Don Álvaro o La fuerza del sino: 31

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Escena primera
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Don Álvaro o La fuerza del sino - Cuarta jornada


DON ÁLVARO y DON CARLOS

D. CARLOS Hoy que vuestra cuarentena dichosamente cumplís,

¿de salud cómo os sentís?
¿Es completamente buena?...
¿Reliquia alguna notáis
de haber tanto padecido?
¿Del todo restablecido,
y listo y fuerte os halláis?

D. ÁLVARO Estoy como si tal cosa;

nunca tuve más salud,
y a vuestra solicitud
debo mi cura asombrosa.
Sois excelente enfermero:
ni una madre por un hijo
muestra un afán más prolijo,
tan gran cuidado y esmero.

D. CARLOS En extremo interesante

me era la vida salvaros.

D. ÁLVARO ¿Y con qué, amigo, pagaros

podré interés semejante?
Y aunque gran mal me habéis hecho
en salvar mi amarga vida,
será eterna y sin medida
la gratitud de mi pecho.

D. CARLOS ¿Y estáis tan repuesto y fuerte,

que sin ventaja pudiera
un enemigo cualquiera?

D. ÁLVARO Estoy, amigo, de suerte,

que en casa del coronel
he estado ya a presentarme,
y de alta acabo de darme
ahora mismo en el cuartel.

D. CARLOS ¿De veras?
D. ÁLVARO ¿Os enojáis

porque ayer no os dije acaso
que iba hoy a dar este paso?
Como tanto me cuidáis,
que os opusierais temí;
y estando sano, en verdad,
vivir en la ociosidad
no era honroso para mí.

D. CARLOS ¿Conque ya no os duele nada,

ni hay asomo de flaqueza
en el pecho, en la cabeza,
ni en el brazo de la espada?

D. ÁLVARO No... Pero parece que

algo amigo, os atormenta,
y que acaso os descontenta
el que yo tan bueno esté.

D. CARLOS ¡Al contrario!... Al veros bueno,

capaz de entrar en acción,
palpita mi corazón,
del placer más alto lleno.
Solamente no quisiera
que os engañara el valor,
y que el personal vigor
en una ocasión cualquiera...

D. ÁLVARO ¿Queréis pruebas?
D. CARLOS (Con vehemencia.) Las deseo.
D. ÁLVARO A la descubierta vamos

de mañana, y enredamos
un rato de tiroteo.

D. CARLOS La prueba se puede hacer,

pues que estáis fuerte, sin ir
tan lejos a combatir,
que no hay tiempo que perder.

D. ÁLVARO No os entiendo (Confuso.)
D. CARLOS ¿No tendréis,

sin ir a los imperiales,
enemigos personales
con quien probaros podréis?

D. ÁLVARO ¿A quién le faltan? -Mas no

lo que me decís comprendo.

D. CARLOS Os lo está a voces diciendo

más la conciencia que yo.
Disimular fuera vano...
vuestra turbación es harta...
¿Habéis recibido carta
de don Álvaro el indiano?

D. ÁLVARO (Fuera de sí.) ¡Ah traidor!... ¡Ah fementido

violaste infame un secreto,
que yo débil, yo indiscreto,
moribundo... inadvertido...

D. CARLOS ¿Qué osáis pensar?... Respeté

vuestros papeles sellados,
que los que nacen honrados
se portan cual me porté.
El retrato de la infame
vuestra cómplice os perdió,
y sin lengua me pidió
que el suyo y mi honor reclame.
Don Carlos de Vargas soy,
que por vuestro crimen es
de Calatrava marqués:
temblad, que ante vos estoy.

D. ÁLVARO No sé temblar... Sorprendido,

sí, me tenéis...

D. CARLOS No lo extraño.
D. ÁLVARO ¿Y usurpar con un engaño

mi amistad, honrado ha sido?
¡Señor marqués!...

D. CARLOS De esta suerte

no me permito
llamar,
que sólo he de titular
después de daros la muerte.

D. ÁLVARO Aconteceros pudiera

sin el título morir.

D. CARLOS Vamos pronto a combatir,

quedemos o dentro o fuera.
Vamos donde mi furor...

D. ÁLVARO Vamos, pues, señor don Carlos,

que si nunca fue a buscarlos,
no evito los lances de honor.
Mas esperad, que en el alma
del que goza de hidalguía,
no es furia la valentía,
y esta obra siempre con calma.
Sabéis que busco la muerte,
que los riesgos solicito,
pero con vos necesito
comportarme de otra suerte;
Y explicaros...

D. CARLOS Es perder

tiempo toda explicación.

D. ÁLVARO No os neguéis a la razón,

que suele funesto ser.
Pues trataron las estrellas
por raros modos de hacernos
amigos, ¿a qué oponernos
a lo que buscaron ellas?
Si nos quisieron unir
de mutuos y altos servicios
con los vínculos propicios,
no fue, no, para reñir.
Tal vez fue para enmendar
la desgracia inevitable,
de que no fui yo culpable.

D. CARLOS ¿Y me osáis recordar?
D. ÁLVARO ¿Teméis que vuestro valor

se disminuya y se asombre,
si halla en su contrario un hombre
de nobleza y pundonor?

