El castigo del penseque (Versión para imprimir)

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Personas
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El castigo del penseque


El castigo del penseque

Tirso de Molina


Los que hablan en ella son los siguientes:


DON RODRIGO GIRÓN.
DIANA, condesa.
CASIMIRO, conde.
CHINCHILLA, lacayo.


LIBERIO, viejo.
CLAVELA, dama.
LUCRECIA, criada.


ROBERTO.
PINABEL, caballero.
FLORO, caballero.


LEONELO, caballero.
Acompañamiento.
Soldados.


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Escena I
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


La escena es en una ciudad de Flandes,
inmediata al mar.
  
Campo con vista exterior de una ciudad;
a un lado la casa de LIBERIO, extramuros.
  
DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
CHINCHILLA

¡Gracias a Dios, señor mío,
que ha permitido que pises
tierra en flamencos países!


DON RODRIGO

Mala bestia es un navío.


CHINCHILLA

Más que mula de alquiler 5
si furiosa se desboca.
Pero, en fin, anda con toca.
Lo que tiene de mujer,
le deshonra.


DON RODRIGO

Por la vela,
la llamas mujer tocada. 10


CHINCHILLA

Y porque, cuando le agrada,
le sirve el viento de espuela.
Da al diablo tal caminar;
que si una vez tira coces,
no servirá el darle voces, 15
ni te podrás apear
mientras le dura el enojo;
sino que a la primera suerte,
con ser tan seca la muerte,
has de morir en remojo. 20
No hayas miedo, aunque lo mandes,
que me mezca la fortuna
segunda vez en su cuna.


DON RODRIGO

Ya estamos cerca de Flandes.
Términos parte con él 25
y con la antigua Alemaña
esta apacible montaña.


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Escena I
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

Flandes todo es un vergel.


DON RODRIGO

¿Cómo lo sabes?


CHINCHILLA

Así
se nos vende en nuestra tierra 30
en lienzos. Allí una sierra;
un ameno valle aquí,
y en él dos gamos corriendo
(que también corren en Flandes
gamos pequeños y grandes); 35
vanle tres galgos siguiendo,
y al trasponer de una cuesta,
le atajan dos caballeros,
mostrando en él sus aceros.
Luego, con música y fiesta, 40
dos damas de cardenillo,
oyendo el amor sutil
de un galán de perejil
con un coleto amarillo,
que asentado en una puente 45
(a falta de silla o poyo)
por donde corre un arroyo
del orinal de una fuente,
en servillas se desvela.
Luego en un jardín están 50
tres damas con un galán
(que tocando una vihuela
las entretiene despacio),
porque el sol no las ofenda,
mientras sacan la merienda 55
de un almagrado palacio
con su puente levadiza,
seis torres y cien ventanas.
Acullá danzan pavanas,
que un flamenco soleniza... 60
Por cualquier parte que andes,
todo es fuente y frescura.
Esto es Flandes en pintura,
y por esto no hay más Flandes.


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Escena I
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO

No sabes tú lo que va 65
de lo vivo a lo pintado.


CHINCHILLA

A Flandes hemos llegado:
no nos llores duelos ya.


DON RODRIGO

Si en él no nos va más bien
que en Madrid, ¡buena venida 70
hemos hecho, por mi vida!


CHINCHILLA

Calla, y esperanza ten,
que si eres hijo menor,
y, como tal, maltratado
de un mayorazgo felpado, 75
rico por ser el mayor,
le heriste, con la licencia
que da un hablar descortés;
de hermanos segundos es
Flandes valerosa herencia. 80
¿No traes cartas de favor
para el Archiduque?


DON RODRIGO

Sí;
mas basta ser para mí...


CHINCHILLA

¿Pues de qué tienes temor?


DON RODRIGO

No está el Archiduque en Flandes. 85


CHINCHILLA

¡Muy buen despacho, por Dios,
para no tener los dos
un cuatrín!


DON RODRIGO

Desdichas grandes
me persiguen estos días.
No hay remedio. ¿Qué he de hacer? 90


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Escena I
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

Si pudiéramos comer
desdichas tuyas y mías,
no echáramos el dinero
menos; porque con mandar
a la huéspeda guisar 95
cuatro desdichas, primero
que aquellas se digirieran
(si hay para ellas digestión),
porque hubiera provisión,
otras tantas acudieran, 100
y comiéramos los dos
desde hoy más nuestras desdichas.


DON RODRIGO

¿Tantas tengo?


CHINCHILLA

A ser salchichas,
a vernos viniera Dios.


DON RODRIGO

No he de ser en todas partes 105
desdichado.


CHINCHILLA

Ni hay lugar
donde no sepa llegar
con sus agüeros un martes.
Si caminaran a pie
las desgracias, imagino 110
que por huir las de un camino,
no nos siguieran.


