El amor enamorado (Versión para imprimir)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta es la versión para imprimir de El amor enamorado.

El presente texto ha sido copiado de Wikisource, biblioteca en línea de textos originales que se encuentran en dominio público o que hayan sido publicados con una licencia GFDL. Puedes visitarnos en http://es.wikisource.org/wiki/Portada



Personas
Pág. 001 de 126
El amor enamorado Félix Lope de Vega y Carpio


El amor enamorado

Félix Lope de Vega y Carpio

Los que hablan en ella son los siguientes:

 



Sirena, nympha
Alcino, labrador
Daphne, nympha
Silvia, labradora
Bato, villano


Phebo
Peneo, río
Corebo, criado
Venus, diosa


Cupido
La Luna
Diana, diosa
Júpiter


Aristeo, príncipe de Thesalia
Una voz
Liseno, padre de Sirena
Músicos




>>>

Acto I
Pág. 002 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Sale SIRENA, ninfa, huyendo.
SIRENA:

  Júpiter, sacra deidad,
piedad si no falta en vos,
que dejarais de ser dios
si os faltase la piedad:
blasón de la majestad
es tenerla aunque castigue,
y a que la espere me obligue;
que no me hubiérades hecho
para ser alma del pecho
de una fiera que me sigue.
(Sale ALCINO, labrador, galán.)

ALCINO:

  No sé por dónde dilate
el pecho, de temor lleno;
¡cielos, volvedme veneno
porque al comerme le mate!
Cuando esta venganza trate,
justo fue si muero ansí;
pero, ¡qué necia, ¡ay de mí!,
que fuera veneno poco
a tal remedio os provoco
para el que ella tiene en sí!
  Ya, Silvia, pues no hay favor
en los dioses, montes, dadme
socorro, o precipitadme:
será piadoso rigor;
no hay muerte como el temor,
aunque después me la den;
peñas, encubridme bien,
creced, robles, aumentad
las ramas; ¡cielos, piedad,
mis padres matáis también!


<<<
>>>

Pág. 003 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALCINO:

  Por aquí pienso que fue;
éstas son, ¡ay suerte mía!,
de las flores que cogía,
y debe el prado a su pie.
¿Si la hallaré? ¿Si podré?...
¡Oh, esperanzas! ¡Oh, temores!
Pero ¿qué señas mejores
que pies de tal perfección?
aunque no sé cuáles son
las estampas o las flores.
  ¡Oh, prado, que no me des
nuevas della en tantas penas,
por donde van azucenas
las de sus hermosos pies!
Jazmín, pues morir me ves,
¿por dónde va mi jazmín?
Poned a su curso fin,
tenedla, campos helados,
si os queréis volver en prados,
que va corriendo un jardín.
  Aquí cayeron ahora,
y aún con lágrimas también,
que como perlas se ven
sí pasó como la aurora;
pues si en vuestras hojas llora,
habla, azahar; habla, clavel;
pero ¿qué bulto es aquel
que detrás de aquella peña
más temor que cuerpo enseña,
si está mi esperanza en él?
  ¿Eres tú, Sirena mía?
¿Eres tú, mi bien?


<<<
>>>

Pág. 004 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SIRENA:

¿Quién es?

ALCINO:

Quien te ha llorado después
que tu muerte presumía:
creí que muerto te había
el fiero animal impío;
pero fue gran desvarío,
pues ningún cuerpo vivió
después que el alma faltó;
que eres tú el alma del mío.
  Desciende, mi luz, desciende.

SIRENA:

Estoy temblando.

ALCINO:

No impida
temor tus pies; que mi vida
es quien la tuya defiende.

SIRENA:

Temor, Alcino, me ofende,
de nieve mi vuelve el pie.

ALCINO:

Antes, señora, lo fue.

SIRENA:

Desciendo en tu confianza.

ALCINO:

Ven a alentar mi esperanza,
ya que no puedes la fe.


<<<
>>>

Pág. 005 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Ella baja.)
SIRENA:

  ¿Cómo me hallaste?

ALCINO:

Seguí
las flores que habías perdido,
lenguas por donde he venido,
que me dijeron de ti.

SIRENA:

¿Las flores te hablaron?

ALCINO:

Sí;
y no fue la vez primera,
ni fuera error, aunque fuera
para peligros mayores,
el preguntar a las flores
por la misma primavera.

SIRENA:

  Sólo tú pudieras ser
de mi corazón sosiego.

ALCINO:

Pagado me has todo el fuego
en que el mío siento arder;
en la sangre puede hacer
esa inquietud algún mal.
¿En qué te traeré el cristal
desta fuente, que algún día
en mis ojos le traía,
del alma fuente inmortal?


<<<
>>>

Pág. 006 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SIRENA:

  Esos eran los cristales
que la mía estima en más:
voy a beber.

ALCINO:

Beberás
en búcaro de corales:
ya que a recibirla sales
para ser cristal en rosa,
no heredes, fuente dichosa,
la lisonja de Narciso:
pero ya tarde te aviso;
que es la causa más hermosa.
  Ya que su boca a tus hielos
hizo tan alto favor,
no dejes beber, pastor,
que me matarás de celos;
luego te convierte en hielos;
siendo en tu campo sereno
copa de ardiente veneno,
y agua de ámbar para mí.

SIRENA:

Yo bebí, Alcino.

ALCINO:

Y yo vi
el clavel de perlas lleno;
  pero en esta envidia loca,
tu boca fue el instrumento,
y el agua mi pensamiento,
que se acercaba a tu boca.


<<<
>>>

Pág. 007 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SIRENA:

  Galán estás y discreto.

ALCINO:

¡Qué cosas hace el pensar,
si fuese en todo lugar
la imaginación efeto!

SIRENA:

  Puesto que me has obligado
con tal fácil desatino,
más que discreto, mi Alcino,
te quisiera enamorado.
(Salen DAFNE, ninfa,
SILVIA y BATO,
villanos rústicos.)

DAFNE:

  ¿Que tú la viste?

BATO:

Alahé,
que la vi subido ensima
de un cerro, y que tiene el lomo,
que de conchas no se ve.
  ¿No habéis visto la corteza
de un jaspe? Tal es la piel
como que arrojó el pincel
sobre la naturaleza;
  como murciélago son
las alas, y llenas de ojos
verdes, dorados y rojos,
sin ser ruedas de pavón;
  en lo que es dellas más tierno,
estrellas se dejan ver
de plata, si puede haber
estrellas en el infierno;
  en la reverenda cola,
bien puede, Dafne, caber
la tienda de un mercader:
¿qué digo una tienda sola?
  ¡Voto al sol, toda una praza!


<<<
>>>

Pág. 008 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SILVIA:

Entre las gracias de Bato,
como le cuesta barato,
es mentir con linda traza.

BATO:

  Luego ¿tampoco creerás
que tien la barriga verde
en redondo, Dios me acuerde,
cuarenta varas y más?

SILVIA:

  ¡Qué graciosa impertinencia!
¿Cómo se puede saber?

BATO:

Un sastre lo dijo ayer,
hombre de buena conciencia,
  que le tomó la medida
para hacelle mi verdugado.

DAFNE:

Silvia, a mí me da cuidado
o verdadera o fingida:
  y la cara ¿cómo es?

BATO:

Eso no es cosa tan fea;
mas no hay hombre que la vea
que pueda vivir después;
  un rinoceronte es nada,
es un peñasco de hielos,
es una mujer con celos,
es una suegra enojada;
  un pedregoso barranco
es la frente, y tien por crin
las cerdas de un puerco espín
labradas de negro y branco;
  la nariz como guadaña,
y los ojos dos incendios
cercados de escolopendrios
en vez de ceja y pestaña.


<<<
>>>

Pág. 009 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SILVIA:

  Dafnes, el miedo sería
quien a mentir le provoca.

BATO:

Tres varas tiene de boca.

SILVIA:

¿Tres varas?

BATO:

Si cada día,
  como a los ganados venga,
se almuerza cuatro cochinos
y diez corderos añinos,
¿qué boca quieres que tenga?
  Ayer se comió un pastor,
que le alcanzó de una encina.

DAFNE:

¡Ay dioses, tanta rüina
tanto mal, tanto rigor!
  ¿Es Sirena aquélla?

SILVIA:

Sí,
y Alcino el que está con ella.

DAFNE:

¡Mi Sirena!

SIRENA:

Dafne bella,
¿adónde vais por aquí?


<<<
>>>

Pág. 010 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DAFNE:

  Amaneció con el día
esta serpiente cruel
en el prado; y como en él
tan poco reparo había,
  venimos al monte huyendo
Bato, Silvia y yo.

ALCINO:

La tierra
se despuebla, y en la sierra
van las aldeas haciendo
  una ciudad populosa.

DAFNE:

Pues tanto sabes, Alcino,
¿por qué culpa o qué destino
esta sierpe venenosa
  vino a Tesalia?

ALCINO:

Anteayer
contaba un sabio pastor
la causa deste rigor.

DAFNE:

A todos harás placer
  en referir lo que sabes.


<<<
>>>

Pág. 011 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALCINO:

Diré, Dafne, lo que sé,
que de Doristo escuché
y de otros pastores graves.
  Después que el alto Jove omnipotente,
de aquel abismo en sombras sumergido
sacó el mundo invisible, y el presente
por tantos siglos en eterno olvido,
dos causas, la materia y la eficiente,
estaban para ser, no habiendo sido,
en acto aquésta y en potencia aquélla,
y entre las dos naturaleza bella.
  Una era cielo en altos movimientos,
y otra era tierra en firme compostura;
mas como dividió los elementos,
salió la luz resplandeciente y pura:
fúlgida antorcha obscureció los vientos,
globo de plata la tiniebla obscura,
bordaron el zafir diamantes claros,
del siempre cano mar brillantes faros.
  La verde tierra, ya del fruto amago,
se entapizó de hierbas y de ramas,
cubriendo en agua el ara y viento vago,
al fénix plumas y al delfín escamas;
no conocían el horrible estrago
de Marte fiero, y sus ardientes llamas,
los hombres que en la edad de oro vivían,
ni en los comunes términos partían.


<<<
>>>

Pág. 012 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALCINO:

  Tras ésta, la de plata y la de cobre,
en que va comenzaba la malicia
y molestar con fuerza el rico al pobre,
volviéndose a los cielos la justicia:
no permiten, airados, que la cobre,
creciendo la maldad y la codicia,
en la de hierro, con que vio la tierra
hurto, traición, mentira, incendio y guerra.
  De los gigantes, el mayor, Tifonte,
subir intenta a la región divina,
poniendo un monte encima de otro monte,
a quien airado Júpiter fulmina;
después, con más rigor, todo horizonte
cubrir de tantas aguas determina,
que el alto extremo, exento al aire y hielo,
apenas viese del Olimpo el cielo.
  Soberbia tempestad la tierra inunda;
las nubes ríos, las estrellas fuentes;
témplase el cielo, y su piedad redunda
en dar nuevos al sol rayos lucientes:
volvió la tierra a ser la vez segunda,
y se dejó pisar de sus vivientes,
produciendo más fértiles al hombre
cuantas naturalezas tienen nombre.
  Entre las fieras hórridas famosa,
que entre los partos de la tierra estimo
por la más estupenda y prodigiosa,
tanto, que aun a pintarla no me animo,
nació Fitón, serpiente venenosa,
del gran calor del sol y húmido limo,
tanto, que por la parte se corría
que en su disforme producción tenía.


<<<
>>>

Pág. 013 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALCINO:

  Esta destruye la Tesalia ahora,
cuya fama cruel el mundo admira
por cuanto ilustra la oriental aurora,
y donde el sol en negra sombra expira:
ganados despedaza, hombres devora,
y Júpiter airado, que los mira,
mientras que más sus aras vuelven jaspe,
más duro está que bárbaro arimaspe.
(Dentro gran ruido de silbos y hondas, diciendo:)
  ¡Huid, pastores, huid,
que desciende de la cumbre
del monte la sierpe al valle!
¡Todo lo tala y destruye!
¡Huid!

DAFNE:

¡Ay, Júpiter santo!

BATO:

De esta vez, Silvia, me sume
Fitón en su escuro vientre.

SILVIA:

¡Huye, Bato!

SIRENA:

¡Dafne, huye!

ALCINO:

¡Por aquí, Sirena!

SIRENA:

¡Ay, triste!


<<<
>>>

Pág. 014 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Tropezando los unos en los otros huyen,
quedando BATO en el suelo.)
BATO:

No hay cosa que no me ocupe
frío temor: ¡muerto soy!
Ceres y Baco me ayuden.
(Sale FEBO con su arco y flechas.)

FEBO:

De mi cuarta esfera al suelo
bajo, penetrando nubes,
a los montes de Tesalia,
que tristes voces confunden;
quejas de un fiero animal,
envueltas en llanto suben
a mis dorados palacios;
su luz eclipsan y cubren.
Dejé el carro a discreción
de Flegón y Etonte; alumbren
el mundo, y las ruedas de oro
la región etérea sulquen;
que basta que el primer móvil,
que tantos Cielos incluve.
desde la aurora los lleve
donde su término cumplen,
hasta que en sueño y silencio
la obscura noche sepulte,
a las sierras, soledades,
y a los hombres, pesadumbres.
Tomé el arco, y las saetas
pintadas al hombro puse,
antes que otro de los dioses
tan alta hazaña me usurpe;
que la envidia y la ambición
no hay cosa que no perturben,
así en imperiales solios,
como, en pajizas techumbres.
Voy en busca de la fiera;
mas ya la tierra descubre
uno de los hombres muertos,
por donde le siga y busque;
pero no lo está del todo.
¿Vives, hombre?


