El animal de Hungría (Versión para imprimir)

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Personas
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El animal de Hungría Félix Lope de Vega y Carpio


El animal de Hungría

Félix Lope de Vega y Carpio

Los que hablan en ella son los siguientes:

 



LAURO
TEODOSIA, reina
FAUSTINA
EL REY DE HUNGRÍA
UN MONTERO
FULGENCIO, español
ARFINDO, español
PLÁCIDO, español
FELIPE
SELVAGIO


LLORENTE
BARTOLO
BENITO
PABLOS
REY DE INGALATERRA
PASCUAL
ROSAURA
VELARDO
TIRSO


RISELO
SILVANA
UN ALCALDE
FENICIO
UN EMBAJADOR DE BARCELONA
LIDIO, paje
CELIO, paje
EL ALMIRANTE DE HUNGRÍA
UN JUSTICIA


UN ESCRIBANO
EL PRÍNCIPE DE ESCOCIA
[PREGONERO.]
[FABIO.]
[ALCAIDE.]
[CRIADO.]
[ESCUDERO, del rey de Ingalaterra.]
[BARBERO.]
NIÑO




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Acto I
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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


Sale TEODOSIA, vestida de pieles,
y LAURO, tras ella, con un venablo.
TEODOSIA:

  Valedme ligeros pies
que otras veces me habéis dado
la vida con interés
del fin con que la he guardado,
que no porque vida es.

LAURO:

  ¡Detente, monstruo espantoso!

TEODOSIA:

¡Oh, mancebo generoso!,
¿no te da, el verme, temor?

LAURO:

Es el natural valor
más que el temor poderoso:
  soy noble, aunque humilde miras
mi traje.

TEODOSIA:

¿A qué empresa aspiras?

LAURO:

A matarte o a prenderte.
(Descubre el rostro,
apartando los cabellos.)


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TEODOSIA:

¿Matarasme desta suerte?

LAURO:

¡Santo Dios!

TEODOSIA:

¿De qué te admiras?

LAURO:

  De ver tu rara belleza.
¿Es posible que ha crïado
la varia naturaleza,
en este monte nevado,
tal rostro en tanta fiereza?
  Tú, de quien los labradores
huyeron por tantos años:
más que para dar temores
eras para hacerte engaños
y para decirte amores.
Dame de ti misma nuevas
si es bien que este amor me debas;
que, en lo exterior que se mira,
o eres la hermosa Filira
o aquella esfinge de Tebas:
  ¿es posible que has robado
tanto pan, tanto ganado?

TEODOSIA:

Mi sustento procuré.

LAURO:

Temor de villanos fue...

TEODOSIA:

Solo temor me ha guardado.


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LAURO:

  Cuando con alas te viera,
pensara que eras harpía:
cielo en rostro, en cuerpo fiera,
y, en las armas y osadía,
con Hércules compitiera.
  Y si te viera en la mar,
pensara que eras sirena
para cantar y encantar.

TEODOSIA:

Lo que mi desdicha ordena,
no pudo el tiempo escusar.
  Bien sé que no has de dejarme,
pues te atreviste a seguirme
y, siguiéndome, mirarme;
y ansí, quiero apercebirme
a obligarte y declararme.

LAURO:

Hablas a mi pensamiento.

TEODOSIA:

Estame, mancebo, atento.

LAURO:

No solo yo lo estaré:
pero cuanto aquí se ve;
hasta las aves y el viento.

TEODOSIA:

  Yo soy la reina Teodosia,
mujer, ¡que nunca lo fuera!,
de Primislao, rey de Hungría.

LAURO:

Señora, ¿tú eres la Reina?


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TEODOSIA:

Detente, por Dios, mancebo,
hasta que mi historia sepas;
que aunque es pública en el mundo,
quiero que de mí la entiendas.
Recién casada y venida
a Hungría, de Ingalaterra,
sentí soledad notable
de mi tierra en tierra ajena.
Rogué al Rey que me trujese
una hermana más pequeña,
con licencia de mi padre,
por consolarme con ella.
Partió el Rey, trujo a Faustina,
y, por el camino, ciega
del valor de Primislao,
a envidiar mi bien comienza.
Llegó a Hungría y mi alegría
hizo a su venida fiestas,
aunque ella en su corazón
hacía a mi muerte exequias.
Entristeciose conmigo
cuanto me alegré con ella;
de su tristeza en mi casa
echaba culpa a la ausencia.
Creció la envidia y los celos
hasta que, cayendo enferma,
mi esposo la visitaba,
que era la salud más cierta.


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TEODOSIA:

Finalmente cierto día
le dijo que, en mi primera
edad, amé al rey de Escocia,
y que estaba descontenta
de tenerle por marido;
para lo cual, por mil letras,
le persuadía viniese
con dos personas secretas
donde, para que me hablase,
le daría entrada y puerta,
de noche, por un jardín;
y que si con gente inglesa
y suya venir quisiese,
le daría la cabeza
de Primislao, mi marido,
como de Scila se cuenta.
Creyolo el Rey, que era fácil,
y porque vio contrahechas
algunas cartas, o acaso
porque ya adoraba en ella,
avisando a dos crïados
de confïanza, a estas sierras
me trujeron para echarme
a las más feroces bestias.
Juntaron muchas y, en fin,
me dejaron en las presas
de sus dientes, una noche,
y entre sus uñas sangrientas.
Volvieron a Primislao
diciéndole que era muerta.


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TEODOSIA:

Pero mirando los cielos
mi desdicha y mi inocencia,
permitieron que, a mis pies
mansos y humildes, las fieras
me halagasen y me diesen
consuelo entre tantas penas.
Cobré aliento y con algunas
me fui, mancebo, a sus cuevas,
donde por sus propias manos
comí el fruto destas selvas.
Pasados algunos meses,
las pieles de las ovejas,
cabras y otros animales,
de mil que trujeron muertas,
curé al sol, y hice vestidos
con que bajé de la sierra
a ver gente y buscar pan
por las humildes aldeas.
Los pastores, que no habían
visto una fiera tan nueva,
dieron en hüir de mí;
aunque, en las verdes riberas
deste arroyuelo que lava
los troncos desta alameda,
cogí un villano una tarde,
de quien supe, aunque por fuerza,
que se casó con mi hermana
el Rey: perdona que vengan
lágrimas a interrumpir
las palabras a la lengua.


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LAURO:

Con justa causa tus ojos,
como mar de tantas penas,
en el nácar de sus niñas
crían tan hermosas perlas.
Pero prosigue tu historia...

TEODOSIA:

Parió Faustina contenta
dos o tres veces, y todos
sus hijos dicen que llegan
a cumplir un año el día
que me echaron a las fieras,
y que no pasan de allí;
y espero que también sea
en esta ocasión; que dicen
que el parto de un hijo espera
porque está pronosticado.


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LAURO:

No llores; que si te dejas
llevar, señora, del llanto
a tan profunda tristeza,
vendrás a acabar la vida
antes que venganza veas
de una hermana tan crüel;
que tan injustas ofensas
deben de cansar el cielo,
cuyas divinas orejas
sin duda están a tus voces
en esta ocasión abiertas,
pues permitió que saliese,
en tal ocasión como esta,
a caza por estos montes;
y que bastasen las fuerzas
de mi valor a seguirte,
pues no hay hombre en esta tierra
que de la cueva en que vives
ose acercarse una legua:
suplícote que a mi casa,
no lejos desta alameda,
vengas a vivir conmigo;
que, si por vivir secreta
en estos oscuros montes
sin humano trato albergas,
mejor podrás en mi casa,
donde solamente quedan
criados míos que labran
estos campos y estas huertas.
Estoy recién heredado
de mis padres, que Dios tenga:
podré servirte con joyas
y con vestidos de seda;
descansarás de los años
que entre esas pieles te acuestas,
bebiendo salobres aguas,
comiendo silvestres yerbas.
¿Qué respondes?


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TEODOSIA:

Que mi suerte,
que a tanto mal me condena,
descubrirá presto al Rey
y aquella tirana reina
que vive esta vida triste;
y aunque me está bien perderla,
por no perder lo esperado,
permíteme que la tenga,
donde ya por las costumbres
no siento tanto las penas,
y dame, pues eres noble,
palabra y fe verdadera
que no dirás a ninguno
que soy Teodosia.

LAURO:

No creas
que seré tan inhumano:
sólo te pido licencia
para verte y regalarte.

TEODOSIA:

Podrás venir a mi cueva
cuando quisieres; mas mira,
hidalgo, que solo vengas.
Y dime tu nombre.

LAURO:

Lauro.

TEODOSIA:

Y es muy justo que lo seas
para que, de tantos rayos,
segura la vida tenga
a la sombra de tus hojas.


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LAURO:

Gente parece que suena:
echa por aqueste arroyo
y yo por estas acequias.

TEODOSIA:

Los cielos te guarden, Lauro.

LAURO:

Teodosia, el cielo te vuelva
a tu marido a tus brazos,
tu corona a tu cabeza.

TEODOSIA:

Quien deja a Dios sus venganzas,
tales esperanzas tenga;
que nunca sucede bien
a quien vengarse desea.
(Éntrense; y salen SELVAGIO y BARTOLO, alcaldes,
LLORENTE y BENITO: todos villanos.)

SELVAGIO:

  Siéntense todos primero
que el concejo se proponga.

BARTOLO:

Alto los asientos ponga,
por orden, el pregonero;
  y no entiendan en la Corte
que nos ganan en saber
concejo y cabildo hacer
para lo que al pueblo importa.

SELVAGIO:

  Siéntese, Llorente, aquí.

LLORENTE:

Téngolo a mucho favor.


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SELVAGIO:

Demás de ser regidor,
podéis estar junto a mí,
  porque os tengo voluntad.

BARTOLO:

Benito, sentaos también.

BENITO:

Donde quiera estaré bien:
el concejo escomenzad.

SELVAGIO:

  Primeramente querría
que un médico se trujese,
y salario se le diese;
que no es bien que cada día
  vayan con los orinales
las mujeres a la Corte;
que más se paga de porte
que acá costaran los males.
  Y como el pulso no va
en la orina (y todo es nada
porque toda alborotada
es fuerza que llegue allá)
  querría que aquí viviese
y cara a cara curase,
y que el pueblo se animase
a que salario se diese;
  porque es sin ver el doliente
el pretendelle curar
lo mismo que sentenciar
en ausencia un delincuente.


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BARTOLO:

  Tiene Selvagio razón:
médico se busque luego

LLORENTE:

Lo mismo os ruego.

BENITO:

Y yo os ruego
que no pongáis dilación:
  que es el médico, aunque diga
el pueblo de su virtud,
alcalde de la salud
que sus delitos castiga.

BARTOLO:

  También a mí me parece
que haya en aqueste lugar
un maestro de danzar;
que por momentos se ofrece
  con las danzas ocasión.

LLORENTE:

A fe que en lo cierto dais;
y pues de danzas tratáis,
y con tanta devoción
  celebráis el santo día
de Dios, ¿qué fiestas tenéis?

SELVAGIO:

Los autos; que ya sabéis
que es la mayor alegría.

BENITO:

  ¿Quién los compone?

SELVAGIO:

El barbero,
que ha sido medio escolar.


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LLORENTE:

¡Váyanle luego a llamar!

BARTOLO:

Idlo a llamar, pregonero.

SELVAGIO:

  Después que se hacen las fiestas
de Dios con tal devoción,
mejores los años son.

BENITO:

Pues háganse buenas estas;
  que yo quiero de mi parte
ayudar al gasto bien.
(Entra el BARBERO.)

BARBERO:

¿Los regidores también?

PREGONERO:

Todos me mandan llamarte.

BARTOLO:

  Dios guarde a vuesas mercedes.

BENITO:

¡Oh, Pablos, albéitar nuestro,
que por acertado y diestro
sangrar al Gran Turco puedes!,
  ¿cómo va de las sangrías
de las ninfas del Parnaso?

BARBERO:

Trabajo en sangrarlos paso;
que no hay vena los más días.

SELVAGIO:

  ¿Cómo de los autos va?

BARBERO:

Yo no los hago.

SELVAGIO:

¿Por qué?


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BARBERO:

Porque no hacellos juré,
y lo voy cumpliendo ya.
  Si queréis historia humana
de la dama y el galán
que peregrinando van
por senda segura y llana:
  yo lo haré. Pero otra cosa
que, por ser alta y sutil,
ponga en confusión a mil:
hoy cesa en verso y en prosa;
  y aun las humanas, muy presto,
también las pienso dejar,
por no me ver censurar
ni ser a nadie molesto.
  Yo fui primero inventor
de la Comedia en Hungría;
que las que primero había
eran sin gracia y primor.
  Y tras haber enseñado
el estilo que hoy se ve,
y corregido el que fue,
de Vega me he vuelto en Prado;
  que cuando vengo a tener
fruto de mil escritores,
hay mil que dejan las flores
y andan buscando alcacer.


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BARBERO:

  Es fuerte cosa que intente
dar gusto a toda el aldea,
y que un inorante sea
curioso y impertinente.
  No quiero tener oficio
que a muchos ha de agradar
pudiéndome yo ocupar
en más seguro ejercicio;
  que hay hombre que piensa aquí,
y más si entiende un soneto,
que no puede ser discreto,
y no dice mal de mí.
  Comprar quiero unos antojos
para mirar a lo sabio,
torciendo a lo falso el labio
y encapotando los ojos.
  A los que merced me han hecho
yo los sabré celebrar
dándoles justo lugar
en el papel y en el pecho.
  A los demás que no agrada
mi intención, les digo, en suma,
que quiero colgar la pluma
como otros cuelgan la espada.


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SELVAGIO:

  ¡Pardiez que tiene razón!
Siempre la patria es ingrata.

BARTOLO:

Un tigre a sus hijos trata
con más piedad y afición.

LLORENTE:

  Por muchos que os quieren bien,
perdonad con pecho igual
algunos que dicen mal
y querranos bien también.
  A las costumbres del mundo
no tratéis de dar consejo,
que ha muchos años que es viejo.

BARBERO:

Saben las musas que fundo
  en agradar mi intención
a los sabios y discretos.

BARTOLO:

¿Quereisme hacer mil sonetos?

BARBERO:

¿Mil?

BARTOLO:

Escuchad la razón:
  al Rey los quiero envïar.

BARBERO:

Hay allá otros mejores;
y a tan pobres labradores
nunca los dejan entrar.
  Pero yo los quiero hacer.


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BARTOLO:

¿Y cuándo?

BARBERO:

Dentro de un hora.

LLORENTE:

¿Un hora?

BARBERO:

Y menos, y agora.

BENITO:

Callad, que no puede ser;
  que a muchos oigo decir
que los que componen, sudan,
gruñen, gimen y trasudan
como quien quiere parir.
  Y que, empezando un soneto
por Navidad, fin le dan
la víspera de San Juan,
y que no sale perfeto.

BARBERO:

  Fáltales el natural
que da cielo a quien él quiere.
(Dentro.)

PASCUAL:

Aunque el concejo se altere
he de entrar.

PREGONERO:

¡Teneos, Pascual!
(Entra PASCUAL, villano.)

PASCUAL:

  No hay que tener.


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SELVAGIO:

¿Quién es?

PASCUAL:

Yo,
que os traigo una buena nueva
para que albricias me deba
todo el lugar.

SELVAGIO:

Eso no;
  que yo las haré pagar,
porque debellas es ley
de ingratos.

PASCUAL:

¡Hoy viene el Rey
a nuestro monte a cazar!
  Y pienso que, hoy también,
que aunque tan preñada estaba,
Faustina le acompañaba.

SELVAGIO:

Mal fuego la queme, amén;
  que por ella dieron muerte
a la Reina sin razón.

PASCUAL:

Gozad la buena ocasión:
habladle y haced de suerte
  que maten este animal,
pues traen tantos monteros,
perros y lebreles fieros,
y cesará tanto mal
  como padece el aldea
y toda la serranía.


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BENITO:

Ayer Lorenza venía,
que ya sabéis que no es fea,
  con una carga de pan,
y al camino le salió:
huyó y el pan le dejó.
Volvió a la tarde Silván
  y anduvo todo el camino,
y aun el pollino no halló:
que todo el pan se comió,
costal, albarda y pollino.

BARTOLO:

  No es cosa para sufrir:
háblese al Rey.

BENITO:

¿Quién irá?

SELVAGIO:

¿Viene cerca?

PASCUAL:

Cerca está.

SELVAGIO:

Pues los dos podemos ir,
  aunque yo temo turbarme.

LLORENTE:

¿Y qué importa que os turbéis?

BARBERO:

Bien será que lo penséis.

SELVAGIO:

Con vós quiero aconsejarme,
  que sois hombre que ha estudiado.


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BARBERO:

Vamos, que por el camino
os diré lo que imagino:
ni largo que cause enfado
  ni breve que no se entienda.

BARTOLO:

Hoy muere aqueste animal.