DON RODRIGO

No sé,
aunque a Momblán he llegado,
dónde me pueda hospedar.


CHINCHILLA

Si no tienes que gastar, 115
vamos al mesón del Prado.


DON RODRIGO

¿Es tiempo de burlas este?


CHINCHILLA

¿Pues de qué quieres que sea?


DON RODRIGO

Cuando algún noble me vea
podrá ser que dé o que preste. 120


CHINCHILLA

¿«Preste» aquí? ¡Vocablo extraño!
Los negros lo entenderán,
que sirven al Preste Juan.
Un «preste» hace tanto daño
como tiña o pestilencia. 125
De «peste» a «preste» verás
que hay una letra no más.
En tan poca diferencia,
nadie se querrá apestar
por prestar.


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Escena II
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


ROBERTO.
-DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
ROBERTO

(Para sí, en el fondo del teatro.)
 
Tarde he venido; 130
el tiempo me ha detenido,
él me puede disculpar.
Pero ¡cielos!, ¿no es Otón
este que a los ojos tengo?
A famoso tiempo vengo. 135
Llego a hablalle, que es razón.
Pero no; a su padre quiero
pedille de su venida
las albricias.
(Vase.)


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Escena III
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
CHINCHILLA

Por mi vida,
que para estar sin dinero, 140
es nuestra flema muy buena.
Busquemos una hostería,
pues si en ella el patrón fía
sobre prendas cama y cena,
hombre eres de muchas prendas, 145
pues que tu nombre y blasón
es don Rodrigo Girón.
Sobre ellas, pues no hay que vendas,
cenarás.


DON RODRIGO

Ya que he venido
a Flandes desde mi tierra, 150
serviré al rey en la guerra;
que el noble que es bien nacido,
sólo por sus hechos medra,
y con fama celebrada
saca fruto de la espada 155
como Moisés de la piedra.


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Escena IV
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LIBERIO, CLAVELA, LUCRECIA, ROBERTO.
-DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
LIBERIO

(Hablando con ROBERTO al salir.)
 
¿Otón?


ROBERTO

Otón digo que es.


LIBERIO

Si él fuera, ya hubiera entrado.
Mas él es. ¡Ay hijo amado!

(Llegándose a DON RODRIGO.)
 
Dame los brazos. Ea pues, 160
deja a la naturaleza
hacer su oficio de amor.


DON RODRIGO

¿Habláis conmigo, señor?


LIBERIO

¿Pues con quién? ¡Buena simpleza!
¿Qué dudas? Dame los brazos. 165


DON RODRIGO

Darelos por cortesía.

(Abrázale.)


LIBERIO

¡Hijo mío! ¡Prenda mía!
Vuelve y dame más abrazos.
Clavela, abraza a tu hermano.


CHINCHILLA

(Aparte.)
 
Hecho me quedo un baulón. 170


CLAVELA

Llegad y abrazadme, Otón.


DON RODRIGO

Yo soy quien en eso gano.
Pero...


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)
 
Llega, majadero,
y deja peros ahora.


DON RODRIGO

Alto: abrazadme, señora. 175

(Abrázala.)


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)
 
Ese sí que es lindo pero.


LIBERIO

(A LUCRECIA.)
 
Prevéngase su aposento
y cena.

(Vase LUCRECIA.)


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Escena IV
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

Si hay que comer,
vamos.

(Aparte.)
 
Dios nos vino a ver.


LIBERIO

Loco me tiene el contento. 180


DON RODRIGO

¿Qué es esto, señora mía?
Señor, ¿qué es lo que decís?


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)
Calla.


CLAVELA

¿Que aún os encubrís?


DON RODRIGO

(Aparte.
¿Hay más extraña porfía?)
Yo llego en esta ocasión 185
desde Castilla...


LIBERIO

No quiero
sabella. Entremos primero;
que en buena conversación,
después de alzada la mesa
nos diréis ese suceso. 190


DON RODRIGO

Señores...


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)
 
¿Estás sin seso?
¿De esta ventura te pesa?
Hallas aquí padre y madre,
qué comer y qué cenar,
cuando acabas de llegar 195
sin blanca; llámase padre
tuyo un viejo, que en cajones
para que vivas triunfando,
le deben de estar maullando
gatos llenos de doblones, 200
¿y excúsaste, mentecato?
Di que eres Otón, Enrico,
Baldovinos, mono, mico,
Herodes y Mauregato.


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Escena IV
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LIBERIO

Si el temor de la desgracia 205
que de aquí te hizo huir,
hijo, te obliga a fingir,
no temas.


DON RODRIGO

(Aparte.)

¿No es linda gracia
aquesta?


LIBERIO

Porque Roberto
está delante de ti, 210
¡te disimulas así!


CHINCHILLA

Sí, por eso se ha encubierto.


