El Rasgo...
Los periódicos reaccionarios de todos matices nos han atronado los oidos en estos últimos dias con la espansion de su ruidoso entusiasmo, de sus himnos pindáricos; verdadero delirium tremens de la adulacion cortesana. Segun ellos, ni la casta Berenguela, ni la animosa María de Molina, ni la generosa Sancha, ni la grande Isabel, ni reina alguna desde Semíramis hasta María Luisa, han tenido inspiracion semejante á la inspiracion que registraràn con gloria nuestros anales, y escribirán con letras de oro los agradecidos pueblos en bruñidos mármoles. El general Narvaez, que en esto de achaques de historia es muy fuerte, ha dicho, si bien con voz más apagada que en Arlaban, ha dicho no recordar rey alguno capaz de tanta abnegacion. D. Martin Belda, hombre de grandes pulmones, ha gritado de suerte que bambolearon hasta los bóvedas del Congreso. D. Lope Gisbert nos ha dado una muestra de oratoria bizantina, digna por lo estraña á los parlamentos, de eterna recordacion. El Congreso ha salido de madre y dilatádose por esas calles, mereciendo de la guardia de palacio honores idénticos á los que se tributan al liberal infante D. Sebastian Gabriel. La mano tribunicia de Gonzalez Brabo, que en otro tiempo acariciara el puñal de Bruto, ha movido los hilos del telégrafo para que la nacion entera se postrase de hinojos, y todas las campanas perturbaran los aires difundiendo con sus lenguas de bronce en ondas sonoras el entusiasmo público por la region de las estrellas. Hasta el paraiso del Teatro Real se ha contagiado, ese paraíso que por su particular idiosincracia es el infierno de las silbas. Solo falta una corona poética y una estátua. De la primera ya se han encargado gacetilleros de los periódicos subvencionados, y la segunda ya la ha propuesto las Noticias, de tal magnitud que à su lado parecerán enanos el Coloso de Rodas y la esfinge de Tebas. Regocijémonos, pues, juntemos las manos, abramos el pecho, doblemos la rodilla y la espina dorsal, y el mundo entero sepa que aquí no ha muerto la raza de los cortesanos.
Si la voz de La Democracia pudiera llegar hasta el palacio de los reyes, tapiados á la verdad por turbas de cortesanos, seríamos osados á decirles que despidieran tantos aduladores. No eran para los reyes los días del siglo décimo-séptimo tan difíciles como son los días del siglo décimo-nono, y sin embargo, Quevedo aconsejaba á Felipe IV que arrojase lejos de sí á los atrevidos que con la casa real comercian. «El rey, decia el grande escritor, puede y debe tener sufrimiento para no castigar con demostracion por su mano en todos los casos; mas en el que tocare á desautorizar su casa y profanarla, él ha de ser el ejecutor de su justicia. Este género de gente, señor, el rey que los vé en su casa no ha de aguardar á que otro los castigue y los eche. Mejor parece el azote en sus manos para esto que el cetro.» Los moderados, ineptos y corrompidos, que pendientes de un cabello, caían sobre el abismo, han hecho del patrimonio de la corona, asunto de sus cábalas, alimento de sus intrigas, pedestal de su poder maldito; y no han tirado sino á presentar la casa real como el escudo interpuesto entre su pecho y la justa cólera del pueblo.
Solo de esta suerte se concibe cuanto ha pasado aquí: la improvisacion del proyecto; el sacrificio de Barzanallana; la retirada del anticipo; la presentacion como un donativo para el país de aquello mismo que es del pais propiedad esclusiva; el entusiasmo de una mayoria servil y egoista; los telégramas á los cuarenta y nueve procónsules; el ruido y la algazara de todos los satisfechos, y la vocinglería infinita de esos periódicos que solo alaban y solo creen grandes á los reyes cuando pueden convertir su cetro en llave del Tesoro, para dividirse los tributos que sobre el Tesoro suda el esquilmado pueblo.
