Don Álvaro o La fuerza del sino/1

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Jornada primera
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Don Álvaro o La fuerza del sino


La escena es en Sevilla y sus alrededores.

La escena representa la entrada del antiguo puente de barcas de Triana, el que estará practicable a la derecha. En primer término al mismo lado un aguaducho, o barraca de tablas y lonas, con un letrero que diga: Agua de Tomares: dentro habrá un mostrador rústico con cuatro grandes cántaros, macetas de flores, vasos, un anafre con una cafetera de hoja de lata, y una bandeja con azucarrillos. Delante del aguaducho habrá bancos de pino. Al fondo se descubrirá de lejos parte del arrabal de Triana, la huerta de los Remedios con sus altos cipreses, el río y varios barcos en él, con flámulas y gallardetes. A la izquierda se verá en lontananza la alameda. Varios habitantes de Sevilla cruzarán en todas direcciones durante la escena. El cielo demostrará el ponerse el sol en una tarde de julio, y al descorrerse el telón aparecerán: EL TÍO PACO, detrás del mostrador en mangas de camisa; EL OFICIAL, bebiendo un vaso de agua, y de pie, PRECIOSILLA a su lado templando una guitarra; EL MAJO y los DOS HABITANTES DE SEVILLA, sentados en los bancos


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Escena primera
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OFICIAL Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien templada.
PRECIOSILLA Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes esa mano, y le diré la buenaventura.
OFICIAL Quita, que no quiero zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la habilidad de decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo... Sí, casi siempre conviene el ignorarlo.
MAJO (Levantándose) Pues yo quiero que me diga la buenaventura esta prenda. He aquí mi mano.
PRECIOSILLA Retira usted allá esa porquería... Jesús, ni verla quiero, no sea que se encele aquella niña de los ojos grandes.
MAJO (Sentándose.) ¡Qué se ha de encelar de ti, pendón!
PRECIOSILLA Vaya, saleroso, no se cargue usted de estera, convídeme a alguna cosita.
MAJO Tío Paco, déle usted un vaso de agua a esta criatura, por mi cuenta.
PRECIOSILLA ¿Y con panal?
OFICIAL Sí, y después que te refresques el garguero y que te endulces la boca, nos cantarás las corraleras.
(El aguador sirve un vaso de agua con panal a Preciosilla, y el Oficial se sienta junto al Majo.)
HABITANTE 1º Hola; aquí viene el señor canónigo