<<<
>>>

Pág. 015 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BATO:

¡Venus dulce,
Febo dorado, favor!

FEBO:

Alza el rostro, no te turbes.

BATO:

¿Qué quieres, señora sierpe?

FEBO:

Hombre, escucha.

BATO:

¿Que la escuche?
Esta vez, por el pescuezo
al estómago me engulle.

FEBO:

¿Estás herido?

BATO:

¿No ve
la sangre que se me escurre
qué arromadizada viene?


<<<
>>>

Pág. 016 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Oye, necio.

BATO:

No me hurgue;
que cosquillas de una sierpe
no hay hueso que no machuquen;
cómame junto, por Dios,
pero no me despachurre;
manido estoy, no haya miedo
que la haga mal en el buche.

FEBO:

Si estás herido, yo soy
el primero que compuse
aforismos medicables;
muestra el pecho, ¿qué rehuyes?

BATO:

¡Ay, que me muque, señores!
¡Ay, señores, que me muque!

FEBO:

Levanta, bestia.

BATO:

¿No es sierpe?

FEBO:

¿Aun no dejas que te cure?
Médico soy.

BATO:

Tarde viene:
no he menester que me purgue.


<<<
>>>

Pág. 017 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

¿No estás herido?

BATO:

Yo no;
que estas verdes alegustres
donde huyendo tropecé,
de no le ver me disculpen.

FEBO:

¿Por adónde va Fitón?

BATO:

Señor, no me lo pregunte:
así Dios le dé salud.

FEBO:

Villano vil, no te excuses,
que tú me la has de enseñar.

BATO:

¿Yo cómo, si nunca supe
por adónde van las sierpes?

FEBO:

No hayas miedo que te injurie
yendo conmigo; que soy
Febo, el autor de la lumbre
celestial; yo soy Apolo.

BATO:

Señor Pollo, el que nos hunde
a rayos en el verano,
y en el invierno se escurre;
por acá los labradores
las cosas cuando es sazón,
que unas cría y otras pudre;
y también los segadores,
que dicen que los aturde,
porque no hay vino que beban,
que al momento no le suden.


<<<
>>>

Pág. 018 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Camina, ignorante, y dime,
antes que Fitón se oculte,
dónde le tengo de hallar.

BATO:

Mire, señor, que se aburre,
porque se le ha de mamar
como a higo por Octubre;
tenga lástima a sus años,
porque dan las juventudes
dolor si en agraz se van.

FEBO:

Camina.

BATO:

A mí no me culpe,
pues él por fuerza me lleva;
pero diga, ansí se enjugue
de las aguas del invierno
entre sus martas azules,
si es sol que todo lo ve,
¿no es necedad que procure
que yo le enseñe la sierpe?

FEBO:

¡Villano, no me disgustes!
Ahora soy cazador;
saetas llevo, y no luces,
con que deste al otro polo
no hay cosa que dificulte.
Ven sin temor; que me aflige
ver lo que esta tierra sufre:
que sólo es digna de Febo
una hazaña tan ilustre.


<<<
>>>

Pág. 019 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Salen ARISTEO, Príncipe de Tesalia,
y COREBO, criado.)
COREBO:

  No está lejos Vuestra Alteza
de la gruta donde vive.

ARISTEO:

Ya mi pecho se apercibe,
Dafne hermosa, a tu belleza,
honor de naturaleza
y gloria de mi deseo;
que no ha de negar Peneo,
aunque tan ilustre río,
su hija a mi amor, por mío,
y a mi ser por Aristeo.
  Príncipe heredero soy
de Tesalia. ¿A quién pudiera
dar su hija que fe diera
la nobleza que le doy?
¡Perdido por ella estoy!

COREBO:

Bien, señor, lo manifiestas.


<<<
>>>

Pág. 020 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ARISTEO:

Vi, Corebo, en unas fiestas
a Dafne, donde excedía
cuantas damas aquel día
las adornaron compuestas;
  como el diamante al rubí,
como la rosa a la flor,
y el ámbar a todo olor,
vencer a todas la vi:
todos los sentidos di
al primero movimiento;
y viendo mi entendimiento
tan dulce imaginación
solicitó su atención
por la vista el pensamiento.
  Rendíle, en fin, por los ojos
cuanto supo y pudo amor,
como suele al vencedor
el rendido los despojos;
mas creciendo los enojos
de una pena tan suave,
rompió el secreto la llave.

COREBO:

Esta es la cueva, señor.


<<<
>>>

Pág. 021 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ARISTEO:

La esperanza de mi amor,
Hoy, en posesión acabe.
(Descúbrese el río PENEO en su gruta.)
  ¡Oh! Tú, famoso e ínclito Peneo,
que entre el Olimpo y Osa
riegas el Tempe, que con pies de rosa
recibe tu cristal en su deseo:
escucha atento al Príncipe Aristeo,
si no perturba el aire hasta tu oído
de las sonoras aguas el rüido;
levanta la cabeza, coronada
de tantas varias flores, y la copia
de fructíferas ramas esmaltada,
digno blasón de tu grandeza propia.
  El Nilo por Egipto y Etiopía,
el Gange por la India, y cuantos sorbe
el mar por todo el orbe,
te rindan vasallaje.

PENEO:

Mi Aristeo,
ese te debe sólo a ti Peneo.

ARISTEO:

Ya sabes, claro río,
a que me trae el pensamiento mío.


<<<
>>>

Pág. 022 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


PENEO:

Tendréme por dichoso
en que mi yerno seas,
pues de Dafne deseas,
príncipe, ser esposo,
y ella también será con estas bodas
hermosa reina de las ninfas todas
que habitan mi ribera;
vuelve a tu casa y confiado espera.
que en sabiendo su gusto, pues es justo,
te la dará mi amor con mayor gusto.

ARISTEO:

De la nobleza de tu heroico pecho
partiré satisfecho;
que no es razón que un río semideo
pueda volver atrás.

PENEO:

Parte, Aristeo;
porque, entre cuantas cosas tienen nombre,
los ríos solamente
nunca vuelven atrás de su corriente;
ejemplo para el hombre,
si es hombre el que no cumple lo que dice.

ARISTEO:

El cielo te prospere de aguas puras.
¡Oh dulce auspicio de mi amor felice!
¡Oh tiempo, pues por todo te apresuras,
pasa por mí veloz con alas nuevas,
pero en dándome a Dafne no te muevas!
(Él se va por una parte,
y DAFNE entra por otra, y SILVIA.)


<<<
>>>

Pág. 023 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DAFNE:

Gente de la ciudad, Silvia: ¿qué es esto?
¿y con mi padre hablando?

SILVIA:

Estarán por ventura consultando
tu casamiento.

DAFNE:

Siempre fue molesto
ese cansado nombre a mis oídos.

SILVIA:

Pues ¿qué galanes?

DAFNE:

Menos que maridos.

SILVIA:

No parece mujer, pues en naciendo,
ese nombre les abre los sentidos,
ni viven otra cosa persuadiendo
a sus padres jamás.

DAFNE:

Pues yo no entiendo
darle esa pesadumbre.

PENEO:

¡Dafne mía,
escucha!

DAFNE:

¡Oh padre mío!


<<<
>>>

Pág. 024 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


PENEO:

¿Vienes a lo que el Príncipe venía?
Merece amor, cuidado ha sido justo,
puesto que más en esta parte fío
de tu elección que de mi propio gusto.
Él es el heredero
de Tesalia y de Marte,
en cuya militar doctrina y arte
al mas ejercitado le prefiero.
¿Qué respondes?

DAFNE:

Amado padre mío,
bien sabes que a las selvas me desvío,
huyendo, así de dioses como de hombres,
no sólo las personas, mas los nombres.
Yo soy ninfa del coro
de la casta Diana
perdona si el respeto, si el decoro
por ley divina y obediencia humana
debido a obligaciones naturales,
fuera de prendas tales,
te pierdo, pues no puedo obedecerte.

PENEO:

¿Cuando esperaba de Tesalia verte,
Dafne, reina y señora, y que me dieras
nietos que en mis riberas
los viera yo mancebos,
ya Martes, y ya Febos,
correr gallardos persiguiendo fieras,
inobediente y loca me respondes?
¡Qué bien al grande amor que me has debido,
y a tus obligaciones, correspondes!
Pues no me verás más.


<<<
>>>

Pág. 025 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DAFNE:

¡Padre querido!
Metióse entre las ondas, y cubrióse
de un pabellón de plata.

SILVIA:

Entre las aguas va diciendo: «¡Ingrata!»
con murmurar sonoro.

DAFNE:

¿Permitióse,
Silvia, jamás a ninfa de Diana
que se casase?

SILVIA:

Que es locura vana
esto de ninfas: la naturaleza
hizo para los hombres la belleza
por aumentar el mundo.
{{Pt|DAFNE:|
Si un hombre fuera Júpiter segundo,
rey del supremo imperio,
o por este hemisferio
tuviera la belleza de Narciso,
le tuviera en los céspedes que piso:
aborrezco los hombres, esto es cierto.v

SILVIA:

Enojarás a Venus.

DAFNE:

Yo te advierto
que della, y de su hijo mal nacido
no se me da...


<<<
>>>

Pág. 026 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


SILVIA:

Detente, que Cupido
es un dios que a los dioses inmortales
hace temblar.

DAFNE:

Sus bienes y sus males
son para gente loca, ociosa y vana:
yo soy ninfa del coro de Diana.

SILVIA:

¡Oh, tanto coro y tanto dianizarte!

DAFNE:

¡Váyase Venus a casar con Marte!


<<<
>>>

Pág. 027 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Baje VENUS.)
VENUS:

  Dafne, entre cuantas ninfas
viven estas verdes selvas,
tan soberbia como hermosa,
y como hermosa soberbia:
¿qué blasonas, qué presumes,
ingrata a naturaleza,
que no crió a la hermosura
para vivir entre fieras?
¿Sabes que soy de quien hablas?
¿Sabes que los dioses tiemblan
del menor rayo une influya
mi dulce amorosa estrella?
¿Sabes que es mi hijo Amor?
¿Sabes que en las almas reina?
¿Sabes que no se resiste
pecho mortal de sus flechas?
¿Sabes que aquella armonía
que el cielo y tierra gobierna
es Amor? ¿Sabes que están
pendientes de su cadena
los elementos que pone
en paz de su eterna guerra?
¿Sabes que es concordia Amor,
y que el cielo se sustenta
en paz, moviendo sus orbes
concertada inteligencia?
¿Por qué el matrimonio huyes,
pues tu mismo ser te enseña
que alma y cuerpo están casados
como el agua con la tierra?
¿Qué fiera corre este campo,
qué ave en el aire vuela,
que hasta tener compañía
viva contenta y quieta?
¿Burlas mis razones, Dafne?
¿Risa en mi propia presencia?
Pues ¡por Júpiter sagrado...


<<<
>>>

Pág. 028 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DAFNE:

No prosigas, aunque sea
atrevimiento al respeto
debido por ley eterna
a las celestes deidades,
porque no has de hacer que tema
ni de tu estrella los rayos,
ni de tu hijo las flechas.
Yo sirvo y amo a Diana
si eres diosa, diosa es ella
que templará como luna
cuanto abrasares cometa,
voyme a buscar, sin temerte,
la soledad de las selvas;
que más que escuchar los hombres,
estimo el tratar con fieras.
(Vase.)

VENUS:

¿Hay atrevimiento igual?

SILVIA:

Señora, aunque voy con ella,
no soy tan bárbara y loca;
suplícole que me tenga
en posesión de mujer
para cuanto me acontezca;
y sepa Su Majestad
que ninguna cosa llega
a ser más mal empleada
que hermosura en mujer necia.
¿A los hombres quiere mal?
Que la imite no lo creas.
¿Qué me han hecho a mí los hombres
porque yo los aborrezca?

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 029 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


VENUS:

Con razón quedo corrida.
¡Amor, amor!
(Sale CUPIDO con arco y flechas:
harále mujer, en hábito corto y bizarro.)

CUPIDO:

Dulce reina,
dulce madre, dulce diosa,
dulce llama, dulce estrella.
¿Qué me mandas?

VENUS:

No estoy yo
para que tan tierno vengas,
puesto que te doy los brazos.

CUPIDO:

Soy amor, hablo en mi lengua:
mas ¿quién te ha dado ocasión
para el enojo que muestras?

VENUS:

Una ninfa de Diana,
un hielo, un alma de piedra,
aquí con mil libertades,
de nuestra deidad blasfema,
de nuestro poder se ríe,
de amar los hombres se afrenta.
No eres mi hijo, Cupido,
ni permito que me debas
las alas de que formaste
las plumas de tus saetas;
pondré el amor en tu hermano,
no dejaré que me veas
eternamente la cara,
si de Dafne no me vengas.


<<<
>>>

Pág. 030 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CUPIDO:

Conozco a Dafne; hoy haré
que de amores enloquezca;
haréla llorar de celos,
haré que con tristes quejas
y lágrimas rompa el aire,
y el seco prado humedezca;
no ha de vivir sólo un punto
con quietud.

VENUS:

Venganza fuera
fácil; mas temo a Diana,
que luego me dice afrentas,
mis adulterios infama,
y la red de hierro alega
con la risa de los dioses
cuando me vieron en ella
con el dios de las batallas;
también dice que en la tierra
quise a Adonis, que hoy es flor,
y que lloré la tragedia
del sangriento jabalí
entre las mirras sabeas
de los campos orientales.

CUPIDO:

Pues ¿cómo quieres que emprenda
tu venganza?