BENITO:

Por velle en este arenal
tendido, daré mi hacienda.
(Éntrense; y salgan, con mucho acompañamiento,
por un palenque, algunos cazadores con perros de traílla
y otros con aves; y detrás, en un sillón, FAUSTINA,
y el REY DE HUNGRÍA a caballo. Apéanse en el teatro.)

MONTERO:

  Aquí, con dulce y agradable acento,
bastante a deshacer todos los daños
del cansancio y calor, refresca el viento
  una fuente que hiciera mil engaños
a la hermosura loca de Narciso,
y guarnécenla enebros y castaños.

FAUSTINA:

  Es todo aqueste prado un paraíso
donde parece que naturaleza
mostrar su mano artificiosa quiso.


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REY DE HUNGRÍA:

  Antes que de la sierra la aspereza
subas, mi bien, en esta verde falda
descansa; y honre el prado tu belleza.
  Mira cómo le sirve de guirnalda
nieve escarchada como plata pura
y se baña los pies en esmeralda.
  Mira por esa parte la espesura
de mil sombrosas hayas, y estas fuentes
que espejos quieren ser de tu hermosura.
  Y cómo tantas aves diferentes
repiten en unísona armonía
del dulce amor los tiernos accidentes.
  Y que, envidiosos de su melodía,
cantan las aguas y responde el valle
con los ecos que aprende todo el día.
  Mira esta verde y deleitosa calle
de álamos negros; y, este prado, mira,
donde apenas hay flor que no se halle:
  aquí divino olor el lirio espira,
el jacinto oriental y la azucena,
con granos de oro que la vista admira;
  la estrella mar y la violeta amena,
con el jazmín y la purpúrea rosa
teñida en sangre de su misma vena.
  Descansa, pues, aquí, querida esposa,
porque subas mejor la inculta sierra
en cayendo la siesta calurosa.


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FAUSTINA:

  Ningún regalo ni contento encierra
toda aquesta hermosura que te iguale;
ni todos los tesoros de la tierra.
  Sin el contento del amor no vale
el sitio ameno, el prado ni la fuente,
que en rayos de cristal del monte sale,
  un átomo de bien. Pero presente
con que se goza todo el bien se aumenta.

REY DE HUNGRÍA:

Tu vida el cielo, mi Faustina, aumente;
que a mí ninguna cosa me contenta
  lejos de tu hermosura, en cuyos ojos
el cuerpo vive, el alma se alimenta,
la guerra es paz y gloria los enojos.
(Salen los alcaldes, SELVAGIO
y BARTOLO, y LLORENTE con ellos.)

SELVAGIO:

  Llegad con mucho cuidado.

BARTOLO:

¿Traeislo bien aprendido?

SELVAGIO:

Muy bien lo traigo estodiado,
mas todo se me ha caído
en habiendo al Rey mirado.

REY DE HUNGRÍA:

  ¿Qué gente es esa?

MONTERO:

Señor,
labradores del aldea.


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SELVAGIO:

¿Hasnos de oír, por favor?

REY DE HUNGRÍA:

Pues ese tu nombre sea.

FAUSTINA:

[Aparte.]
No lo merece mejor.

SELVAGIO:

  ¿Hasnos de ayudar ahora
para matar una fiera
que nuesos campos devora?
¿Hasnos también, porque quiera,
de dar tu favor, señora?
  Es un animal que anida
en este monte; tan fuerte
que nos roba la comida,
y, como le des la muerte,
darasnos señor, la vida.
Y si guerra hacer esperas:
llevarasnos donde quieras
y a servirte obligarasnos.

REY DE HUNGRÍA:

[Aparte.]
Todo este lugar es asnos
y todo este monte fieras.
  Días ha que se decía
que deste monte en lo espeso
aqueste animal había.

BARTOLO:

Ya su retrato anda impreso
y se cantan cada día
las coplas de sus traiciones.


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REY DE HUNGRÍA:

¿Por qué en tantas ocasiones
no le salís a matar?

BARTOLO:

Está muy pobre el lugar
de rocines y lanzones.
  Y esta bestia no es de aquellas
que no se saben guardar;
que es como vós, no como ellas,
pues sabe correr y hablar,
y aun sabe forzar doncellas.

REY DE HUNGRÍA:

  ¿Doncellas?

BARTOLO:

Si no es que el miedo
las ha obligado a mentir,
más de seis decirte puedo.

REY DE HUNGRÍA:

¿Qué forma tiene?

SELVAGIO:

En decir
su forma, temblando quedo.
  Él es como una persona,
poco más a menos.

REY DE HUNGRÍA:

Bien
su simplicidad le abona.
¿Y hablara también?

BARTOLO:

También.

REY DE HUNGRÍA:

¿Es fuerte?


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BARTOLO:

A nadie perdona.
  Tiene el rostro hacia adelante,
las espaldas hacia atrás
y el cuerpo como un gigante.

REY DE HUNGRÍA:

Calla, que ocasión darás
a que la Reina se espante.

FAUSTINA:

  No me da la fiera espanto,
sino el sol y algún dolor.

MONTERO:

No es fresco este prado tanto
como aquel bosque, señor.

FAUSTINA:

¡Ay, cielo piadoso y santo!
  ¡Que no sé qué siento en mí!

REY DE HUNGRÍA:

Si el bosque es mejor lugar:
mejor, mi Faustina, allí,
podrás la siesta pasar.

SELVAGIO:

Echad, señor, por aquí,
  que yo sé bien la espesura,
hasta el pie de las montañas:
veréis con cuánta hermosura,
entre lirios y espadañas,
un arroyuelo murmura.
Veréis zarzas intricadas
donde las vides colgadas
hacen lazos de mil modos.


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REY DE HUNGRÍA:

Vayan a alojarse todos
por las sombras enramadas
  mientras descansa mi esposa;
y, en cayendo el sol ardiente
desta siesta calurosa,
acudirán a la fuente
de aquesta arboleda hermosa.
  Iremos a ver si, acaso,
hallamos este animal...

FAUSTINA:

Notables dolores paso...

REY DE HUNGRÍA:

Que no se ha de ir si es igual,
en las alas, al Pegaso.


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(Éntrense, y quede allí el labrador LLORENTE.)
LLORENTE:

  Ya por el bosque se van
a buscar el arroyuelo
en cuya orilla podrán
pasar el sol; que, en el cielo,
altos, sus rayos, están.
  Aunque mucho mejor fuera
que alguno dél te pasara,
¡oh, tirana, injusta y fiera,
más que la que el monte ampara
y asombra nuestra ribera!;
  que esta, en fin, es animal
que baja a buscar sustento,
y tú mujer desigual
de cuyo tirano intento
nos resulta tanto mal:
hiciste matar la hermosa
Teodosia, del Rey esposa,
santa, honesta y adorada
de Hungría, y tu hermana amada,
solo en ser mártir dichosa.
  Voces dan, mas es que allí
va corriendo un jabalí;
y ya el Rey y sus monteros
le van siguiendo ligeros.
Mas, ¡cielos!, ¡quién viene aquí!:
  ¿no es aqueste el animal
espanto de toda Hungría?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Entra TEODOSIA.)
TEODOSIA:

¡Detente!

LLORENTE:

¡Hay desdicha igual!

TEODOSIA:

No temas, hombre, confía;
que no vengo a hacerte mal.

LLORENTE:

  ¡Ay, señor, por Dios le ruego
que tenga piedad de mí!
[Aparte.]
¡Los ojos tiene de fuego!

TEODOSIA:

¡Escúchame y vuelve en ti!

LLORENTE:

¿Dejarame volver luego?

TEODOSIA:

En oyéndome te irás.

LLORENTE:

¿Qué es lo que quiere?

TEODOSIA:

No más
de saber qué gente es esta.

LLORENTE:

Pienso que de la respuesta
conmigo te enojarás.

TEODOSIA:

  ¿Yo?, ¿por qué?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LLORENTE:

Sepa que son
el Rey y aquella tirana
que fue de Teodosia hermana,
que quiere hacerle Anteón
en figura de Dïana;
  que de este monte han venido
villanos que le han contado
lo que ha robado y comido,
y darle muerte han jurado.

TEODOSIA:

Otra vez lo han pretendido;
no es aquesta la primera.

LLORENTE:

En verdad que no es tan fiera
como en la villa decían.

TEODOSIA:

Fiera soy, pues que me envían
a que entre ellas viva y muera.

LLORENTE:

  Escóndase por su vida;
mire que matarla quieren...

TEODOSIA:

Del cielo estoy defendida.

LLORENTE:

Temo que al pasar la esperen
por esta margen florida.
Y después que la miré,
sin temor me aficioné
a su cara, que es tan bella
que de la tarde la estrella
no es tan hermosa, a la fe.
  ¿Dónde vive? Y llevarele
algún regalo de pan
y vino que la consuele.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TEODOSIA:

Casa los montes me dan,
la tierra alojarme suele.
  Vete en buen hora, y no cuentes
a ninguno que me has visto.

LLORENTE:

No solamente a las gentes;
mas verá que me resisto
a estos olmos y a estas fuentes.
  ¡Dios le libre de traidores!

TEODOSIA:

Aun la sangre no es leal.

LLORENTE:

Campos, aguas, plantas, flores,
el que llamáis animal,
merece ser dios de amores.
(Vase el labrador.)

TEODOSIA:

  Asperísimas sierras que en altura
sois ícaros del sol, pues a su llama
ambiciosa la tierra os encarama
para que deis asalto a su hermosura;
las blancas alas de la nieve pura
derrite y como plumas las derrama
en este prado, a sus arroyos cama,
y en aquella laguna, sepoltura:
años he sido vuestra humana fiera;
yo pienso que en mi muerte se declaran
los mismos que intentaron la primera;
mas, aunque cielo y suelo en vós me amparan,
¡qué fuera de los tristes si no hubiera
muerte en que todas las desdichas paran!


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


(Sale FAUSTINA con un niño en los brazos.)
FAUSTINA:

  ¿Quién con tanta soledad
ha tenido tal suceso?
Pero no fuera por eso
mayor mi infelicidad;
que alguna oculta deidad
a este monte me ha traído,
donde, habiendo el Rey seguido
un jabalí, me dejó
donde solamente yo
todo mi remedio he sido;
  que apenas decir oí
de aqueste animal, ¡oh, rayo
de Hungría!, cuando un desmayo
en el corazón sentí
tan mortal que me caí
en las yerbas de aquel prado;
donde, habiendo despertado,
hallé en juncos y espadañas
el fruto de mis entrañas,
como traidor, desdichado.
  Envolvile como pude,
y del miedo de una voz
que dijo que aquel feroz
animal al agua acude,
para que no me le mude
de mi vientre al suyo fiero,
buscar a mi esposo quiero:
voces no me atrevo a dar,
porque sería llamar
al cruel monstruo primero.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TEODOSIA:

[Aparte.]
Esta es mi enemiga hermana;
Faustina es esta, ¡ay de mí!
¿Es posible que te vi
en este monte, inhumana?
Mas tengo por cosa llana
que el cielo te trujo aquí
porque me vengue de ti
y de tu sangre no goces
el fruto, pues desconoces
la que tuviste de mí.
  No te trujo en vano el cielo
a la aspereza en que vivo;
que, aunque traidora, recibo
con verte en mi mal consuelo.
Que me conozca recelo:
quiero encubrirme la cara
con el cabello. Repara
en que me tienes aquí.

FAUSTINA:

¡Cielos!, ¡la vida perdí!
¡Rey, señor, nadie me ampara!


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


TEODOSIA:

  Desmayose de mirarme
o el cielo a entender le dio
que la vida pretendió
con reino y honor quitarme.
¡Qué buen tiempo de vengarme
si en mi nobleza cupiera!
Pero si me han hecho fiera:
fiereza podré tener.
Pero no, que soy mujer
y he de ser lo que antes era:
  solo será mi venganza,
pues el cielo lo ha querido,
quitarle este mal nacido
fruto en que está su esperanza;
no ha de ser todo bonanza.
Fiera, cruel, homicida,
no le quitaré la vida;
mas quitarele a tus ojos
para templar los enojos
de que me siento ofendida:
  harele fiera conmigo
lo que durare la mía,
para tener compañía
y en mi pena algún testigo;
no lo verás más contigo,
ni los cielos más te den;
a quien ruego que también
saquen de ser animal
quien padece tanto mal
y se ha visto en tanto bien.
(Tome la criatura.)
  Gente suena, bien será
subirme ese monte arriba;
que mi cueva, en peña viva,
segura del Rey está.
Ya dan voces.
(Dentro.)


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MONTERO:

¡Por acá!;
que no está la Reina aquí.

TEODOSIA:

¡Cielos, valedme!
(Éntrese TEODOSIA.)

REY DE HUNGRÍA:

¡Ay de mí!
¡Corred el monte, vasallos!

MONTERO:

¡No pueden subir caballos!

REY DE HUNGRÍA:

¡Toda mi gloria perdí!
(Salga el REY y su gente.)

MONTERO:

  ¿Bulto es aquel o me engaño?

REY DE HUNGRÍA:

Si es ella, sin duda es muerta.

MONTERO:

Ella es.

REY DE HUNGRÍA:

Mi bien, despierta,
si no es que en verte me engaño;
mira que tu rostro baño
en lágrimas amorosas.

FAUSTINA:

¿Quién es?

REY DE HUNGRÍA:

Deidades piadosas:
dadle aliento, dadle vida.
¿Es desmayo o es herida?


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MONTERO:

Yo pienso que entrambas cosas.

REY DE HUNGRÍA:

  ¡Mi Faustina!

FAUSTINA:

¡Señor mío!

REY DE HUNGRÍA:

¿Qué tienes?

FAUSTINA:

Un grande mal:
aquel feroz animal...

REY DE HUNGRÍA:

[Aparte.]
Dejalla fue desvarío.

FAUSTINA:

... vino atravesando el río
y se me puso delante
con la altura de un gigante;
y el fruto de mis entrañas
se ha llevado a las montañas
de aqueste segundo atlante;
  que luego que te partiste
salió a ver la luz del cielo;
mas puede darte consuelo
que es mujer.

REY DE HUNGRÍA:

¡Ay de mí, triste!
Cielo airado, ¿en qué consiste
que no se logren jamás?
Pero, pues con vida estás,
tratemos de tu reparo.


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FAUSTINA:

[Aparte.]
De temor no le declaro
que aquesto merezco y más...

REY DE HUNGRÍA:

  Cazadores y monteros:
¡mi hija lleva una fiera!
Si acaso la ha muerto: muera.
Seguidla todos ligeros:
yo prometo a los primeros
que la vieren o mataren
todo aquello que alcanzaren
a ver desde el mismo puesto.

MONTERO:

Tú verás su muerte presto.

REY DE HUNGRÍA:

Los cielos tu vida amparen.
  Anímate, esposa mía:
muestra agora tu valor.

FAUSTINA:

Es tanto el grave dolor
que la vida desconfía.

REY DE HUNGRÍA:

Toda mortal alegría
viene a parar en tristeza:
al que la estraña fiereza
del monstruo pueda vencer,
hoy le prometo poner
mi corona en la cabeza.


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(Váyanse; y entren con ruido de
desembarcación tres caballeros,
PLÁCIDO, FULGENCIO, ARFINDO,
y traigan un NIÑO de pocos años consigo.)
PLÁCIDO:

(Dentro.)
  ¡A costa el barco, a costa!

FULGENCIO:

No permitas
que salga a tierra algún piloto, Arfindo.

ARFINDO:

¡Quédense todos en la nave!

PLÁCIDO:

¡Ténganse!
Que ninguno ha de ver la tierra.

FULGENCIO:

¡A costa!
(Salgan.)

ARFINDO:

¿Qué isla es esta?

PLÁCIDO:

Si verdad te digo,
ni sé si es tierra firme ni si es isla.

FULGENCIO:

Pues estamos de España tan distantes,
¿qué nos importa?

ARFINDO:

De importancia fuera
saber dónde quedaba este inocente.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FULGENCIO:

Si ha de ser pasto de las fieras y aves
deste desierto, poco importa, Arfindo:
trátese de dejarle y quiera el cielo
que este grave delito nos perdone.

ARFINDO:

Yo hago lo que el Conde me ha mandado.
El Conde es mi señor; su hija ha sido
culpada, inobediente y atrevida,
en casarse, Fulgencio, de secreto.
Puesto que se casó con primo suyo,
yo pienso que a los dos dará la muerte,
pues a este niño y nieto suyo intenta
dársela tan estraña, o por lo menos
alejalle de España y Barcelona,
donde jamás se entienda que es su nieto,
si acaso le guardare la fortuna,
cosa que es imposible en este monte.

PLÁCIDO:

No hay imposible a lo que Dios ordena,
ni fortuna ni hado ni suceso;
que todo pende, vive y se conserva
de su divina voluntad.

ARFINDO:

El Conde
fue, en aquesto, más bárbaro que padre.
¿De qué sirvió prender a su sobrino,
siendo segundo hijo de tal príncipe
como es el rey de Nápoles?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FULGENCIO:

El día
que vence a la piedad, al deudo y sangre
el agravio que obliga a la venganza:
no tiene la razón su justo imperio;
pareciole, y decía que si fuera
el delito de un mes, o un año, estaba
más de su parte la piedad; mas viendo
que ha tantos años que el agravio dura,
cuantos tiene este niño que traemos:
ellos quiere que mueran en prisiones
y el niño en tierra estraña.