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Escena segunda
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CANÓNIGO Buenas tardes, caballeros.
HABITANTE 2º Temíamos no tener la dicha de ver a su merced esta tarde, señor canónigo.
CANÓNIGO (Sentándose y limpiándose el sudor.) ¿Qué persona de buen gusto, viviendo en Sevilla, puede dejar de venir todas las tardes de verano a beber la deliciosa agua de Tomares, que con tanta limpieza y pulcritud nos da el tío Paco, y a ver un ratito este puente de Triana, que es lo mejor del mundo?
HABITANTE 1º Como ya se está poniendo el sol...
CANÓNIGO Tío Paco, un vasito de la fresca.
TÍO PACO Está usía muy sudado; en descansando un poquito le daré el refrigerio.
MAJO Dale a su señoría el agua templada.
CANÓNIGO No, que hace mucho calor.
MAJO Pues yo templada la he bebido, para tener el pecho suave, y poder entonar el rosario por el barrio de la Borcinería, que a mí me toca esta noche.
OFICIAL Para suavizar el pecho, mejor es un trago de aguardiente.
MAJO El aguardiente es bueno para sosegarlo después de haber cantado la letanía.
OFICIAL Yo lo tomo antes y después de mandar el ejercicio.
PRECIOSILLA (Habrá estado punteando la guitarra, y dirá al Majo:) Oiga usted, rumboso, ¿y cantará usted esta noche la letanía delante del balcón de aquella persona?...
CANÓNIGO Las cosas santas se han de tratar santamente. Vamos. ¿Y qué tal los toros de ayer?
MAJO El toro berrendo, de Utrera, salió un buen bicho, muy pegajoso... Demasiado.
HABITANTE 1º Como que se me figura que le tuvo usted asco.
MAJO Compadre, alto allá, que yo soy muy duro de estómago... aquí está mi capa (Enseña un desgarrón.), diciendo por esta boca, que no anduvo muy lejos.
HABITANTE 2º No fue la corrida tan buena como la anterior.
PRECIOSILLA Como que ha faltado en ella don Álvaro el indiano, que a caballo y a pie es el mejor torero que tiene España.
MAJO Es verdad que es todo un hombre, muy duro con el ganado, y muy echado adelante.
PRECIOSILLA Y muy buen mozo.
HABITANTE 1º ¿Y porqué no se presentaría ayer en la plaza?
OFICIAL Harto tenía que hacer con estarse llorando el mal fin de sus amores.
MAJO Pues qué, ¿lo ha plantado ya la hija del señor marqués?...
OFICIAL No: DOÑA LEONOR no lo ha plantado a él, pero el marqués la ha trasplantado a ella.
HABITANTE 2º ¿Cómo?...
HABITANTE 1º Amigo, el señor marqués de Calatrava tiene mucho copete, y sobrada vanidad para permitir que un advenedizo sea su yerno.
OFICIAL ¿Y qué más podía apetecer su señoría, que el ver casada a su hija (que con todos sus pergaminos está muerta de hambre), con un hombre riquísimo, y cuyos modales están pregonando que es un caballero?
PRECIOSILLA Si los señores de Sevilla son vanidad y pobreza todo en una pieza. Don Álvaro es digno de ser marido de una emperadora... ¡Qué gallardo!... ¡Qué formal y qué generoso!... Hace pocos días que le dije la buenaventura (y por cierto no es buena la que le espera si las rayas de la mano no mienten), y me dio una onza de oro como un sol de mediodía.
TÍO PACO Cuantas veces viene aquí a beber me pone sobre el mostrador una peseta columnaria.
MAJO ¡Y vaya un hombre valiente! Cuando en la Alameda Vieja le salieron aquella noche los siete hombres más duros que tiene Sevilla, metió mano y me los acorraló a todos contra las tapias del picadero.
OFICIAL Y en el desafío que tuvo con el capitán de artillería se portó como un caballero.
PRECIOSILLA El marqués de Calatrava es un vejete tan ruin, que por no aflojar la mosca, y por no gastar...
OFICIAL Lo que debía hacer don Álvaro era darle una paliza que...
CANÓNIGO Paso, paso, señor militar. Los padres tienen derecho de casar a sus hijas con quien les convenga.
OFICIAL ¿Y por qué no le ha de convenir don Álvaro? ¿Porque no ha nacido en Sevilla?... Fuera de Sevilla nacen también caballeros.
CANÓNIGO Fuera de Sevilla nacen también caballeros, sí señor; pero... ¿lo es don Álvaro?... Sólo sabemos que ha venido de Indias hace dos meses, y que ha traído dos negros y mucho dinero... ¿Pero quién es?...
HABITANTE 1º Se dicen tantas y tales cosas de él...
HABITANTE 2º Es un ente muy misterioso.
TÍO PACO La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando de lo mismo, y uno de ellos dijo que el tal don Álvaro había hecho sus riquezas siendo pirata...
MAJO ¡Jesucristo!
TÍO PACO Y otro, que don Álvaro era hijo bastardo de un grande de España, y de una reina mora...
OFICIAL ¡Qué disparate!
TÍO PACO Y luego dijeron que no, que era... no lo puedo declarar... finca... o brinca... una cosa así... así como... una cosa muy grande allá de la otra banda.
OFICIAL ¿Inca?
TÍO PACO Sí, señor, eso, Inca... Inca.
CANÓNIGO Calle usted, tío Paco, no diga sandeces.
TÍO PACO Yo nada digo, ni me meto en honduras; para mí cada uno es hijo de sus obras, y en siendo buen cristiano y caritativo...
PRECIOSILLA Y generoso y galán.
OFICIAL El vejete roñoso del marqués de Calatrava hace muy mal en negarle su hija.
CANÓNIGO Señor militar, el señor marqués hace muy bien. El caso es sencillísimo. Don Álvaro llegó hace dos meses, nadie sabe quién es. Ha pedido en casamiento a DOÑA LEONOR, y el marqués, no juzgándolo buen partido para su hija, se la ha negado. Parece que la señorita estaba encaprichadilla, fascinada, y el padre se la ha llevado al campo, a la hacienda que tiene en el Aljarafe, para distraerla. En todo lo cual el señor marqués se ha comportado como persona prudente.
OFICIAL ¿Y don Álvaro, qué hará?
CANÓNIGO Para acertarlo debe buscar otra novia: porque si insiste en sus descabelladas pretensiones, se expone a que los hijos del señor marqués vengan, el uno de la universidad, y el otro del regimiento, a sacarle de los cascos los amores de DOÑA LEONOR.
OFICIAL Muy partidario soy de don Álvaro, aunque no le he hablado en mi vida, y sentiría verlo empeñado en un lance con don Carlos, el hijo mayorazgo del marqués. Le he visto el mes pasado en Barcelona, y he oído contar los dos últimos desafíos que ha tenido ya: y se le puede ayunar.
CANÓNIGO Es uno de los oficiales más valientes del regimiento de Guardias Españolas, donde no se chancea en esto de lances de honor.
HABITANTE 1º Pues el hijo segundo del señor marqués, el don Alfonso, no le va en zaga. Mi primo, que acaba de llegar de Salamanca, me ha dicho que es el coco de la universidad, más espadachín que estudiante, y que tiene metidos en un puño a los matones sopistas.
MAJO ¿Y desde cuándo está fuera de Sevilla la señorita DOÑA LEONOR?
OFICIAL Hace cuatro días que se la llevó el padre a su hacienda, sacándola de aquí a las cinco de la mañana, después de haber estado toda la noche hecha la casa un infierno.
PRECIOSILLA ¡Pobre niña!... ¡Qué linda que es, y qué salada!... Negra suerte le espera... Mi madre la dijo la buenaventura, recién nacida, y siempre que la nombra se le saltan las lágrimas... Pues el generoso don Álvaro...
HABITANTE 1º En nombrando el ruin de Roma luego asoma... allí viene don Álvaro.


