El asno y las ranas

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El asno y las ranas
de Félix María Samaniego



Muy cargado de leña un burro viejo, 
Triste armazón de huesos y pellejo, 
Pensativo, según lo cabizbajo, 
Caminaba llevando con trabajo
Su débil fuerza la pesada carga. 
El paso tardo, la carrera larga,
Todo, al fin, contra el mísero se empeña, 
El camino, los años y la leña.
Entra en una laguna el desdichado, 
Queda profundamente empantanado. 
Viéndose de aquel modo
Cubierto de agua y lodo, 
Trocando lo sufrido en impaciente, 
Contra el destino dijo neciamente 
Expresiones ajenas de sus canas; 
Mas las vecinas Ranas,
Al oír sus lamentos y quejidos, 
Las unas se tapaban los oídos,
Las otras, que prudentes le escuchaban, 
Reprendíanle así y aconsejaban: 
«Aprenda el mal jumento
A tener sufrimiento;
Que entre las que habitamos la laguna 
Ha de encontrar lección muy oportuna. 
Por Júpiter estamos condenadas
A vivir sin remedio encenagadas 
En agua detenida, lodo espeso, 
Y a más de todo eso,
Aquí perpetuamente nos encierra, 
Sin esperanza de correr la tierra, 
Cruzar el anchuroso mar profundo,
Ni aun saber lo que pasa por el mundo. 
Mas llevamos a bien nuestro destino; 
Y así nos premia Júpiter divino, 
Repartiendo entre todas cada día
La salud, el sustento y alegría.» 


Es de suma importancia 
Tener en los trabajos tolerancia;
Pues la impaciencia en la contraria suerte 
Es un mal más amargo que la muerte.