<<<
>>>

Pág. 031 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


VENUS:

Enamorando
della a quien ella no quiera.

CUPIDO:

Ya sabes, madre y señora,
que el Amor tiene dos flechas:
una de plomo, otra de oro;
la de plomo es cosa cierta
que causa aborrecimiento;
hiriendo a Dafne con ella,
y con la de oro algún dios,
ten por segura la fuerza,
porque al supremo poder
no puede haber resistencia.

VENUS:

Será discreta venganza.

CUPIDO:

Pues si es venganza discreta,
ata con cintas de nácar
el carro de oro las bellas
palomas de jazmín puro;
vuelve a tu luciente esfera,
que yo la pondré por obra.

VENUS:

De aquellas rosas que engendra
el sacro monte Pangeo,
producidas de mis venas,
te prometo una guirnalda.


<<<
>>>

Pág. 032 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CUPIDO:

Si Juno, si Palas fuera,
te han de rendir vasallaje.

VENUS:

Guardaos, mujeres soberbias;
que anda enojado el Amor:
amad, o temed sus flechas.
(Salen FEBO y BATO.)

BATO:

  ¿Viste la sierpe?

FEBO:

Ya vi
el fiero animal gigante.

BATO:

Pues si le tienes delante,
déjame volver a mí.

FEBO:

  Quiero que seas testigo
de que la sierpe maté.

BATO:

Sin verlo lo juraré
y sin que vaya contigo,
  al uso, de la ciudad,
adonde hay tantos que juran,
que escriben y que procuran
lo que nunca fue verdad.

FEBO:

  Júpiter, que mira el suelo,
les dará justo castigo.


<<<
>>>

Pág. 033 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BATO:

No teme el falso testigo
a Júpiter ni a su cielo.

FEBO:

  Súbete a ese monte, Bato,
y estarás seguro en él.

BATO:

Ya silba el monstruo cruel,
del mismo infierno retrato.
  Huid las sangrientas garras
de Fitón, ninfas, huid;
pastores, trepad, subid
por esas pardas pizarras;
  ya se acerca.

FEBO:

Extraño horror
me pone el fiero vestiglo,
que desde el primero siglo
no le vio el mundo mayor.
(Sale la sierpe echando fuego.)
  Vertiendo fuego me espera:
¡Júpiter, dame favor!

BATO:

Mátale presto, señor.

FEBO:

Yo haré que a mis manos muera;
  cumplió el cielo mi esperanza;
bizarro tiro: cayó.


<<<
>>>

Pág. 034 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


BATO:

¡Voto al sol, que le acertó
por la mitad de la panza!

FEBO:

  Baja, Bato que ya está
vertiendo sangre en el prado.

BATO:

Aun no estoy asegurado
hacia la cueva se va.

FEBO:

  Cortaréle la cabeza
para ponella en el templo
de Diana.

BATO:

Sois ejemplo
de valor y fortaleza.
  Ninfas, pastores, bajad
de los montes a los prados:
los escondidos ganados
por el valle apacentad;
  ya puede el rojo arrebol
dorar la cándida lana
desde la fresca mañana
hasta que se ponga el sol;
  ya con las flechas felices
rompió sus manos feroces.


<<<
>>>

Pág. 035 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Salen DAFNE, SIRENA, SILVIA y ALCINO.)
DAFNE:

Bato, ¿de qué son las voces?

SIRENA:

Bato, ¿qué victoria dices?

ALCINO:

  ¿Tú alegre en esta ocasión?

SILVIA:

¿Tú sin miedo?

BATO:

Sí, alahé;
pues ¿no queréis que lo esté?,
si Febo ha muerto a Fitón?

DAFNE:

  ¿Muerto?

BATO:

Y cortándole está
la cabeza.

ALCINO:

Digna hazaña
de un dios.

SIRENA:

De la montaña
bajan los pastores ya.


<<<
>>>

Pág. 036 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


DAFNE:

  La fama, desde nosotras,
con mil lenguas importunas,
quita los ecos de unas
para ponerlos en otras;
  ya se junta todo el valle
para dalle el parabién.

BATO:

Ya vuestros ojos le ven.

SILVIA:

¡Lindo aspecto!

ALCINO:

¡Hermoso talle!
(Sale FEBO con la cabeza.)
  Hincaos de rodillas todos.

SILVIA:

Bato, de rodillas ponte.

BATO:

Desde lejos, que aún la temo;
verá qué hocico y cogote
que tenía el buen Fitón.

FEBO:

Venid seguros, pastores,
que el arco de Febo ha muerto
la destrucción de los montes,
el incendio de los valles
y el veneno de los bosques,
para que su protector
de hoy más Tesalia me nombre.


<<<
>>>

Pág. 037 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ALCINO:

Libertador de la patria,
por eternos siglos goces
la gloria de tanta hazaña.

DAFNE:

Tú solo mereces nombre
de vencedor inmortal.

SIRENA:

A tus pies, Febo, se postre
cuanto por el cielo ilustras,
cuanto alumbras por el orbe.

SILVIA:

A tus sacras aras, Febo,
ofrezcan mirras y aloes
los más apartados indios.

BATO:

En grandes obligaciones
nos ha puesto su mercé;
Dios se lo pague y le torne
con bien de cualquier camino
que vaya del Sur al Norte;
que cierto que mos comía
ese maldito serpoche
en montañas y en aldeas,
los ganados y los hombres,
ni mos quedaba cochino,
aunque su mercé perdone,
que en verdad que los perniles
bien merecen que se nombren;
ni cabritos, ni terneras,
ni conejos, ni pichones,
ni mondonguinos, ni gansos;
pues gallinas, diez o doce,
sin pedir una toalla
ni un panecillo, zampóse
de un espetón muchas veces,
sin que las plumas lo estorben:
pues lo que es leche no es nada
aunque lo cuente a la postre:
de veinte o treinta calderas,
apenas dejaba el cobre.
(Dentro relinchos; pastores y pastoras,
con instrumentos, cantando y bailando,
y CUPIDO detrás de ellos.)
  A la gala de Febo
cantad, pastores,
y coronen sus aras
rosas y flores.


<<<
>>>

Pág. 038 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


UNA VOZ:

Del claro Peneo
las verdes riberas,
de Arcadia los bosques,
de Tempe las selvas,
a ofrecerle vengan
precisos dones,
y coronen sus aras
rosas y flores.

CUPIDO:

  Invisible entre esa gente
rústica, bárbara y pobre,
me trae una noble envidia
de ver que a Febo coronen
por disparar una flecha,
pues de todo su horizonte
no queda pastor o ninfa
que no le celebre y loe.
¡Qué vanaglorioso está!
¡Qué soberbio se antepone
a las deidades celestes!


<<<
>>>

Pág. 039 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Entre estas peñas y robles
un templo tiene mi hermana,
la hermosa Diana, adonde
descansa cuando en las selvas,
fieras sigue, ciervos corre;
porque es Diosa de la caza,
y porque Arcadia la invoque,
la cabeza de Fitón
quiero que su templo adorne.

ALCINO:

Ya, de tu victoria alegre,
los blancos velos descoge.
(El templo se abra,
y se vea DIANA en altar con un venablo
y un perro al lado, como la pintan.)

FEBO:

Entre tus sacros trofeos
permite, Diosa triforme,
que a tu noble templo ofrezcan
pastores y cazadores,
tenga lugar esta fiera,
porque no es justo que honre
otro altar victoria mía.

DIANA:

Febo, tan grandes favores
sólo mi amor los merece;
cuantos tigres y leones
tiene el Asia, cuantas fieras
y armados rinocerontes,
no pudieran ser despojos,
ni en todo el mundo mayores,
que de Fitón la cabeza;
esta ilustre y sobredore
los demás triunfos y ofrendas
con que mis aras componen;
cuando en las selvas Diana,
y cuando Luna en la noche,
a honrarme vendré con gusto
de una fiera tan disforme.


<<<
>>>

Pág. 040 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

No por lustros y olimpiadas,
pastores, de hoy más se note
mi triunfo, sino por años;
mirad que esta ley impone
Febo en premio desta hazaña
porque mi victoria logre
la memoria que merece;
y quiero que nombre tomen,
estas fiestas que instituyo
de Fitón, juegos fitones.
Daré premio a los que fueren
ya en la lucha los mejores,
ya en correr, ya en hacer versos,
en otras gracias conformes
la fiesta de aquel día.

ALCINO:

¡Viva Febo!

BATO:

A Marte asombre
este triunfo.

SIRENA:

¡Víctor, Febo!

DAFNE:

Cantad y ofrecedle flores.
(Cantan.)
A la gala de Febo
cantad, pastores, etc.
(Todos se van cantando;


<<<
>>>

Pág. 041 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


quedan FEBO y CUPIDO.)
FEBO:

¿Ha llegado ningún dios,
de cuantos sobre las torres
cristalinas de los cielos
tienen asiento en sus orbes,
a tanta fama, a tal gloria,
a tal triunfo, a tanto nombre?
Vulcano es un vil herrero,
¿qué importa que rayos forje?
Mercurio un tratante humilde,
estafeta de la corte
de los dioses celestiales;
pues Marte, de que interrompe
la paz del mundo se alabe,
y de formar escuadrones,
rizar plumas, limpiar armas,
lanzas, espadas y estoques;
pues Neptuno, con sus vientos
y sus delfines veloces,
¿quién puede ser?


<<<
>>>

Pág. 042 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CUPIDO:

Yo no puedo,
Febo, sufrir que blasones,
afrentando las deidades,
ni que a presumir te arrojes
por una hazaña tan vil,
que cuando a esta tierra importe,
más fue acierto que valor.
¿Quieres que todos te adoren
cuantos en Tesalia viven
con dioses, que protectores
tuvieron por tantos siglos,
y no es bien que los provoques?
Vete a matar liebres viles,
si cazador te dispones,
y si sol, a ver hazañas
que de mi valor te informen;
que yo, de los dioses todos
el menor, si a mí me escogen,
humillaré tus soberbias,
vengaré tus sinrazones,
haré...

FEBO:

Detente, rapaz,
si no quieres que de un golpe
deje sin Amor el mundo.

CUPIDO:

¿Tú a mí? Mal me conoces.


<<<
>>>

Pág. 043 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Sí conozco: ¿no eres tú
el que inventó las traiciones,
los agravios, las bajezas,
las guerras, los tratos dobles,
los adulterios, los celos,
y otras tantas invenciones,
con que no hay cielo que dejes,
ni tierra que no alborotes?
¿No eres tú el hijo de Venus,
dama que vivió sin orden
en Chipre por tantos años?
No dudes de que te sobren
padres nobles y plebeyos:
el que quisieres escoge.

CUPIDO:

¿Fue la tuya más horrenda,
cuyas peregrinaciones
sabe Delfos, y las cantan
las ranas con roncas voces,
trocando en pellejos verdes
sus labradores capotes?
¿Qué respondes?

FEBO:

Por muchacho
no te arrojo, niño enorme,
desotra parte del cielo.


<<<
>>>

Pág. 044 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


CUPIDO:

Poco a poco y no me apoques:
¿qué gigantes fulminaste?
¿Qué rayos tiraste entonces,
que tales soberbias dices?
Si matar fieras feroces
es gloria, mayor será
matar las almas de amores.
¿Es blasón rendir las fieras,
más que herir los corazones?
Tú flechas visibles tiras,
yo invisibles, tan veloces
que no hay resistencia humana
que su ejecución estorbe.
Mira tú: del arco y flechas,
¿quién puede con más razones
blasonar?

FEBO:

Mira, Cupido:
dejando aparte que pones
fuego al mundo, que disculpa
neciamente tus errores,
tus tragedias y venganzas,
de que a los hombres despojes
de su libertad, no arguyo
tu valor.

CUPIDO:

Eso respondes:
pues ¿qué animal es igual
al hombre?


<<<
>>>

Pág. 045 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Los que te acogen
son hombres desocupados
que viven en ocio torpe:
¿qué virtudes has vencido?

CUPIDO:

No quiero afrentar los dioses
ni cansarte con ejemplos.
¿Tú no te precias de noble,
de sabio y valiente?

FEBO:

Sí.

CUPIDO:

Y si te hiciese que llores
de amor, ¿qué dirás?

FEBO:

¿Yo?

CUPIDO:

Tú.

FEBO:

Vete, infame, y no me enojes.

CUPIDO:

A la prueba, y sean testigos
esos cielos que nos oyen.

FEBO:

Tengo impenetrable el alma.

CUPIDO:

Yo soy rayo.


<<<
>>>

Pág. 046 de 126
El amor enamorado Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FEBO:

Yo soy bronce.

CUPIDO:

Yo te haré, cera.

FEBO:

Soy sol.

CUPIDO:

Si eres sol, serás Faetonte;
que para fuerzas de amor,
ni valen hielos ni soles.


<<<
>>>

Acto II
Pág. 047 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


Salen VENUS y CUPIDO.
VENUS:

  ¡Oh, qué bien me obedeciste!
En obligación te estoy;
gracias, Cupido, te doy
del cuidado que tuviste:
alta venganza me diste
si, después que me partí,
Dafne se burla de mí,
y a su Diana siguiendo,
por las selvas anda huyendo
de los hombres y de ti.
  Gustarás de que me afrente
con soberbia presunción,
y te haya dado ocasión
para ser inobediente.
¿En qué estrella, en qué accidente
consiste que, sin temor,
sea para mí rigor,
ira, desdén y aspereza,
el que por naturaleza
es para todos Amor?