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Escena tercera
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Empieza a anochecer, y se va oscureciendo el teatro. DON ÁLVARO sale embozado en una capa de seda, con un gran sombrero blanco, botines y espuelas: cruza lentamente la escena mirando con dignidad y melancolía a todos lados, y se va por el puente. Todos lo observan en gran silencio


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Escena cuarta
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MAJO ¿Adónde irá a estas horas?
CANÓNIGO A tomar el fresco al Altozano.
TÍO PACO Dios vaya con él.
MILITAR ¿A qué va al Aljarafe?
TÍO PACO Yo no sé, pero como estoy siempre aquí de día y de noche, soy un vigilante centinela de cuanto pasa por esta puente... Hace tres días que a media tarde pasa por ella hacia allá un negro con dos caballos de mano, y que don Álvaro pasa a estas horas; y luego a las cinco de la mañana vuelve a pasar hacia acá, siempre a pie, y como media hora después pasa el negro con los mismos caballos llenos de polvo y de sudor.
CANÓNIGO ¿Cómo?... ¿Qué me cuenta usted, tío Paco?...
TÍO PACO Yo nada, digo lo que he visto; y esta tarde ya ha pasado el negro, y hoy no lleva dos caballos, sino tres.
HABITANTE 1º Lo que es atravesar el puente hacia allá a estas horas, he visto yo a don Álvaro tres tardes seguidas.
MAJO Y yo he visto ayer a la salida de Triana al negro con los caballos.
HABITANTE 2º Y anoche viniendo yo de San Juan de Alfarache, me paré en medio del olivar a apretar las cinchas a mi caballo, y pasó a mi lado, sin verme y a escape, don Álvaro, como alma que llevan los demonios, y detrás iba el negro: Los conocí por la jaca torda, que no se puede despintar... ¡cada relámpago que daban las herraduras!...
CANÓNIGO (Levantándose y aparte.) ¡Hola! ¡hola!... Preciso es dar aviso al señor marqués.
MILITAR Me alegrara de que la niña traspusiese una noche con su amante, y dejara al vejete pelándose las barbas.
CANÓNIGO Buenas noches, caballeros: me voy, que empieza a ser tarde. (Aparte yéndose.) Sería faltar a la amistad no avisar al instante al marqués de que don Álvaro le ronda la hacienda. Tal vez podamos evitar una desgracia.