Pero vamos á ver con serena imparcialidad qué resta en último término del celebrado rasgo. Resta primero una grande ilegalidad. En los paises constitucionales el rey debe contar por única renta la lista civil, el estipendio que las Córtes le decretan para sostener su dignidad. Impidiendo el rey tener una existencia aparte, una propiedad como rey, aparte de los presupuestos generales del país, se consigue unirlo íntimamente con el pueblo. En Inglaterra donde la monarquía tiene tanta autoridad, poder tan prestigioso, sus bienes han pasado á ser de la nacion. Diferentes alternativas tuvo la lista civil en el reinado de Jacobo I, de Cárlos II, hasta que por fin los productos de las tierras reales, y los servicios decretados por los Parlamentos, se reunieron en un fondo comun que se llamó fondo consolidado. Con él Inglaterra paga su salario á los reyes, y parte de los intereses de la deuda pública. La reina Victoria, el jefe de aquella aristocracia de grandes propietarios, no tiene propiedad. Si posee el ducado de Lancastre, lo posee, no como soberana, pues como soberana ciertamente nada posee que no sea de la nacion; lo posee como particular, como duquesa de Lancastre. La reina de Inglaterra percibe por su lista civil unos treinta y seis millones de reales, mientras que la reina Isabel percibe cincuenta. Y en los treinta y seis millones de reales se incluyen los servicios votados por los parlamentos, y los productos de las antiguas tierras reales administradas por el Estado. Ahora bien, ¿existe en España una legalidad semejante? Existe. Los fundadores de nuestro sistema constitucional, fueron demasiado grandes para consentir un rey con dominios feudales alzado sobre la constitucion de 1812, esa tumba del feudalismo. Y en virtud de esto declararon propiedad del país los bienes de la Corona. Ahora bien, cuando el patrimonio se ha presentado ante las Córtes de una suerte anormal é incomprensible, ofreciendo al país bienes que eran del país, las Córtes en vez de entusiasmarse y gritar, han debido decir al patrimonio con el testo de la ley en la mano: los apuros del Erario no permiten que continúe una usurpacion tanto tiempo consentida; nos incautamos de esos bienes que son nuestros, y desamortizándolos, emplearémosles en deuda intransferible, y los daremos al monarca á cuenta de su dotacion, descargando al Erario de los cincuenta millones de la lista civil que no puede sobrellevar. El rasgo del patrimonio no ha sido mas que un rasgo de atrevimiento contra las leyes.
Pues si ha sido una grande ilegalidad, ha sido tambien un grande desencanto. Hace mucho tiempo que se viene encareciendo cuanto podian servir para sacar de apuros al Erario los bienes patrimoniales de la corona. Y sin embargo, nada, absolutamente nada se sacará ahora; nada. La reina se reserva los tesoros de nuestras artes, los feraces territorios de Aranjuez, el Pardo, la Casa de Campo, la Moncloa, San Lorenzo, el Retiro, San Ildefonso, mas de cien leguas cuadradas, donde no podrá dar sus frutos el trabajo libre, donde la amortizacion estenderá su lepra cancerosa. El Valle de Alcudia, que es la principal riqueza del patrimonio, compuesto de ciento veinte millares de tierra, no podrà ser desamortizado á causa de que no pertenece á la corona, y segun sentencias últimas, pertenece á los herederos de Godoy. En igual caso se encuentra la riquísima finca de la Albufera, traspasada por Cárlos IV á Godoy en cambio de unas dehesas en Aranjuez y de unos terrenos en la Moncloa. Si despues de esto se trasmite á la corona el veinte y cinco por ciento de cuanto haya de venderse, quisiéramos que nos dijesen los periódicos reaccionarios qué resta de tan celebrado rasgo, qué resta sino un grande y terrible desencanto.
