Don Fermín Peralta

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
El Museo universal (1868)
Don Fermín Peralta
 de R.

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

De la serie:

ANALES DE LA VIRTUD.


DON FERMIN PERALTA

SALVADOR DE DOS NIÑOS SUMERGIDOS EN EL ESTANQUE DEL RETIRO DE ESTA CÓRTE.

El Museo Universal que desde su creación ha consignado en sus columnas cuantos hechos merecen ser conocidos y perpetuados, no podia ser indiferente al que durante unos dias ha tenido el privilegio de interesar á todos los corazones, y hoy va ú ocuparse de él en breves líneas.

Jugando el día 6 del corriente tres niños en el estanque del Retiro, sobre cuya helada superficie les arrojaban algunos de los muchos espectadores, monedas y naranjas, que aquellos corrían á coger, rompióse de improviso el hielo en un punto que ofrecía débil resistencia, y los niños se sumergieron en el agua.

Un grito de horror partió de todos los labios, al ocurrir el terrible accidente; mas de mil personas, entre ellas algunos agentes de la autoridad, lo presenciaron, según nuestras noticias, y segura mente no hubo una que no sintiera los generosos impulsos que mueven á las acciones heroicas; pero ya por el temor natural á la muerte, ya porque la sorpresa misma paralizase todos los movimientos, es lo cierto que nadie se disponía á obrar, cuando un joven, que nada habia visto, que acababa de llegar al sitio de la desgracia, apenas enterado de ella,despojándose presurosamente de su ropa esterior, se arrojó al estanque, y después de mil afanes, consiguió salvará dos de los tres niños, no pudiendo hacerlo mismo con el terrero porque el frío, que era de tU grados bajo cero, entumecía ya sus miembros y le quitaba las fuerzas. El otro niño fue luego estraido con pocas esperanzas de vida, por un marino que hizo cuanto pudo por ayudar al joven, y es por tanto digno de algún premio.

DON FERMIN PERALTA.

La persona que con tan grande abnegación habia arriesgado su existencia, fue envuelta después en ropas secas y trasladada en un coche á su casa, calle de la Aduana, núm. 6, cuarto segundo, teniendo la fortuna de no esperimentar posteriormente alteración sensible en su salud.

Este joven, de unos veinte años de edad, se llama don Fermín Peralta, es natural de Berja, provincia de Almeria, y cursa primer año de Medicina.

Al tener noticia de este sublime rasgo de caridad, muchas personas visitaron á don Fermin Peralta, deseosas de conocerle, y asi los particulares, como la prensa, y Madrid entero le han manifestado sus simpatías, colmándolo de bendiciones.

El señor gobernador de la provincia lo llamó á su despacho, tributándole los elogios á que le bacía acreedor su conducta heroica, y anunciándole que le habia propuesto para la cruz de primera clase de Beneficencia, que, en efecto, le ha sido concedida de real orden.

La corporación municipal de esta córte parece que trata igualmente de significarle su aprecio, haciéndole un obsequio digno de ella y del que ha de ser objeto del mismo: por último, se dice que el rector de la Universidad trató de proporcionarle colocación en la Facultad de Medicina, y sus condiscípulos de darle una muestra de caríño y entusiasmo.

El Museo se asocia á todas estas manifestaciones, y tiene el gusto de tomar parte en ellas, dando un grabado hecho en vista de una fotografía que reproduce fielmente la noble y bondadosa fisonomía del señor Peralta, cuya modestia, declarémoslo en honor suyo, nos ha costado no pocos ruegos vencer, para que nos permitiese dar su retrato.

Alumno de la Facultad de Medicina, el señor Peralta principia bajo los mas felices auspicios una carrera, cuya práctica, si bien va acompañada de amarguras y penalidades sin cuento, ofrece ancho campo, en donde almas como la suya pueden dar espansion á los mas dulces sentimientos.,El señor Peralta, de quien se refiere asimismo, que, siendo practicante en un hospital, se despojó de su ropa blanca interior para hacer un vendaje con que curar á un paciente, por no hallar á la mano lienzo á propósito, sin duda da recibido del cielo el genio de la caridad, y la caridad unida á la ciencia que ha de adquirir, y que, en ocasiones, exigen la mayor abnegación, hacen esperar fundadamente una vida fecunda en acciones benéficas y dignas de alabanza.

R.