<<<
>>>

Pág. 048 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VENUS:

  Quien tantas almas enciende
de mi hijo no se alabe,
pues que vengarme no sabe
de una mujer que me ofende.
Por toda Arcadia se extiende,
de Febo la ilustre fama,
que lo que sabes te llama,
porque dio muerte a una fiera;
y tú, como si lo fuera,
tiemblas de ver una dama.
  ¡Vive Júpiter sagrado,
que estoy de pura tristeza
por quebrarte en la cabeza
el arco mal empleado!
Dime, cobarde y armado,
dime, desnudo y valiente,
¿cómo aquel valor consiente,
que con tu sangre te di,
que Febo te venza a ti,
y que a mí Dafne me afrente?


<<<
>>>

Pág. 049 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  Infamas sin ocasión
mi cuidado, madre mía;
que no ha sido cobardía
sino aguardar ocasión:
yo daré satisfacción
a mi agravio y tus enojos,
y por esos bellos ojos,
dulce estrella del aurora,
que ha de ser antes de un hora
Dafne de tus pies despojos:
  yo, que sin guardar decoro,
a Júpiter transformé,
por Leda, en cisne, y mudé,
por la bella Europa, en toro:
vete, que el plomo y el oro
hoy te dirán si me atrevo;
que por lo que a ti te debo,
y la parte que me alcanza,
tendrás de Dafne venganza
y yo la tendré de Febo.

VENUS:

  ¿Dasme la palabra?

CUPIDO:

Doy
a tus ojos celestiales.


<<<
>>>

Pág. 050 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VENUS:

Pues por humildades tales
mis brazos te doy, y estoy
tan satisfecha, que voy,
como pudiera vengada,
contenta y desenojada.
(Vase.)

CUPIDO:

Tú, principio de mi vida,
como me mandas servida,
como mereces amada.
  Selvas de Arcadia, montes y riberas,
yo soy Amor; mi madre me ha reñido;
de hoy más, todo mortal guarde el sentido;
que no he de perdonar aves ni fieras.
Tú, que las plantas, al correr ligeras,
por las sendas estampas del olvido,
presto verás, habiéndome ofendido,
lo que va de las burlas a las veras.
Hoy has de aborrecer, y ser querida;
y tú, vanaglorioso Febo, advierte
que no te importa ser fitonicida.
No pienses libre de mis flechas verte,
porque de cuantas cosas tienen vida,
sólo no supo qué es amor la muerte.


<<<
>>>

Pág. 051 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Dentro ruido de pastores, y sale BATO.)
BATO:

  Desgraciado en premios soy:
si el cielo premios lloviera,
ninguno a mí me cupiera;
por desesperarme estoy.
  ¡Oh, tiempo, no sé por quién
eres a mi premio ingrato!
Todos alaban a Bato,
pero nadie le hace bien.
  ¿De cuál peñasco arrojado
me dará fin este río,
que aun de morir desconfío,
según nací desdichado?
  Este es bajo, éste eminente,
éste aún no me da lugar;
tal estoy, que no he de hallar
peñasco que me contente.
  Un mancebo viene allí.

CUPIDO:

Dime, que el cielo te guarde,
pastor, ¿qué fiesta esta tarde
celebra el Arcadia aquí,
  que tanta gente se junta?

BATO:

Deciros la causa quiero;
que parecéis forastero
en el traje y la pregunta:
  dio Febo muerte a Fitón.


<<<
>>>

Pág. 052 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

¿Qué Febo?

BATO:

El nacido Delo,
el que lleva por el cielo
el dorado cherrión.

CUPIDO:

  Y Fitón, ¿quién fue?

BATO:

Una fiera
serpiente, que se comía
los ganados, y este día
celebran monte y ribera
  con juegos, que él ordenó,
de cantar, saltar, bailar,
hacer versos y luchar,
y todos los pierdo yo.

CUPIDO:

  ¿Cantáis vos?

BATO:

Muy mal.

CUPIDO:

¿Saltáis?

BATO:

Mucho peor.

CUPIDO:

¿Hacéis versos?

BATO:

Sí, señor; mas son perversos.


<<<
>>>

Pág. 053 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Pues ¿cómo queréis ganar?

BATO:

  Porque como yo sabía
que lo peor se premiaba,
por lo mismo imaginaba
que el premio merecería.

CUPIDO:

  ¡Oh, qué cosa tan mal dicha!

BATO:

Yo la he dicho muchas veces.

CUPIDO:

Donde son dioses jüeces,
culpad a vuestra desdicha;
  que los dioses saben bien
quién merece premio o no.
Decid los versos, que yo
quiero ser jüez también.

BATO:

  ¿Es dios su merced acaso?

CUPIDO:

Decid, que yo os lo diré
después.


<<<
>>>

Pág. 054 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Ya van alahé,
pero quítese del paso:
  en tomando su arco y flechas
Febo de un espetón
mató a la Sierpe Fitón,
y todos estos montes y riberas;
le hacen fiestas
saltando y bailando,
jugando y andando;
y dicen que el dios Cupido
nunca hizo tiro tan llocido,
porque es herrero su padre,
y su madre, por desastre,
le hubo en un sastre,
y nadie se asombre,
que era mujer, y no hombre,
y esto lo puedo jurar,
aunque nunca la vi nadar.

CUPIDO:

  ¿Hay más?

BATO:

¿Poco le parece?

CUPIDO:

Si vos escribís ansí,
¿qué premio esperáis?

BATO:

A mí
me han dicho que le merece.


<<<
>>>

Pág. 055 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  Pues porque jamás culpéislos
dioses, con este anillo
os premio.

BATO:

Me maravillo,
si es fino, que me lo déis.

CUPIDO:

  Mirad que tiene virtud
esa piedra para hacer
que os quiera cualquier mujer.

BATO:

Dios le dé vida y salud:
  Silvia me burló mil veces,
hoy me tengo de vengar.

CUPIDO:

Ya no podréis murmurar
siendo los dioses jüeces.
  Finalmente. ¿a quién premiaron
de las ninfas?

BATO:

Por mejores
en todas gracias de flores,
los cabellos coronaron
  de Dafnes y de Sirena,
que cantando las dos, creo
que pudieran, como Orfeo,
suspender la eterna pena.


<<<
>>>

Pág. 056 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  ¿Dafne premiada?

BATO:

¡Pues no!
Tanto, que con dulce guerra
la miró Febo en la tierra,
y en el cielo se paró.

CUPIDO:

  ¿Febo la miró?

BATO:

Es mujer
que se la pide a Peneo
mueso príncipe Aristeo.

CUPIDO:

Desde aquí la pienso ver.
(Todos los pastores de fiesta,
con instrumentos,
y FEBO detrás coronado de roble,
y DAFNE y SIRENA, de flores.)

ALCINO:

  En grandes obligaciones
nos pone tu majestad,
con hallarte, ¡oh, gran deidad!,
en nuestros juegos fitones;
  con esto serán más claros.
tú con más amor servido.

FEBO:

Mi propio interés ha sido,
pastores, venid a honraros.


<<<
>>>

Pág. 057 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Habla BATO con el Amor, y no le ve.)
BATO:

  Ahora, ilustre mancebo,
pues que no la conocéis,
la bella Dafne veréis,
veréis al valiente Febo
  mas ¿por adónde se fue?
que sin verle no es posible.

CUPIDO:

Aquí estoy, pero invisible,
donde ninguno me ve;
  desde aquí la flecha de oro
a Febo quiero tirar;
Diana ha de perdonar,
pues no ofendo su decoro;
  por enamorar a Febo,
la de plomo a Dafne tiro.
(Tira dos flechas a DAFNE y a FEBO.)

FEBO:

Parece que en Dafne miro
nuevo ser, semblante nuevo;
  nunca tanto en su belleza,
como ahora reparé.

DAFNE:

¡Qué diferente miré,
de Febo la gentileza
  de lo que la miro ahora!
Gallardo me parecía,
como al tiempo que salía
de los brazos del Aurora:
  ¡qué pena de verle tomo!
¡Qué mal talle! No merece
ser deidad.


<<<
>>>

Pág. 058 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Ya le aborrece,
ya va haciendo efecto el plomo,
  y el oro en Febo.

ALCINO:

Pastores,
Febo querrá descansar;
volvamos a coronar
su templo de almas y flores.
(Éntrense todos cantando,
y FEBO detenga a DAFNE.)

FEBO:

  Espera, Dafne, espera.

DAFNE:

¿Qué quieres?

FEBO:

Hazme un favor.

DAFNE:

¿En qué te sirvo?

FEBO:

Una flor
desa guirnalda quisiera;
ni es mucho a la primavera
pedir flores por favores,
que es propio tiempo de amores.

DAFNE:

¿Flores me pides a mí,
cuando al Aurora y a ti
deben los prados las flores?


<<<
>>>

Pág. 059 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

  Lo que se puede tomar
no puede favor llamarse,
porque es cosa que ha de darse
si favor se ha de llamar.

DAFNE:

El que a otro puede dar,
es forzoso conceder
que superior viene a ser,
y tu deidad perdería
si yo, de cosa que es mía,
le puedo favorecer.

FEBO:

  Dafne hermosa, la deidad
celestial naturaleza,
de cuanto es mortal riqueza
no tiene necesidad:
lo que pide es voluntad;
las demás cosas son vanas
para prendas soberanas,
y ésta falta entre las dos;
que siempre está pobre Dios
de voluntades humanas.
  El olor del sacrificio,
desde la ardiente ceniza
los aires aromatiza,
porque en su piadoso oficio
es del corazón indicio,
y por eso juzgas mal
en llamarte desigual;
que es tal la fuerza de amor,
que puede hacer inferior
lo inmortal a lo mortal.


<<<
>>>

Pág. 060 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

  La violencia más segura
para hacer desde la tierra
a los mismos dioses guerra,
es la perfecta hermosura.
El oro y la plata pura,
las piedras, los minerales
y las perlas orientales,
las crío y engendro yo;
pero nunca el sol crió
esos ojos celestiales.
  Que si pudiera mi mano
dar a tu belleza ser,
¿qué le quedaba que hacer
a Júpiter soberano?
Y aún pienso, y tengo por llano,
que tan perfecta y tan pura
belleza y rara pintura
ella misma se hizo a sí,
porque de otra que de ti
no fuera tanta hermosura.
  Yo puedo hacer en la mina
el diamante y el rubí,
no engastar en carmesí
clavel tu boca divina:
con esto, Dafne, imagina,
si te parece extrañeza
que conquiste tu belleza,
que hasta un dios pudo rogar
por lo que le puede dar
la mortal naturaleza.


<<<
>>>

Pág. 061 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

  Febo ilustre, yo nací
del claro río Peneo,
como sabes, semideo,
en cuya orilla crecí
hasta que las ninfas vi
de la triforme Diana,
a quien dediqué lozana
verde edad, que no hermosura,
y a su casta imagen pura
la parte que tengo humana.
  Aristeo me pidió
por mujer, que de Tesalia
es Príncipe, y la acidalia
Venus tanto se enojó
de que le dejase yo
por seguir su casto coro,
que contra el justo decoro
a que me quieras te obliga,
porque, queriéndote, siga
las leyes de Amor, que ignoro.
  Yo no quiero, ni he querido,
ni pienso querer jamás,
si todo el oro me das
de tus rayos producido:
muda el amor en olvido;
que aunque eres deidad, yo humana,
será tu esperanza vana
mientras más loca pretenda,
pues cuanto Venus me ofenda,
sabrá guardarme Diana.

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 062 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

  ¡Al autor de la luz tanto desvelo,
tanto desdén y desigual porfía!
Estoy por no salir, ni formar día,
aunque la Tierra se lamente al Cielo.
Caiga la noche de sí misma al suelo,
sin esperanza de la lumbre mía,
porque la caza que estas selvas cría
se envuelva en sombra de su eterno velo.
Suspende el arco al hombro, que profana
la ley de Amor, y si es buscar severa
fieras tu condición, dulce tirana,
¿qué fiera más cruel hallar espera
que la que tiene con belleza humana,
de piedra el alma, el corazón de fiera?

(CUPIDO se le pone delante.)


<<<
>>>

Pág. 063 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  ¿Adónde bueno, gallardo
Febo, el del famoso tiro?
Vienes de ver, por ventura,
las fiestas y regocijos
que a la muerte de Fitón
las riberas deste río
celebran con tanto aplauso
de juegos y sacrificios?
¿O, codicioso de hacer
suerte igual entre estos riscos,
buscas otra sierpe fiera
que derribe excelsos pinos,
que devore los ganados,
y rompa los edificios?
¿Adónde la dejas muerta?
Que yo confieso que envidio
las honras que estos serranos
hacen a tu nombre invicto.
¿Qué dicha mayor que ver
cómo eres dellos tenido
por el mayor de los dioses
que tiene el sagrado Olimpo?
Adórante cuantas ninfas
habitan los extendidos
campos que riega Peneo
en círculo cristalino,
y más entre todas Dafne,
su hija, con quien he visto,
de la florida ribera
entre los verdes alisos,
tan tierna y enamorada,
que parece que yo mismo
la enseñaba los amores
que a tus requiebros ha dicho.
¿Cómo la dejaste ir?