PLÁCIDO:

Yo sospecho
que es bien estraña tierra en la que estamos:
áspero monte y elevada tierra,
río pequeño, arroyos delicados,
sombrosas hayas y robustos robles,
castaños acopados, altos pinos,
cipreses tristes y intricadas zarzas
se descubren aquí sin senda alguna.
Ea, Felipe, aquí esperad un poco;
que queremos cazar por este monte
algún venado o jabalí que pueda
darnos sustento en nuestra nave en tanto
que vamos a la patria: Barcelona.

NIÑO:

  ¿Para qué queréis que espere?
¿No es mejor ir con vosotros?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


ARFINDO:

Vamos muy lejos nosotros,
y ir solo Plácido quiere.
  Vós, mi bien, os cansaréis:
mejor es que en este prado,
porque no os canséis, sentado,
que volvamos, esperéis.
  Jugad aquí con las flores
que aqueste arroyo guarnecen
mirando cómo os parecen
en la frescura y colores.
  Sentaos en estas gamarzas,
coged lirios amarillos,
tirad a los pajarillos
piedras por aquellas zarzas.
  Y si viéredes, mis ojos,
que tardamos, bien podéis
dormiros.

NIÑO:

No me engañéis,
que es doblarme los enojos.
  Decidme, amigos, verdad:
si os vais y el abuelo mío
quiere, con rigor impío,
matarme en tal soledad;
  mejor es el desengaño
o mejor que me matéis,
porque allá le aseguréis
los recelos de su daño;
  que mientras más presto muera,
más presto a Dios pediré
venganza.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FULGENCIO:

¡Ay cielos! No sé
qué león, qué tigre, fiera
  hiciera tanta crueldad;
los ojos me baña el llanto.

ARFINDO:

Mientras reparares tanto
en su inocencia y piedad,
  no has de tener corazón
para que pongas el gusto
del Conde, justo o injusto,
en debida ejecución.

FULGENCIO:

  Felipe, quedaos aquí
y, si merendar queréis,
en este lienzo hallaréis
lo que para vós pedí;
  que es todo dulce y muy bueno.

NIÑO:

¿Con ellos no fuera yo?

ARFINDO:

¿Y si os cansáis?

NIÑO:

Antes no.

ARFINDO:

Sí haréis, que está el monte lleno
  de peñascos y de asperezas:
¡quedaos con Dios, Dios os guarde!

NIÑO:

Miren que no vuelvan tarde...


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


FULGENCIO:

[Aparte.]
Podrá con estas ternezas
  enternecer un diamante.

ARFINDO:

Vamos, señores, de aquí.
(Váyanse.)

NIÑO:

¡Qué bueno quedo, ay de mí,
en soledad semejante!
  Que se van estos sospecho
y me dejan a morir,
pues lloraban al partir
con enternecido pecho.
  Quiero sobre aquesta peña
subirme y mirar el mar.
(Súbese el NIÑO en una peña.)
(Salen LAURO y LLORENTE y BENITO.)

LLORENTE:

Del que la pudiere hallar
no será dicha pequeña.

LAURO:

  No hayas miedo, porque es grande
deste monte la aspereza,
aunque toda su riqueza
a los cazadores mande.
  ¡Oh cuánto me pesaría
que la Reina fuese hallada!
Aunque pienso que vengada
de Faustina moriría
  sólo en haberle quitado
lo que dicen que parió.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NIÑO:

¿Qué miro, mísero yo,
pues nací tan desdichado?
  Ya se han entrado en la mar,
y desde el barco en la nave,
el viento corre süave,
las velas he visto izar.
  Traza ha sido de mi abuelo,
pues a mis padres prendió:
¿qué haré, desdichado yo,
solo en este monte?

LAURO:

¡Ay, cielo!
  ¿No escuchas una voz tierna
quejarse entre estos enebros?

BENITO:

¿Si es ave y dice requiebros
al sol que el mundo gobierna?

NIÑO:

  ¿Qué haré yo, triste de mí,
en tierra estraña?

LLORENTE:

Esta fuente
parece que tristemente
murmura y se queja ansí.

LAURO:

  No es ave ni es fuente, no;
voz humana me parece:
¿no veis cómo el llanto crece?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NIÑO:

¿Qué culpa he tenido yo
  de la ofensa de mi abuelo?
¡Ay Dios! Entre estos jarales
oigo algunos animales.
¡Piedad, piedad, justo cielo,
  que me vienen a comer!

LAURO:

Quedo, que ya he visto yo
quién se queja.

BENITO:

Pues yo no.

LAURO:

¿Cómo no acabáis de ver
  un niño, en aquella peña,
que está llorando?

BENITO:

¡Es verdad!

LLORENTE:

Las piedras mueve a piedad.

BENITO:

Ricos vestidos enseña.

LAURO:

  Niño que Dios guarde: ¡baja
y dinos qué mal te aqueja!

NIÑO:

¡Ay, señores, no me maten,
que vengo de estrañas tierras!

LAURO:

Español habla, ¡por Dios!


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LLORENTE:

Tú puede ser que le entiendas,
que has ido a España.

LAURO:

Yo sí:
tres años estuve en ella.
¡Deciende niño, deciende!;
¡baja del monte, no temas!

NIÑO:

¿Son cristianos?

LAURO:

¿No lo ves
en el traje y en las señas?

NIÑO:

¿Que no son moros?

LAURO:

¡No, amores!

NIÑO:

¿Haranme mal?

LAURO:

¡No lo creas!

NIÑO:

¡Pues ya bajo!

LAURO:

Estraño caso:
¿qué es esto que el cielo ordena?

NIÑO:

Señores, no me hagan mal.

LAURO:

¿Cómo has venido a esta sierra
en traje y lengua español?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


NIÑO:

Sepa, señor...

LAURO:

Dilo.

NIÑO:

Sepa
que el conde de Barcelona
tiene una hija y que, della,
soy hijo, y de un caballero,
hijo de un rey de una tierra
que está más allá del mar.
No fue casado con ella,
y mi abuelo, que lo supo,
a mi madre tiene presa;
y a mí me mandó traer
en una nave, a que fuera
lejos de España arrojado
en alguna isla o selva,
por no ensangrentar las manos
en una cosa tan tierna.
¿Qué tierra es aquesta?

LAURO:

Hungría.

NIÑO:

Dígame: ¿matan en ella
a los niños que su abuelo
quiere muy mal?


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LAURO:

¡Qué inocencia!
No, mi señor; no, mis ojos:
antes comida, merienda,
juegos, vestidos, regalos,
cama, casa, almuerzo y cena;
yo os llevaré donde estéis
como con la madre vuestra;
que un nieto de un rey merece
que como a quien es le tengan;
podrá ser que Dios permita
que alguna vez se arrepienta
el conde de Barcelona,
y que os busque, estime y quiera
para señor de su estado.

NIÑO:

Ruegue a Dios que verdad sea;
que yo le daré mil cosas.
¿Está su casa aquí cerca?

LAURO:

Detrás de aquestos peñascos.

NIÑO:

¿Y tiene niños en ella?

LAURO:

Uno como vós, mi bien.

NIÑO:

¿Y ha mucho que anda a la escuela?

LAURO:

No, mi rey; que de mi casa
está la villa una legua.

NIÑO:

Yo le enseñaré a leer.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LAURO:

Aunque le importen las letras,
mejor es que le deis armas,
pues los reyes honran dellas
los hidalgos que los sirven.

NIÑO:

Es cuando los reyes reinan,
que no cuando desterrados
van por las tierras ajenas.

LAURO:

¡Qué divina discreción!

LLORENTE:

¿Qué te dice? Que su lengua
no le entendemos nosotros.

LAURO:

Cosas estrañas y nuevas
que algún día las sabréis.
Vamos, mi bien, porque os vea
la que ya tendréis por madre
hasta que gocéis la vuestra.

NIÑO:

Como a mi señora y tía
la serviré.

LAURO:

El cielo quiera
que Nápoles y Aragón
os coronen la cabeza.
¿Qué nombre tenéis?

NIÑO:

Felipe.


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El animal de Hungría Acto I Félix Lope de Vega y Carpio


 


LAURO:

Gran valor el nombre muestra.
Si sois como el macedonio
y otro Alejandro os hereda,
seréis señores del mundo.
¿Qué es aquesto?

NIÑO:

La merienda
que me dejaron los hombres
que ya por el mar navegan.

LAURO:

Acá le tendréis mejor:
salid, mi bien, de la selva;
que Dios que os trujo a mi casa
os hará rey en la vuestra.


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Acto II
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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


Entra la reina TEODOSIA, de salvaje;
y con las mismas pieles, ROSAURA,
que es la niña que quitó a su hermana.
TEODOSIA:

  Siempre tengo de reñirte
sobre que de aquí no salgas
y tu peligro decirte;
que de mi amparo te valgas,
no es posible persuadirte.
¿Cómo, di, tan atrevida,
al peligro de la vida
osas del monte bajar
hasta que te vengo a hallar
en su maleza perdida?
  Mira, Rosaura que adviertas
que somos dos animales
que con armas encubiertas
busca el hombre, y que, si sales,
seremos presas o muertas.
  ¿Cómo te das a entender
que es cosa segura el ir
siendo imposible el volver?

ROSAURA:

¿Quién podrá, madre, sufrir
el deseo de saber?
  Cuando era niña pequeña
bien tomaba sus liciones,
sin pasar de aquella peña,
conociendo las razones
de que me advierte y enseña.
Ya grande, cual soy agora,
no las tomo bien, señora;
porque, a su mucha aspereza,
mi propia naturaleza
se rebela de hora en hora.
  ¿Qué es lo que arriba se ve?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TEODOSIA:

Cielo en que vive el autor
de cuanto es, ha sido y fue.

ROSAURA:

¿No dices que es el criador,
cuando me enseñas su fe,
  de todas las crïaturas?

TEODOSIA:

Sí digo.

ROSAURA:

¿Y que hizo un hombre,
madre, enseñarme procuras,
que fue Adán su propio nombre?

TEODOSIA:

Como un escultor, figuras
  o modelos suele hacer:
hizo al hombre.

ROSAURA:

Y ya formado,
¿no dice que a la mujer
sacó del mismo costado,
y que los mandó querer
como en una carne a dos?

TEODOSIA:

Sí, porque los hizo Dios,
para aumento del humano
género.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Su eterna mano
quiso que, de dos en dos,
  fuese colmando la tierra
de fruto de bendición:
lo demás que vivo encierra,
decís que animales son,
ya en el prado, ya en la sierra;
  y que solo el hombre tiene
el rostro elevado al cielo,
porque es el centro a que viene.

TEODOSIA:

De cuanto vive en el suelo,
solo al hombre le conviene.

ROSAURA:

  Pues siendo ansí, ¿cómo dice
que nosotras somos fieras
si a Dios alaba y bendice
en cosas tan verdaderas?,
¿no ve que se contradice?
  Si a mí me llama animal,
¿para qué dice que el cielo
es mi patria natural,
y dice que deste velo
se cubre un alma inmortal?
  Si alma tengo, y fue crïada
para el cielo, no soy fiera.

TEODOSIA:

Eres fiera en ser tratada
como fiera, y, donde quiera,
del hombre cruel buscada.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Eso deseo saber;
que si al hombre la mujer
le dieron por compañía,
¿cómo perseguir podría
a quien debiese querer?

TEODOSIA:

  No eres tú mujer.

ROSAURA:

¿Pues qué?

TEODOSIA:

¡Cosa que degeneró
del primero ser que fue!

ROSAURA:

¿Pues a mí quién me engendró?
Porque, según vuestra fe,
  yo no nací como planta,
pues alma tengo que al cielo
mis pensamientos levanta.

TEODOSIA:

Este monte, nieve y yelo.

ROSAURA:

Vuestra locura me espanta.
  El monte puede engendrar
árboles, frutas y flores;
la nieve no más de helar.

TEODOSIA:

Y estos ciervos corredores
y aves que has visto volar,
  ¿no los engendra esta sierra?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

No, que el ave por el viento
vuela, aunque nace en la tierra;
mira que tu entendimiento,
en cuanto me dices, yerra.
  Que no soy ave se ve
en que no vuelo y que tengo
lengua.

TEODOSIA:

Engáñaste.

ROSAURA:

¿Por qué?

TEODOSIA:

Porque en oír me entretengo
su canto; y su lengua sé.

ROSAURA:

  ¿Tú?

TEODOSIA:

Yo.

ROSAURA:

Pues di lo que agora
ha dicho aquel ruiseñor.

TEODOSIA:

Dice que a su esposo adora.

ROSAURA:

No dice sino que amor
naturalmente enamora.

TEODOSIA:

¿Pues eso cómo lo sabes
si tú no entiendes las aves?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¿Y tú cómo lo defiendes,
pues que las aves no entiendes,
que aquellas quejas suaves
  no son voz como la mía?
Y si tú entiendes la suya,
tú eres ave, y yo podría
no ser de la forma tuya.

TEODOSIA:

¡Ea!, ya no más porfía.

ROSAURA:

  Madre no te has de enojar
de que desee saber.

TEODOSIA:

Las fieras han de callar;
las fieras no han de entender
ni argüir ni preguntar.

ROSAURA:

  Si soy fiera, a toda fiera
veo con su esposo al lado:
las ciervas desta ribera
de su esposo han engendrado;
no, madre, de otra manera.
  Si es que yo soy animal,
¿con qué animal te juntaste
para que naciese igual
al ser que de ti imitaste,
que es ser con alma inmortal?
  Enséñame el padre mío.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TEODOSIA:

Yo fui tu madre y tu padre.

ROSAURA:

Eso, madre, es desvarío.

TEODOSIA:

El nácar de perlas madre
hija engendra del rocío.
  Ábrese la concha bella,
en el mar, por la mañana,
y entra el sol y el alba en ella.
La generación humana
forma el sol; y de la estrella
  con que nace una persona,
toma aquella inclinación.

ROSAURA:

Que el sol engendra, no abona,
madre, tu fuerte razón;
el argumento perdona.
  Porque si solo engendrara,
otro sol como él hiciera;
y que hay otro es cosa clara
que le ayuda y de quien fuera
la materia que tomara.
  Que ayude el sol no lo niego,
mas para engendrar un yo,
otro yo es fuerza: que el fuego
dará calor al que obró
el ser que me forma luego.

TEODOSIA:

  Pues eso mismo te digo:
que el sol que una vez llegó
a estar, Rosaura, conmigo,
en mí misma te engendró.


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ROSAURA:

Al sol alabo y bendigo.
  Pues, madre, tener querría,
por si vós os acabáis,
otro yo en mi compañía:
decidme cómo os juntáis
con ese sol y en qué día;
  que quiero formar un yo
que viva sujeto a mí
como yo a vós.

TEODOSIA:

¿Quién te dio
ese pensamiento?

ROSAURA:

Hoy vi,
si el aire no me engañó,
una cosa, madre mía,
que casi me parecía;
y este el sol debe de ser
con que vós soléis tener
alguna vez compañía.

TEODOSIA:

  ¿Hombre has visto?

ROSAURA:

Luego son
hombres aquellos que vi:
pienso que tenéis razón.

TEODOSIA:

¡Ay, Rosaura, que por ti
espero mi perdición!


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

  Por unas zarzas metida
vi que aquel se desnudaba
cierta cosa que, vestida,
todo su cuerpo adornaba;
y, a un ramo de un olmo asida,
en una fuente se echó
y se lavó y se enjugó;
y, volviéndose a vestir,
no me harté de bendecir
la madre que lo parió.
  Aunque también me reí
de ver que vestirse pudo,
y dije, madre, entre mí:
«Mejor estabas desnudo;
¿por qué te vistes ansí?».

TEODOSIA:

Calla, que me enojas tanto
que de mi furor me espanto
como te sufro.

ROSAURA:

Pues, madre,
si era el sol, y si es mi padre,
¿qué testimonio os levanto?

TEODOSIA:

  Es porque pudo abrasarte;
que no por otra ocasión,
si el sol viniera a mirarte.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¡Ay, madre! Tiene razón:
que desde verle a esta parte
  toda me siento morir;
el sol debió de encenderme,
que ni comer ni dormir
he podido más, ni verme
conmigo en quietud vivir.
  Digo, madre, ¿estaba así
aquel día que al sol vio?

TEODOSIA:

¿Qué dices, triste de mí?
¿Hombres has visto?

ROSAURA:

Hombres no,
pero al sol, desnudo, sí.

TEODOSIA:

  Vive el cielo que te mate
si sales de aquesta cueva.
¿No temes que te maltrate
si te coge el sol o lleva
donde jamás te desate?

ROSAURA:

Sí temo; mas ¿qué he de hacer,
si acaso le acierto a ver?
Deme algún remedio.