Además resta una grande imprudencia. Se ha engañado á los pueblos induciéndoles á creer que á consecuencia del rasgo de la reina, se retiraba por innecesario el anticipo. Los labradores, los industriales han abrazado á sus hijos que ya veian sin pan, y han mirado con extásis sus propiedades, que veian ya en pública subasta. La donacion de la reina era popular porque estaba unida en el corazon del pueblo á la retirada del anticipo. El hambriento bendice como un mensaje de la providencia la mano salvadora que le trae un pedazo de pan. Y cuando apenas acaba de difundirse la alegría, cuando el corazon descansa, cuando el sueño tranquilo se ciñe á los párpados antes inquietos, el gobierno anuncia que renace el anticipo con mas fuerza, con mas poder, cayendo con doble pesadumbre sobre la mayoría de los contribuyentes, y aumentando el hambre del pobre, de cuyo pan mermado por el fisco salen al cabo todos los tributos. Dígasenos si al fin de todo esto, las manos que han aplaudido no amenazan; los corazones que han bendecido no maldicen; las fuerzas que se han serenado no se irritan, víctimas de un engaño. Los pueblos no se gobiernan con el charlatanismo de los curanderos, ó con los saltos mortales de los clowns, ó con los milagros y portentos de los embaucadores. Los que han aconsejado todo esto, los que han tramado todo este enredo, son, por engañadores del pueblo, reos de lesa nacion; por desleales al monarca, reos de lesa magestad. Acordáos de lo que sucedió en la revolucion francesa. Las promesas no cumplidas del ministro de Hacienda Calonne, perdieron á la monarquía. Cuando despues que este prometió aliviar al pueblo y el pueblo respiró, su sucesor vino á pedir el empréstito de los cuatrocientos veinte millones de francos; el pueblo engañado y ofendido, comenzó aquella revolucion que arrancó de las sienes de Luis XVI la corona, y de los hombros de Luis XVI la cabeza. Cuando los pueblos reciban la noticia del nuevo anticipo, vereis las consecuencias, ministros de Isabel II, de la indigna farsa en que habeis comprometido para salvaros vosotros el nombre de la reina.
Y en último resultado queda una gran pérdida para el pueblo; una inmensa, irreparable pérdida. Casualmente la desamortizacion del real patrimonio podia y debia hacerse con arreglo á los principios democráticos y con la mira puesta en el pueblo. Muchos de estos bienes se originan de aquellos tiempos en que el pueblo era el mas enérgico aliado de los reyes. Entre las clases inferiores, mediante un pequeño cánon, debian dividirse esos dominios inmensos que ha regado tantas veces la sangre del pueblo. Todavía se pueden descubrir las huellas de las milicias municipales que fueron á Toledo y à las Navas en las campiñas de Aranjuez, definitivamente convertidas en sitio real, si no estamos equivocados, por Isabel la Católica. Nosotros deseamos la desamortizacion fecunda, que convertiría esos terrenos hoy improductivos, en colmenas, digámoslo así, de innumerables trabajadores. Los bienes que se reserva el patrimonio son inmensos; el veinticinco por ciento, desproporcionado; la comision que ha de hacer las divisiones y el deslinde de las tierras, tan tarda como las que deslindan los bienes del clero; y en último resultado, lo que reste del botin que acapara sin derecho el patrimonio, vendrá á engordar á una docena de traficantes, de usureros, en vez de ceder en beneficio del pueblo. Véase, pues, si tenemos razon; véase si tenemos derecho para protestar contra ese proyecto de ley que, desde el punto de vista político, es un engaño; desde el punto de vista jurídico, una usurpacion; desde el punto de vista legal, un gran desacato á la ley; desde el punto de vista popular, una amenaza á los intereses del pueblo; y desde todos los puntos de vista, uno de esos amaños de que el partido moderado se vale para sostenerse en un poder que la voluntad de la nacion rechaza; que la conciencia de la nacion maldice.