<<<
>>>

Pág. 064 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

Mal nacido basilisco,
dulce afrenta de las almas,
grave error de los sentidos,
engaño de la esperanza,
tirano del albedrío,
sinrazón de la razón
y de la memoria olvido;
pasión del entendimiento,
de la voluntad hechizo,
suspensión de las acciones,
humano con lo divino,
y divino con lo humano;
el más traidor que ofendido,
por envidia y por venganza
te burlas, rapaz, conmigo:
¿Parécete que es victoria
haberme Dafne rendido?
¿Lo que su hermosura ha hecho
atribuyes a tu oficio?
Sus ojos, y no tus flechas,
sus donaires, no tus tiros;
que la hermosura perfecta
no mata con artificio.
Plega al cielo que te veas,
siendo Amor, aborrecido,
y que te deje, a quien ames,
por hombre mortal e indigno,
y que por tus ojos veas,
abrasado en celos vivos,
sus dos almas, sus dos vidas,
en un cuerpo hermafrodito.
Oigan los dioses mis ruegos,
en cuya piedad confío
venganza de tus agravios,
y piedad de mis suspiros.

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 065 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

No sé cómo, viendo a Febo
tan triste, el placer resisto;
pero sin comunicarse,
¿qué gusto jamás lo ha sido?
Voy a referir a Venus
sus trofeos y los míos.
Dafne huye, Febo adora,
yo triunfo. ¡Cupido, víctor!
(Salen DAFNE y SIRENA.)

SIRENA:

  ¿De eso vienes victoriosa?

DAFNE:

¿De qué quieres que lo esté
con más razón?
{{Pt|SIRENA:|
Desdén fue
de mujer loca y hermosa;
¿dirás que de virtuosa
el desdén ha procedido?

DAFNE:

Valor y virtud ha sido.

SIRENA:

Yo no le doy ese nombre,
pues al que es dios y al que es hombre
tratas con un mismo olvido.
  Que desechos a Aristeo
me parece necedad,
y de Febo la deidad,
vanaglorioso trofeo:
¡Que ningún amor ni empleo
tu condición te permita!
¡Qué nación el mundo habita,
que haya despreciado al sol,
desde el indio al español,
y del alemán al scita?
  ¡Ah, Dafne! Júpiter quiera
que no pague la locura
de emplear tanta hermosura
en ir siguiendo una fiera.


<<<
>>>

Pág. 066 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

Yo sé qué premio me espera,
y no es esperanza vana,
cuando lo sepa Diana,
de cuyo coro me precio,
y por cuyo honor desprecio
toda la riqueza humana.
  Mas cuando su celestial
compañía no siguiera,
menos a Febo quisiera,
porque me parece mal;
tanto, que en odio mortal
el respeto he convertido.

SIRENA:

Si es gallardo y entendido
un hombre, ¿qué ha de tener
para quererte?

DAFNE:

Nacer
con dicha de ser querido;
  tanto sol no me conviene,
ni hay tan rudo labrador
que me parezca peor
de cuantos Arcadia tiene.


<<<
>>>

Pág. 067 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Venus le ama y le entretiene,
y día y noche le sigue.

DAFNE:

Mal gusto.

SIRENA:

El cielo te obligue
a hacer presto un necio empleo
en el sátiro más feo,
que tus melindres castigue.
  Todas las que sois así,
arrepentidas lloráis
después que a todos vengáis,
como lo espero de ti.

DAFNE:

Vete. Sirena, de aquí,
y no culpes mi desdén;
que como tú quieres bien,
hablas mal contra el decoro
de Diana.

SIRENA:

De su coro
me río, y de ti también.
  Nace al aurora la flor
vanagloriosa de sí,
y si pasa por allí
el gallardo cazador,
parece que de temor
de que la toque su mano,
aunque fue melindre en vano,
a las hojas se retira,
y cuando ya el sol expira,
la pisa el rudo villano.
  Tu aspereza no es virtud,
sino necia vanagloria;
en tanto intenta victoria
tu loca solicitud:
yo culpo tu ingratitud,
de vana arrogancia llena.


<<<
>>>

Pág. 068 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

Vete y déjame, Sirena
que viciosa compañía
hará que juzguen la mía
por la libertad ajena.

SIRENA:

  Si es porque de Alcino soy,
yo estoy tan bien empleada
como tú estás engañada.

DAFNE:

En mi daño si lo estoy:
vete con Dios.

SIRENA:

Yo me voy;
todo el tiempo lo sujeta:
tú verás si eres discreta,
y si yo la necia soy.

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 069 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

  No hay cosa más importuna
que la persuasión de un necio,
cuando presume que sabe
y que enseña al que es discreto.
No de otra suerte combate
la roca en la mar al viento
las ondas de las aguas
una tras otra soberbio,
que como quien burla dél,
firme en su nativo asiento,
vuelve en espumas los golpes,
y en blanda risa los ecos:
así se cansa quien piensa
reducir mi entendimiento
a no seguir de Diana
limpia vida y trato honesto.
Por más imposible juzgo
que pueda querer a Febo,
que hacer solsticio sus rayos
un año en medio del cielo.
(Sale un ciervo por una puerta del teatro.)
¡Oh, qué valiente animal!
Tan alto y hermoso ciervo
no le ha criado el Arcadia:
seguirle y tirarle quiero.
¿Huyes? Yo sabré seguirte.
Yo mate este ciervo, y Febo
mate serpientes Fitones.
(Va tras él, y vuelve a salir por la otra parte.)
No pareces muy ligero,
ciervo gentil, por Diana,
a quien humilde prometo
de tu pardo morrión
las plumas para trofeo,
más que penacho marcial,
cobarde muestra del pecho,
de honrar su templo contigo:
pero ¡ay, Júpiter! ¿Qué es esto?
Burla ha sido de los ojos,
cual suele pintar el sueño
en el interior sentido
formas de vanos efectos.
¡Ay Dios, ay triste, ay de mí!


<<<
>>>

Pág. 070 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Por donde el ciervo se desaparece, sale FEBO.)
FEBO:

Sosiega, Dafne.

DAFNE:

¡Ay, cielos!

FEBO:

Febo soy.

DAFNE:

Pues ¿qué me quieres?

FEBO:

Que me escuches.

DAFNE:

¡Muerta quedo!


<<<
>>>

Pág. 071 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

Yo te truje con engaño
entre estos olmos y fresnos,
adonde apenas las aves
rompen el mudo silencio:
fingí el ciervo que seguiste;
hoy quedarán mis deseos
de tu desdén victoriosos,
pues aún apenas el cielo
nos puede ver, que las ramas
edifican verdes techos
para defender los troncos,
en que estriba su alimento,
contra las estrellas sirias,
que ladran por ofendellos.
Sosiégate, vuelve el rostro;
qué, ¿te turbas? ¿Tan grosero
villano me consideras?

DAFNE:

Mi desdicha considero
y tu traición. ¿Esto hacen
dioses? ¡Qué gentil ejemplo
para los hombres mortales!

FEBO:

Si lo fuera yo, sospecho
que me tuvieras amor;
tú estás sin mayor remedio
que trocar en voluntad
la fuerza.


<<<
>>>

Pág. 072 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

¿Fuerza? Primero
se harán pedazos los polos
en que estriba el firmamento,
y la rueda celestial
caerá desasida de ellos;
primero verán los hombres
trocados los elementos,
ligera el agua y la tierra,
pesados el aire y fuego;
primero aquellos diamantes
del cielo...

FEBO:

¡Oh, tanto primero!
Dafne, yo te adoro; yo
soy el que tengo el gobierno
del mundo; ya no es posible
que puedan mis brazos menos
que tus desdenes.

DAFNE:

¡Ay, triste!
¡Ay, infeliz!

FEBO:

Cuando huyendo
fueras a aquellas regiones
que eternamente me vieron,
tengo de alcanzarte: Dafne,
espera.

DAFNE:

¡Valedme, cielos!


<<<
>>>

Pág. 073 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen BATO y SILVIA.)
SILVIA:

  ¿Con ese talle querías,
Bato, que yo te quisiese?

BATO:

Sí querrás, aunque te pese.

SILVIA:

¡Qué neciamente porfías!

BATO:

  Con la boca bien podrás
decir sí; que dices no.

SILVIA:

En diciendo nones yo,
no diré pares jamás;
  estos son nuestros azares,
estas nuestras condiciones.

BATO:

Como ésas han dicho nones,
que después paran en pares;
  pues a fe que tengo aquí...

SILVIA:

¿A ver, por tu vida, a ver?

BATO:

Dime si me has de querer.

SILVIA:

Sí, resí, tatarasí.

BATO:

  Por ver, ¿qué no harán mujeres?


<<<
>>>

Pág. 074 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

Si también tú dices no,
¿cómo es posible que yo
pueda pensar que me quieres?

BATO:

  Mira qué anillo.

SILVIA:

Soy corta
de vista, en mi mano quiero
verle.

BATO:

Pues jura primero.

SILVIA:

Y mi palabra, ¿no importa?

BATO:

  La mujer no está obligada;
que por esto viene a ser
quien no la cumple mujer,
y es rueca la que era espada.

SILVIA:

  Plegue a Dios que, si lloviere,
ni pie ni mano me moje,
y que en la cama me arroje
cuando más sueño tuviere;
  ni coma ni beba más
de lo que tuviere gana,
y si fuere de mañana,
no me levante jamás.
  ¡Mira qué gran juramento!


<<<
>>>

Pág. 075 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Alahé, que has de comprir
lo que dices, o morir
por ello.

SILVIA:

Muestra, jumento.

BATO:

  Toma.

SILVIA:

Mi Bato querido,
dámele.

BATO:

¿Quiéresme?

SILVIA:

Pues.

BATO:

¡Verá el diablo! Verdad es;
sacudióla el dios Copido;
  pero el hombre fue discreto
que aquel anillo me dio,
si por el dar entendió
la virtud de este secreto.
  Ahora bien, dame un abrazo.

SILVIA:

¡Malos años para ti!

BATO:

¿Y el juramento?

SILVIA:

¿Yo?


<<<
>>>

Pág. 076 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Sí;
tú verás, llegado el plazo,
  cómo llueve y no te mojas,
ni eres la mañana dueño
de tus pies, y que con sueño
sobre la cama te arrojas.
  Ésta me ha engañado,
soy un tonto; engañarla quiero:
¿Silvia?

SILVIA:

¿Qué quiere el grosero?
porque sepa que me voy.

BATO:

  ¿No sabes como el Fitón
que mató Febo dorado
preñado estaba?

SILVIA:

¿Preñado?
¿De quién?

BATO:

De otro serpentón
  que salió de la barriga
aquella noche.

SILVIA:

¡Mal año!

BATO:

Tanto, que, temiendo el daño,
a que consulten obliga
  la diosa Temis, y dice
que ha de comer solamente
toda mujer que no siente
qué es amor.


<<<
>>>

Pág. 077 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

¡Ay, infelice!

BATO:

  Las que engañan, y después
lo que prometen defienden,
las que piden, las que venden
el amor por interés,
  las ingrata, las crueles.
las tontas, las bachilleras,
las que engañan con chimeras
a los amantes noveles,
  las que toman los anillos.

SILVIA:

¡Ay, Bato, no digas más;
que esta noche me verás
al volver mis corderillos!
  Pero porque no te vean
busca un pellejo de lobo,
y por uno y otro escobo
haz de suerte que lo crean,
  porque me hables entretanto
que anda el prado temeroso.

BATO:

Ser lobo es dificultoso:
tomalle no lo era tanto;
  pero yo lo haré por ti
e iré a buscar el pellejo,
que lobo, zorra y conejo
me quiero volver; mas di:
  ¿quiéresme ahora abrazar?


<<<
>>>

Pág. 078 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

Y ¡cómo si abrazaré!

BATO:

¡Oh, qué bien que la engañé!

SILVIA:

¡Oh, qué, palos le he de dar!
(Vanse.)
(Sale DAFNE huyendo.)

DAFNE:

  ¡Tened lástima de mí!
¡Favor, dioses inmortales,
no pueden desdichas mías
desacreditar deidades!
Si la virtud no os obliga,
¿cómo podrán los mortales,
temiendo vuestra justicia,
reprimir sus libertades?
¡Favor, piedad!
(FEBO dentro, como que viene de lejos.)

FEBO:

¿Dónde huyes
y de quién, hermosa Dafne?
Para, de piedad de ti,
ya que no de mí, a escucharme:
mira que de ti la tengo;
pues para que no te canses,
voy rogando a mis deseos
que se detengan y paren.

DAFNE:

¡Cielos, ya suena más cerca!
¡Árboles, cubridme, dadme
favor, pues falta a los dioses!


<<<
>>>

Pág. 079 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

No soy yo rústico amante,
no soy villano grosero;
tú verás, como me aguardes,
que sólo me manda Amor
que te mire, que te hable
con aquel cortés respeto
que es tan justo que te guarde.

DAFNE:

Parecéis malos jüeces,
deidades inexorables,
que en los reos no castigan
los delitos que ellos hacen.
¡Oh, Júpiter! Si tú fuerzas
a Egina, a Leda y Danae,
¿cómo detendrás a Febo?

FEBO:

¡Detente, Dafne, un instante!
¿Cómo sufres que tus pies
tantas espinas maltraten?
¿Quieres, por dicha, cruel,
que, como a la hermosa madre
de Amor, produzca la tierra
nuevas rosas de tu sangre?

DAFNE:

¡Ya le veo, yo soy muerta!
Peneo, mi dulce padre,
¡favor!


<<<
>>>

Pág. 080 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale FEBO.)
FEBO:

No dirás que he sido
tan veloz para alcanzarte
como corriendo los cielos,
aunque eres más bella imagen,
que por mi eclíptica de oro
forman eternos diamantes.
(Váyase DAFNE arrimando a la transformación.)
Ya no tienes dónde huir;
si quieres asegurarte,
en estos brazos te esconde.

DAFNE:

Tierra, tus entrañas abre,
y en tu centro me sepulta.
(Transformándose en laurel.)