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Escena quinta
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El teatro representa una sala colgada de damasco, con retratos de familia, escudos de armas y los adornos que se estilaban en el siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos balcones, uno cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá un cielo puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se pondrá en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella habrá una guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de plata con velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto a la mesa habrá un sillón. Por la izquierda entrará el MARQUÉS DE CALATRAVA con una palmatoria en la mano, y detrás de él DOÑA LEONOR, y por la derecha entra la CRIADA


MARQUÉS (Abrazando y besando a su hija.)

Buenas noches, hija mía;
hágate una santa el cielo.
A Dios, mi amor, mi consuelo,
mi esperanza, mi alegría.
No dirás que no es galán
tu padre. No descansara
si hasta aquí no te alumbrara
todas las noches... Están
abiertos estos balcones (Los cierra.)
y entra relente... Leonor...
¿Nada me dice tu amor?
¿Por qué tan triste te pones?

DOÑA LEONOR (Abatida y turbada.)

Buenas noches, padre mío.

MARQUÉS Allá para Navidad

iremos a la ciudad:
cuando empiece el tiempo frío.
Y para entonces traeremos
al estudiante, y también
al capitán. Que les den
permiso a los dos haremos
¿No tienes gran impaciencia
por abrazarlos?

DOÑA LEONOR ¿Pues no?

¿qué más puedo anhelar yo?

MARQUÉS Los dos lograrán licencia.

Ambos tienen mano franca
condición que los abona,
y Carlos, de Barcelona,
y Alfonso, de Salamanca,
ricos presentes te harán.
Escríbeles tú, tontilla,
y algo que no haya en Sevilla
pídeles, y lo traerán.

DOÑA LEONOR Dejarlo será mejor

a su gusto delicado.

MARQUÉS Lo tienen, y muy sobrado:

como tú quieras, Leonor.

CURRA Si como a usted, señorita,

carta blanca se me diera,
a don Carlos le pidiera
alguna bata bonita
de Francia. Y una cadena
con su broche de diamante
al señorito estudiante,
que en Madrid la hallará buena.

MARQUÉS Lo que gustes, hija mía.

Sabes que el ídolo eres
de tu padre... ¿No me quieres?
(La abraza y besa tiernamente.)

DOÑA LEONOR ¡Padre!... ¡Señor!... (Afligida.)
MARQUÉS La alegría

vuelva a ti, prenda del alma;
piensa que tu padre soy,
y que de continuo estoy
soñando tu bien... La calma
recobra, niña... En verdad
desde que estamos aquí
estoy contento de ti,
veo la tranquilidad
que con la campestre vida
va renaciendo en tu pecho,
y me tienes satisfecho;
sí, lo estoy mucho, querida.
Ya se me ha olvidado todo:
eres muchacha obediente.
y yo seré diligente
en darte un buen acomodo
Sí, mi vida... ¿quién mejor
sabrá lo que te conviene,
que un tierno padre, que tiene
por ti el delirio mayor?

DOÑA LEONOR (Echándose en brazos de su padre con gran desconsuelo.)

¡Padre amado!... ¡Padre mío!

MARQUÉS Basta, basta... ¿Qué te agita?

(Con gran ternura.)
Yo te adoro, Leonorcita:
no llores... ¡Qué desvarío!

DOÑA LEONOR ¡Padre!... ¡Padre!
MARQUÉS (Acariciándola y desasiéndose de sus brazos.)

Adiós, mi bien.
A dormir, y no lloremos.
Tus cariñosos extremos
el cielo bendiga, amén.
(Vase el marqués, y queda Leonor muy abatida y llorosa sentada en el sillón.)


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Escena sexta
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CURRA va detrás del MARQUÉS, cierra la puerta por
donde aquél se ha ido, y vuelve cerca de LEONOR

CURRA ¡Gracias a Dios!... me temí

que todito se enredase,
y que señor se quedase
hasta la mañana aquí.
¡Qué listo cerró el balcón!...
Que por el del palomar
vamos las dos a volar
le dijo su corazón.
Abrirlo sea lo primero (Ábrelo.)
ahora lo segundo es
cerrar las maletas. Pues
salgan ya de su agujero.
(Saca CURRA unas maletas y ropa, y se pone a arreglarlo
todo sin que en ello repare DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR ¡Infeliz de mí!... ¡Dios mío!

