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El Chancellor/Capítulo LVI

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época

LVI.

HE BEBIDO. MIS GRITOS.—CESÓ LA LUCHA.—¿DONDE ESTAMOS? TIERRA.

Continuación del 27 de Enero.

He bebido y renazco á la vida que vuelve a entrar en mimorir.

Ya no quiero RoberGrito, y mis gritos son oidosto Kurtis se presenta sobre el parapeto y arroja una cuerda que recojo; me le vanto y vuelvo á caer sobre la plataforma de la balsatis.

Mis primeras palabras son éstas: —El agua es dulce.

—¡El agua es dulce! grita Roberto Kur La tierra está ahi.

Todavía es tiempo; el asesinato no se ha cometido aún. La víctima no ha podido ser herida. Roberto Kurtis y Andrés han luchado contra esos canibales, y en el momento en que iban á sucumbir es cuando se ha oído mi voz.

La Lucha cesa. Las palabras "el agua es dulce", repetidas por mí, resuenan por todas partes. Me inclino fuera de la balsa y bebo ávidamente á grandes tragos.

Miss Herbey, la primera, sigue mi ejemplo, Roberto Kurtis, Falsten y los demás, se precipitan hácia esa fuente de vida. Todos hacen lo mismo: las bestias feroces de hace un momento levantan los brazos al cielo; algunos marineros se persignan gritando: ¡milagro! Todos se arrodillan al borde de la balsa y beben con delicia. El éxtasis ha sucedido al furor.

Andrés y su padre son los últimos en imitarnos.

—¿Pero dónde estamos? exclamo.

A menos de veinte millas de tierra, responde Roberto Kurtis.

Le miramos. Está loco el capitán?

No hay una costa á la vista, y la balsa sigue ocupando el centro de un círculo líquido.

Y sin embargo, el agua es dulce. ¿Desde cuando? No importa. Nuestros sentidos no nos han engañado y se ha apagado nuestra sed.

Sí, la tierra, es invisible, pero está ahí, dice el capitán extendiendo su mano hácia el Oeste.

—La tierra? Pregunta el contramaestre.

—La tierra de América, la tierra por donde corre el rio de las Amazonas, el único rio que tiene una corriente bastan te fuerte para quitar el saber salado al agua del Océano á veinte millas de su embocadura.