TEODOSIA:

Advierte
que puede darte la muerte
si te acertase a coger.
  Y para que huya de ti
haz la cruz que te enseñé.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¿Con la cruz huirá de mí?

TEODOSIA:

Sí, Rosaura.

ROSAURA:

Pues a fe
que yo me defienda ansí.

TEODOSIA:

  Ven por aquesta espesura,
que al pie desta fuente clara
es la caza más segura.

ROSAURA:

Madre, si el sol no abrasara
era linda criatura.
(Salga LAURO, ya viejo, con un gabán
y báculo en la mano, y FELIPE,
ya mancebo, con un venablo,
y VELARDO, villano.)

LAURO:

  Cosa me cuentas peregrina y rara.

VELARDO:

Yo no te la contara a no ser cierta.

FELIPE:

Pues, padre, ¿no era muerta aquella fiera
que a toda la ribera, selva y monte
deste nuestro horizonte daba espanto?

LAURO:

Veinte años ha que tanto fue buscada
que cueva ni emboscada, en bosque o sierra,
quedó por esta sierra, y yo creía
que difunta sería.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Por muy cierto
contaba el viejo Alberto, las pesadas
noches de invierno heladas -que él sabía
del animal de Hungría las memorias-
al fuego las historias, afirmando
que le mataron cuando en esta encina
la princesa Faustina, venturosa,
parió una niña hermosa; pues la fiera,
viva, libre y entera como hoy vive,
y de su rey recibe mil favores,
se la dejó en las flores deste prado
y por el enriscado monte arriba
se llevó fugitiva la criatura.

LAURO:

Tuvo en eso ventura desdichada
y llegó de espantada al fin postrero.

FELIPE:

¿No tienen heredero?

LAURO:

No, Felipe,
porque no participe de un engaño
que por ser tan estraño no le digo;
pero a solas contigo, que en efeto
eres hombre discreto, y procedido
de españoles, que han sido tan leales,
sabrás los grandes males que esta historia
conserva en mi memoria.

FELIPE:

En ese día,
a la crïanza mía de que vivo
obligado y cautivo, das y pones
nuevas obligaciones.


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LAURO:

Años hace
que donde agora nace aquella oliva,
o poco más arriba, que aún me enseña
señales esa peña, triste y solo
te hallé al ponerse Apolo.

FELIPE:

Dios os guarde,
que por vós vive y arde aquesta vela;
que con tanta cautela tantos vientos
contrastaban sedientos de mi muerte.

LAURO:

Di, amigo, ¿de qué suerte has visto agora
aquella fiera que estos campos mora?

VELARDO:

  ¡Cómo una fiera no más!
Digo, señor, que son dos.

LAURO:

Dos hizo el miedo.

VELARDO:

Por Dios,
que aunque no me vi jamás
  con más temor que ayer tarde,
que sé que eran dos muy bien.

LAURO:

¿Llegaron cerca?

VELARDO:

También,
así Dios tus años guarde,
  aunque no por valor mío;
porque corriendo tras mí
las vi cerca, y socorrí
mi vida en medio del río
  donde fue cuento gallardo
las piedras que me tiró
la mayor.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURO:

Bien pienso yo
que no fue temor, Velardo.
  Pero, en fin, ¿dices que viste
dos?

VELARDO:

Sin duda fue, señor.

FELIPE:

si fue temor,
di la verdad.

VELARDO:

Si consiste
  en los ojos la verdad:
dos vi; sin duda dos son
de notable perfeción
y mayor velocidad.
  Ya sabéis que no es Velardo
zagal que gusta en su aldea
de decir lo que no sea;
que de aqueste sayal pardo
  cubro un alma que se precia
de tratar siempre verdad;
que huyo de la ciudad
porque la verdad desprecia.
  Creed que hay aquí linajes
de salvajes; yo los vi.

FELIPE:

¿Tú?

VELARDO:

Yo, digo, porque a mí
siempre me siguen salvajes.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

  ¿Por qué?

VELARDO:

Porque quiso el cielo
que naciese a tanto mal.

LAURO:

Conocer este animal
me daba tanto recelo...
  Sé que es la Reina, y pensé
que, como quien es, guardara
castidad; mas cosa es clara
que si parió, no lo fue;
  porque esta no puede ser
la criatura que le hurtó
a Faustina, porque yo
al Rey se la vi traer
  entonces hecha pedazos:
sin duda que algún pastor
trata de secreto amor
con poco honestos abrazos.
  ¡Oh terrible soledad!,
¿a qué desdichas no obligas?

FELIPE:

¿Qué dices, Lauro?

LAURO:

No digas,

VELARDO:

por la ciudad,
  que has visto aquestos salvajes.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VELARDO:

No haré por más que me importe,
porque tienen en la Corte
parientes en buenos trajes.
  Harto he procurado a fe
verme libre de animales,
porque son perjudiciales
desde el cabello hasta el pie.
  Lo que agora me conviene
es envolverme, si puedo,
porque tengo al agua miedo
por la calidad que tiene,
  en dos sábanas de vino.

FELIPE:

¿Bebértelo no es mejor?

VELARDO:

No, porque tengo temor
que digan que desatino.

(Vase VELARDO.)


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURO:

  Hijo, ya que estás solo te querría
preguntar una cosa que ha menguado
mi edad creciendo la desdicha mía.
  Dime, Felipe, ¿no te da cuidado
ser sobrino de un rey, nieto de un conde
de Barcelona, y verte en este estado?
  ¿No te pregunta el alma cómo y dónde
naciste y te crïaste? ¿Ni el deseo
que vayas a saberlo te responde?
  ¿Es posible que estés, como te veo,
contento en una choza, humilde y pobre,
más bárbaro que el indio adusto y feo?
  ¿Ni sientas que te falte o que te sobre
el vestido, el sustento y la grandeza
que ya es razón que tu cuidado cobre?
  ¿Es posible, Felipe, que la alteza
en que naciste no te mueve el alma
y fuerza a aborrecer tanta aspereza?
  ¿Cómo vives aquí, la mar en calma
de tantos generosos pensamientos,
debiendo a tu valor corona y palma?
  ¿Aún no te dan primeros movimientos
del bien perdido y de la patria amada,
no habiendo en medio más que mar y vientos?
  Emprende, ¡oh, gran Felipe!, una jornada
a España antes que yo mi muerte vea
porque vea tu frente coronada.
  Yo te crie; mi corazón desea
restituirte a España: ¿qué respondes?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Que no es posible, ¡oh, padre!, que amor sea.
  Y si es mi bien, ¿por qué el amor escondes
en palabras tan ásperas y esquivas?
Yo no conozco príncipes ni condes:
  solo le pido a Dios, Lauro, que vivas
y que te sirva yo como lo debo.
¿Por qué razón de ti, señor, me privas?

LAURO:

  Como te veo próspero mancebo,
gallardo, generoso y tan valiente
que pueden envidiarte Marte y Febo;
  y veo que mi casa pobremente
regala y sirve tu valor, Felipe,
quisiera verte en un lugar decente;
  porque por más que Lauro se anticipe,
¿qué puede darte? Aquí todo es pobreza.

FELIPE:

¿Decislo porque acaso no disipe
  la hacienda vuestra, Lauro?

LAURO:

Esa aspereza
no la merece, hijo, el amor mío:
a lágrimas obligas mi terneza.
  Nunca te he visto, ingrato, ese desvío:
me ha parecido mal en tantos bienes
como el cielo te dio.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Fue desvarío:
  deja, padre, las lágrimas, que vienes
muy viejo aquesta tarde y no querría
que pienses mal de quien por hijo tienes.
  Ni el cetro, el reino ni la patria mía
me dan cuidado; porque más te quiero
que a todo el oro que el Oriente cría.
  Las coronas, llegado el fin postrero,
vemos en calaveras descarnadas
con risa y ambición del heredero.
  Yo precio, padre, más mirar colgadas
vuestras paredes de esos paños viejos
con figuras apenas divisadas
  y, mientras asa Alcina dos conejos
muertos con mi arcabuz en ese monte,
escucharos un cuento y dos consejos,
  que el palacio del sol que vio Faetonte.
Aunque en vez de aquel carro y los caballos
fuera donde el veloz Belorofonte,
  ¿qué criados, amigos y vasallos
como estos verdaderos labradores
que pueden muchos reyes envidiallos?
  Aquí las aves y las varias flores
son músicas y alfombras de la mesa
que se suele cercar de aduladores.
  Viva el señor que la ciudad profesa
entre solicitudes y cuidados
de la ambición que de inquietar no cesa;
  yo entre aquestos robles y ganados,
donde solo murmuran arroyuelos,
y no envidiosos de sufrir cansados...


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


LAURO:

  Hijo, bien sé que tratas mis consuelos,
pero ninguno para mí tan grande
como que traten de tu bien los cielos.
  Bien puedes ir, y bien es que te mande,
como padre, que a España des la vuelta
mientras la rueda en tus desdichas ande:
  allá sabrás si acaso está revuelta
por la desgracia de tu hermosa madre,
que ya de la prisión estará suelta;
  sabrás si reina el Conde o si tu padre,
y con lo que mejor te esté de todo
y a tus heroicos pensamientos cuadre,
  podrás volverme a ver del propio modo,
y si es bonanza iré a vivir contigo,
porque no te podré perder del todo.

FELIPE:

  De esa manera, padre, yo me obligo
ir y volver: no llores de esa suerte.

LAURO:

Sabe Dios la piedad con que lo digo.

FELIPE:

  No te vayas, aguarda.

LAURO:

El trance es fuerte:
a la noche hablaremos, Dios te guarde;
y a mí también para volver a verte,
puesto que estoy con tanta edad cobarde.

(Vase LAURO.)


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

  No niego el justo deseo
que de veros tengo, España,
puesto que en esta montaña
en mayor quietud me empleo;
más cuando imagino y veo
que nací en tanto valor:
él mismo obliga al honor
para que veros procure
y que la vida aventure
a todo trance y rigor.
  Pero si la madre mía
murió a manos de mi abuelo,
y a mi padre quiso el cielo
castigar el mismo día
para ver la tiranía
de un hombre sin esperanza
de poder tomar venganza:
no me parece cordura;
que para más desventura
no es discreta la mudanza.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Entre ROSAURA.)
ROSAURA:

[Aparte.]
Sin licencia de mi madre,
el sol he venido a ver
como quien viene a saber
nuevas de su mismo padre;
que puesto que no me cuadre
según ella me aconseja,
su vista, porque me deja
de tanta luz abrasada,
el mismo fuego me agrada
y es mayor cuando se aleja.
  No puedo sin él vivir;
sin él no acierto a comer:
gran cosa debe de ser,
pues no me deja dormir.
Pero tanto resistir
de Teodosia en que no vea
quien tanto el alma desea:
no puedo saber lo que es;
pero sabrelo después
que de esperiencia lo crea.
  Dice que haciendo los dedos
una cruz huirá de mí
como demonio; y que ansí
perderé todos mis miedos.
Los ángeles se están quedos
si este con la cruz lo está
y en viéndola no se va:
que es ángel es testimonio.
Y si se fuere, es demonio.
¡Vade! ¡Cruz: formela ya!
  ¡Por el cielo soberano!,
que se está quedo y compuesto
con haberle la cruz puesto
a los ojos con la mano:
él es ángel, esto es llano.
Mas no la debió de ver:
quiero llamalle y hacer
a un tiempo la cruz; veamos
si acaso nos engañamos,
que pienso que puede ser.
  ¡Hola, hola!


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

¿Quién me llama?

ROSAURA:

¡Cata la cruz!

FELIPE:

¡Santo Dios!

ROSAURA:

¿Huis? Demonio sois vós.

FELIPE:

[Aparte.]
Mas, ¿dónde voy, si me infama
el verme sola una rama
deste monte? Sacar quiero
de la vaina el blanco acero.
¡Aquí estoy, monstruo crüel!
[Aparte.]
Puesto que me espanto dél,
morir o matarle espero.

ROSAURA:

  ¡Cata la cruz!

FELIPE:

Eso fuera
justo decírtelo a ti.
¿Pero tú, demonio, a mí?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Ángeles, pues ¿qué me espera?

FELIPE:

¿Quién eres, hermosa fiera,
que, acercándome a tu cara,
la mano y la espada para?
¿Eres demonio o mujer?
Que todo lo puede ser
una hermosura tan rara.

ROSAURA:

[Aparte.]
Basta que habla como yo
y bien lo que dice entiendo.

FELIPE:

[Aparte.]
Si es aqueste el monstruo horrendo,
el temor os engañó;
que yo sé que no formó
la sabia naturaleza
monstruo de tanta belleza.

ROSAURA:

[Aparte.]
Más cerca al sol he mirado
y antes el fuego he templado
en su hermosa gentileza.

FELIPE:

[Aparte.]
¿Este llaman en Hungría
animal? O ellos son tales,
o tú de los celestiales
que pinta el astrología:
  que habiendo estrellas en ti
eras animal del cielo.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

[Aparte.]
Ya su fuego y ya su yelo
poco a poco siento en mí;
  pero es con una blandura
que si de aquí se ausentara
sospecho que me matara
la falta de su hermosura.

FELIPE:

  Desvía bien los cabellos,
pues no vengo a hacerte daño:
será el rostro desengaño
de lo que temo por ellos.
  Déjate ver sin temor.

ROSAURA:

Sí haré, si te dejas ver.

FELIPE:

¿Eres, por dicha, mujer?

ROSAURA:

Quien a ti te tiene amor,
  ¿cómo en el mundo se llama?

FELIPE:

Mujer.

ROSAURA:

Pues eso seré.

FELIPE:

¿Pues tiénesme amor?

ROSAURA:

No sé
qué es lo que tiene quien ama.
  Dímelo tú y, si conforma
con lo que siento en mi pecho,
sabré si es amor.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Sospecho
que es el amor desta forma:
  mirar por acidente y agradarse,
y al alma por los ojos imprimirse;
y tanto más a su memoria unirse
cuanto procura el alma desvïarse.
En esto los sentidos conformarse
y no poder, queriendo, divertirse
y, hasta que vienen todos a rendirse,
en tales pensamientos regalarse.
Tener por centro, por descanso y gloria
la sujeción del alma a tanta pena,
y adorar por favores los desdenes.
Perder de todo punto la memoria,
colgar la vida en voluntad ajena:
esto es amor; tú sabes si le tienes.

ROSAURA:

  ¡Notable cosa es amor
como aquí me lo has pintado!

FELIPE:

Esto llaman su cuidado,
su deseo y su temor.

ROSAURA:

  Ya lo que siento prevengo.

FELIPE:

Tu pecho de aquí lo arguya.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¡Óyeme, por vida tuya,
porque sepas si le tengo!
  Yo vi, yo me admiré; mas de admirarme
nació un regalo en que sentí perderme;
los sentidos hallé como el que duerme
sin poder la memoria despertarme.
Sentí notable pena en ausentarme;
y, ausente, sólo pudo entretenerme
imaginando en la presencia verme
que pudo entristecerme y alegrarme.
Mil esperanzas a mi pena ofrezco:
con todas estoy bien, y mal conmigo;
en un punto me alegro y entristezco.
Huyo de la razón y el gusto sigo:
esto siento, esto tengo, esto padezco;
si esto es lo más de amor, lo menos digo.

FELIPE:

  No lo has pintado muy mal:
tu traje encubre el valor.

ROSAURA:

¿Quién pudiera sino amor
enseñar un animal?

FELIPE:

  ¿Dónde naciste?

ROSAURA:

¿Yo? Aquí.

FELIPE:

¿De quién?

ROSAURA:

De otra como yo.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Sí, pero ¿quién te engendró?

ROSAURA:

El sol.

FELIPE:

¿El sol?

ROSAURA:

Mi bien, sí.

FELIPE:

  El sol y el hombre, dirás.

ROSAURA:

¿Qué es ‘hombre’?

FELIPE:

Yo.

ROSAURA:

¿Tú eres hombre?

FELIPE:

Ese es mi ser y mi nombre.

ROSAURA:

Ya te voy queriendo más.
  ¿Luego mi madre no pudo
del sol engendrarme a mí?

FELIPE:

No; ni el sol ni ella sin mí.

ROSAURA:

Sin duda es verdad que dudo...
  Y si yo quisiese hacer
otra yo que esté conmigo,
¿querrá el sol venir contigo?


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FELIPE:

Si no llueve podrá ser.

ROSAURA:

  Pues buscar un día claro.

FELIPE:

 [Aparte.]
¡Oh, varia naturaleza!
¿Que dieses tanta belleza
a un monstruo? ¡Milagro raro!
  Esta, sin duda, ha nacido
de aquel primero animal;
y amor, pasión natural,
la debe de haber rendido.
  Dime, ¿hasme visto otra vez?

ROSAURA:

Yo te vi una siesta ardiente
bañar en aquella fuente,
y todo el cielo es juez;
  que fue mucho resistirme,
de no hablarte sin temor;
mas un no sé qué mayor
me tuvo dudosa y firme.
  ¿Sabes tú cómo se llama
lo que a la mujer detiene?

