Don Álvaro o La fuerza del sino: 08

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Escena sexta
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Don Álvaro o La fuerza del sino - Primera jornada


CURRA va detrás del MARQUÉS, cierra la puerta por
donde aquél se ha ido, y vuelve cerca de LEONOR

CURRA ¡Gracias a Dios!... me temí

que todito se enredase,
y que señor se quedase
hasta la mañana aquí.
¡Qué listo cerró el balcón!...
Que por el del palomar
vamos las dos a volar
le dijo su corazón.
Abrirlo sea lo primero (Ábrelo.)
ahora lo segundo es
cerrar las maletas. Pues
salgan ya de su agujero.
(Saca CURRA unas maletas y ropa, y se pone a arreglarlo
todo sin que en ello repare DOÑA LEONOR.)

DOÑA LEONOR ¡Infeliz de mí!... ¡Dios mío!

¿Por qué un amoroso padre,
que por mí tanto desvelo
tiene, y cariño tan grande,
se ha de oponer tenazmente
(¡ay, el alma se me parte!...)
a que yo dichosa sea,
y pueda feliz llamarme?
¿Cómo, quien tanto me quiere
puede tan cruel mostrarse?
Más dulce mi suerte fuera
si aun me viviera mi madre.

CURRA ¿Si viviera la señora?

usted está delirante.
Más vana que señor era:
señor al cabo es un ángel,
¡Pero ella!... Un genio tenía
y un copete... Dios nos guarde.
Los señores de esta tierra
son todos de un mismo talle.
Y si alguna señorita
busca un novio que le cuadre,
como no esté en pergaminos
envuelto, levantan tales
alaridos... ¿Mas qué importa
cuando hay decisión bastante?
...Pero no perdamos tiempo;
venga usted, venga a ayudarme,
porque yo no puedo sola...

DOÑA LEONOR ¡Ay, Curra!... ¡Si penetrases

cómo tengo el alma! Fuerza
me falta hasta para alzarme
de esta silla... ¡Curra, amiga!
lo confieso, no lo extrañes,
no me resuelvo, imposible...
Es imposible. ¡Ah!... ¡mi padre!
sus palabras cariñosas,
sus extremos, sus afanes,
sus besos y sus abrazos,
eran agudos puñales
que el pecho me atravesaban.
Si se queda un solo instante
no hubiera más resistido...
Ya iba a sus pies a arrojarme,
y confundida, aterrada,
mi proyecto a revelarle;
y a morir, ansiando solo
que su perdón me acordase.

CURRA ¡Pues hubiéramos quedado

frescas, y echado un buen lance!
Mañana vería usted
revolcándose en su sangre,
con la tapa de los sesos,
levantada, al arrogante,
al enamorado, al noble
don Álvaro. O arrastrarle
como un malhechor, atado
por entre estos olivares
a la cárcel de Sevilla;
y allá para Navidades
acaso, acaso en la horca.

DOÑA LEONOR ¡Ay, Curra!...El alma me partes.
CURRA Y todo esto, señorita,

porque la desgracia grande
tuvo el infeliz de veros,
y necio de enamorarse
de quien no le corresponde,
ni resolución bastante
tiene para...

DOÑA LEONOR Basta, Curra;

no mi pecho despedaces.
¿Yo a su amor no correspondo?
Que le correspondo sabes...
Por él mi casa y familia,
mis hermanos y mi padre
voy a abandonar, y sola...

CURRA Sola no, que yo soy alguien,

y también Antonio va,
y nunca en ninguna parte
la dejaremos... ¡Jesús!

DOÑA LEONOR ¿Y mañana?
CURRA Día grande.

Usted la adorada esposa
será del más adorable,
rico y lindo caballero
que puede en el mundo hallarse,
y yo la mujer de Antonio:
y a ver tierras muy distantes
iremos ambas... ¡qué bueno!

DOÑA LEONOR ¿Y mi anciano y tierno padre?
CURRA ¿Quién?... ¿Señor?... rabiará un poco,

pateará, contará, el lance
al Capitán general
con sus pelos y señales;
fastidiará al Asistente,
y también a sus compadres
el canónigo, el jurado
y los vejetes maestrantes;
saldrán mil requisitorias
para buscarnos en balde,
cuando nosotras estemos
ya seguritas en Flandes.
Desde allí escribirá usted,
y comenzará a templarse
señor, y a los nueve meses,
cuando sepa hay un infante,
que tiene sus mismos ojos,
empezará a consolarse.
Y nosotras chapurrando,
que no nos entienda nadie,
volveremos de allí a poco,
a que con festejos grandes
nos reciban, y todito
será banquetes y bailes.

DOÑA LEONOR ¿Y mis hermanos del alma?
CURRA ¡Toma! ¡Toma!... Cuando agarren

del generoso cuñado,
uno con que hacer alarde
de vistosos uniformes
y con que rendir beldades;
y el otro para libracos,
merendonas y truhanes,
reventarán de alegría.

DOÑA LEONOR No corre en tus venas sangre.

¡Jesús, y qué cosas tienes!

CURRA Porque digo las verdades.
DOÑA LEONOR ¡Ay desdichada de mí!
CURRA Desdichada por cierto grande

el ser adorado dueño
del mejor de los galanes.
Pero vamos, señorita,
ayúdeme usted, que es tarde.

DOÑA LEONOR Sí, tarde es, y aun no parece

don Álvaro... ¡Oh, si faltase
esta noche!...¡Ojalá!...¡Cielos!...
Que jamás estos umbrales
hubiera pisado, fuera
mejor... No tengo bastante
resolución... lo confieso.
Es tan duro el alejarse
así de su casa... ¡ay triste!
(Mira el reloj y sigue en inquietud.)
Las doce han dado... ¡qué tarde
es ya, Curra! No, no viene.
¿Habrá en esos olivares
tenido algún mal encuentro?
Hay siempre en el Aljarafe
tan mala gente... Y Antonio
¿estará alerta?

CURRA Indudable

es que está de centinela

DOÑA LEONOR ¡Curra!... ¿Qué suena?... ¿Escuchaste?

(Con gran sobresalto.)

CURRA Pisadas son de caballos.
DOÑA LEONOR ¡Ay! él es... (Corre al balcón.)
CURRA Si que faltase

era imposible...

DOÑA LEONOR ¡Dios mío! (Muy agitada.)
CURRA Pecho al agua, y adelante.


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