¿Por qué un amoroso padre,
que por mí tanto desvelo
tiene, y cariño tan grande,
se ha de oponer tenazmente
(¡ay, el alma se me parte!...)
a que yo dichosa sea,
y pueda feliz llamarme?
¿Cómo, quien tanto me quiere
puede tan cruel mostrarse?
Más dulce mi suerte fuera
si aun me viviera mi madre.

CURRA ¿Si viviera la señora?

usted está delirante.
Más vana que señor era:
señor al cabo es un ángel,
¡Pero ella!... Un genio tenía
y un copete... Dios nos guarde.
Los señores de esta tierra
son todos de un mismo talle.
Y si alguna señorita
busca un novio que le cuadre,
como no esté en pergaminos
envuelto, levantan tales
alaridos... ¿Mas qué importa
cuando hay decisión bastante?
...Pero no perdamos tiempo;
venga usted, venga a ayudarme,
porque yo no puedo sola...

DOÑA LEONOR ¡Ay, Curra!... ¡Si penetrases

cómo tengo el alma! Fuerza
me falta hasta para alzarme
de esta silla... ¡Curra, amiga!
lo confieso, no lo extrañes,
no me resuelvo, imposible...
Es imposible. ¡Ah!... ¡mi padre!
sus palabras cariñosas,
sus extremos, sus afanes,
sus besos y sus abrazos,
eran agudos puñales
que el pecho me atravesaban.
Si se queda un solo instante
no hubiera más resistido...
Ya iba a sus pies a arrojarme,
y confundida, aterrada,
mi proyecto a revelarle;
y a morir, ansiando solo
que su perdón me acordase.

CURRA ¡Pues hubiéramos quedado

frescas, y echado un buen lance!
Mañana vería usted
revolcándose en su sangre,
con la tapa de los sesos,
levantada, al arrogante,
al enamorado, al noble
don Álvaro. O arrastrarle
como un malhechor, atado
por entre estos olivares
a la cárcel de Sevilla;
y allá para Navidades
acaso, acaso en la horca.

DOÑA LEONOR ¡Ay, Curra!...El alma me partes.
CURRA Y todo esto, señorita,

porque la desgracia grande
tuvo el infeliz de veros,
y necio de enamorarse
de quien no le corresponde,
ni resolución bastante
tiene para...

DOÑA LEONOR Basta, Curra;

no mi pecho despedaces.
¿Yo a su amor no correspondo?
Que le correspondo sabes...
Por él mi casa y familia,
mis hermanos y mi padre
voy a abandonar, y sola...

CURRA Sola no, que yo soy alguien,

y también Antonio va,
y nunca en ninguna parte
la dejaremos... ¡Jesús!

DOÑA LEONOR ¿Y mañana?
CURRA Día grande.

Usted la adorada esposa
será del más adorable,
rico y lindo caballero
que puede en el mundo hallarse,
y yo la mujer de Antonio:
y a ver tierras muy distantes
iremos ambas... ¡qué bueno!

DOÑA LEONOR ¿Y mi anciano y tierno padre?
CURRA ¿Quién?... ¿Señor?... rabiará un poco,

pateará, contará, el lance
al Capitán general
con sus pelos y señales;
fastidiará al Asistente,
y también a sus compadres
el canónigo, el jurado
y los vejetes maestrantes;
saldrán mil requisitorias
para buscarnos en balde,
cuando nosotras estemos
ya seguritas en Flandes.
Desde allí escribirá usted,
y comenzará a templarse
señor, y a los nueve meses,
cuando sepa hay un infante,
que tiene sus mismos ojos,
empezará a consolarse.
Y nosotras chapurrando,
que no nos entienda nadie,
volveremos de allí a poco,
a que con festejos grandes
nos reciban, y todito
será banquetes y bailes.