LIBERIO

Ya no tienes que temer.
Cortó el cielo en años breves
la vida al duque de Clèves; 215
viuda queda su mujer,
moza, rica, y por su dote,
condesa de Oberisel.


CHINCHILLA

(Hablando aparte a un lado con DON RODRIGO.)
 
Señor, acota con él,
o no cenarás gigote. 220


DON RODRIGO

¿Pues qué he de hacer?


CHINCHILLA

Consentir,
comer, conversar, contar,
y a veces disimular,
porque te importa vivir.
Llegó una noche a una venta 225
un licenciado sin cuarto,
ni blanca; estaba de parto
la ventera, y no había cuenta
de dalle por ningún precio
un bocado de cenar, 230
ni cama en que se acostar,
porque era el parto muy recio,
y traía alborotada
la venta. Llegose y dijo
el estudiante: «De un hijo 235
la ventera está preñada.
Si quieren que luego para,
tráiganme tinta y papel,
y un ensalmo pondré en él
de virtud notable y rara». 240
Escribió solos dos versos;
cosiolo en un tafetán;
sacáronle vino y pan
y otros manjares diversos;
diéronle paja y cebada 245
a la bestia; parió luego
la ventera; mas no a ruego
de la oración celebrada.
Partiose, sin guardar cosa,
el estudiante, estimado 250
de todos y regalado;
la huéspeda, codiciosa
de ver lo que contenía
la tal nómina o papel
tan dichoso que con él, 255
cualquier preñada paría,
abriolo, y vio en él escrito:
«Cene mi mula, y cene yo,
siquiera para, siquiera no»:
y riyeron infinito. 260
Si padre y madre has hallado
cene mi amo y cene yo,
siquiera sea, siquiera no,
tu padre, agüelo o cuñado.


LIBERIO

Ea, hijo, ¿qué dudáis? 265


CLAVELA

Hermano, ¿qué os detenéis?


DON RODRIGO

Con la salva que me hacéis,
pues todos me aseguráis,
no es bien que mi fingimiento
dure más. Vuestro hijo soy. 270

(Sale LUCRECIA.)


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Escena IV
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LIBERIO

Otras mil veces te doy
los brazos. -¿El aposento

(A LUCRECIA.)
 
está prevenido?


LUCRECIA

Está,
y la cena que se enfría.


DON RODRIGO

Vamos, pues, hermana mía. 275


CHINCHILLA

(Aparte.)
 
Hermana carnal será.


LIBERIO

Lucrecia, ten tú cuidado
con este... ¿Cómo os llamáis?


CHINCHILLA

Chinchilla, porque os sirváis
de mí.


DON RODRIGO

Es muy leal criado. 280


LIBERIO

¿No llevaste, di, ninguno
desta ciudad?


DON RODRIGO

Señor, no.


CHINCHILLA

En Madrid me recibió
un viernes, día de ayuno,
que ha que dura un año entero. 285
¡Mire qué extraño rigor!
Mas no hay ayuno peor
que el ayuno del dinero.


LIBERIO

Entrad, hijo, y descansad.


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)
 
¡Ah, don Rodrigo! ¡Chitón! 290


LIBERIO

Hija, a vuestro hermano Otón
le dad la mano, y entrad.

(Vanse DON RODRIGO, CLAVELA,
LIBERIO y ROBERTO;
y al entrarse LUCRECIA,
la detiene CHINCHILLA.)


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Escena V
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA, LUCRECIA.
  
CHINCHILLA

Ce, si sabe el a, b, c,
que ésta es la tercera letra;
aunque la mujer penetra 295
otra mejor, que es la d,
dígame, doña rolliza,
su nombre.


LUCRECIA

Lucrecia.


CHINCHILLA

Basta.
¿Es Lucrecia por ser casta?


LUCRECIA

No, sino por ser castiza. 300


CHINCHILLA

Dígame por qué ocasión
nuestro dueño se ausentó,
y cuándo huyendo salió
de aquesta insigne región;
que yo no supe hasta aquí 305
que era de Flandes, ni el nombre
de Otón. Por un gentilhombre
de Nápoles le serví,
y se llamaba Lisardo.
Sáqueme de aquesta duda, 310
recetarele una muda
para ese rostro gallardo.


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Escena V
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LUCRECIA

¿Impórtale mucho?


CHINCHILLA

Quiero
saber desto la maraña;
que como vengo de España, 315
por saber cosas me muero.


LUCRECIA

Pues sepa (y esteme atento)
que Liberio, mi señor,
es un hombre de valor,
de hacienda y merecimiento. 320
Tiene una hija doncella,
que es Clavela: ya la vio.


CHINCHILLA

No es mocosa.


LUCRECIA

No acertó.
Tiene una falta.


CHINCHILLA

¿Es doncella?


LUCRECIA

Sí.