FELIPE:

Vergüenza, porque conviene
mucho a toda honesta dama.
  En fin, ¿te parezco bien?

ROSAURA:

Me enloqueces.


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FELIPE:

Pues reporta
ese amor; porque te importa
que yo te quiera también.

ROSAURA:

  Luego, cuando una mujer
quiere a un hombre, ¿no sucede
lo mismo al hombre?

FELIPE:

Bien puede
el hombre no la querer.

ROSAURA:

  ¿Cómo no? Di la razón.

FELIPE:

Querer otra.

ROSAURA:

¿Y dónde está
esa otra?

FELIPE:

Él la tendrá
primero en el corazón.

ROSAURA:

  Luego, ¿tú puedes querer
otra mujer?

FELIPE:

Bien podría.

ROSAURA:

Desdichada suerte mía...

FELIPE:

Ya no tienes que temer,
  que yo te quiero en estremo.
Mas di: ¿dónde te he de hallar?


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ROSAURA:

En este mismo lugar.

FELIPE:

Voces dan: tu vida temo.
  Quédate escondida aquí.
Iré a ver lo que es; mas quiero
saber tu nombre primero.

ROSAURA: .

Rosaura

FELIPE:

¿Rosaura?

ROSAURA:

Sí.
  Dime el tuyo.

FELIPE:

Yo me llamo Felipe.

ROSAURA:

¿Vendrasme a ver?

FELIPE:

Pues no.

ROSAURA:

Y aquella mujer
otra que tanto desamo,
  ¿quiéresla bien?

FELIPE:

No, por Dios;
que por ti me abraso y ardo.

ROSAURA:

Pues, Felipe, aquí te aguardo.

FELIPE:

Ya nos veremos los dos.

(Vase FELIPE.)


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

  Bellísimo animal parece el hombre;
ninguno he visto que me agrade tanto:
ya por su ausencia me provoco a llanto,
que no hay vergüenza que mi pecho asombre.
Dame licencia que te llame y nombre,
Felipe mío; pues si a ver levanto
la vista al monte, todo causa espanto
si no es el eco de tu dulce nombre.
¡Felipe!, ¡hola Felipe! Por los cielos
que aquella otra le detiene y tiene
entre los brazos, y esto llaman celos.
Pues otra: que le dejes te conviene;
que iré a matarte si me dan recelos
que por otra hermosura se detiene.
(Entra SILVANA, labradora.)

SILVANA:

  Todas se fueron sin mí
por no querer esperarme:
pues a fe que he de vengarme.
Temblando voy por aquí...
  Estaban cogiendo flores
las zagalas del aldea:
plega a Dios que mejor sea
la siesta que mis temores.
  Contaban del animal
que ha vuelto al monte de nuevo,
y que ayer con un acebo
dejó tendido a Pascual.
  Y que a no entrarse Velardo,
vestido, dentro del río,
pagara su desvarío
como Riselo y Pinardo.
  Y con el miedo se huyeron;
y en el monte me dejaron,
tan a prisa, que dejaron
las más flores que cogieron.
  Dios me libre de topar
con la fiera hasta el aldea.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

No acabo de ver qué sea,
ni sé si acierto en llegar;
  pues este animal no es hombre:
animal es diferente,
porque la barba y la frente
muestran su diverso nombre.
  La que Felipe tenía
era con ciertos cabellos,
y en esta no hay señal dellos:
solo como yo los cría.
  A mí tiene semejanza;
pues quiero llegar: ¿quién eres?

SILVANA:

¡Ay, triste!

ROSAURA:

Ya no hay qué esperes
si no es morir tu esperanza.
  Di presto el género tuyo:
¡di qué animal!; ¡presto, acaba!

SILVANA:

Muerta soy, yo soy tu esclava:
aquí estoy, que no me huyo.
  No soy la que te ofendí:
otra soy.

ROSAURA:

¿Otra?

SILVANA:

Sí, a fe.


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ROSAURA:

[Aparte.]
Notable dicha, a otra hallé.
¿Que tú eres otra?

SILVANA:

Yo sí.
 [Aparte.]
Que no soy la que ella piensa:
otra soy muy diferente.

ROSAURA:

Mi muerte tengo presente
y la causa de mi ofensa.
  ¿Conoces al animal
más bello y hermoso aquí?

SILVANA:

¿Qué nombre?

ROSAURA:

Felipe.

SILVANA:

Sí.

ROSAURA:

No lo niega, ¡hay cosa igual!
  La vergüenza que decía

FELIPE:

aquesta perdió
desde que le vio y habló:
más fue la vergüenza mía.
  Dime, otra, desdichada:
¿quién es Felipe?


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SILVANA:

Un mancebo,
hijo de Lauro y de Febo,
Dafne en laurel transformada;
  vive en una casería
que no está lejos de aquí.

ROSAURA:

¿Quiéresle tú bien?

SILVANA:

Yo sí;
que le ha criado mi tía.

ROSAURA:

  ¿Quién dices?

SILVANA:

Otra mujer.

ROSAURA:

Luego, ¿hay más otras allá?

SILVANA:

Tan lleno el lugar está
que no se pueden valer.

ROSAURA:

  Muerta soy, Felipe ingrato,
pues que tantas otras tienes:
poco haré, pues que no vienes,
si una de tantas te mato.
  ¿Cómo te juntas, traidora,
con Felipe?

SILVANA:

Eso es notorio...
Ánimas de Purgatorio:
¡libradme, valedme agora!


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ROSAURA:

  ¿Dime en qué tiempo?

SILVANA:

Las fiestas
en el baile.

ROSAURA:

¿Qué es el baile?

SILVANA:

El corro.

ROSAURA:

Ve luego y traile.
(Dele unas castañuelas.)

SILVANA:

Mire con aquestas puestas...
  Nos ajuntamos los dos
y nos hace el son Benito.

ROSAURA:

Muestra.

SILVANA:

San Antón bendito:
cegalda.

ROSAURA:

¿Con esto?

SILVANA:

¡Ay Dios!
  Con aquestas en las manos
y andar de aquí para allí.
[Aparte.]
¡Oh si la engañase ansí!

ROSAURA:

Por los cielos soberanos,
  Otra, que no has de vivir.

(Péguela.)


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SILVANA:

¡Ay, que me mata!

ROSAURA:

No quiero
que bailes cuando yo muero
con quien me obliga a morir.
(Entra TEODOSIA.)

TEODOSIA:

  ¿Qué haces? ¿Por qué das muerte
a esta mujer?

SILVANA:

¡Ay de mí!

ROSAURA:

Que no es mujer; otra sí.

SILVANA:

Desdichada fue mi suerte:
  juntándose van salvajes.

TEODOSIA:

Vete, mujer.

SILVANA:

Cielo santo,
valedme.
(Vase SILVANA huyendo.)

ROSAURA:

No entiendo tanto
destos tan varios linajes
  como tú. Mas yo sé bien
que, con dejarla ausentar,
das a Felipe lugar
para que juntos estén.


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TEODOSIA:

  ¿Qué Felipe?

ROSAURA:

Ansí se llama
el sol que contigo habló;
y que es hombre me contó,
y que adora, quiere y ama
  a las otras de su aldea,
y esta es una.

TEODOSIA:

[Aparte.]
¡Triste yo!
¿Hablaste con alguien?

ROSAURA:

No,
que no sé lo que ‘alguien’ sea.
  Pero con Felipe sí,
que es bellísimo animal.

TEODOSIA:

¿Qué Felipe?

ROSAURA:

¡Hay cosa igual!
El que me engendró de ti.

TEODOSIA:

[Aparte.]
Esta habló con algún hombre.

ROSAURA:

Sí madre: el que vi en la fuente.
Habla en él, que estando ausente
solo me alienta su nombre.


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TEODOSIA:

  Si le hicieras apartada
la cruz...

ROSAURA:

No, no, madre mía;
ya hice cuantas podía,
mas no aprovechó de nada.
  Es ángel, que no es demonio;
no ha de hüir, estase quedo.

TEODOSIA:

¿Que no le tuviste miedo?

ROSAURA:

¿No ve claro el testimonio?
  Hablele, hablome en amor;
díjome lo que sentía,
y es que, como en mí vivía,
sabe mis cosas mejor.
  Que se juntase conmigo,
y con el sol, le rogué.

TEODOSIA:

¿Juntose?

ROSAURA:

No, que se fue,
y con el alma le sigo.
  Díjome que me quería
si otra no se lo estorbase;
y como sola quedase,
quiso la ventura mía
  que viniese este animal;
y dijo que se llamaba
Otra y a Felipe amaba.
¿Viste atrevimiento igual?
  Cogila de los cabellos,
y si no vienes...


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TEODOSIA:

¿Qué has hecho,
traidora?

ROSAURA:

¡Ay madre!, en el pecho
tengo aquellos ojos bellos
  como dos duras espinas:
o me los haga sacar
o mañana me ha de hallar
por fruta destas encinas.

TEODOSIA:

  ¡Ay Rosaura!, que has de ser
mi ruïna y perdición;
y pues ya tu inclinación
te dice que eres mujer:
  advierte que ese animal
es hombre, y que ha de obligarte
a perder la mejor parte
de una mujer principal.
  Mira que es gran deshonor
sujetarse a un hombre ansí.

ROSAURA:

Pues, madre, remedie en mí
esto que llaman amor
  o dígame de qué modo
ella por hija me tiene.

TEODOSIA:

Eso por sus tiempos viene;
que el tiempo lo ordena todo.
  Hay unos hombres que llaman
maridos, y este fue el mío;
que es deshonra y desvarío
en las que los otras aman.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

  Pues, madre, ¿no puede ser
marido aquel que yo vi?

TEODOSIA:

Cuando llegue el tiempo sí;
y tú serás su mujer.

ROSAURA:

  Haga cuenta que es llegado.

TEODOSIA:

Sí, pero en mujer de honor
es bajeza y deshonor
mostrar amor declarado.
  En las leyes del querer
es el hombre el que ha de amar;
porque es, llegar a rogar,
gran bajeza en la mujer.

ROSAURA:

  Toda esa ley está errada.

TEODOSIA:

No digas tan gran locura.

ROSAURA:

Adonde está la hermosura
ha de ser solicitada.
  Si no puede la mujer
sin el marido pasar:
claro está que ha de rogar
la que más ha menester.

TEODOSIA:

  Ha dado naturaleza
al hombre más perfeción;
y, por la misma razón,
a la mujer más belleza.
  Y como proceden dellas
guárdanlas ese respeto.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Pues si el hombre es más perfeto,
¿cómo son ellas más bellas?
  ¿No es la beldad perfeción?

TEODOSIA:

Gente siento: espera, iré
a verlo; y después daré
a tu pregunta razón.
(Vase TEODOSIA.)

ROSAURA:

  Aunque más razón me deis,
seguiré mi natural
que me enseña a amar mi igual:
por eso no os descuidéis;
  que es muy colérico amor
y no da espacio a la fe.
(Entre FELIPE.)

FELIPE:

Pienso que aquí la dejé,
entre esta retama en flor.

ROSAURA:

  ¡Felipe!

FELIPE:

¡Rosaura mía!
Mucho he sentido tu ausencia...

ROSAURA:

Y yo perdí la paciencia
de ver que te detenía
  la cruel otra, tu dama;
mas una dellas cogí
y me ha vengado de ti.


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FELIPE:

Verdad es que otra me ama;
  mas no la quiero querer,
después, mi bien, que te vi.

ROSAURA:

Yo hablé con mi madre aquí,
y dice que soy mujer
  y que puedo con mi honor
quererte como a marido:
¿dice verdad o ha mentido?

FELIPE:

Es el más perfeto amor
  y sin ofensa del cielo:
en todo dice verdad.

ROSAURA:

Hoy veré tu voluntad.

FELIPE:

Di lo que quieres.

ROSAURA:

Direlo:
  ruégame como que quieres
que me rinda si te escucho;
que dizque esto importa mucho
al honor de las mujeres.
  Y seré yo tu mujer
y tú serás mi marido.

FELIPE:

Digo que muy justo ha sido;
que el servir, el pretender
  y el rogar es para el hombre;
y así te ruego me quieras.


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ROSAURA:

Y aunque tú no lo dijeras
y se infamara mi nombre,
  me rindiera a ti: yo soy
tu mujer.

FELIPE:

Yo tu marido.

ROSAURA:

Mas una cosa te pido
ya que a tu servicio estoy.

FELIPE:

  Dilo.

ROSAURA:

Que no has de querer
a otra más en tu vida.

FELIPE:

Tú sola serás querida
como mi propia mujer.
  Mas también quiero avisarte
que a otro no quieras bien.

ROSAURA:

Luego, ¿hay más otros?

FELIPE:

También.

ROSAURA:

¿Adónde?

FELIPE:

En cualquiera parte.

ROSAURA:

  No hayas miedo que a otro quiera.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

[Aparte.]
No se usara por allá
esta llaneza.

[VOCES]:

(Dentro.)
Aquí está
aquella espantosa fiera:
  prevenid las armas presto.
(Salen los villanos con diversas armas.)

VELARDO:

Ve tú delante, Silvana.

ROSAURA:

¿Qué es esto?

FELIPE:

Gente aldeana
que armada ocupa este puesto:
  ¿si vienen en busca tuya?

TIRSO:

Llegad todos, que aquí está.

FELIPE:

Villanos, teneos allá.

GIL:

Téngase él, por vida suya.

FELIPE:

  Ponte aquí detrás de mí,
que temo que han de matarte.

ROSAURA:

¿Subireme en alta parte?


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Sube y espérame allí.

RISELO:

  Apártate, Felipe; que no es justo
que un animal tan pernicioso y malo
defiendas, con tu espada, de esa suerte.

FELIPE:

Yo sé que no es razón que le deis muerte.

TIRSO:

¿Cómo que no es razón? Quítate digo
o vive Dios...

FELIPE:

Villano, ¿tú amenazas
un hombre como yo?

SILVANA:

Mientras defiendes
que lleguen con las armas, ya la fiera
entre las peñas se escondió ligera.

RISELO:

No has tenido razón; pero nosotros
la culpa hemos tenido por tenerte
respeto que en aquesto no mereces:
¡Afuera!, digo. Y tras la fiera vamos,
que quien defiende un monstruo no es cristiano.

FELIPE:

¡Tente, Riselo!; y mira que la fiera
no es animal sino mujer.

RISELO:

¡Aparta!,
que si fuera mujer no maltratara
a las mujeres con rigor tan fiero.


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TIRSO:

Pasad todos por fuerza, aunque no quiera.

FELIPE:

¡Tente, Riselo, digo!

RISELO:

¡Pasar tengo!
¡Ay, muerto soy!

FELIPE:

¡Ya te avisé primero!

VELARDO:

¿Muerto Riselo?

SILVANA:

¡Sí!

VELARDO:

¡Fuera! ¡Dispara,
Tirso, aquese arcabuz!

FELIPE:

¡Teneos, villanos!

TIRSO:

¡Que no hay «teneos»! ¡Date a prisión luego
o el arcabuz disparo!

FELIPE:

¡Tente, espera!

SILVANA:

¡O le prended o muera!

TIRSO:

¡Muera, muera!

FELIPE:

Amigos, yo me doy por preso. En todo
fue Riselo culpado.


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TIRSO:

¡Rinde luego
las armas!

FELIPE:

Que se rinda un hijo de un hidalgo
a un tropel de villanos... ¡Gran bajeza!

TIRSO:

¡Vaya preso a la cárcel!

VELARDO:

¡Vaya preso!

SILVANA:

¡Mal haya mi venganza!

FELIPE:

¡Hay tal suceso!


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Vanse y llévanle preso;
y baja ROSAURA.)
ROSAURA:

  Preso dicen que le llevan:
sin duda a matarle van.
¿Mis fuerzas adónde están?
¿Estos dejo que se atrevan
a la muerte que le dan?
¿Esta es la dura fiereza
que me ha dado esta aspereza
y el nacer desta montaña?
¿Ansí el amor me acompaña
debido a tanta belleza?
  Altos robles que me vistes,
aunque en fuerzas desiguales,
despedazar animales
entre estos cipreses tristes
que hoy muestran blancas señales:
¿no os avergoncéis de ver
que me llamase mujer
de un hombre que es mi marido,
y que le lleven rendido
a morir y a padecer?
  Claras cristalinas fuentes,
a quien yo las vedrïeras
teñí de vuestras corrientes
con la sangre de las fieras,
destos montes eminentes,
¿cómo no me murmuráis
entre el agua que lleváis,
que dejé a cuatro villanos
llevar atadas las manos
del ángel por quien lloráis?
  Afuera, vil corazón,
seguirle quiero, y libralle
o morir en la prisión;
la libertad quiero dalle,
que me dio en esta ocasión.
Aguarda, Felipe, espera,
no digas, ni Dios lo quiera,
que fui mujer en amarte,
cobarde amigo en dejarte
y en irme a los montes fiera.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


(Váyase,
y entren los villanos
y un ALCALDE y LAURO.)
ALCALDE:

  ¡Ponedle bien la cadena!