FEBO:

Tente, espera; celestiales
dioses, ¿qué crueldad es ésta?
¿Un árbol queréis que abrace?
¿Qué lo dudo? Ramos son
que del duro tronco salen,
alma de aquella cruel:
venganzas son desiguales
de mis ofensas, Amor.
(DAFNE en el árbol.)

DAFNE:

¡Ay!


<<<
>>>

Pág. 081 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

Con qué voz lamentable,
temblando el árbol se queja
piadosamente suave:
¿Qué haré, que pierdo el sentido?
¡Que todo el cielo vengase
a Venus! ¡Ah falsos, dioses!
Produce, tierra, gigantes,
que intrépidos otra vez
intenten aposentarse
en el alcázar eterno,
de donde arrojados bajen:
poned montes sobre montes,
¡oh terrígenas titanes!
Y matadme a mí el primero,
si hay hombres que dioses maten:
¡oh, cielos, quién ahora, en tantos males,
pudiera ser mortal para matarse!
Árbol, aunque ingrato fuiste,
quiero en la muerte mostrarte
que fue mi amor verdadero,
porque no hay prueba que iguale
como, después de la muerte,
firmezas de voluntades.
Tú serás el árbol mío,
laurel quiero que te llamen,
aunque en tu dura corteza
su condición se retrate,
cubriendo un alma de bronce
y unas entrañas de jaspe.
Arrojo el roble, y desde hoy
quiero de ti coronarme:
desta rama haré a mi frente...


<<<
>>>

Pág. 082 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DAFNE:

¡Ay!

FEBO:

Perdona; para honrarte,
corona que también sea,
para ilustres capitanes,
triunfo de insignes victorias
y premio de hazañas grandes.
Tú serás la verde insignia
de Césares imperiales,
lauréola de ingenios
en las científicas artes,
tú de poetas honor,
que de siglo a siglo nacen.
Pero ¿qué puede haber, Dafne, que baste,
si no tengo de verte, a consolarme?

DAFNE:

Febo, el favor agradezco,
aunque arrepentida tarde;
que para ejemplo de ingratas
quiso el cielo transformarme
en el que llamas laurel.
Vengado estás; ya no aguardes
oír más mi voz.

FEBO:

Temblaron
las ramas: ya el alma parte
a los Elisios. Permite,
si no he de oírte, abrazarte,
aunque es tanta tu dureza
que, para que no te abrace,
volverás a ser mujer
y volverás a matarme,
para que en vida y muerte no me falte
desdén que huya, ni beldad que mate.


<<<
>>>

Pág. 083 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale BATO.)
BATO:

  Cosas mandan las mujeres
a los hombres, que es un necio
el que por tan caro precio
quiere, comprar sus placeres.
  ¿Adónde hallaré, en efeto,
este pellejo de lobo?
Silvia me tiene por bobo;
pues a fe que soy discreto.
  Lo que para no envidiado
dicen algunos que basta,
y más no habiendo en mi casta
ni dichoso ni letrado.
  Si ésta me cumple el concierto,
todos somos vengativos;
muchos lobos topo vivos,
y ninguno topo muerto.
  Allí está Febo, a la fe;
él del pellejo dirá,
pues por esos mundos va
y cuanto hay en ellos ve.
  ¡Ah, señor Febo!

FEBO:

¿Quién llama?

BATO:

Bato soy, aquel zagal
que le enseñó el animal
que le ha dado tanta fama.


<<<
>>>

Pág. 084 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

  ¿Qué me quieres? Que recelo
que para tu daño sea.

BATO:

Hanme dicho que voltea
por la maroma del cielo,
  y véngole a pescudar
si en el mundo, nuevo o viejo
ha topado algún pellejo
de lobo que me enseñar;
  que esta noche Silvia y yo...

FEBO:

Villano, ¿burlas a mí?

BATO:

Pues ¿con eso le ofendí?
¿De un pellejo se enojó?

FEBO:

  Mataréte.

BATO:

¡Cielo santo,
favor! Al monte me subo.

FEBO:

Aguarda.

BATO:

¡En qué poco estuvo
que me diese con un canto!
(Vase subiendo por el monte.)

FEBO:

  La Luna, mi blanca hermana,
está de creciente ahora,
ya de salir es la hora;
escucha, hermosa Diana.


<<<
>>>

Pág. 085 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

  ¿Si acaso me llama a mí?
¡Ah, señor! ¿Topó el pellejo?

FEBO:

Si tú no, me das consejo,
Luna, ¿qué ha de ser de mí?
  Ven, Diana, ven hermana.

BATO:

Ya no me puede faltar:
¿Qué dice? ¿Que le he de hallar
en el templo de Diana?
  Dios se lo pague, señor;
que ya voy por el pellejo.
(Vase.)

FEBO:

Luna, de la tierra espejo,
y del cielo resplandor,
  en quien la noche se toca,
y se miran las estrellas,
si la luz que en ti y en ellas
infundo sol te provoca,
  óyeme en la tierra Febo.
(Por lo alto un carro de plata;
DIANA sentada en él
con una media luna en el tocado.)

DIANA:

Ya te escucho, hermano mío;
¿qué tienes? ¿De quién te quejas?

FEBO:

De dos monstruos, madre e hijo,
incendios de tierra y cielo,
que a tu frígido epiciclo
solamente han perdonado.


<<<
>>>

Pág. 086 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


DIANA:

¿Qué te han hecho?

FEBO:

Ese Cupido,
ese hermano de la muerte,
ese decrépito niño,
envidioso de que hiciese
aquel celebrado tiro
con que di muerte a Fitón,
de Tesalia basilisco,
me hirió de amor de la hija
de Peneo, ilustre río,
que huyendo de mí, transforman,
airados siempre conmigo,
los dioses en árbol; mira
si me quejo, si suspiro,
si lloro con justa causa;
como a mi hermana, te pido,
si no remedio, venganza.

DIANA:

Por esta luz que recibo,
Febo, de tus claros rayos,
y que doy por tantos siglos
doce veces a los años,
que ha de hacer que el mal nacido
rapaz, por quien le aborrezca,
de amor se abrase a sí mismo.
Tú verás enamorado
al Amor, nuevo prodigio
al mundo; que esta venganza
será por los mismos filos.
No hay dios que esté bien con él,
todos le han aborrecido;
tú verás como le doy
con mi castidad castigo.
¿No sabe Venus, no sabe
que sus lascivos delitos
descubren mis castos rayos?
Conmigo, Venus, conmigo.


<<<
>>>

Pág. 087 de 126
El amor enamorado Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

Pues prosigue tu carrera,
luna de los ojos míos;
pisen tus ruedas de plata
los celestiales zafiros;
que ya se mira el Aurora
coronada de jacintos,
y las flores en los prados,
y las aves en los nidos,
hacen salva a su lucero
con las hojas y los picos,
para que mi carro de oro
trueque por el griego el indio.
(Pasa el carro lo demás
del teatro por lo alto,
y acabe la jornada segunda.)


<<<
>>>

Acto III
Pág. 088 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


Sale CUPIDO.
CUPIDO:

  ¿Qué venganza del cielo,
qué ira de sus dioses soberanos,
con envidioso celo
del imperio que tengo en los humanos,
pena me dió tan nuevamente fiera,
que siendo el mismo Amor, de amores muera?
  Aves enamoradas,
que destas selvas en el Buen Retiro,
o solas, o casadas,
no cantáis versos sin final suspiro,
y con ecos dulcísimos sonoros
amor y celos alternáis a coros;
  fieras que las montañas
vivís en soledad, tal vez quejosas
de serlo mis hazañas,
faunos lascivos y silvestres diosas,
humor vital, vegetativas almas
de tantos cedros, plátanos y palmas;
  Pastores deste prado,
que tantas veces abrasé de amores:
si hubiera yo pensado
lo que era yo, mis penas y rigores,
con más piadoso afecto hubieran sido
en mataros de amor temiendo olvido.


<<<
>>>

Pág. 089 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  Tiré sin experiencia
de mi mismo dolor, que no sabía
de celos ni de ausencia;
maté sin ver que se acercaba el día
de dar a todos tan cruel venganza,
que me abrasa de amor sin esperanza;
  cual suele en blanda cera
arder la luz y consumirse luego,
en mi abrasada esfera
soy alimento de mi propio fuego,
siendo en la cera, que mi fin recela,
mi propio ardor el alma de la vela.
  Aves, fieras, pastores,
una ninfa cruel, una pastora,
mata al Amor de amores;
ya no hay amor, ni mata, ni enamora:
Sirena es ya, Sirena prende y mata,
y siendo Amor con el amor ingrata.
  Quebrar el arco quiero
en este tronco de mi mal testigo,
pues de mí propio muero:
yo me maté, yo fui traidor conmigo:
que en tanta confusión, en tanto abismo,
yo mismo soy veneno de mí mismo.


<<<
>>>

Pág. 090 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Sale FEBO.)
FEBO:

  Quedo, señor Amor, blanda la mano;
que este laurel es mío,
que tiene vida y sentimiento humano;
¿no ve que maltratarle es desvarío?
Si quiere enamorarle,
desde lejos podrá mejor tirarle;
  que darle con el arco es bajo modo
para el alma que cubre esa corteza,
que tuvo en vida celestial belleza,
si con las flechas mata el mundo todo,
no mate con el arco bajamente;
abrase, tire, prenda, mas no afrente.
  Si no le supo herir cuando vivía,
¿por qué le hiere muerto?
o le castiga porque no quería
ser más necia que fue.

CUPIDO:

¡Desdicha mía!
Vete, Febo, con Dios.

FEBO:

Esto le advierto:
  respete mi laurel, que ya corona
césares, capitanes y poetas.
¿Cómo no habla? ¿Cómo no blasona?

CUPIDO:

Vete, Febo, por Dios, que mis saetas
te han vengado de mí; las que tiraba
se vuelven a mi pecho.


<<<
>>>

Pág. 091 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

¿Cómo ha sido?
O ¿quién te hurtó las flechas del aljaba?
Ya soy tu amigo: cuéntame, Cupido,
tan grande novedad, que te prometo
sentir tus penas y guardar secreto.

CUPIDO:

¿Piensas, Febo, que el alma no te miro?
¿Ahora vienes a engañarme, Febo?

FEBO:

De verte amar me admiro:
¿no eres tú Amor? ¡Qué prodigioso y nuevo
portento, amar Amor quien no le quiere!
¡Llorad, pastores, que el Amor se muere!

CUPIDO:

¡Basta, Febo, no más; ya estás vengado!

FEBO:

Cuantos males me has hecho, me has pagado.
Ahora, ingrato Amor, verás quién eres,
pues que, siendo el Amor, de amores mueres.
¡Con qué traición mirabas,
con qué crueldad herías!
¡Paga, villano Amor, el mal que has hecho!
Las saetas trocabas,
y a Dafne me rendías,
en cuya nieve se abrasó mi pecho;
ya quedo satisfecho
de todos mis agravios
con verte, Amor, rendido;
mira de hoy más, Cupido,
cómo hieres los dioses y los sabios,
que tantas maldiciones
alcanzaron castigo a tus traiciones.

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 092 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

¿Qué tal venganza he dado?
Aves, fieras, pastores,
venid a ver a Amor enamorado;
y dí los pasadores,
el arco y la cadena,
a la bella Sirena
ella mata de amores,
ella sola es amor, ella enamora;
della os guardad, pastores, desde ahora;
que ya no soy Cupido,
sino el Amor, que fue de amor vencido.
(Sale VENUS.)

VENUS:

  Amor, ¿de qué te lamentas?

CUPIDO:

De mí mismo, aunque acertara
cuando de ti me quejara,
que verme sin honra intentas.
¿Vienes a ver mis afrentas,
por dicha?

VENUS:

Debes de estar
loco.

CUPIDO:

Pudiera el pesar
enloquecerme de triste,
porque tú sola pudiste
al Amor enamorar.

VENUS:

  Pues ¿estáslo, Amor, de mí?


<<<
>>>

Pág. 093 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Yo siempre de ti lo estoy,
mas hoy que venganza doy
al mundo, no fue por ti.

VENUS:

¿Quieres bien?

CUPIDO:

Señora, sí;
y tú lo sabes mejor.

VENUS:

Mientes, Amor, que en rigor,
por tus ardientes castigos
¿quién tiene más enemigos
en cielo y tierra que Amor?
  ¿Nunca has visto en una voz
la gente de algún lugar
juntarse para matar
un fiero animal feroz,
que contra su furia atroz,
de que a todos parte alcanza,
cuál con dardo, cuál con lanza,
cuál con alabarda sale,
porque entre todos iguale
al agravio la venganza?
  Pues esto han hecho, contigo
los dioses, y yo pudiera,
pues no hay en Tesalia fiera
como tú fuiste conmigo;
Marte en el cielo testigo,
como Adonis en el suelo:
pero puesto que recelo
la causa, dime quién es,
para ayudarte después
a pedir piedad al cielo.


<<<
>>>

Pág. 094 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  Dulce madre mía,
Lucero el mayor,
que del cielo esmalta
su azul pabellón;
divino planeta,
celeste esplendor,
prólogo del día,
preludio del sol,
a quien por benigna,
Júpiter le dio
del tercero cielo
la jurisdicción:
yo tuve con Febo,
cuando, cazador,
con valiente brazo
dio muerte a Fitón,
la cuestión que sabes,
de que procedió
el laurel de Dafne
con alma y sin voz,
quejóse a los dioses,
llamóme traidor;
no sé cuál de todos
a todos vengó.
Hay una serrana,
destos valles flor,
gloria de su aldea,
de su prado honor,
basilisco en vista,
humano y feroz,
ángel en belleza,
fiera en condición.