DOÑA LEONOR ¿Y mis hermanos del alma?
CURRA ¡Toma! ¡Toma!... Cuando agarren

del generoso cuñado,
uno con que hacer alarde
de vistosos uniformes
y con que rendir beldades;
y el otro para libracos,
merendonas y truhanes,
reventarán de alegría.

DOÑA LEONOR No corre en tus venas sangre.

¡Jesús, y qué cosas tienes!

CURRA Porque digo las verdades.
DOÑA LEONOR ¡Ay desdichada de mí!
CURRA Desdichada por cierto grande

el ser adorado dueño
del mejor de los galanes.
Pero vamos, señorita,
ayúdeme usted, que es tarde.

DOÑA LEONOR Sí, tarde es, y aun no parece

don Álvaro... ¡Oh, si faltase
esta noche!...¡Ojalá!...¡Cielos!...
Que jamás estos umbrales
hubiera pisado, fuera
mejor... No tengo bastante
resolución... lo confieso.
Es tan duro el alejarse
así de su casa... ¡ay triste!
(Mira el reloj y sigue en inquietud.)
Las doce han dado... ¡qué tarde
es ya, Curra! No, no viene.
¿Habrá en esos olivares
tenido algún mal encuentro?
Hay siempre en el Aljarafe
tan mala gente... Y Antonio
¿estará alerta?

CURRA Indudable

es que está de centinela

DOÑA LEONOR ¡Curra!... ¿Qué suena?... ¿Escuchaste?

(Con gran sobresalto.)

CURRA Pisadas son de caballos.
DOÑA LEONOR ¡Ay! él es... (Corre al balcón.)
CURRA Si que faltase

era imposible...

DOÑA LEONOR ¡Dios mío! (Muy agitada.)
CURRA Pecho al agua, y adelante.


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Escena séptima
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DON ÁLVARO en cuerpo, con una jaquetilla de
mangas perdidas sobre una rica chupa de majo,
redecilla, calzón de ante, etc., entra por el balcón
y se echa en brazos de LEONOR

D. ÁLVARO (Con gran vehemencia.)

¡Ángel consolador del alma mía!
¿Van ya los santos cielos
a dar corona eterna a mis desvelos?
Me ahoga la alegría...
¿Estamos abrazados
para no vernos nunca separados?
Antes, antes la muerte.
Que de ti separarme y de perderte.

DOÑA LEONOR ¡Don Álvaro! (Muy agitada.)
D. ÁLVARO Mi bien, mi Dios, mi todo

¿Qué te agita y te turba de tal modo?
¿Te turba el corazón ver que tu amante
se encuentra en este instante
más ufano que el sol?... ¡Prenda adorada!

DOÑA LEONOR Es ya tan tarde...
D. ÁLVARO ¿Estabas enojada

porque tardé en venir? De mi retardo
no soy culpado, no, dulce señora;
hace más de una hora
que despechado aguardo
por estos alrededores
la ocasión de llegar, y ya temía
que de mi adversa estrella los rigores
hoy deshiciera la esperanza mía.
Mas no, mi bien, mi gloria, mi consuelo,
protege nuestro amor el santo cielo,
y una carrera eterna de ventura,
próvido a nuestras plantas asegura.
El tiempo no perdamos.
¿Está ya todo listo? Vamos, vamos.

CURRA Sí: bajo del balcón, Antonio, el guarda,

las maletas espera;
las echaré al momento. (Va hacia el balcón.)

DOÑA LEONOR Curra, aguarda

(Resuelta.)
detente...: ¡Ay Dios! ¿No fuera,
don Álvaro, mejor?...

D. ÁLVARO ¿Qué, encanto mío?...

¿Por qué tiempo perder?... La jaca torda,
la que, cual dices tú, los campos borda.
la que tanto te agrada
por su obediencia y brío,
para ti está, mi dueño, enjaezada,
para Curra el obero.
Para mí el alazán gallardo y fiero...
¡Oh, loco estoy de amor y de alegría!
En San Juan de Alfarache, preparado
todo, con gran secreto, lo he dejado.
El sacerdote en el altar espera;
Dios nos bendecirá desde su esfera:
y cuando el nuevo sol en el oriente
protector de mi estirpe soberana,
numen eterno en la región indiana,
la regia pompa de su trono ostente,
monarca de la luz, padre del día,
yo tu esposo seré, tú esposa mía.