D. CARLOS ¡Nobleza un aventurero!

¡Honor un desconocido!
¡¡¡Sin padre, sin apellido,
advenedizo, altanero!!!

D. ÁLVARO ¡Ay, que ese error a la muerte,

por más que lo evite yo,
a vuestro padre arrastró!...
No corráis la misma suerte.
Y que infundados agravios
e insultos no ofenden, muestra
el que está ociosa mi diestra
sin arrancaros los labios.
Si un secreto misterioso
romper hubiera podido.
¡Oh!... cuán diferente sido...

D. CARLOS Guardadlo, no soy curioso.

Que sólo anhelo venganza,
y sangre.

D. ÁLVARO ¿Sangre?... La habrá.
D. CARLOS Salgamos al campo ya.
D. ÁLVARO Salgamos sin más tardanza.

(Deteniéndose.)
Mas, don Carlos... ¡ah! ¿podréis
sospecharme con razón
de falta de corazón?
No, no, que me conocéis.
Si el orgullo, principal
y tan poderoso agente
en las acciones del ente
que se dice racional,
satisfecho tengo ahora,
esfuerzos no he de omitir,
hasta aplacar conseguir
ese furor que os devora.
Pues mucho repugno yo
el desnudar el acero
con el hombre que primero,
dulce amistad me inspiró.
Yo a vuestro padre no herí,
le hirió sólo su destino.
Y yo, a aquel ángel divino,
ni seduje, ni perdí.
Ambos nos están mirando:
desde el cielo: mi inocencia
ven, esa ciega demencia
que os agita, condenando.

D. CARLOS (Turbado.)

¿Pues qué?... ¿Mi hermana?... ¿Leonor?...
(Que con vos aquí no está
lo tengo aclarado ya.)
¿Mas cuándo ha muerto?... ¡Oh furor!

D. ÁLVARO Aquella noche terrible

llevándola yo a un convento,
exánime, y sin aliento,
se trabó un combate horrible
al salir del olivar
entre mis fieles criados
y los vuestros irritados,
y no la pude salvar.
Con tres heridas caí,
y un negro de puro fiel
(fidelidad bien cruel)
veloz me arrancó de allí,
falto de sangre y sentido:
tuvo en Gelves larga cura,
con accesos de locura:
y apenas restablecido
ansioso empecé a indagar
de mi único bien la suerte;
y supe ¡ay Dios! que la muerte
en el oscuro olivar

D. CARLOS (Resuelto.) Basta, imprudente impostor;

¿y os precias de caballero?...
¿Con embrollo tan grosero
queréis calmar mi furor?
Deponed tan necio engaño:
después del funesto día,
en Córdoba con su tía,
mi hermana ha vivido un año.
Dos meses ha que fui yo
a buscarla, y no la hallé.
Pero de cierto indagué
que al verme llegar huyó.
Y el perseguirla he dejado,
porque sabiendo yo allí
que vos estabais aquí,
me llamó mayor cuidado.

D. ÁLVARO (Muy conmovido.)

¡Don Carlos!... ¡Señor!... ¡Amigo!
¡Don Félix!... ¡ah!... Tolerad
que el nombre que en amistad
tan tierno os unió conmigo
use en esta situación.
¡Don Félix!... soy inocente;
bien lo podéis ver patente
en mi nueva agitación.
¡Don Félix!... ¡Don Félix!... ¡ah!...
¿Vive?... ¿Vive?... ¡Oh justo Dios!

D. CARLOS Vive; ¿y qué os importa a vos?

muy pronto no vivirá.

D. ÁLVARO Don Félix, mi amigo; sí.

Pues que vive vuestra hermana
la satisfacción es llana
que debéis tomar de mí.
A buscarla juntos vamos;
muy pronto la encontraremos,
y en santo nudo estrechemos,
la amistad que nos juramos.
¡Oh!... Yo os ofrezco, yo os juro
que no os arrepentiréis,
cuando a conocer lleguéis
mi origen excelso y puro:
Al primer grande español
no le cedo en jerarquía,
en más alta mi hidalguía
que el trono del mismo sol.

D. CARLOS ¿Estáis, don Álvaro, loco?

¿Qué es lo que pensar osáis?
¿Qué proyectos abrigáis?
¿Me tenéis a mí en tan poco?
Ruge entre los dos un mar
de sangre... ¿Yo al matador
de mi padre y de mi honor
pudiera hermano llamar?
¡Oh afrenta! Aunque fuerais rey.
Ni la infame ha de vivir.
No, tras de vos va a morir,
que es de mi venganza ley.
Si a mí vos no me matáis,
al punto la buscaré,
y la misma espada que
con vuestra sangre tiñáis,
en su corazón...

D. ÁLVARO Callad.

Callad... ¿delante de mí
osasteis?...

D. CARLOS Lo juro, sí;

lo juro...

D. ÁLVARO ¿El qué?... Continuad.
D. CARLOS La muerte de la malvada,

en cuanto acabe con vos.

D. ÁLVARO Pues no será, vive Dios,

que tengo brazo y espada.
Vamos... Libertarla anhelo
de su verdugo. Salid.

D. CARLOS A vuestra tumba venid.
D. ÁLVARO Demandad perdón al cielo.


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