Don Álvaro o La fuerza del sino: 24

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Escena cuarta
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Don Álvaro o La fuerza del sino - Tercera jornada


DON ÁLVARO y DON CARLOS, con las espadas desnudas

D. ÁLVARO Huyeron... ¿Estáis herido?
D. CARLOS Mil gracias os doy, señor;

sin vuestro heroico valor
de cierto estaba perdido;
y no fuera maravilla:
eran siete contra mí,
y cuando grité me vi
en tierra ya una rodilla.

D. ÁLVARO ¿Y herido estáis?
D. CARLOS (Reconociéndose.) Nada siento.

(Envainan.)

D. ÁLVARO ¿Quiénes eran?
D. CARLOS Asesinos.
D. ÁLVARO ¿Cómo osaron tan vecinos

de un militar campamento?...

D. CARLOS Os lo diré francamente;

fue contienda sobre el juego.
Entré sin pensarlo ciego
en un casuco indecente...

D. ÁLVARO Ya caigo, aquí a mano diestra...
D. CARLOS Sí.
D. ÁLVARO Que extrañe perdonad,

que un hombre de calidad,
cuál vuestro esfuerzo demuestra,
entrara en tal gazapón,
donde sólo va la hez,
la canalla más soez,
de la milicia borrón.

D. CARLOS Sólo el ser recién llegado

puede, señor, disculparme;
vinieron a convidarme,
y accedí deslumbrado.

D. ÁLVARO ¿Con qué ha poco estáis aquí?
D. CARLOS Diez días ha que llegué

a Italia; dos sólo que
al cuartel general fui.
Y esta tarde al campamento
con comisión especial
llegué de mi general,
para el reconocimiento
de mañana. Y si no fuera
por vuestra espada y favor,
mi carrera sin honor
ya estuviera terminada.
Mi gratitud sepa, pues,
a quien la vida he debido,
porque el ser agradecido
la obligación mayor es
para el hombre bien nacido.

D. ÁLVARO (Con indiferencia.) Al acaso.
D. CARLOS (Con expresión.) Que me deis

vuestro nombre a suplicaros
me atrevo. Y para obligaros,
primero el mío sabréis.
Siento no decir verdad: (Aparte.)
soy don Félix de Avendaña,
que he venido a esta campaña
sólo por curiosidad.
Soy teniente coronel,
y del general Briones
ayudante: relaciones
tengo de sangre con él.

D. ÁLVARO ¡Qué franco es, y qué expresivo! (Aparte.)

Me cautiva el corazón.

D. CARLOS Me parece que es razón

que sepa yo por quién vivo,
pues la gratitud es ley.

D. ÁLVARO Soy... don Fadrique de Herreros,

capitán de granaderos
del regimiento del Rey.

D. CARLOS (Con grande admiración y entusiasmo.)

¿Sois... ¡grande dicha es la mía!
del ejército español
la gloria, el radiante sol
de la hispana valentía?

D. ÁLVARO Señor...
D. CARLOS Desde que llegué

a Italia, sólo elogiaros
y prez de España llamaros
por donde quiera escuché.
Y de español tan valiente
anhelaba la amistad.

D. ÁLVARO Con ella, señor, contad,

que me honráis muy altamente.
Y según os he encontrado
contra tantos combatiendo
bizarramente, comprendo
que seréis muy buen soldado.
Y la gran cortesanía
que en vuestro trato mostráis
dice a voces que gozáis
de aventajada hidalguía.
(Empieza a amanecer.)
Venid, pues, a descansar
a mi tienda.

D. CARLOS Tanto honor,

será muy corto, señor,
que el alba empieza a asomar.
(Se oye a lo lejos tocar generala a las bandas de tambores.)

D. ÁLVARO Y por todo el campamento,

de los tambores el son
convoca a la formación.
Me voy a mi regimiento.

D. CARLOS Yo también, y a vuestro lado

asistiré en la pelea,
donde os admire y os vea
como a mi ejemplo y dechado.

D. ÁLVARO Favorecedor y amigo,

si sois cual cortés valiente,
yo de vuestro arrojo ardiente
seré envidioso testigo. (Vanse.)


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