en eso mostrais.
Tampoco sabreis, supongo,
cómo pudo penetrar
no hace mucho en este sitio....

VIVERO: ¿Quién señor?
ÁLVARO: ¿Quién? Mi rival.
VIVERO: ¡Villena!
ÁLVARO: Villena, si.

Tambien debéislo ignorar.

VIVERO: ¿Cómo he de saber ?....
ÁLVARO: Ardiendo

en ira, quiso el audaz....

VIVERO: ¿Contra vuestra vida acaso?....
ÁLVARO: Si, Vivero.
VIVERO: Y ¿quién salvar

os pudo?

ÁLVARO: Mi espada.
VIVERO: ¡Oh cielos!
ÁLVARO: ¿Os pesa?
VIVERO: .¿A mí? Me agraviais.

Mi afecto....

ÁLVARO: Sí, lo conozco:

es mucha vuestra lealtad.

VIVERO: Mis hechos todos la abonan.
ÁLVARO: ¿Quién de ello puede dudar?

Quereisme mucho.

VIVERO: Lo debo.
ÁLVARO: Me servís bien.
VIVERO: Es mi afan.
ÁLVARO: Detestais á los traidores.
VIVERO: Es obligacion.
ÁLVARO: Si dar

os mando castigo alguno...



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VIVERO: Cumpliré como leal.
ÁLVARO: Pues ya podeis, buen Vivero,

vuestro celo desplegar.

VIVERO: ¿Cómo?
ÁLVARO: Que aqui mismo, aqui,

hay quien me vende falaz.

VIVERO: ¿Será posible?
ÁLVARO: Conozco

 al traidor.

VIVERO: ¡Cielos!....Quizás

os han engañado.

ÁLVARO: No,

tengo pruebas.... ¿No es verdad
que es una infamia?

VIVERO: Sin duda.
ÁLVARO: ¡Un hombre que por mi mal,

para colmarle de bienes
saqué de la oscuridad!
¡un ente vil que sin mí
hoy mendigara su pan,
y que á mi sombra ha subido
do osára apenas mirar!
¡Ese me vende!.... ¿No es cierto
que asombra tanta maldad?

VIVERO: Pero....
ÁLVARO: Decid:¿qué castigo

le diérais vos?

VIVERO: Yo....
ÁLVARO: Tembláis?
VIVERO: Sí.... de horror.
ÁLVARO: ¿Quien es el vil

sin duda acertásteis ya?

VIVERO: ¿Yo?.... ¿Cómo?
ÁLVARO: ¿Quereis aún

que os muestre una prueba mas?

VIVERO: No....no....
ÁLVARO: Leed esta carta.

¿Negareis esta señal?

VIVERO: ¡Oh Dios!
ÁLVARO: Mirad: ¿conoceis

la letra, la firma?... Hablad.



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hablad.... ¿Son vuestras?
VIVERO: ¡Señor!
ÁLVARO: Responded.... ¿Son vuestras?
VIVERO: ¡Ah!


(Vivero cae confundido á los pies de don Alvaro.)

ÁLVARO: ¡Traidor!.... ¿Con que mis favores

de esta manera pagais?
¡Me abrazabais; y era solo
para clavarme un puñal!
¡Como otro Bellido Dolfos
sabeis traiciones fraguar
y al amigos al bienhechor
vender con trama infernal!
Vive Dios, que aunque os hiciere
el corazon traspasar
con tantas heridas como
favores mios contais,
aun fuera poco el castigo;
que no es posible encontrar
suplicios, no, que se igualen
á tan negra iniquidad.
Pérfido, infame, no escondo
en tu pecho desleal
mi daga, porque no quiero
 tan puro acero empañar.
Mas no por eso tu crimen
sin castigo quedara.
Uno tal te he de imponer
que á todos ha de espantar,
y mis aleves contrarios
al saberlo temblarán.
¿Ves aquella torre, ves?
desde ella a pagarme vas
tu horrible traicion.
Desde ella precipitado....

VIVERO: ¡Piedad!
ÁLVARO: No, no hay piedad.... Al abismo

tu cuerpo vil bajará,
y partido en mil pedazos
le quiero alli contemplar.
Llevadle.



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VIVERO: ¡ Cielos ! No.... no

Vedme é vuestros pies.

ÁLVARO: Alzad.
VIVERO: Yo abrazo vuestras rodillas.

Perdon.

ÁLVARO: No.
VIVERO: Por la amistad

tan antigua.

ÁLVARO: Tú la has roto.
VIVERO: Por vuestra hija.
ÁLVARO: ¿Osarás

recordármela ?.... Llevadle,
Llevadle.... Lo dije ya.

VIVERO: No.... por Dios.... no.
ÁLVARO: Obedeced.
VIVERO: Dejadme.... no.... no....
ÁLVARO: Marchad.


(Los criados de don Alvaro e apoderan de Vivero:
este abrazando las rodillas del condestable y
suplicando, se resiste; pero al fin se lo llevan
á la fuerza.)


ESCENA X.


DON ÁLVARO. DESTÚÑIGA.ELVIRA.


ÁLVARO: Vé, traidor, vé: cual mereces,

infame, perecerás.

(Salen Destúñiga y Elvira.)
 

ELVIRA: Señor, ¿qué gritos?
DESTÚÑIGA: ¿ Acaso

un nuevo atentado?

ELVIRA: Hablad:

¿qué sucede?

ÁLVARO: Que á un traidor

he mandado castigar.

DESTÚÑIGA: ¿Quién es?
ÁLVARO: Vivero.
ELVIRA: ¡Vivero!
ÁLVARO: Hija mia, ¿lo creerás?


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El pérfido nos vendia.
ELVIRA: ¡Ah! No es posible.
ÁLVARO: Aquí están

las pruebas de su traicion.
Estas cartas.

ELVIRA: Mas quizá

son fingidas.

ÁLVARO: No, que él mismo

no las ha osado negar.
Unido estaba el aleve
a mi enemigo mortal.
Y en negras tramas ocultas
mi ruina Intentó fraguar.
El es quien al de Villena
procuró la libertad :
él quien antes le introdujo
en este mismo lugar ;
y él es en fin, el que astuto,
con su lenguaje falaz,
del rey el antiguo afecto
ha conseguido entibiar.

DESTÚÑIGA: Y ¿habeis dejado que vivo

salga de aquí?

ÁLVARO: Sí; mas va

caminando do reciba
el justo premio. — Mirad :
Vedle allí... De aquella torre
Le van luego á despeñar.

(Aparecen Vivero, Rívadeneira y gentes
de don Alvaro en lo alto de la torre.
En este instante la luna sale de
entre las nubes é ilumina todo el teatro.)



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ELVIRA: ¡Ah! Señor, no : perdonadle ;

 Que es horroroso.

ÁLVARO: Jamás.
VIVERO: Condestable, mi suplicio


(Desde la torre.)

Del tuyo causa será

ÁLVARO: Muere , infame ; y los traidores

En tí escarmienten.

ELVIRA: ¡ Piedad !


(Elvira se arroja a los pies de su padre ,
el cual vuelve la cabeza y
hace una seña. Rivadeneira y los
suyos se apoderan de Vivero,
y le arrojan da la torre abajo.)

VIVERO: ¡Ay de mi !
ELVIRA: ¡ Qué horror!
ÁLVARO: Cumplida, Por fin , mi venganza está.

Venid ahora, hijos míos :
venid, seguidme al altar.



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