Don Álvaro o La fuerza del sino: 48

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Escena novena
Pág. 48 de 50
Don Álvaro o La fuerza del sino - Quinta jornada


El teatro representa un valle rodeado de riscos inaccesibles y de malezas, atravesado por un arroyuelo.
Sobre un peñasco accesible con dificultad, y colocado al fondo, habrá una medio gruta, medio ermita con puerta practicable,
y una campana que pueda sonar y tocarse desde dentro; el cielo representará el ponerse el sol de un día borrascoso,
se irá oscureciendo lentamente la escena y aumentándose los truenos y relámpagos,
DON ÁLVARO y DON ALFONSO salen por un lado



D. ALFONSO De aquí no hemos de pasar.
D. ÁLVARO No, que tras de estos tapiales,

bien sin ser vistos, podemos
terminar nuestro combate.
Y aunque en hollar este sitio
cometo un crimen muy grande,
hoy es de crímenes día,
y todos han de apurarse.
De uno de los dos la tumba
se está abriendo en este instante.

D. ALFONSO Pues no perdamos más tiempo,

y que las espadas hablen.

D. ÁLVARO Vamos: mas antes es fuerza

que un gran secreto os declare,
pues que de uno de nosotros
es la muerte irrevocable:
y si yo caigo es forzoso
que sepáis en este trance
a quién habéis dado muerte,
que puede ser importante.

D. ALFONSO Vuestro secreto no ignoro.

Y era el mejor de mis planes
(para la sed de venganza
saciar que en mis venas arde)
después de heriros de muerte
daros noticias tan grandes,
tan impensadas y alegres,
de tan feliz desenlace,
que al despecho de saberlas,
de la tumba en los umbrales,
cuando no hubiese remedio,
cuando todo fuera en balde,
el fin espantoso os diera,
digno de vuestras maldades.

D. ÁLVARO Hombre, fantasma o demonio,

que ha tomado humana carne
para hundirme en los infiernos,
para perderme... ¿qué sabes?...

D. ALFONSO Corrí el nuevo mundo... ¿tiemblas?

vengo de Lima... esto baste.

D. ÁLVARO No basta, que es imposible

que saber quién soy lograses.

D. ALFONSO De aquel virrey fementido

que (pensando aprovecharse
de los trastornos y guerras,
de los disturbios y males
que la sucesión al trono
trajo a España) formó planes
de tomar su virreinato
en imperio, y coronarse,
casando con la heredera
última de aquel linaje
de los Incas (que en lo antiguo,
del mar del Sur a los Andes
fueron los emperadores)
eres hijo. -De tu padre,
las traiciones descubiertas,
aún a tiempo de evitarse,
con su esposa, en cuyo seno
eras tú ya peso grave,
huyó a los montes, alzando
entre los indios salvajes
de traición y rebeldía
al sacrílego estandarte.
No los ayudó la fortuna,
pues los condujo a la cárcel
de Lima, do tú naciste...
(Hace extremos de indignación y sorpresa DON ÁLVARO.)
Oye espera hasta que acabe.
El triunfo del rey Felipe
y su clemencia notable,
suspendieron la cuchilla
que ya amagaba a tus padres;
y en una prisión perpetua
convirtió el suplicio infame.
Tú entre los indios creciste,
como fiera te educaste,
y viniste ya mancebo
con oro y con favor grande,
a buscar completo indulto
para tus traidores padres.
Mas no, que viniste sólo
para asesinar cobarde,
para seducir inicuo,
y para que yo te mate.

D. ÁLVARO Vamos a probarlo al punto. (Despechado).
D. ALFONSO Ahora tienes que escucharme.

Que has de apurar, vive el cielo,
hasta las heces el cáliz.
Y si, por ser mi destino,
consiguieses el matarme,
quiero allá en tu aleve pecho
todo un infierno dejarte.
El rey benéfico acaba
de perdonar a tus padres.
Ya están libres y repuestos
en honras y dignidades.
La gracia alcanzó tu tío,
que goza favor notable,
y andan todos tus parientes
afanados por buscarte
para que tenga heredero...