DOÑA LEONOR Es tan tarde... ¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO Muchacha (A Curra.)

¿qué te detiene ya? Corre, despacha;
por el balcón esas maletas, luego

DOÑA LEONOR Curra, Curra, detente. (Fuera de sí.)

¡Don Álvaro!

D. ÁLVARO ¡Leonor!
DOÑA LEONOR ¡Dejadlo os ruego

para mañana!

D. ÁLVARO ¿Qué?
DOÑA LEONOR Más fácilmente...
D. ÁLVARO (Demudado y confuso.)

¿Qué es esto, qué, Leonor? ¿Te falta ahora
resolución?... ¡Ay yo desventurado!

DOÑA LEONOR ¡Don Álvaro! ¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO ¡Señora!
DOÑA LEONOR ¡Ay! me partís el alma...
D. ÁLVARO Destrozado

tengo yo el corazón... ¿Dónde está, dónde,
vuestro amor, vuestro firme juramento?
Mal con vuestra palabra corresponde
tanta irresolución en tal momento.
Tan súbita mudanza...
No os conozco, Leonor. ¿Llevóse el viento
de mi delirio toda la esperanza?
Sí, he cegado en el punto
en que alboraba el más risueño día.
Me sacarán difunto
de aquí, cuando inmortal salir creía.
Hechicera engañosa,
¿la perspectiva hermosa
que falaz me ofreciste así deshaces?
¡Pérfida! ¿Te complaces
en levantarme al trono del Eterno,
para después hundirme en el infierno?
... ¿Sólo me resta ya?...

DOÑA LEONOR (Echándose en sus brazos.) No, no, te adoro.

¡Don Álvaro!... ¡Mi bien!... vamos, sí, vamos,

D. ÁLVARO ¡Oh mi Leonor!
CURRA El tiempo no perdamos.
D. ÁLVARO ¡Mi encanto! ¡Mi tesoro!

(DOÑA LEONOR muy abatida se apoya en el
hombro de DON ÁLVARO, con muestras de desmayarse.)

¿Mas qué es esto?... ¡ay de mí!... ¡tu mano
yerta
Me parece la mano de una muerta...
Frío está tu semblante como la losa de un sepulcro helado...

DOÑA LEONOR ¡Don Álvaro!
D. ÁLVARO ¡Leonor! (Pausa.) Fuerza bastante

hay para todo en mí... ¡Desventurado!
La conmoción conozco que te agita,
inocente Leonor. Dios no permita
que por debilidad en tal momento
sigas mis pasos, y mi esposa seas.
Renuncio a tu palabra y juramento;
hachas de muerte las nupciales teas
fueran para los dos... Si no me amas,
como te amo yo a ti... Si arrepentida...

DOÑA LEONOR Mi dulce esposo, con el alma y vida

es tuya tu Leonor; mi dicha fundo
en seguirte hasta el fin del ancho mundo.
Vamos, resuelta estoy, fijé mi suerte;
separarnos podrá sólo la muerte.
(Van hacia el balcón,
cuando de repente se oye ruido,
ladridos, y abrir y cerrar puertas.)

DOÑA LEONOR ¡Dios mío! ¿Qué ruido es éste? ¡Don Álvaro!
CURRA Parece que han abierto la puerta del patio...

y la de la escalera...

DOÑA LEONOR ¿Se habrá puesto malo mi padre?...
CURRA ¡Qué! No señora, el ruido viene de otra parte.
DOÑA LEONOR ¿Habrá llegado alguno de mis hermanos?
DON ÁLVARO Vamos, vamos, Leonor, no perdamos un instante.

(Vuelven hacia el balcón, y de repente
se ve por él el resplandor de hachones
de viento, y se oye galopar caballos.)

DOÑA LEONOR Somos perdidos...

Estamos descubiertos...
imposible es la fuga.

DON ÁLVARO Serenidad es necesario en todo caso.
CURRA La Virgen del Rosario nos valga,

y las ánimas benditas...
¿Qué será de mi pobre Antonio?
(Se asoma al balcón y grita.) Antonio, Antonio.

