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Dos novelas del Miño

De Wikisource, la biblioteca libre.
Dos novelas del Miño (1919)
de Camilo Castelo Branco
traducción de Pedro Blanco Suárez


CAMILLO CASTELLO-BRANCO

Dos novelas del Miño


La traducción del portugués ha
sido hecha por P. Blanco Suárez.





MADRID-BARCELONA
MCMXIX

Las narraciones incluídas en este volumen forman parte de la colección Novellas do Minho[1], publicadas por su autor, Camillo Castello-Branco, entre 1875 y 1877.

Aunque para muchos sea supérflua la indicación que sigue, tal vez no esté demás advertir que la palabra "novella" tiene en la lengua portuguesa el mismo sentido que en otros idiomas romances (francés, italiano), y que tuvo en el nuestro; sentido que perdió más tarde: razón por la cual tenemos que valernos en la actualidad de la expresión "novela corta".

Podría decirse que las Novelas del Miño cierran la época más característica de la producción literaria de Camillo Castello-Branco, época en que él se afirma como novelista, en que depura y fortalece su estilo—el más enérgico quizú, si no el más elegante, de la moderna prosa portuguesa, y en que, libre de todo influjo extraño a la escuela literaria en que se había formado y vivido, muestra plenamente su personalidad artística.

Anteriormente a la novela Anathema (1851) que abre esta época, Camillo (para llamarle se gún la costumbre portuguesa), cultiva, sin fijarse en ninguno, diferentes géneros literarios, y deja ya adivinar en él al futuro narrador y ui polemista, al dramaturgo y al satírico; pero, como peregrino que a poco de comenzar su vía se halla en una encrucijada, duda cuál de los caminos que se le presentan ha de seguir. Después de las Novelas del Miño o, más bien, coetáneamente a ellas, aparecen en Portugal las novelas naturalistas.

La primera obra famosa de Ea de Queiroz, O crime do Padre Amaro, se publicó en 1875, y pocos años después, en 1878, O primo Basilio. Camillo, protestando en privado de las nuevas tendencias literarias, aunque reconociendo en público el mérito de los trabajos de Ea, siguió, a pesar de todo, algunos de los procedimientos de la escuela naturalista en sus últimas novelas Eusebio Macario (1879), y su continuación A Corja (1880), en la Brazileira de Prazins (1882), una de sus obras más perfectas, y en Volcoes de lama (1886).

En las Novelas del Miño, Camillo es él mismo: el novelista sentimental, romántico, pasional, que cultiva unas veces lo puramente novelesco, agregando otras a lo propiamente novelesco el elemento histórico. O Comendador puede servir como muestra de la primera de estas dos maneras; A Viuva do enforcado, de la segunda.

Difieren las Novelas del Miño de toda la producción de Camillo de esta época a que pertenecen, por el medio que en ellas se retrata. El gran novelista romántico portugués había pintado, sobre todo, hasta entonces, la vida de la ciudad de Oporto, aunque limitándose a un aspecto: el amoroso; único, es verdad, que en lo literario interesó siempre a este autor. En esta serie de las Novelas del Miño cambia por completo el metio: ya no es la vida burguesa de la gran ciudad del Duero; ahora es la vida amorosa en las ciudades y aun en los pueblos y aldeas de la región norte de Portugal lo que sirve de tema a sus narraciones novelescas.

La vida rural había sido ya pintada anteriormente por escritores de indiscutible valor: por Rodrigo Paganino en sus Contos do tio Joaquin; por Julio César Machado, en Quadros do campo e da cidade, y, sobre todo, por el delicado y bondadoso Julio Diniz en sus Seroes de provincia; pero todos estos autores la presentan cada cual a su modo, según su temperamento artístico, con una nota común: el aspecto risueño, encantador, atractivo, optimista. Camillo, no; Camillo ve en las aldeas la misma perversidad moral que en las ciudades; en vez de sorprender el idilio, tropieza con la tragedia; en lugar de cándidas costumbres aldeanas, descubre abyectas pasiones ocultas bajo los trajes populares. Para él no es mejor la sociedad de las pequeñas poblaciones de las provincias portuguesas del Norte, en que pasó parte de su infancia y algunos años de su edad viril, que la sociedad portuense en que se movió la mayor parte de su vida de joven y de hombre.