LAURO:

Haced, señores, Justicia
pero sea con templanza,
si el ser quien soy os obliga.

TIRSO:

Vós habéis crïado un hijo,
cual tenga el diablo la dicha,
que por librar una fiera
mató al mejor de la villa.
¿Qué templanza han de tener?

FELIPE:

Padre, dejad por mi vida
que hagan lo que quisieren.

LAURO:

No hay rigor, furia y malicia
como la de un vulgo airado.

SILVANA:

¿Malicia es bien que se diga
matar al pobre Riselo?

LAURO:

Silvana, si tú codicias
la muerte del hijo mío
que en los brazos de tu tía
se ha crïado tantos años,
y es bien que tú le persigas:
acaben, pues que tú quieres,
su vida y la triste mía.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


SILVANA:

Lauro, yo tengo razón;
y, si tú la causa miras,
verás que es poco el rigor.

FELIPE:

Padre, ¿tú a rogar te inclinas
unos villanos como estos?

ALCALDE:

¡Qué bien nos templa la ira!
Pues voto al sol que ha de ir,
encima de una pollina,
con catorce arcabuceros
y, de hierro, ochenta libras,
a la Corte antes de un hora;
que no ha de estar en la villa.

LAURO:

Hacienda tengo: no importa;
y cuando no, el rey de Hungría
sabrá quién es el mancebo:
que es lo mejor de Castilla,
que Felipe es español...

FELIPE:

Detente, padre; no digas
cosa que me importa tanto:
antes me quiten la vida.
(Entre ROSAURA con un bastón.)

ROSAURA:

Pasos cuyo atrevimiento
justamente el amor guía:
llevadme a librar el alma
entre bárbaros cautiva.
No diga jamás mi esposo
que fui cobarde y fingida,
pues su vida no defiendo
cuando él defiende la mía.
¡Hombres, dejad a Felipe!


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


TIRSO:

Cielos, ¿no es la fiera misma
que buscamos en el monte?

ROSAURA:

Soy a lo menos su hija.
¡Dadme mi esposo, villanos!

ALCALDE:

¡Cercadla, tenedla, asidla!
Muera, o si fuese posible,
cogedla para el Rey, viva.

VELARDO:

¡Ay, que me ha descalabrado!

FELIPE:

Rosaura, señora, amiga,
esposa, ¡ay Dios!, ¿quién pudiera
favorecerla?

TIRSO:

¡Desvía,
que con aqueste arcabuz
presto haré yo que se rinda!

FELIPE:

¡Date, mi bien, date presto!;
¡ríndete, Rosaura mía!

ROSAURA:

¿Quieres que muera?

FELIPE:

Eso no.

ROSAURA:

Pues, ¿qué me mandas?

FELIPE:

Que vivas.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¿Harete gusto en vivir?

FELIPE:

Tanto como en darme vida.

ROSAURA:

Pues yo me rindo.

ALCALDE:

¡Prendedla!

LAURO:

¡Cielos!, ¿qué nuevas enimas
son estas en que me veo?

FELIPE:

Padre y señor, no te aflijas.

LAURO:

¿Dónde viste aquesta fiera?

ROSAURA:

Tú lo sabrás algún día.

ALCALDE:

¡Gran ventura hemos tenido!
Desta vez a nuestra villa
hará el Rey grandes mercedes.

VELARDO:

¿No ves que es la fiera chica
y que allá queda la grande?

ALCALDE:

No importa; yo sé que estriba
toda la paz desta tierra
en que a Dios y al Rey se sirva
con llevársela en prisión.

TIRSO:

Mas que quiere el Rey que viva
atada en los corredores.


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El animal de Hungría Acto II Félix Lope de Vega y Carpio


VELARDO:

¡Vendrá a verla toda Hungría!

ALCALDE:

¡Vaya, Felipe, con ella!

VELARDO:

En un potro harán que diga
adónde queda su madre.

LAURO:

Felipe, ¿es esta tu hija?

FELIPE:

Mi hija, señor, pues ¿cómo?

LAURO:

¡Ah, cielos! ¿Tantas fatigas
para mi vejez guardabas?

ROSAURA:

¡Felipe!

FELIPE:

¡Rosaura mía!

ROSAURA:

Por ti no temo la muerte.

FELIPE:

Por ti no estimo la vida.


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Acto III
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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


REY DE HUNGRÍA:

  El monstruo es bello animal.

FAUSTINA:

Será monstruo de belleza...

REY DE HUNGRÍA:

No ha hecho naturaleza
belleza tan desigual.

FAUSTINA:

  ¿Dónde dice que le hallaron?

REY DE HUNGRÍA:

Él propio vino al lugar
deseoso de librar
un hombre que le quitaron
  con quien amistad tenía;
que no es nuevo, aunque te asombres,
haber hecho con los hombres
amistad y compañía.

FAUSTINA:

  Ya sé, señor, que no es nuevo,
aunque prodigioso, en fin;
pues escriben que un delfín
amaba un bello mancebo
  que siempre a nadar venía
a las orillas del mar,
donde alegralle y jugar
todas las tardes solía;
  y, que, faltando el invierno,
o porque el mozo murió,
del agua a tierra salió
buscando su amante tierno,
  donde murió de dolor
sin querer volver al mar,
cosa en que quiso mostrar
su poder y fuerza amor.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


REY DE HUNGRÍA:

  De perros, Faustina mía,
notables cosas se escriben;
pero ya en efeto viven
del hombre en su compañía.
  También de los elefantes,
y de caballos también,
milagros raros se ven
a ese delfín semejantes.
  Pero este monstruo de suerte
ama a este mozo aldeano
que pensó librarle en vano
con ofrecerse a la muerte.
  Dicen que de agradecido,
de que por librarle a él,
mató dos hombres.

FAUSTINA:

No es él
el primero que lo ha sido.
  Y si el agradecimiento
se ve con ejemplos tales
en las fieras y animales:
mal de los ingratos siento.

REY DE HUNGRÍA:

  Un león agradecido
a un esclavo se mostró
que una espina le sacó.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FAUSTINA:

[Aparte.]
Más fiera y crüel he sido...
  y ansí me castiga el cielo
en no me dar sucesión,
porque en malicia y traición
he sido monstruo en el suelo:
  maté mi inocente hermana
y también su casto honor;
no sé si es disculpa amor,
que fue traición inhumana;
  porque si Progne mató
su hijo por Filomena,
en venganza y por la pena
que de su fuerza tomó:
  ¿qué cuenta daré de mí,
que a mi hermana le quité
la vida cuando ella fue
tan liberal para mí?

REY DE HUNGRÍA:

  ¿En qué estáis tan divertida?

FAUSTINA:

En la gran fuerza de amor,
que a ese monstruo dio valor
para no estimar la vida.
  Pero, ¿dónde le queréis
tener porque visto sea?


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REY DE HUNGRÍA:

Si fuera una cosa fea
y no hermosa como veis:
  o jaula o cárcel le hiciera.
Pero siendo tan hermosa,
paréceme justa cosa;
y para que no se muera:
  que atada en el corredor
de palacio esté de día,
porque teniendo alegría
podrá pasarlo mejor.

FAUSTINA:

  Sí, pero la misma gente
podrá ser hacerle mal;
ni pienso que es animal,
pues habla, discurre y siente,
  y le matará la rabia.

REY DE HUNGRÍA:

Un ayo le quiero dar,
que no le deje agraviar
mientras a ninguno agravia.

FAUSTINA:

  Pues con eso estará bien:
búsquese quien esto entienda,
que le guarde y le defienda.

FENICIO:

Entre muchos que le ven,
  un labrador ha llegado
que, en el monte en que vivía,
dicen que le conocía
y que fue dél regalado,
  porque con frutas y pan
muchas veces le acudió.


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REY DE HUNGRÍA:

Si le conoció y trató,
y los dos hablando están,
  el ayo será mejor
que le podemos buscar:
váyanle luego a llamar.
(Entre un PAJE.)

PAJE:

Aquí está un embajador
  del conde de Barcelona.

REY DE HUNGRÍA:

Di que entre.
(Entra el EMBAJADOR.)

EMBAJADOR:

Dame tus pies.

REY DE HUNGRÍA:

Cuando los brazos me des,
te igualaré a mi persona.
  Siéntate, español, aquí.

EMBAJADOR:

Hacedme el honor que hiciera
el Conde invicto a cualquiera
que fuera a España por ti.
(Siéntense el REY y FAUSTINA y el EMBAJADOR.)

REY DE HUNGRÍA:

  ¿Está bueno el Conde?

EMBAJADOR:

Está
lleno de congoja y pena.
Esta carta es solamente
de confïanza y creencia;
remítese a mi embajada,
y así podrás saber della
lo que le mueve a envïarme
con tu licencia.


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REY DE HUNGRÍA:

Comienza.

EMBAJADOR:

Crïaba el Conde pasado,
que Dios en el cielo tenga,
en su casa a su sobrino
que, si no lo sabes, era
hijo del rey de Aragón
y Nápoles, con la bella
Laura Moncada, su hija,
primos en sangre, en belleza,
en condiciones, en trato,
en edad, amor y estrellas;
porque ellas le concertaron
entre los dos con tal fuerza
que, de secreto casados,
si amando hay cosa secreta,
cuando el Conde, mi señor,
vino a entender que lo eran,
tenían un hijo hermoso
que en su casa y en su mesa
como ajeno se crïaba,
y el Conde por prenda ajena
gustaba de oírle y verle;
tanto que, si alguna fiesta
en la mesa no le vía,
dicen, y es cosa muy cierta,
que hasta que viniese el niño
no se sentaba a la mesa.

REY DE HUNGRÍA:

¿Obligábale la sangre?


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EMBAJADOR:

No le obligó; que si fuera
por esa parte el amor
con menos ira y fiereza
procediera en sus desdichas
cuando conoció quién era.
Porque poniendo en prisión
su sobrino y yerno, encierra
en un monesterio a Laura,
y el niño a muerte condena.
Mas dicen que no mandó
que fuese con tal violencia
sino que tres caballeros
que en una nave le llevan
lejos de España, le dejen
en isla, montaña o selva.
Los tres lo hicieron ansí;
y fue tanta la entereza
del Conde que, en cuantos años
vivió, ni lágrimas tiernas
de su mujer, ni las cartas
del Príncipe de la Iglesia,
amenazas de los reyes
de Aragón con fieras guerras,
ruegos de Castilla y Francia,
pudieron hacer que diera
libertad a su sobrino.
Murió el Conde y al fin reina,
con dispensación, casado.


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EMBAJADOR:

Pero porque enfermo queda
y quieren desposeer
del estado a la Condesa,
un caballero, de tres
que te dije que a las selvas
llevaron al niño, tiene
tal edad, salud y fuerzas
que solo por relación
puede ayudar a esta impresa.
Dice, señor, que en Hungría,
en una montaña yerma
que mira a España hacia el norte
y que el mar combate y cerca,
dejó a Felipe, que agora,
si acaso en ciudad o aldea
tiene vida, tendrá bien
veinte y nueve años o treinta.
Para que, invicto señor,
Tu Majestad se conduela
de aquel estado, y de Laura,
y mande que en esta tierra
se busque, si acaso vive,
con mayores diligencias
me envía el Conde, y también
lo mismo os suplica y ruega
por esta carta, señora,
nuestra afligida Condesa.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


REY DE HUNGRÍA:

  Del suceso me ha pesado
que ya noticia tenía;
aunque de que esté en Hungría
contento y placer me ha dado:
  ojalá mi dicha sea
tal que halléis vuestro señor.

EMBAJADOR:

Ya con el gusto y favor
de ver, señor, que desea
  Vuestra Majestad el bien
de aquella tierra afligida,
a la esperanza perdida
hace que fuerzas le den.

FAUSTINA:

  Un consejo os quiero dar,
tal vez, sutil de mujer:
que a nadie deis a entender
lo que venís a buscar.
  Porque con señas fingidas
os puede engañar cualquiera;
que habrá, si reinar espera,
quien aventure mil vidas.

REY DE HUNGRÍA:

  Es notable advertimiento:
yo os daré, en secreto, gente,
a la empresa, conveniente.

FAUSTINA:

[Aparte.]
Hablé con mi pensamiento,
  porque lo que yo fingí
este aviso me enseñó.


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EMBAJADOR:

Dadme los pies.

REY DE HUNGRÍA:

Mientras yo
escribo al reino por ti,
  y justicias y señores,
con secreta diligencia,
le buscan en competencia
de mi promesa y favores:
  descansa, español, y el cielo
te dé ese bien aunque es tarde.

EMBAJADOR:

Él te prospere y te guarde,
por gloria y honra del cielo.
(Vase el EMBAJADOR.)

REY DE HUNGRÍA:

  Estraño caso, Faustina,
es este del catalán.

FAUSTINA:

Tristes memorias me dan.

REY DE HUNGRÍA:

A mí alegres, si imagina
  el alma que ser pudiera,
en algún monte escondida,
aquella prenda querida
vivir de aquesta manera.


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FAUSTINA:

  De suerte me ha refrescado
la memoria de aquel día
que, al pie de la fuente fría
y en la yerba de aquel prado,
  el espantoso animal
me arrebató fieramente
aquel ángel inocente,
que ya es ángel celestial,
  que pienso hacer diligencia
con esta fiera y saber
lo que pienso que ha de ser
consuelo de mi paciencia;
  que aquella muerta criatura
que me trujeron, señor,
fue industria de algún pastor
que solo interés procura.
  No me ha dado este deseo,
como agora, en tantos años;
que con los ajenos daños
mil males presentes veo;
  de donde vengo a pensar
que tal imaginación
no viene sin ocasión.

REY DE HUNGRÍA:

¡Ay mi bien!, que es renovar
  la historia de nuestros males
y dar fuerzas al dolor.


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(Sale FABIO.)
FABIO:

Aquí viene el labrador.
(Entre la reina TEODOSIA como villano tosco.)

TEODOSIA:

Dadme vuestros pies reales.

FAUSTINA:

  Dime, amigo.

TEODOSIA:

[Aparte.]
«Dime, hermana»,
pudiera decir si fuera
menos rigurosa y fiera...

FAUSTINA:

¿Es aquesta fiera humana?
  ¿Es criatura racional?
¿Dónde la viste y trataste?
¿Cómo a querer te obligaste
tan espantoso animal?
  ¿Hate dicho por ventura
que era su madre otra fiera
por quien, que nunca lo viera,
vivo en tanta desventura?


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TEODOSIA:

  Muerta la reina de Hungría,
Teodosia, señora nuestra,
y pienso que vuestra hermana,
por ciertas falsas sospechas
-que en esto, como villano,
no es justo ponga la lengua,
que las cosas de los reyes,
o justas o injustas sean,
se han de mirar del vasallo
con silencio y reverencia-
viose en aquestas montañas,
entre cosas estupendas,
este no visto animal
por la mar y por la tierra.
Hubo quien dijo, señora,
que era el alma de la Reina
que andaba a tomar venganza;
mas que esto mentira sea
nuestra religión lo dice,
fuera de que en estas selvas
hurtó pan, leche y ganado,
vino, queso y frutas secas;
y que las almas no comen
ya sabéis que es cosa cierta,
pues, donde cuerpo no hay,
sus pasiones no penetran.
Vivió los años que sabes
hasta que por las riberas
del mar saliste a cazar
y sobre la verde yerba
pariste una niña hermosa
a quien te llevó la fiera.
¿Lloras?


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FAUSTINA:

¿No quieres que llore
tan espantosa tragedia?

TEODOSIA:

¿Luego no paso adelante?

FAUSTINA:

Di cómo: no te detengas.

TEODOSIA:

Un pastor medio hechicero
que, por las varias estrellas,
adivinaba a los hombres
las futuras contingencias
dijo que el cielo crïaba
esta nunca vista bestia
para que en esta ocasión
robase esta niña bella.
Pasados años que estaban
seguras nuestras aldeas
de aqueste nuevo animal,
de improviso, entre las selvas
aparecen dos: el grande
y esta fiera más pequeña;
porque dicen que es linaje
y que habita en estas sierras.
Llevome una niña un día
de mi cabaña y, tras ella,
subí con amor de padre
trepando por altas peñas;
alcancela y, de rodillas,
le pedí que en cambio della
bebiese mi triste sangre;
moviose, en fin, a clemencia
y yo le di por rescate
dos cabras y diez ovejas,
tres mantas de fina lana
y cuatro o cinco de jergas.
Desde aquel día, señora,
me cobró amor de manera
que de conversar conmigo
aprendí toda la lengua.
Preguntele lo que hacían
de aquellas criaturas tiernas
que robaban a sus padres;
y díjome, ¡oh gran fiereza!,
que a un ídolo que tenían
sacrificaban con ellas.
Si quieres que por la tuya
haga alguna diligencia
y sepa si es muerta o viva:
yo sabré si es viva o muerta.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


REY DE HUNGRÍA:

  No digas más ni le des
más fatiga con tu historia.

TEODOSIA:

Si ofendí vuestra memoria
pido perdón a esos pies.