DON ÁLVARO Calla, maldita,

no llames la atención hacia este lado;
entorna el balcón.
(Se acerca el ruido de puertas y pisadas.)

DOÑA LEONOR ¡Ay desdichada de mí!...

Don Álvaro, escóndete... aquí... en mi alcoba...

DON ÁLVARO (Resuelto.) No, yo no me escondo...

No te abandono en tal conflicto.
(Prepara una pistola.) Defenderte y salvarte es mi obligación.

DOÑA LEONOR (Asustadísima.) ¿Qué intentas?

¡Ay! retira esa pistola, que me hiela la sangre...
Por Dios suéltala...
¿La dispararás contra mi buen padre?...
¿Contra alguno de mis hermanos?...
¿Para matar a alguno de los fieles
y antiguos criados de esta casa?

DON ÁLVARO (Profundamente confundido.) No, no, amor mío...

la emplearé en dar fin a mi desventurada vida.

DOÑA LEONOR ¡Qué horror! ¡Don Álvaro!


Don Álvaro o La fuerza del sino del Duque de Rivas
Personas

Jornada primera - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada segunda - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada tercera - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Jornada cuarta - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada quinta - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII- IX - X - Última

Escena octava
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Don Álvaro o La fuerza del sino - Primera jornada


Ábrese la puerta con estrépito después de varios golpes en ella, y entra EL MARQUÉS en bata y gorro con un espadín desnudo en la mano, y detrás dos criados mayores con luces


MARQUÉS (Furioso.) Vil seductor... hija infame.
DOÑA LEONOR (Arrojándose a los pies de su padre.)

¡¡¡Padre!!! ¡¡¡padre!!!

MARQUÉS No soy tu padre... aparta... Y tú, vil advenedizo...
DON ÁLVARO Vuestra hija es inocente... Yo soy el culpado... Atravesadme el pecho. (Hinca una rodilla.)
MARQUÉS Tu actitud suplicante manifiesta lo bajo de tu condición...
DON ÁLVARO (Levantándose.) ¡Señor marqués!... ¡Señor marqués!
MARQUÉS (A su hija.)

Quita, mujer inicua.
(A Curra, que le sujeta el brazo.)
¿Y tú, infeliz... osas tocar a tu señor?
(A los criados.)
Ea, echaos sobre ese infame, sujetadle, atadle...

DON ÁLVARO (Con dignidad.)

Desgraciado del que me pierda el respeto.
 (Saca una pistola y la monta.)

DOÑA LEONOR (Corriendo hacia don Álvaro.)

¡Don Álvaro!... ¿qué vais a hacer?

MARQUÉS Echaos sobre él al punto.
DON ÁLVARO Ay de vuestros criados si se mueven; vos sólo tenéis derecho para atravesarme el corazón.
MARQUÉS ¡Tú a morir a manos de un caballero? No, morirás a las del verdugo.
DON ÁLVARO ¡Señor marqués de Calatrava!... Mas ¡ah! no: tenéis derecho para todo... Vuestra hija es inocente... tan pura como el aliento de los ángeles que rodean el trono del Altísimo.

La sospecha a que puede dar origen mi presencia aquí a tales horas concluya con mi muerte; salga envolviendo mi cadáver como si fuera mortaja... Sí, debo morir... pero a vuestras manos.
(Pone una rodilla en tierra.)
Espero resignado el golpe, no lo resistiré: ya me tenéis desarmado.
(Tira la pistola, que al dar en tierra se dispara y hiere al marqués, que cae moribundo en los brazos de su hija y de los criados, dando un alarido.)

MARQUÉS Muerto soy... ¡ay de mí!...
DON ÁLVARO ¡Dios mío! ¡Arma funesta! ¡Noche terrible!
DOÑA LEONOR ¡Padre, padre!!!
MARQUÉS Aparta; sacadme de aquí... donde muera sin que esta vil me contamine con tal nombre...
DOÑA LEONOR ¡Padre!...
MARQUÉS Yo te maldigo.

(Cae LEONOR en brazos de DON ÁLVARO,
que la arrastra hacia el balcón.)


Filigrana.svg FIN DE LA PRIMERA JORNADA Filigrana.svg


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