D. ÁLVARO (Muy turbado y fuera de sí.)

Ya me habéis dicho bastante...
No sé dónde estoy, ¡o cielos!...
Si es cierto, si son verdades
las noticias que dijisteis...
(Enternecido y confuso.)
¡Todo puede repararse!
Si Leonor existe, todo:
¿veis lo ilustre de mi sangre?
¿Veis...

D. ALFONSO Con sumo gozo veo

que estáis ciego y delirante.
¿Qué es reparación?... Del mundo
amor, gloria, dignidades
no son para vos... Los votos
religiosos e inmutables
que os ligan a este desierto,
esa capucha, ese traje,
capucha y traje que encubren
a un desertor, que al infame
suplicio escapó en Italia,
de todo incapaz os hacen.
Oye cual truena indignado (Truena.)
contra ti el cielo... Esta tarde
completísimo es mi triunfo.
Un sol hermoso y radiante
te he descubierto, y de un soplo
luego he sabido apagarle.

D. ÁLVARO (Volviendo al furor).

¿Eres monstruo del infierno,
prodigio de atrocidades?

D. ALFONSO Soy un hombre rencoroso

que tomar venganza sabe.
Y porque sea más completa,
te digo que no te jactes
de noble... eres un mestizo
fruto de traiciones.

D. ÁLVARO (En el extremo de la desesperación.) Baste.

¡Muerte y exterminio! ¡Muerte
para los dos! Yo matarme
sabré, en teniendo el consuelo
de beber tu inicua sangre.
(Toma la espada, combaten y cae herido DON ALFONSO.)

DON ALFONSO Ya lo conseguiste...

¡Dios mío! ¡Confesión!
Soy cristiano... Perdonadme... Salva mi alma...

DON ÁLVARO (Suelta la espada y queda como petrificado.)

¡Cielos!... ¡Dios mío!...
¡Santa Madre de los Ángeles!...
¡Mis manos tintas en sangre...
en sangre de Vargas!...

DON ALFONSO ¡Confesión! ¡Confesión!...

Conozco mi crimen y me arrepiento...
Salvad mi alma, vos que sois ministro del Señor...

DON ÁLVARO (Aterrado.)

¡No, yo no soy más que un réprobo,
presa infeliz del demonio!
Mis palabras sacrílegas aumentarían vuestra condenación.
Estoy manchado de sangre, estoy irregular...
Pedid a Dios misericordia...
Y... esperad... cerca vive un santo penitente...
podrá absolveros...
Pero está prohibido acercarse a su mansión...
¿Qué importa?: yo que he roto todos los vínculos,
que he hollado todas las obligaciones...

DON ALFONSO ¡Ah! por caridad, por caridad...
DON ÁLVARO Sí; voy a llamarlo... al punto...
DON ALFONSO Apresuraos, Padre... ¡Dios mío!

(DON ÁLVARO corre a la ermita y golpea la puerta).

DOÑA LEONOR (Dentro.) ¿Quién se atreve a llamar a esta puerta?

Respetad este asilo.

DON ÁLVARO Hermano, es necesario salvar un alma, socorrer a un moribundo:

venid a darle el auxilio espiritual.

DOÑA LEONOR (Dentro.) Imposible, no puedo, retiraos.
DON ÁLVARO Hermano, por el amor de Dios.
DOÑA LEONOR (Dentro.) No, no, retiraos.
DON ÁLVARO Es indispensable, vamos. (Golpea fuertemente la puerta)
DOÑA LEONOR (Dentro, tocando la campanilla).

¡Socorro! ¡Socorro!


<<<
>>>

Don Álvaro o La fuerza del sino del Duque de Rivas

Personas

Jornada primera - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada segunda - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada tercera - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII - IX

Jornada cuarta - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII

Jornada quinta - escena - I - II - III - IV - V - VI - VII - VIII- IX - X - Última