<<<
>>>

Pág. 095 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Nunca con tal risa
las hojas abrió
la rosa al rocío
del primero albor,
cuando Abril la esmalta
del rojo arrebol,
que ocultaba el Marzo
en verde botón:
parece que el cielo
jazmines tomó
para hacer al rostro
cándido color.
Si pintar quisiera
tanta perfección,
recibiera agravio
su eterno pintor.
Quien mira su brío,
dice con razón
que la primavera
por allí pasó.
Yo la vi una fiesta
que al valle salió;
no sé qué me dijo,
prestéla atención;
que el oír al ver
siempre fue veloz.
Miróme al descuido,
cuidado me dio;
que en viendo los ojos,
¡ay del corazón!


<<<
>>>

Pág. 096 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Reparando en ella,
un helado ardor
discurrió mis venas
y la alma llegó.
Pregunté la causa
del nuevo vigor,
respondióme el alma,
madre, que era yo;
de suerte, señora,
que yo mismo soy
el amor que tengo,
pues muero de amor.
Nunca su ponzoña
al áspid mató,
como a mí me mata
mi propio dolor;
del aljaba pienso
que se me cayó,
yendo a recostarme,
algún pasador,
y por este lado
de suerte me hirió,
que Amor, que era uno,
se ha partido en dos,
a cuanto le digo,
me responde: «No»,


<<<
>>>

Pág. 097 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

porque todos dicen
que quiere un pastor;
como es igual suyo
presto se rindió,
que amores iguales
verdaderos son;
tales partes tiene,
que celoso estoy;
que hay gustos que dejan
por un hombre, un dios.
Ella viene, madre,
voyme de temor;
dile que me quiera
si tu hijo soy,
de mí no se queje
ningún amador,
yo renuncio el arco,
madre, desde hoy;
Sirena le tenga,
que al Amor venció;
madre, ya soy celos,
ya no soy Amor.

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 098 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen SIRENA y SILVIA.)
VENUS:

  Con justa razón se queja
Amor. ¡Qué gentil mujer!
Mas necia debe de ser
si un dios por un hombre deja,
  que implica contradicción
ser amor y no le amar.

SILVIA:

De hoy más te puedes llamar
vengadora, y con razón,
  de las mujeres que amaron
y que mal pagadas fueron
pues que tus ojos rindieron
a quien a tantos negaron:
  notable dicha has tenido.

SIRENA:

Silvia, yo no estoy contenta,
porque, cuando el Amor sienta
que por Alcino le olvido,
  querrá, con desconfianza,
vengarse en los dos celoso.

SILVIA:

No hará; que en un poderoso
es bajeza la venganza.
  Si un hombre de gran fortuna
dos mil virtudes tuviese,
como vengativo fuese,
no tiene virtud ninguna;
  que es ofensa del valor
el no saber perdonar.


<<<
>>>

Pág. 099 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Dirá Amor que es castigar
mi amor porque es dios de amor.
  Ve, Silvia, y llámame a Alcino,
hable con mi padre luego,
que Amor, de sí mismo ciego,
podrá hacer un desatino;
  casémonos, que después
él me guardará mejor.

SILVIA:

Yo voy.

SIRENA:

¿Qué me quiere Amor?
Si es amor, lo mismo es
  querer a quien he querido.

VENUS:

A verte sola esperaba,
menos arrogante y brava,
más amor, menos olvido;
  la madre del Amor soy,
Sirena, a quien tratas mal.

SIRENA:

Yo, planeta celestial,
en tu misma esfera estoy;
  no soy ninfa de Diana,
ni sus ejercicios sigo
por estas selvas.


<<<
>>>

Pág. 100 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


VENUS:

No digo
que no procedes humana
  en querer a quien te quiere,
pero no de mejorarte,
pudiendo en más alta parte,
tu injusto desdén se infiere;
  si mi Cupido te adora,
¿cómo ofendes su deidad
con ajena voluntad?

SIRENA:

Antes presumo, señora,
  que le ofendiera en mudarme,
pues siendo amor verdadero,
en sabiendo que a otro quiero,
podrá su ley castigarme.

VENUS:

  ¿Serás la primer mujer
que a dos en un tiempo quiera?

SIRENA:

Seré la mujer primera
que a entrambos pueda querer;
  el amor ha de ser uno,
esto bien lo sabéis vos,
porque la que quiere a dos,
no quiere bien a ninguno.

VENUS:

  Poco sabes del papel
del amoroso teatro,
porque a dos, a tres y a cuatro
puede entretenerse en él.


<<<
>>>

Pág. 101 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

  Entretener no es amar.

VENUS:

Pues no ames y entretén.

SIRENA:

Quiero bien, y querer bien
nunca dio tanto lugar;
  que a la mujer que es dichosa
en querer quien la ha querido,
no le ha de quedar sentido
para querer otra cosa.

VENUS:

  Muchos galanes, señora,
acreditan la hermosura.

SIRENA:

La mujer que honor procura
sin buena fama, no es buena.

VENUS:

  Nunca la verdad se infama;
la virtud ha de vencer.

SIRENA:

¿Qué virtud puede tener
quien no tiene buena fama?

VENUS:

  A la virtud que es segura,
no ofenden injustos nombres.

SIRENA:

En habiendo muchos hombres,
es oficio la hermosura.

VENUS:

  ¡Qué bachillera cansada!


<<<
>>>

Pág. 102 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Obrar bien no es hablar mal.

VENUS:

Métete monja vestal.

SIRENA:

¿Para qué si estoy casada?

VENUS:

  No has de gozar lo que quieres.
(Vase.)

SIRENA:

Será injusto tu rigor,
o enemigos del honor,
mujeres para mujeres:
  ¡Qué consejos de una diosa!
¡Cuántas se pierden ansí!
(Voces de pastores, con silbos
y estallidos de hondas.)
(Dentro.)
¡Aquí, pastores, aquí!

SIRENA:

De todo estoy temerosa.
(Dentro.)
  ¡Al lobo, al lobo, pastores!}}
(Salga BATO con pellejo de lobo atado al pescuezo,
que le cubre las espaldas,
y la cabeza metida por la suya.)

BATO:

¡Qué desdicha! ¡Muerto vengo!
¿Adónde podré esconderme?

SIRENA:

¡Ay, triste! Una fiera veo:
¿Por adónde podré huir?

BATO:

Por Dios, Sirena, te ruego
que me defiendas.


<<<
>>>

Pág. 103 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Él habla:
¡cielos, qué animal tan fiero!
Sátiro o fauno, ¿qué quieres?
¿Tan presto te vengas, Venus?

BATO:

Que no soy sastre ni macho.

SIRENA:

¿Eres centauro?

BATO:

¡Eso es bueno!
¿Yo cigarro?

SIRENA:

Pues ¿quién eres?
¡Ay, Dios!

BATO:

Un lobo moderno,
que aun no estoy examinado.

SIRENA:

¿Lobo? ¡Socorredme, cielos!
Venus le envía a matarme.

BATO:

¿Qué viernes o qué embeleco?
Mírame bien, que yo soy;
¿tengo, por dicha, otro gesto
del que tuve siendo Bato?

SIRENA:

¡Ay, Bato! Perdona el miedo:
¿Podré tentarte la cara?
Él es, ¿qué dudo?


<<<
>>>

Pág. 104 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

¿Tan presto
me desconoces, Sirena?

SIRENA:

El temor, Bato, es tan ciego,
que cree lo que imagina;
pero dime, ¿quién te ha puesto
desta suerte?

BATO:

Amor, Sirena.

SIRENA:

¿Tú tienes amor?

BATO:

¿No tengo
mis diez y nueve sentidos,
sin los demás movimientos?
¿No sabes que quiero a Silvia?
Díjome que por secreto
viniese en forma de lobo;
que hay vecino que del sueño
se quitan por acechar
si hay en la calle requiebro.
Yo, Sirena, que no estaba
ducho a ser lobo, el pellejo
que ves le quité a Diana,
porque me lo dijo Febo.


<<<
>>>

Pág. 105 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

La Diosa, con el enojo,
cuando las cabañas entro,
solicitó los pastores
de valles, montes y cerros:
juntáronse contra mí;
yo, como era lobo nuevo
y no sabía el oficio,
en cuatro pies iba huyendo;
pero como no sabía,
apenas en pie me vieron,
huyeron, imaginando
que fuese algún dios mostrenco;
porque hay en Arcadia tantos
que ya nos damos con ellos,
pues solamente no es dios
el que no tiene dinero.
De pedradas, finalmente,
y mordeduras de perros,
que por poco me mataran,
tal he quedado, que creo
que soy lobo, y así voy
a llevarle su pellejo
y pedir que me perdone;
que Amor, autor de embelecos,
tuvo la culpa de todo.

SIRENA:

Él viene, y viene a buen tiempo:
pídele, Bato, justicia
de Silvia.


<<<
>>>

Pág. 106 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


BATO:

Ya no me atrevo;
que como andan estos dioses
con tantos enojos, temo
que me convierta en gazapo,
o por ventura en vencejo;
y conozco un arcabuz
que está en tirallos tan diestro,
que ha despoblado los aires,
y no se halla uno dellos
por un ojo de la cara:
pues si en toro me convierto,
sin que lo sepa la muerte,
dará conmigo en el suelo.
(Vase.)
(Sale CUPIDO.)

CUPIDO:

¡Oh, bellísima Sirena!
No sin causa tan amenos
hallé los prados de Arcadia,
que obedientes florecieron
a la estampa de tus pies.
Pienso que mi madre Venus
habló ya contigo.


<<<
>>>

Pág. 107 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Aquí
me dijo tu pensamiento;
yo le respondí que amaba
y que, amando, fuera yerro
culpable amar otro amor.
Dilo tú como maestro
de amar, y como quien es
el legislador y dueño
desta universal razón;
di que sin culpa me siento,
pues tú fuiste quien de Alcino
me enamoró; mas yo quiero
quererte si tú me das
la libertad para hacerlo.
Desenamórame, Amor.

CUPIDO:

Si soy Amor, cómo puedo
ser desamor? Ese oficio
hace la ausencia, los celos
o la ingratitud.

SIRENA:

Pues todo
te ofrece el mismo remedio;
cánsate de verme ingrata,
y pues celoso te veo
de Alcino, auséntate, Amor;
mas ¿cómo ignoras, con serlo,
que amor con amor se cura?
Quiere bien otro sujeto:
podrá desenamorarte.


<<<
>>>

Pág. 108 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

Toma tú el mismo consejo,
y enamórate de mí:
verás cómo olvidas luego
a Alcino.

SIRENA:

No puede ser,
si no me quitas primero
el amor que tú me diste.
(Salen SILVIA y ALCINO.)

ALCINO:

Mucho, Silvia, le agradezco
que quiera que hable a su padre;
que temo algún mal suceso
como el de Dafne, que hoy lloran
con turbias aguas Peneo
y el Príncipe de Tesalia,
que emprendió su casamiento.

SILVIA:

Ella, que te adora, Alcino,
quiere poner tierra en medio
con casarse; que este Amor
anda en perseguirla necio,
cuanto ella en aborrecerle
discreta.

ALCINO:

Detente. ¡Ay, cielo!
¿No es Cupido aquel? ¡Ay, Silvia,
qué buen aborrecimiento!

(Amor y SIRENA juntos.)


<<<
>>>

Pág. 109 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

Sí, pero yo diferencio
el hablar por accidente
de haber sido por conciertos.

ALCINO:

No, Silvia, en la selva solos;
si del mismo Amor no tengo
celos, ¿de quién quieres, Silvia,
que tenga en el mundo celos?

SIRENA:

Amor, Alcino está allí;
que no le demos, te ruego,
celos; que te doy palabra
de amarte en llegando el tiempo
de llevar a la montaña
el ganado, pues con esto
y su ausencia habrá lugar.

CUPIDO:

El capítulo primero
de amar, es obedecer;
yo me voy, y te obedezco.
(Vase.)

ALCINO:

No sé cómo acierte a hablarla.

SIRENA:

Nunca tuve más deseo
de verte, mi Alcino.


<<<
>>>

Pág. 110 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ALCINO:

Aparta
los brazos, detén el pecho;
que si en él ha entrado amor,
¿cómo podrán estar dentro
dos amores? Muchos años
le goce; que yo no emprendo
competencia con los dioses:
ni soy Tifón ni Japeto.

SIRENA:

¿Qué dices? ¿Estás en ti?

ALCINO:

En ti no estoy, que es lo cierto;
ni en mí, que, si en mí estuviera,
nunca viera lo que veo,
con los ojos no hay engaño;
adiós, que al monte me vuelvo:
si bajare al prado, plega...

SIRENA:

Bueno está sin juramento;
vete, pues gustas, Alcino,
de tratar con tal desprecio
a quien deja un dios por ti.

ALCINO:

¿Tú le dejas?

SIRENA:

Yo le dejo.

ALCINO:

¿Cómo, si le tienes?


<<<
>>>

Pág. 111 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

¿Yo?

SILVIA:

Buenos andáis de conceptos;
ea, Alcino, habla a Sirena.

ALCINO:

¿Que la hable yo primero?

SILVIA:

Quédate ahí como él plega;
que se está el cielo riendo
de los amantes perjuros:
Sirena, no des con esto
venganza a Amor, da los brazos
a Alcino.

SIRENA:

¿Quién, yo primero?

SILVIA:

¡Que venganzas tiene Amor
tan tiernas!

SIRENA:

Yo no me vengo.

ALCINO:

Pues si yo también me enojo.