REY DE HUNGRÍA:

  Teodosia con gran razón
es muerta; y si el vulgo vario
ha pensado lo contrario,
yo tengo satisfación
  de la justicia que tuve.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


TEODOSIA:

Del vulgo jamás cuidéis,
que lo que humilla veréis
cómo mañana lo sube.
  Es imagen y retrato
de la fortuna: a los reyes
quiere oprimir con sus leyes;
es padre del desacato.
  A nadie guarda respeto;
y así no os debe espantar
el verle en Teodosia hablar
con este piadoso afecto;
  que como os casastes luego
con su hermana, fue ocasión
de aquella murmuración.

REY DE HUNGRÍA:

Ya conozco al vulgo ciego.

TEODOSIA:

  Vós y Faustina tenéis
para con Dios la conciencia
segura.

FAUSTINA:

¡Qué impertinencia!,
¡dejadle!, ¡no le escuchéis!

TEODOSIA:

  Dígolo, porque he sabido
que tenéis dispensación:
el cielo os dé sucesión;
con lágrimas se la pido.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FAUSTINA:

  Teodosia fue una traidora
al Rey, al Cielo y al suelo;
y ansí el Rey, con justo celo,
me quiere, estima y adora;
  que fui quien le descubrió
la traición.

TEODOSIA:

Eso es muy cierto.

FAUSTINA:

Lo que yo, amigo, te advierto
-pues sabes que me quitó,
  uno destos animales,
el bien mayor que tenía-
es que sepas si aquel día
murió en sacrificios tales
  o vive en alguna parte.

TEODOSIA:

Dejadme el cuidado a mí.

REY DE HUNGRÍA:

Tú no le entiendes.

TEODOSIA:

Yo sí.

REY DE HUNGRÍA:

Pues yo quiero el cargo darte
  deste animal, y que seas,
con salario conveniente,
su ayo y guarda.

TEODOSIA:

El cielo aumente
tu vida para que veas
  de tu sangre sucesión.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[VOCES]:

(Dentro.)
¡Guarda el monstruo, guarda, guarda!

FAUSTINA:

Él viene.

TEODOSIA:

¿Qué te acobarda?

FAUSTINA:

Memorias, amigo, son
  de aquel semejante suyo
que tanto bien me quitó.

[VOCES]:

(Dentro.)
¡Guarda el monstro!

FAUSTINA:

¿Podré yo
ver, fiera, ese rostro tuyo,
  tan semejante al crüel
por quien tengo tanto mal?
(Algunos pajes, huyendo, y ROSAURA.)

CELIO:

¡Guarda, Lidio, el animal!

LIDIO:

¡El cielo me libre dél!

ROSAURA:

  Si me hacéis mal, ¿no queréis
que me defienda?

TEODOSIA:

¡Detente!


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Madre, ¿quién es esta gente
que importa que me aviséis?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

  ¿Ya no te tengo advertida
que no me des ese nombre?
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Decidme, ¿quién es este hombre?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Es el que te dio la vida.

ROSAURA:

  ¿Qué decís?

TEODOSIA:

Que este es el Rey.

ROSAURA:

¿Qué es ‘rey’?

TEODOSIA:

El que a los demás
gobierna.

REY DE HUNGRÍA:

Medrosa estás...

TEODOSIA:

Este es autor de la ley,
  este de nadie depende,
este representa a Dios.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

¿Por qué no lo fuistes vós,
pues que tanto se os entiende?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

  Sí fui, pero la malicia
humana me lo impidió.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Pues de eso apelara yo
a la divina justicia.
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

  El apelar para Dios
es el sufrir las injurias.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Tomando me están mil furias
por deshacer a los dos:
  ¿quién es aquella?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

La Reina.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

¿Qué es ‘reina’?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Mujer del rey.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[Aparte, a TEODOSIA.]
ROSAURA:

¿También da aquesta la ley
con que viven donde reina?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

  No, Rosaura.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

¿Pues qué hace?
¿De qué sirve?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

De dar reyes
para que den esas leyes;
porque desta otro rey nace;
  y de aquel, otro; y ansí
se va el gobierno aumentando.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Ser reina voy deseando.
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Más dichosa que yo fui.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Paréceme lindo oficio
hacer reyes; por mi vida,
que me dejéis que al Rey pida,
pues es común beneficio,
  haga que nazcan de mí
treinta reyes o cuarenta.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


[Aparte, a ROSAURA.]
TEODOSIA:

La Reina te escucha atenta
y tendrá celos de ti;
  y mira que quien mató
su hermana para reinar,
su hija sabrá matar.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Pues, ¿de quién soy hija yo?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

  De alguna reina fingida.

CELIO:

¡Ya el Almirante llegó!
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Calla agora como yo.
(Sale el ALMIRANTE DE HUNGRÍA.)

ALMIRANTE:

Guarden los cielos tu vida.

REY DE HUNGRÍA:

  Pues, Almirante, ¿qué hay de Ingalaterra?

ALMIRANTE:

Correr por ella una fingida fama
que ha puesto en arma al Rey contra tu tierra.

FAUSTINA:

  ¿A mi padre? ¿Por qué?

ALMIRANTE:

Porque disfama
tu honor diciendo que le diste muerte
a la cosa del mundo que más ama.
  Suénase por allá que por hacerte
reina de Hungría...


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FAUSTINA:

Paso, no prosigas.

ALMIRANTE:

No fue con pensamiento de ofenderte.

REY DE HUNGRÍA:

  Si es cosa en su disgusto, no lo digas.

ALMIRANTE:

Quieren decir que fue, Teodosia, santa.

TEODOSIA:

[Aparte.]
Parécelo en sus penas y fatigas.

ALMIRANTE:

  También por toda Escocia se levanta
gente en su ayuda, que su rey se queja
de que ofendiesen inocencia tanta.

REY DE HUNGRÍA:

  Las relaciones, Almirante, deja;
defiende nuestros puertos, Almirante,
y de pensar en lo que fue te aleja.

ALMIRANTE:

  Cualquiera prevención será importante;
que pienso que el ejército camina
y que vienen sus príncipes delante.

REY DE HUNGRÍA:

  La gente de presidios y marina
le cuente luego que yo haré de suerte,
si la fama vulgar le desatina,
  que conozca que fue justa su muerte.

ALMIRANTE:

Yo voy.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

¿Quién es aqueste?


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[Aparte, a ROSAURA.]
TEODOSIA:

El Almirante.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

¿Qué es ‘almirante’?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Oficio preeminente;
tomose del ejército ese nombre,
y es en la mar lo mismo que en la tierra
el oficio que llaman condestable:
lleva en su nave, como el rey que imita,
estandarte real.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Ya he visto naves;
y vós me declarases lo que hacían.
Mas, ¿qué guerra es aquesta que le mueve
el rey que dicen?
[Aparte, a ROSAURA.]

TEODOSIA:

Vive en otro reino,
y es padre de la Reina y de Teodosia,
la que yo te conté que por engaño
dieron la muerte, si te acuerdas.
[Aparte, a TEODOSIA.]

ROSAURA:

Creo
que la merece en lo que en ella veo.


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(Salga el JUSTICIA con un papel,
pluma y tinta.)
LIDIO:

¿El Justicia está aquí?

REY DE HUNGRÍA:

¿Qué es lo que quieres?

JUSTICIA:

Que firmes de una muerte la sentencia.

REY DE HUNGRÍA:

Informa.

JUSTICIA:

Yo presumo que el suceso
te es muy notorio.

REY DE HUNGRÍA:

¿Cómo?

JUSTICIA:

Es el mancebo
que, por dar libertad a aqueste monstruo,
mató aquel hombre.

REY DE HUNGRÍA:

¿A muerte le condenan?

JUSTICIA:

No lo ha negado, y es atroz delito.

REY DE HUNGRÍA:

Muestra.

JUSTICIA:

Si quieres, puedes verlo escrito.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

  Cielos, ¿aquesto sufrís?
Ojos, ¿aquesto miráis?
Brazos, ¿esto consentís?
Pues Rey, ¿qué es lo que firmáis?,
¿vós sabéis lo que escribís?
  Pensaldo mejor aquí;
noramala para vós
-aunque es toda para mí-
que una vida que da Dios
no se ha de quitar ansí.
  Vós daréis oro y divisa
de honra al que queráis honrar;
vida no, porque eso es risa;
pues lo que no podéis dar,
no lo quitéis tan a prisa.

REY DE HUNGRÍA:

  Monstruo, el serlo te disculpa;
y, si esto sabes, advierte
que si delito le culpa,
Dios quiso que hubiese muerte
para castigar la culpa.
Yo firmo lo que es razón,
y el Rey, a la imitación
de Dios, da premio y castigo.

ROSAURA:

Yo no sé leyes; mas digo
que es injusta indinación.
  Siguiendo mi natural
hallo que, aquel enemigo
que dio la causa del mal
ese, merece el castigo.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


JUSTICIA:

Ley es esa: ¿hay cosa igual?
Lo mismo tiene el derecho,
porque dice que le ha hecho
quien da la causa del daño.

ROSAURA:

Siendo ansí, ¿no es claro engaño
pasar su inocente pecho?
  Que si yo la causa di,
razón es matarme a mí:
¡viva un hombre, un mostruo muera!

FAUSTINA:

Toda me espanta y altera.

TEODOSIA:

[Aparte.]
¿Qué he de hacer, triste de mí,
  puesta en tanta confusión,
pues decir quién es no puedo?

REY DE HUNGRÍA:

Poned en ejecución
su muerte.

ROSAURA:

¡No tengáis miedo!

REY DE HUNGRÍA:

¡Asilde, echalde en prisión!

ROSAURA:

  ¿A mí perros?

REY DE HUNGRÍA:

¡Tente, fiera!

JUSTICIA:

Voy a hacerla ejecutar.

(Vase el JUSTICIA.)


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ROSAURA:

¿Cómo ejecutar? Espera,
primero me han de matar,
perros, que Felipe muera.

FAUSTINA:

  Lástima me da notable:
las entrañas me enternece.

REY DE HUNGRÍA:

A mí también me entristece.
(Vanse los reyes.)

TEODOSIA:

¿A qué punto miserable
el cielo mi vida ofrece?
¡Tente, Rosaura, por Dios!

ROSAURA:

Mas, ¿qué digo?, ¿quién sois vós
si me apretáis?

CELIO:

¡Lidio, llega!

LIDIO:

¿Que llegue?

TEODOSIA:

¡Que estés tan ciega!

CELIO:

Lleguemos juntos los dos.

LIDIO:

  ¿Que se va?

TEODOSIA:

Rosaura, espera.

ROSAURA:

En librar mi bien me fundo.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


CELIO:

¡Gente de palacio!

ROSAURA:

¡Afuera!

CELIO:

¡A recoger todo el mundo!
¡Que se va suelta la fiera!
(Vanse, y entre FELIPE, preso, con LAURO.)

LAURO:

  Hijo, bien fuera en la prisión que vives
buscar algún remedio.

FELIPE:

Padre amado,
pésame de la pena que recibes
porque del tuyo nace mi cuidado;
en lo demás, si agora te apercibes
para decir quién soy, no es acertado.
Respeto del peligro de mi tierra,
si vive quien me ha dado tanta guerra,
  en sabiendo en España aquel tirano,
que ansí quiero llamarle aunque es mi abuelo,
o alguno que él ha puesto de su mano
que vivo yo porque lo quiere el cielo,
que ha de intentar segunda vez, es llano,
mi muerte por mil partes, con recelo
de que pueda cobrar lo que me debe.

LAURO:

A mí, Felipe, tu afición me mueve:
  veo el peligro y temo que suceda,
que es condición de amor temer el daño;
que viene el mal y el bien atrás se queda
y en nuestra confïanza está el engaño.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

¿Pues qué han de hacer de mí?

LAURO:

No sé qué pueda
ser menos que tu muerte... El desengaño,
siendo un villano vil el que te pide...
(Entren un ESCRIBANO y ALCAIDE.)

ALCAIDE:

En esta parte, el que decís, reside.

ESCRIBANO:

  ¿Sois vós, Felipe, natural del Prado
de Miraflor?

FELIPE:

Yo soy.

ESCRIBANO:

Yo os notifico
que estáis, señor, a muerte sentenciado.

LAURO:

¿A muerte?

FELIPE:

Apelo y ante el Rey suplico.

ESCRIBANO:

Si ya del mismo Rey viene firmado,
no hay qué apelar ni a quién.

FELIPE:

Pues no replico.

LAURO:

¿Cómo que no? Yo voy al Rey y creo
que no se cumplirá tan mal deseo.

FELIPE:

  Padre, padre...


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ALCAIDE:

Este viejo, ¿es padre vuestro?

FELIPE:

Sí, señor.

ALCAIDE:

¡Qué dolor!

ESCRIBANO:

Lástima estraña.

[VOCES]:

(Dentro.)
¡Guarda el fiero animal, guarda la fiera!
¡Guarda, que está en la cárcel!

ESCRIBANO:

¿Qué es aquello?

ALCAIDE:

Que el monstruo de palacio se ha soltado,
y dicen que a la cárcel se ha venido.

ESCRIBANO:

¡Suceso estraño!

ALCAIDE:

¡Bien notable ha sido!
(Entra ROSAURA con bastón.)

ROSAURA:

  ¡Afuera digo, villanos!

ESCRIBANO:

Yo no me atrevo a esperar.

ALCAIDE:

Yo le pienso hacer atar
de los pies y de las manos.

ESCRIBANO:

  No podréis.


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ALCAIDE:

Cuando no pueda,
disparalle un arcabuz.

ROSAURA:

¿Es sueño o verdad, mi luz,
que tanto bien me conceda
  mi fortuna, que te ven
los ojos de mi deseo?

FELIPE:

¿Y es posible que te veo
con los del cuerpo, mi bien?

ROSAURA:

  ¡Ay, Felipe, qué molestas
horas ausente he pasado!

FELIPE:

¡Ay, Rosaura, qué cuidado
en esta ausencia me cuestas!

ROSAURA:

  ¿Cómo, mis ojos, te ha ido
en esta obscura prisión?

FELIPE:

¿Cómo sin ti? Que estas son
las desdichas que he tenido.
  ¿Y a ti por allá sin mí,
en el Palacio Real?

ROSAURA:

Como quien es animal
el tiempo que está sin ti.

FELIPE:

  ¿Tú, animal, si el sol que ofrece
tu vista, los ojos calma?


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

Pues la que vive sin alma,
¿cuál otro nombre merece?
  El tiempo que estoy sin ti,
sin alma, Felipe, estoy:
si animal dicen que soy
bien dicen, no hay alma en mí.

FELIPE:

  ¡Ay, Rosaura! No querría
engañarte y ofenderte:
sentenciado estoy a muerte.

ROSAURA:

Ya yo lo sé, prenda mía;
  que por eso vengo ansí,
pero no tengas temor.

FELIPE:

Después que te tengo amor,
Rosaura, hay temor en mí.
  ¿Qué has visto allá en el palacio?
De sus grandezas me avisa.


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ROSAURA:

Vi pasar vidas a prisa,
siendo tan corto el espacio.
  Vi reyes, supremo oficio
de la justicia y gobierno.
Vi el diluvio y el infierno
y vi el día del juicio:
  el diluvio en pretendientes
anegados y quejosos;
el infierno en ambiciosos
de lugares eminentes.
  El juicio en la estrañeza
y multitud desigual
como junta universal
de nuestra naturaleza.
  Vi riquezas en tropel
con pequeño beneficio,
y vi allí con artificio
lo que en el campo sin él.
  Lisonjas y adulaciones
muy válidas conocí;
y a las ceremonias vi
con un libro de invenciones.
  Vi grandeza en las coronas
y vi, por una escalera
que toda de vidros era,
subir y bajar personas.
  Vi dignidades y cargos
a quien la envidia se atreve;
que para vida tan breve
me parecieron muy largos.
  Vi unos hombres que decían
gracias sin habilidad,
y otros con ciencia y verdad
que apenas entrar podían.
  Al fin, con dolor profundo,
dije a su máquina hermosa:
«Por cierto que es linda cosa,
a no haber muerte en el mundo».


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FELIPE:

  No te llamara animal
quien eso, mi bien, te oyera;
bien dicen que es vedriera
el ingenio natural
  por quien el alma divina
mira con más atención.

ROSAURA:

Hoy saldrás desta prisión.

FELIPE:

Ansí el Rey lo determina;
  pero dicen que a morir.

ROSAURA:

Eso no, viviendo yo.
(Un CRIADO con un arcabuz,
y el ALCAIDE, y otros con una cadena.)

ALCAIDE:

¡No le tires!

CRIADO:

¿Cómo no,
si se quiere resistir?

ALCAIDE:

  ¡Date, salvaje, a prisión!


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ROSAURA:

¿Estando Felipe preso,
necio, me preguntas eso?
Mal sabes tú mi afición.
  Todo el mundo no bastara,
si defenderme quisiera;
pero ¿quién se defendiera,
donde a Felipe gozara?
  Llega; ponme la cadena,
que si hoy se acaba mi historia
no quiero yo mayor gloria
que parecerle en la pena.

