El Complejo de ratón: Los empresarios

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A muchos de los empresarios les ataca nuestro principio en una forma en que pierden totalmente el objetivo, tanto de la empresa, como de lo personal, ¿para qué?, para parecer inteligentes, esto ya lo sabíamos, pero por la importancia y profundidad del tema, me voy a permitir dividir la forma en que ataca nuestro principio a los empresarios en dos formas;

Primero, la del empresario que cree que el triunfo de su empresa se deberá únicamente a su inteligencia, capacidad, experiencia, estudios, maestrías, postgrados, diplomados, etc.

Y segundo, la del empresario que se dedica en cuerpo y alma a dar la apariencia de que está muy por arriba de sus competidores, sin importarle la pérdida que ello implique.

Vamos a tratar el primer caso que es el del empresario que cree que se le van a desbordar los ceros del bottom line de su estado de resultados como consecuencia de su desarrollada capacidad mental; el perfil típico de este empresario tiene generalmente algún tipo de sobrecultura, que puede tener distintos matices, la tradicional es una maestría no terminada en el extranjero. Esta sobrecultura puede estar dada también por cursos caros pagados por empresas al borde de la desaparición.

Generalmente este empresario se cree de "alta cuna", o sea, que por no haber nacido en el seguro Social tiene ciertas ventajas colaterales sobre sus competidores, algo así como "Derecho divino al éxito".

Es facilísimo distinguir a estos sujetos porque generalmente no hablan más que de sus teorías financieras y creen que nunca han hecho nada mal en este mundo.

Otra de las formas de distinguirlo es por la desproporción de equipo electrónico que tiene en su oficina, tiene una computadora atrás, otra portátil al frente, otra con módem para la comodidad de sus llamadas y conexiones con quién sabe qué redes; no pueden faltar tampoco los múltiples teléfonos y su celular al lado de un limpísimo cenicero.

Por cierto, este tipo de gente se caracteriza por creerse muy sano, no fuma ni de broma, y si usted no vió el acrílico que dice "Solo los estúpidos fuman", que tiene un primer plano en su escritorio y se le ocurre prender un cigarro, lo mira con cara de "gracias Dios mío por no dejarme ser una persona tan débil como este imbécil".

Pues bien, estos "Don Perfectos" siempre están reorganizando su empresa; constantemente están perfeccionando sus sistemas, les encantan los sistemas de lo que sea: cómputo, telefónicos, de alarma, incluso los sistemas administrativos.

Lo malo es que nadie les ha dicho que el éxito de su empresa no depende sólo de lo perfecto de sus sistemas, sino de otros muchos factores. Estos tipos gustan de "trabajar solos", bueno casi, pues es muy común que a su lado tengan "al de las computadoras" y entre los dos tienen hasta el copete a todo el mundo.

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Se sienten incomprendidos, se quejan de que nadie les hace caso, pero hay que decir que normalmente no son sangrones y mucho menos las primeras veces que uno trata con ellos, por lo mismo es normal que, si son gerentes, anden de una empresa a otra y si son dueños, de un proyecto a otro, cabe mencionar que la mayoría tiene suerte para recibir herencias, esposas ricas, etc.

El otro tipo de acomplejado es al que de plano le encanta lo que llamaríamos el "bloff empresarial"

A nuestro cuate le encanta abrir tiendas, no hay nada que le guste mas que ver su mapa de sucursales y con un suspiro diario, sueña con verlo todo lleno de alfileres. Si ganan o no ganan dinero, es lo de menos.

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También tienen como idea fija "a más ventas... más utilidades", no importa que salga más caro cada peso adicional que se venda, lo importante es que en la gráfica aparezca que las ventas van para arriba.

Este tipo de empresarios o directores en su caso, generalmente son miembros conocidos de asociaciones de su gremio, miembros de comités de sus cámaras, etc., no se pierden ni por equivocación las distintas convenciones anuales, en fin, les encanta andar de trabajo; lo normal es que deleguen esa difícil función de trabajar con alguno de su confianza, él es más bien gente de estrategias y eso de trabajar nunca se le ha dado... desde chiquito era así.

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Contratan a personas que da gusto, para todo contratan gente; compran muebles de los buenos, su computadora a cada quién para que no se sientan mal, pobre gente, mejor la hubieran dejado la empresa de donde la sonsacó, pues al poco tiempo son los desempleados mejor pagados del gremio, eso sí, les queda el recuerdo de las juntas multitudinarias en una mesa de ocho metros de largo con proyectores llenos de ideas vacías aderezadas con café y galletas danesas.

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Después de la junta ya en privado, se le acerca el de tesorería (invariablemente un contador) para pedirle instrucciones del "directo" que hay que renovar, lo grave es que el gerente quiere hablar con él; por supuesto eso se arregla con una comida en un buen restaurante donde le reparten la responsabilidad al gobierno, a la situación en general y a los extranjeros. Después de hablar de temas por el estilo, pasando por la selección mexicana, los nuevos chistes, de haber pedido el último XO, de haber firmado con su Braumer el baucher, ya casi para levantarse le dice el clásico: "oye... a propósito".

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No se fija que la tasa es la más alta de la historia, que le tumben los intereses por anticipado, que no tenga para pagarlo a su vencimiento, eso no importa realmente "la situación no puede seguir así, esto se tiene que componer", por lo pronto tiene otros tres meses de respiro y tal vez la oportunidad de abrir una nueva sucursal, aunque sea chiquita.

Este tipo de alta gestión de empresas acaba normalmente de un año para otro, fusionándose con otra empresa que, por lo general tiene menos letras, por cierto es curioso notar que las empresas en términos generales, mientras menos letras tiene en su razón social, más duran en el mercado.

A nuestros cuates les encanta leer libros del tipo de "Los Secretos de Iacocca" y cuando descubren que hay otra edición de "Lo que no dije en mi libro anterior", es por que ya quebraron su empresa.

Las compañías generalmente transnacionales, están perfectamente concientes de cómo ataca nuestro principio a los mandos directivos y lo aprovechan que da gusto. Dos cosas son muy comunes, las convenciones con distribuidores, con lo cual aseguran la lealtad a la marca (especialmente la de las esposas) y una cena de gala anual con un artista famoso y una presentadora que no se acuerda del nombre de la compañía que lo contrató, y al final de todo el glamour, la entrega de premios por zonas, por estaturas y por "monto de ventas".

Aunque no sea una buena línea, aunque el producto sea caro, aunque cincuenta cosas más, nuestro cuate sale de ahí pensando que el próximo año tiene que lograr por lo menos la categoría de "distribuidor interesante para nosotros" y sueña con que le regalen un viaje a las islas Timbuctú en compañía de su esposa. Claro, el viaje de veinte mil dólares lo dan a quien haya vendido el equivalente al 20% del PIB del país, pero eso sí, quedó públicamente reconocido como inteligente y espera que cuando vaya al baño todo el mundo deje de hacer pipí para aplaudirle.

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Muchas veces los empresarios tienen que sostener una posición social que no va de acuerdo con su situación económica; al principio ni se nota, después empiezan a enfermar para no salir de vacaciones, después venden la casa para comprar una "más cómoda" (es decir más pequeña) después... etc., la mayoría trata de sobrellevar esta situación hasta que se casa su hija (para que salga bien).

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