He aquí algunos de los párrafos más salientes de la dedicatoria[2] de su novela O Comendador al benemérito portugués D. Antonio da Costa (a quien tanto debe la educación popular de la nación hermana), en los cuales Camillo pone de manifiesto, con su estilo rico y cálido, sus ideas acerca de la vida rural portuguesa: "En testimonio de la exquisita lectura que usted me dió con su Minho, le ofrezco una de las novelas de aquí. El Miño tiene lo novelesco del árbol y de la novela de la familia...

"El Miño gana mucho, visto así de paso, en la baca de la diligencia, en lo más alto del coche, donde las moscas no llegan a picarnos en la frente ni a ensuciarnos los labios trémulos de lirismo.

"Vió usted perfectamente el Miño por fueru: la verdura ondulando en las praderas, los chorros de agua saltando por la espalda de los oteros, los peñascos que enciman los maizales, el almendro que comienza a florecer, junto al pinar bravio, las ruinas del palacio señorial con sus alfombras de ortigas y sus guadameciles de musgo junto a la chimenea bermeja y verde del negrero echando abundante humo, indicador de ollas grandes y de gallinas gordas rellenas de chorizos.

Oyó usted, simultáneamente, el sonido de la bocina pastoril e. tendiendo su larga tonada por las gargantas de la sierra; vió los espantadizos rebaños encaramados en las cimas de los montes, y los mastines a la orilla de las carreteras con los hocicos en las patas delanteras, las orejas tiesas y el mirar arrogante. Reparó de seguro en la calma estoica del buey bien alimentado, que parece estar contemplando en sí mismo la metempsicosis en futuro ciudadano de Lon dres, gracias al proceso del "bifteack". Todo esto, que es la forma objetiva del Miño romántico, lo vió usted, aparte de todo lo demás que embellece a su libro, las exageraciones, las lisonjas, los he chizos del arte con que disputa usted primores a la naturaleza.

"Pero lo que no tuvo usted tiempo de ver y palpar, fué el meollo, la medula, las entrañas románticas del Miño; es decir, las costumbres, el vivir que palpita por aquí en lo poblado de estas arboledas donde silba el mirlo y el ruiseñor trina.

"Ay, amigo mío! Novelas, tejidas de casos cándidos e inocentes, sólo las hacen por aquí los pájaros en abril, cuando construyen y mullen sus nidos. El resto de los animales no ovíparos vistamelos usted en el sastre Cotarro o en el establecimiento de la famosa señora Cecilia Fernández, de la travesía de Santa Justa, que yo les haré representar a lo vivo en el propio corazón del Miñoentre Fafiño y San Juan del Kalendario—las escenas contemporáneas de la fria Baixa y peores.

"No sé decidir si la peste, que inficcionó las costumbres de estas aldeas, vino de las ciudades para aquí, o si fué de aquí para allá."

Otra nota interesante, para terminar, de las Novelas del Miño es que en ellas emplea su autor, podría decirse casi por primera vez, la descripción y el retrato.

P. B. S.

  1. Ocho novelas, en doce volúmenes (Lisboa, Mattos Moreira & C.ª), con los siguientes títulos: Gracejos que matam, O Commendador, O Cego de Landim, A Morgada de Romariz, O Filho Natural, Maria Mouses, O Degredado, A viuva do enforcado. De estas novelas, ha sido ya traducida al castellano Maria Mousés (Colección Diamante, 103): Barcelona, Antonio López, editor, s. a. (1907).
  2. Ha parecido preferible al traductor no trasladar integra a nuestra lengua esta larga dedicatoria (14 páginas) por su escaso interés para los lectores españoles.

ÍNDICE


Págs.
El Comendador.
 Primera parte...........................................................................................................................................................................................................................................................
11
 Segunda parte...........................................................................................................................................................................................................................................................
32
La viuda del ahorcado.
 Primera parte...........................................................................................................................................................................................................................................................
55
 Segunda parte...........................................................................................................................................................................................................................................................
109
 Tercera parte...........................................................................................................................................................................................................................................................
162