CRIADO:

[Aparte.]
¡Vive Dios que estoy temblando!

ROSAURA:

Acaba, no tengas miedo;
que con más prisiones quedo
adonde le estoy gozando.

CRIADO:

[Aparte.]
Ya le puse la cadena:
bellísimo rostro tiene.

ALCAIDE:

Que os recojáis me conviene
mientras de los dos ordena
  el Rey lo que se ha de hacer.

FELIPE:

Mi bien, mucho me ha pesado
que este pesar te hayan dado.

ROSAURA:

Yo le tengo por placer,
  aunque mil muertes me den.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


FELIPE:

Y yo por mayor vitoria,
que no hay pena en tanta gloria
ni mal entre tanto bien.
(Vanse, y entre TEODOSIA.)

TEODOSIA:

  Este mortal cuidado con que vivo
en el palacio donde fui estimada
me solicita a ver si al cielo esquivo
tiene mi triste vida lastimada:
el Rey se muestra con mi hermana altivo;
ella se aflige ya, como culpada;
los criados murmuran mi inocencia
y a los cielos obliga mi paciencia.
  Acércase mi padre: el Rey, turbado,
que le vea de paz por cartas trata.
El príncipe de Escocia viene airado:
la muerte pide de mi hermana ingrata.
Ya promete ruina el mal fundado
edificio que al viento se dilata:
yo en forma de villano escucho y veo
hasta que llegue el fin de mi deseo.
  Faustina es esta, aquí quiero esconderme;
que con el Almirante viene hablando.
(Sale FAUSTINA y el ALMIRANTE.)

FAUSTINA:

No repliques en tanta desventura
a cosa que te diga.

ALMIRANTE:

No te ciegues
y des por remediar un mal en muchos.


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FAUSTINA:

Ya sabes que te puse en el estado
que tienes siendo un pobre caballero,
cuando, por medio tuyo y por las cartas
que fingimos los dos del rey de Escocia,
hice matar a mi inocente hermana.
El Rey, viendo que ya mi padre viene,
y que dice que yo culpada he sido,
y que solo ha venido a castigarme
y volver por la honra de Teodosia,
que por pensar que fuese al Rey adúltera
ha guardado silencio tantos años,
o movido del cielo y de la fuerza
que tiene la verdad, me mira airado.

ALMIRANTE:

Pues bien, ¿qué tienes contra el Rey pensado?

FAUSTINA:

Darle veneno y acabar con todo
poniéndote en lugar del Rey, de suerte
que me defiendas de mi padre airado.

ALMIRANTE:

A tanto prometer, a tanta gloria,
a tanto levantarme a tu grandeza
ríndanse mi lealtad y obligaciones.
Mas mira, que se acerca el Rey.

FAUSTINA:

No importa,
hoy le daré veneno en la bebida
que le quiero brindar con unas rosas
que llevo en el tocado; porque aquestas
del lado diestro están avenenadas,
y en estas del siniestro no hay engaño;
que esta lición es de Cleopatra bella.


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ALMIRANTE:

No estamos bien aquí.

FAUSTINA:

Pues ven conmigo,
que en el jardín lo trataré contigo.
(Vanse los dos.)

TEODOSIA:

  ¿Hay ventura semejante
como haber querido el cielo
que con aqueste recelo
que tuve del Almirante
  aquí me escondiese a oír
lo que los dos han tratado?
(Entren el REY y el
EMBAJADOR DE ESPAÑA y LAURO.)
{{Pt|LAURO:|
Solo me hubiera obligado
verle a punto de morir.

REY DE HUNGRÍA:

  Él es estraño suceso.

EMBAJADOR:

Mándale traer, señor.

LAURO:

¿Que vós sois, Embajador,
quien busca mi amado preso?

EMBAJADOR:

  De España vengo; y si es él,
dichosa vejez la vuestra.

LAURO:

La misma os sirve de muestra
de que en todo soy fïel.
  Los vestidos que traía,
y joyas, tengo guardadas;
que ya mis canas honradas
temen el último día.
  No hubiera humano interés
porque yo al Rey engañara.


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REY DE HUNGRÍA:

¡Vayan por él!

EMBAJADOR:

Cosa es clara
que es él.

LAURO:

Y como si es.

CELIO:

  Advierte que el animal
está en la cárcel.

REY DE HUNGRÍA:

¿Por qué?

CELIO:

Porque oyó su muerte y fue
a libralle.

REY DE HUNGRÍA:

¿Hay cosa igual?
  ¡Juntos los traed aquí!

LAURO:

Al pie de esa gran montaña
que la mar corona y baña,
a caza, español, salí
  una tarde, en el rigor
que mi nueva sangre ardía,
cuando vi el llanto que hacía
Felipe, vuestro señor.
  Llegué y bajele de un alto
peñasco; al fin me contó
quién era, quién le dejó
de todo remedio falto.
  Los nombres de aquellos hombres
Fulgencio y Arfindo son.


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EMBAJADOR:

¡Ay, padre! Tienes razón:
¿qué más señas que sus nombres?
  Dios quiere, por oraciones
de Laura, darle este bien.
(Entren FELIPE, ROSAURA y criados)

FELIPE:

Tú serás reina también.

ROSAURA:

En gran tristeza me pones.

EMBAJADOR:

  No es menester que me digas
quién es: este es el retrato
del Conde. ¡Oh, señor! ¡Qué ingrato
fue el tiempo a tantas fatigas!
  Con lágrimas desos pies,
pido las manos, señor.

FELIPE:

¿Quién eres?

EMBAJADOR:

Embajador
de vuestros padres.

REY DE HUNGRÍA:

Él es de presencia tan real
que obliga a crédito cierto:
dadme esos brazos.

FELIPE:

No acierto
a tal bien en tanto mal.
  Las manos, señor, os pido.

REY DE HUNGRÍA:

Los brazos, Felipe, quiero.


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ROSAURA:

[Aparte.]
¿Que este es conde y caballero?
Todo mi bien he perdido.

REY DE HUNGRÍA:

  Venid, Felipe, que es justo
que el Embajador y vós
comáis conmigo.

FELIPE:

Los dos
iremos a hacer tu gusto
  y a recebir tanto honor.

ROSAURA:

¡Hola, Rey!

REY DE HUNGRÍA:

Fiera cruel,
¿qué quieres?

ROSAURA:

Comer con él.

REY DE HUNGRÍA:

[Aparte.]
Volverle quiere el furor.

ROSAURA:

  Hola, Felipe no os vais
ni me dejéis sola aquí.

FELIPE:

Calla y espera.

ROSAURA:

Eso sí:
ya como señor me habláis.
  Pues por vida de los dos
que si la mesa arrebato,
que por la ventana, ingrato,
vuele con él y con vós.


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REY DE HUNGRÍA:

  ¡Atalda en ese pilar!:
larga un poco la cadena
porque no le cause pena.

ROSAURA:

¿Qué es atar?

CELIO:

¡Déjate atar!
(Vanse el REY, el EMBAJADOR, FELIPE y LAURO.)

ROSAURA:

Perros, haré mil pedazos
la cadena y a vosotros:
no lo mandarán a otros.
(Entra TEODOSIA.)

TEODOSIA:

Dales, Rosaura, los brazos.
  Que con que Felipe sea
quien dicen, serás su esposa.

ROSAURA:

¿Cómo?

TEODOSIA:

¿Es imposible cosa
que una reina le posea?

ROSAURA:

  ¿Quién es reina?
(Dos o tres pajes con un plato de manjar blanco,
y PABLOS, truhán.)

TEODOSIA:

Deja atarte.

ROSAURA:

Por vós, madre, me sujeto.


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LIDIO:

O por miedo o por respeto
ya queda en segura parte.
(Átanla con una cadena larga a un pilar.)

TEODOSIA:

  Quédate, Rosaura, aquí,
mientras voy a tu remedio.

ROSAURA:

Buena me dejáis en medio
de tanto mal, ¡ay de mí!
(Quédese sola y pregúntese y respóndase.)
  Alma cubierta desta vil corteza,
¿sientes, por dicha? ¿Ya no ves que siento?
¿Entiendes bien? En el entendimiento
parezco celestial naturaleza.
¿Tienes, tú, voluntad? ¿En la belleza
que adoro no lo ves, y en mi tormento?
¿Y memoria? También, que en un momento
doy tiempo volador en la presteza.
Pues si quieres, entiendes y te acuerdas,
quieres con voluntad lo que has buscado
con el entendimiento y la memoria:
no pierdas la razón, porque no pierdas
las tres potencias con que Dios te ha dado
saber qué es bien y mal; qué es pena y gloria.

CELIO:

  No lo llevo para ti,
bestia; que es para la fiera.

PABLOS:

¿Y yo no me lo comiera
ya que tan bestia nací?
  Dádmelo, por vuestra vida.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


LIDIO:

No se lo des, que es mejor
que nos cobre y tenga amor
trayéndole la comida.
  ¿Quieres aquesto, animal?

PABLOS:

Diga que no, sino a mí;
que a fe que guisarlo vi
y que no le echaron sal.
  Mire que es, el manjar blanco,
dañoso a la dentadura.

CELIO:

Sospecho que te la jura.

PABLOS:

Pues darela con un banco.

ROSAURA:

  ¡No estuviera desatada...!

CELIO:

Tome, tome; y no haga mal.

PABLOS:

¡No lo comáis, animal,
que os daré una bofetada!

ROSAURA:

  ¡Ah, perros! Que no estuviera
suelta...

PABLOS:

Pues soltaos aquí:
quizá el diablo...

ROSAURA:

¿Perro a mí
que soy, hasta el alma, fiera?

PABLOS:

  Soltaos y apostad comigo
las pellas a tres caídas.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


ROSAURA:

No, como cosas traídas
de mi mortal enemigo...

PABLOS:

  Pues ¿qué come?

ROSAURA:

¡Pies y manos!

PABLOS:

Y vientres también, ¡por Dios!;
que parecemos los dos,
en comer, vientres hermanos.

LIDIO:

  Allega tú por detrás
y arrempújale.

CELIO:

Sí haré.
(Rempújanle y cae donde le coge ROSAURA.)

PABLOS:

¡Ay, ay!

CELIO:

¡Oh qué bien le eché!

ROSAURA:

¡Aquí me lo pagarás!
(Estándole pegando, entra TEODOSIA.)

TEODOSIA:

  Deja, Rosaura querida,
en ocasión como esta
las burlas.

PABLOS:

¡Ay, que me ha muerto!

TEODOSIA:

Huye, villano, y no temas.


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PABLOS:

¡Ah, borracha, borrachona!

ROSAURA:

Pues, madre, ¿qué me aconseja
en semejante desdicha?

TEODOSIA:

Toda la mesa se altera
porque le han dado una carta
al mismo Rey, en la mesa,
que decía que Faustina,
esa que llaman la Reina,
le quería dar veneno
en unas rosas; y quedan
haciendo con un lebrel
y las rosas la esperiencia
en un plato o fuente grande
llena de agua pura y fresca
donde han echado las rosas.

ROSAURA:

Pues, Teodosia, ¿qué remedia
mi desventura el delito
desa mujer?

TEODOSIA:

¡Oye, espera!
Cajas suenan: el Rey viene;
tu bien, Rosaura, comienza.

ROSAURA:

¿Cajas y rosas a mí,
cómo puede ser que sean,
sin Felipe, de importancia?


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(Salen el REY DE INGALATERRA,
y PRÍNCIPE DE ESCOCIA, y soldados.)
REY DE INGLATERRA:

¡Yo puedo entrar sin licencia!

ESCUDERO:

Reporta, señor, la ira
hasta que la culpa sepas.

REY DE INGLATERRA:

Si fuere de Primislao,
no ha de quedar una almena
en toda su tierra libre.
(El REY PRIMISLAO, FAUSTINA,
FELIPE, EMBAJADOR, LAURO y todos.)

REY DE HUNGRÍA:

Señor, ¿qué venida es esta?
¿No te dije que sin armas
tomases puerto en mi tierra?
Que yo no te resistía
las ciudades ni las fuerzas;
que te batiese estandarte
toda nave y fortaleza,
en la tierra y la mar...

REY DE INGLATERRA:

No tengo de ti la queja
sino desta ingrata hija.


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El animal de Hungría Acto III Félix Lope de Vega y Carpio


REY DE HUNGRÍA:

Tan ingrata que quisiera
que no hubiera sido tuya.
Pero a tiempo, señor, llegas,
que ha echado el sello y vencido
las romanas y las griegas,
de quien se escriben traiciones,
de quien maldades se cuentan:
Sabiendo que tú venías
hoy que tenía a mi mesa
a Felipe de Moncada,
hijo de Laura la bella,
condesa de Barcelona,
que se ha crïado en las selvas
destos montes desde niño,
quiso, como ingrata y fiera,
darme veneno y casarse
con Rugero de Liberia,
Gran Almirante de Hungría.
Hice al veneno la prueba
y hallé ser todo verdad.

REY DE INGLATERRA:

¿En tan estrañas quimeras,
en desventuras tan grandes
que medio hallaran mis penas,
traidora, por qué mataste
la santidad, la inocencia
de aquel ángel? No respondas;
no me incite la respuesta
a que te quite la vida.


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FELIPE:

Señor, tu mucha prudencia
lleve el golpe de fortuna,
como de mujer y ciega,
considerando en su hija
casi la misma esperiencia.
Laura, mi madre, que ya
a mi muerto abuelo hereda,
hizo un yerro por amor
que lo que sabes me cuesta.
Este ejemplo y otros muchos
te consuelen porque creas
que siempre en las torres altas
hiere el rayo con más fuerza.

REY DE INGLATERRA:

Estás bien desengañado,
que el de Escocia libre queda
del testimonio.

REY DE HUNGRÍA:

Ya estoy
llorando lágrimas tiernas
por mi difunta Teodosia.

REY DE INGLATERRA:

Encierra luego esta fiera;
que para que tengas hijos
que en el reino te sucedan
te da su hermana Eduardo.

TEODOSIA:

Dadme, señores, licencia,
aunque pobre labrador,
para que deciros pueda
que si es por la sucesión
que el rey Primislao espera,
no es bien hecho que se case,
pues la tiene en su presencia.


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REY DE HUNGRÍA:

¿Yo? ¿Qué dices?

TEODOSIA:

Tú, señor.

REY DE HUNGRÍA:

Pues ¿quién es?

TEODOSIA:

Aquesta fiera
llamada ‘animal de Hungría’
que atáis en esta cadena,
esta, es aquella criatura
que Faustina entre la yerba
parió aquel mísero día.

REY DE HUNGRÍA:

Esa es notable quimera
que tú, villano ambicioso,
de algún interés inventas.

FELIPE:

Oídle, señor, que creo
que será verdad muy cierta,
porque la quiero y la adoro
desde que la vi en las selvas:
tiene raro entendimiento,
tiene no vista belleza
y es vuestro mismo traslado.

REY DE INGLATERRA:

Aunque lo que dices sea:
para dar un reino a un monstruo
ha de haber mayores señas.
¡Den tormento a este villano!


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TEODOSIA:

[Aparte.]
¡Hartos me han dado las penas
de tantos años!

REY DE HUNGRÍA:

Bien dices.
¡Hola! ¡Algún tormento venga!

TEODOSIA:

Si dijese algún testigo
de vista que es cosa cierta,
¿dareisle fe?

REY DE INGLATERRA:

No hay ninguno
que de tanta fuerza sea.
Y no lo pienso creer
ni pienso que lo creyera
quien tuviera entendimiento.

REY DE HUNGRÍA:

Si en ocasión como aquesta
no viera resucitar
la reina Teodosia muerta,
y que ella propia a mí mismo,
y en vuestra misma presencia,
me dijera que es mi hija,
no pienso que lo creyera.

TEODOSIA:

Pues yo, señor, soy Teodosia.

REY DE HUNGRÍA:

¿Quién?

REY DE INGLATERRA:

¿Cómo?

TEODOSIA:

Yo soy la Reina
que en ese monte he vivido
en forma y traje de fiera:
yo le tomé la criatura.


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REY DE HUNGRÍA:

¡Déjame, Teodosia, deja
ver tu rostro! Ella es, sin duda.

REY DE INGLATERRA:

¡Hija!

REY DE HUNGRÍA:

¡Esposa!

TEODOSIA:

Nadie crea
que ha de llegar a mis brazos
sin dos cosas: la primera,
dar a Felipe Rosaura,
pues él a España la lleva;
y perdonar a Faustina,
como en religión se meta.

REY DE HUNGRÍA:

Yo doy mi hija a Felipe.

FELIPE:

Y yo, mi adorada fiera,
te quiero hacer de mis brazos
otra más fuerte cadena.

REY DE INGLATERRA:

Yo doy perdón a Faustina.

FELIPE:

Y el autor, senado, os ruega
se le deis de sus errores,
pues que serviros profesa.
Verdades habéis oído
hasta el fin de la Comedia
del gran animal de Hungría
que las historias celebran.

Fin de la comedia de El animal de Hungría.

Fin01.jpg


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