SIRENA:

Pues confiese, como es cierto,
que yo no he tenido culpa.

ALCINO:

Que soy tu esclavo confieso,
y que mis brazos te doy.

SIRENA:

¡Ay, Alcino! ¡Ay, Dios! ¡Ay, muero!


<<<
>>>

Pág. 112 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Estará de pies SIRENA
en la trampa del teatro,
y al abrazarse los dos,
se hundirá SIRENA.)
ALCINO:

  ¡Oh, Júpiter soberano!
Sirena, Sirena, ¿quién
te lleva?
(Dentro SIRENA.)

SIRENA:

¡Alcino!

ALCINO:

¡Mi bien!
Pero ¿qué te llamo en vano?

SILVIA:

  ¡Qué desdicha! Por aquí
se entró.

ALCINO:

Seguiréla yo.
(Salga una fuente de agua hacia arriba.)

SILVIA:

En agua se convirtió.

ALCINO:

Lo mismo será de mí,
  Sirena del alma mía;
agua son ya tus despojos,
pues hechos fuentes mis ojos,
te harán, de hoy más, compañía;
  heroica hazaña de amor
convertir en agua el fuego,
por ver si en ella me anego;
más fue industria que valor:
  vuélveme en agua, y tendremos
un mismo fin; vengarás
tu pecho; mas no, querrás
para que no nos juntemos.
  ¡Triste padre cuando oyere
el suceso, y triste yo:
selvas, Sirena murió;
selvas, Alcino se muere!

(Vase.)


<<<
>>>

Pág. 113 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

  Airados están los dioses,
Arcadio, contra tus selvas.
(Sale BATO.)

BATO:

Aquí está Silvia, alahé;
que, aunque nunca Amor se venga,
me lo ha de pagar ahora.
Pues Silvia, ¿es buena conciencia
que me pongas por quererte
en hábitos que me muerdan
cuantos perros tiene el monte,
que los hay de mil maneras,
invisibles y visibles?

SILVIA:

¡Ay, Bato, que desas quejas
no es tiempo ahora! Cupido,
viendo inútiles sus flechas,
convirtió a Sirena en agua.

BATO:

¿Tenemos otra lobera?

SILVIA:

Pluguiera a Dios: por aquí,
Bato, asoma la cabeza;
verás qué fuente tan linda.

BATO:

Mas qué, ¿me arrojas en ella?


<<<
>>>

Pág. 114 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

¿Estas lágrimas son burla?
(Sale una llama de fuego.)

BATO:

Voy a verla. ¡Que me queman,
que me abrasan!

SILVIA:

¿No era fuente?

BATO:

Chamuscóme las guedejas.
(Cae un lienzo de lo alto
en forma de palacio,
que dejándolos en el teatro a los dos,
cubre todo el monte.)

SILVIA:

¡Ay, Bato! ¿Quién por el aire,
sin que los cuerpos lo sientan,
nos ha traído a esta casa?

BATO:

Silvia, tú eres hechicera;
que desde aquello del lobo,
no es posible que no seas
o la hija del Sil, Circe,
o la de Colchos, Medea.

SILVIA:

¿Yo? ¿Cómo si estoy sin mí?
Ni ¿qué encantadora hubiera
que formara este palacio?

BATO:

Las columnas que sustentan
la machina son de jaspe
y de mil preciosas piedras.


<<<
>>>

Pág. 115 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

Locos debemos de estar,
porque por aquella puerta,
si no es engaño o es sueño,
salen Cupido y Sirena.

BATO:

¡Sirena está viva! Júpiter
con bien me vuelva a mi tierra,
que desde lo del pellejo
ande, como ánima en pena.
(Salen CUPIDO y SIRENA,
y criados que les ponen sillas.)

CUPIDO:

  Sirena, yo soy Amor;
no temas, yo vivo aquí,
todo lo que ves, fingí
de celos de tu pastor.

SIRENA:

Justo ha sido mi temor,
dulce Cupido, hasta verte;
que fuera venganza fuerte
e indigna de tu poder,
por querer y no querer
darme tan injusta muerte.

CUPIDO:

  Siéntate.

SIRENA:

Dime quién son
los que te sirven aquí.

CUPIDO:

Los celos, que van tras mí,
linces en toda traición,
la fineza, la ocasión,
la esperanza y la mudanza.


<<<
>>>

Pág. 116 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SIRENA:

Buen criado la esperanza.

CUPIDO:

Y entre éstos, con plaza igual,
los que siempre sirven mal.

SIRENA:

¿Quién?

CUPIDO:

La ausencia y la venganza;
  mas por que segura estés,
llega, Silvia llega, Bato.

SIRENA:

Serán los dos en retrato.

CUPIDO:

Serán los mismos que ves.

BATO:

Danos, señora, los pies.

SILVIA:

Y en albricias de tu vida,
que yo los brazos te pida.

BATO:

Estoy de contento loco.

CUPIDO:

¡Hola! ¡Mientras duermo un poco,
aperciban la comida.

BATO:

  Esta sí que es buena casa;
que sin comer no hay placer,
porque hay dios que sin comer
toda la vida se pasa.


<<<
>>>

Pág. 117 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


SILVIA:

Nunca del Amor fue escasa
la mano; aquí comerás
ambrosía.

BATO:

Por jamás
supe yo que era ambrosía:
di que me den ollería,
que de eso conozco más.

SIRENA:

  Quedóse dormido Amor.

SILVIA:

Debe de andar desvelado:
cuando tiene el bien hallado,
duerme un amante mejor.

BATO:

Por allí suena rumor.
(Baja DIANA por el aire.)

DIANA:

De esta suerte, mi venganza
a Venus y a Amor alcanza.

SIRENA:

¡Ay, Dios! ¿Quién me lleva?

DIANA:

Yo.
(Asiendo DIANA a SIRENA,
vuelan juntas.)

BATO:

Silvia, todo se mudó.

SILVIA:

Todo es venganza y mudanza.


<<<
>>>

Pág. 118 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(El palacio se sube arriba,
y queda descubierto el monte.)
CUPIDO:

  ¿Qué es eso, Sirena mía?

BATO:

¿Cuál Sirena? Aquí bajó
quien volando la llevó
por adonde nace el día.

SILVIA:

En la cabeza traía
una luna plateada.

CUPIDO:

¿Qué es esto, Diana airada?
¿En fe de tu castidad
te atreves a mi deidad?
¿Ya no estabas bien vengada?
  ¡Vive el cielo, que has de arder
de amores de Endimión,
si tanta contemplación
poderosa puede ser!
Estos deben de tener
la culpa por no avisarme.
¡Matarlos quiero y matarme!

BATO:

¡Huye, Silvia, que está loco!

SILVIA:

¡Muerta soy!

(Huyen los dos.)


<<<
>>>

Pág. 119 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

¡No lo estoy poco
de amor y de no vengarme!
  Bien se conoce que ha sido
venganza de cielo y tierra
este rigor, esta guerra,
este desdén, este olvido:
¿Yo rendido, yo vencido,
yo celoso y despreciado?
¿Quién hubiera imaginado?
O ¿cómo pudiera ser
que el mundo llegara a ver
el Amor enamorado?
  Conjurados contra mí
los dioses, dieron lugar
que se pudiese vengar
Diana y Febo de mí:
poder y nombre perdí;
veneno tan abrasado;
mas fuerte fue quien me ha dado
que Amor de mi propio amor,
soy, para pena mayor,
el Amor enamorado.
  Montes, la locura mía
crece en venganza de Febo
y aunque en el amor no es nuevo,
no era yo quien le tenía:
yo le daba y repartía,
quedándome descuidado,
y hoy tengo, sin ser amado,
el amor que a todos di,
para que se viese en mí
el Amor enamorado.


<<<
>>>

Pág. 120 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CUPIDO:

  Si de la muerte el rigor
mata, la muerte no muere,
lo mismo de amor se infiere
¿cómo muere Amor de amor?
Mas ¿de qué sirve el furor,
si no voy desesperado
a vengarme del cuidado
que mi propio amor me da?
guardaos, mortales, que va
el Amor enamorado.
(Vase.)
(Salen FEBO y DIANA.)

FEBO:

  Estoy agradecido,
bellísima Diana,
del castigo que has dado justamente
al bárbaro Cupido,
no sólo yo, mas cuanto de la humana
historia el mundo reconoce y siente.

DIANA:

Febo, la novedad del accidente
de amor le vuelve loco.

FEBO:

Para lo que merece, todo es poco.

DIANA:

Lo que importa es casar los dos amantes,
que puede ser que intente un desvarío
en los que menos pueden.


<<<
>>>

Pág. 121 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(Salen LISENO, viejo,
padre de SIRENA, y ALCINO.)
LISENO:

Mis lágrimas, Alcino, son bastantes
a vencer la corriente deste río
cuando las suyas por su Dafne exceden
las ondas desa mar.

ALCINO:

Si de Sirena,
Liseno, hubieras visto la desdicha,
más fuera tu dolor, mayor tu pena.

LISENO:

¿Soy fiera yo, por dicha,
de los montes rifeos?
¿Serán más eficaces tus deseos
que la naturaleza?
Yo lamento, mi ser, tú su belleza:
¿qué amor, que sentimiento
puede igualar a un padre?

ALCINO:

El de su esposo,
pues concertado ya mi casamiento,
la pierdo con un fin tan lastimoso.

LISENO:

Piadoso el cielo fuera,
si el cuerpo de Sirena me dejara,
que a un mármol consagrara,
donde sus honras fúnebres hiciera
con llanto del Arcadia; mas el cielo
aun no me quiso dar este consuelo.

DIANA:

El viejo padre me enternece, Febo.


<<<
>>>

Pág. 122 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FEBO:

Diana, pues con él viene su esposo,
antes que algún engaño intente nuevo
el ofendido Amor, será forzoso
que llegue el desengaño.

DIANA:

Lo que es razón intentas.

FEBO:

Liseno.

LISENO:

Febo ilustre.

FEBO:

¿Qué lamentas?

LISENO:

A Sirena, mi hija, que me ha muerto
con un traidor engaño,
por tu venganza, Amor.

FEBO:

Sirena vive.

ALCINO:

¿Cómo, si yo la vi morir?

FEBO:

Sí es cierto
los brazos le apercibe,
y tú de esposo la dichosa mano,
que fue de Amor el pensamiento vano.
(Abriéndose el templo de DIANA,
se ve a SIRENA en él.)


<<<
>>>

Pág. 123 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LISENO:

  Pastores destas riberas
que visteis mi tierno llanto,
venid a ver mi alegría:
¡Sirena vive!

SILVIA:

Lisardo,
Jacinta, ¡corred, llegad!
(Los pastores y pastoras salen
con instrumentos, y SILVIA y BATO.)

BATO:

¿De quién ha sido el milagro?

LISENO:

De Febo y Diana.

BATO:

Quisiera
echarme a los pies de entrambos,
ya que ayer se me perdió
una borrica en el prado:
por ventura sabrán della,
y yo les daré su hallazgo.
(Cantan los MÚSICOS.)

MÚSICOS:

Vivan Febo y Diana,
gocen sus rayos,
y Sirena y Alcino
se den las manos.
(En este baile y relinchos entren
VENUS y CUPIDO, y los aparten.)

CUPIDO:

Eso no, mientras yo tengo
imperio de los humanos
corazones: Amor soy,
que vengo a vengar mi agravio.


<<<
>>>

Pág. 124 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


VENUS:

Y yo soy Venus, Diana;
que si los dos sois hermanos,
Cupido es mi hijo.

DIANA:

Venus,
los dos quedarán casados
porque es justo; vete a Chipre,
que son intentos bastardos
de la autoridad de dioses.

VENUS:

¿Tú conmigo?

FEBO:

¡Venus, paso!
¡Mi hermana es Luna en el cielo!

VENUS:

¿Qué importa, si es el más bajo?

FEBO:

En el centro Proserpina,
Diana en selvas y campos.

BATO:

Temo que se han de matar,
que ya aperciben los arcos.

SILVIA:

¡Ay, Bato! ¡El cielo se rompe!
¡Todo es trueno, todo es rayos!


<<<
>>>

Pág. 125 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


(En este ruido baje en un águila JÚPITER.)
JÚPITER:

Dioses, ¿queréis, por ventura,
con tan recios desagravios,
desconcertar la armonía
de los cielos soberanos?
Tú, Venus, ¿desde el tercero
quieres oponerte al cuarto
Príncipe y Rey de la luz
del estrellado teatro?

VENUS:

Yo, señor, desde aquí digo
que mi hijo y yo dejamos
a tu arbitrio la sentencia.

JÚPITER:

Si Febo por tus engaños,
Amor, a Dafne perdió,
la razón, a quien han dado
nombre de alma de la ley,
dice que es derecho llano
que Amor no goce a Sirena.

ALCINO:

Como de Júpiter santo
es la sentencia.

CUPIDO:

No importa;
de él y de todos aguardo
vengarme presto.


<<<
>>>

Pág. 126 de 126
El amor enamorado Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ALCINO:

Yo sea,
Sirena mía, entretanto
tu esposo, y vénguese Amor.

BATO:

Señor Jopiter sagrado,
antes que se vuelva al cielo
en ese buitre volando,
mande a Silvia que me quiera.

JÚPITER:

¡Silvia!

SILVIA:

¡Señor!

JÚPITER:

¡Quiere a Bato!

SILVIA:

Yo te obedezco.

FEBO:

Y aquí,
divino planeta cuarto,
Luna, madre de otro sol,
que gocéis por muchos años,
dé fin en vuestro servicio
El Amor enamorado.

Fin01.jpg


<<<