CHINCHILLA

Pues que tú lo autorizas, 325
falta es, y más si hay engaño,
porque hay mujeres hogaño
como puentes levadizas.


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Escena V
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LUCRECIA

Tiene un hijo, que es Otón,
pues que ya sabes su nombre. 330


CHINCHILLA

Y no tiene falta el hombre
en talle ni discreción.


LUCRECIA

Este tal habrá tres años
que en una casa de juego
mató un hombre, y huyó luego. 335


CHINCHILLA

¡Peligros del mundo extraños!
Pero, ¿por qué le mató?
Aunque en el juego se ofrecen
mil cosas que lo merecen.


LUCRECIA

No fue por el juego.


CHINCHILLA

¿No? 340
Prosigue, pues, con tu cuento.


LUCRECIA

Entró en los trucos un día,
al tiempo que se decía
un ligero pensamiento
de su hermana y un privado 345
de Carlos, duque de Clèves,
parando palabras leves
en obras...


CHINCHILLA

Está obligado
a no hablar el que pretende
tomar venganza, y la toma. 350
La honra es ley de Mahoma,
que con armas se defiende.


LUCRECIA

Hirió al privado de muerte,
y temiendo la venganza
del Duque y de su privanza, 355
escogió por mejor suerte
el ausentarse de aquí.


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Escena V
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

Hizo bien.


LUCRECIA

Murió el de Clèves,
mudándose en tiempos breves
las cosas...


CHINCHILLA

Siempre es así. 360


LUCRECIA

Quedó viuda la Condesa,
y por no estar bien casada,
el segundarlo la enfada
y sólo el luto profesa,
aunque príncipes y grandes 365
no dejan de pretendella,
viéndola muchacha y bella,
y que en lo mejor de Flandes
es dote suyo el condado
de Oberisel, sin que quede 370
hijo alguno que lo herede.


CHINCHILLA

Sin hueso es ese bocado.


LUCRECIA

Después que el Duque murió,
no hay quien la venganza pida
a Otón.


CHINCHILLA

¡Dichoso homicida! 375


LUCRECIA

Que aunque en Momblán quedó
un hermano suyo, y tal,
que dél la Condesa fía
su hacienda y casa, y podría,
por ser hombre principal, 380
serle de harto daño a Otón,
amor que a imposibles vuela,
le enamoró de Clavela;
y es de modo su afición,
y lo que a Otón ha deseado, 385
que ha de dar envidias grandes,
cuando sepa que está en Flandes.


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Escena V
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

A buen tiempo hemos llegado.
Y ¿llámase el tal amante
de Clavela...?


LUCRECIA

Pinabel. 390


CHINCHILLA

¿Buen talle?


LUCRECIA

No hay falta en él.


CHINCHILLA

Antes que pase adelante,
¿qué hay de mi amor?


LUCRECIA

¿Qué sé yo?


CHINCHILLA

¡Ay fregatriz! Ese gesto
me ha enamorado.


LUCRECIA

¿Tan presto? 395


CHINCHILLA

Mucho ha que me enamoró
el romance de Lucrecia;
y si viviera Tarquino...


LUCRECIA

¿Qué?


CHINCHILLA

Viviera; mas convino
que muriese. Acaba, necia; 400
que tú y yo habemos de ser
en la comunicación,
como el papel y el borrón,
que no se deja raer.
¿Hay ya voluntad?


LUCRECIA

Tantica. 405


CHINCHILLA

¡Qué buenos carrillos! Hinche.


LUCRECIA

¡Ay, qué Chinchilla y qué chinche!


CHINCHILLA

Chinche que pica.


LUCRECIA

Y me pica.

(Vase.)


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Escena VI
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO. -CHINCHILLA.
  
DON RODRIGO

Si la historia de Amadís
verdad pudiera haber sido, 410
si me hubiera convertido,
Chinchilla, en don Belianís,
pudiera ser que entendiera
que andando yo enamorado,
llegué a un castillo encantado, 415
mudándome una hechicera
talle y cara; mas no es vana
esta historia, si lo fue
esotra, pues que ya hallé
aquí padre y una hermana. 420


CHINCHILLA

Un conde Partinuplés
eres.


DON RODRIGO

Entra y lo verás.


CHINCHILLA

Alegre y ufano estás.


DON RODRIGO

No quisiera que después
pagáramos por entero. 425


CHINCHILLA

¿Cómo?


DON RODRIGO

Si me han recebido
aquí por Otón fingido,
y viniese el verdadero,
¿qué he de hacer?


CHINCHILLA

Ya se habrá muerto.


DON RODRIGO

Además de que no sé 430
la causa por que se fue.


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Escena VI
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

¡Donoso temor por cierto!
De todo estoy informado;
Lucrecia lo desbuchó:
ya sé por qué y cuándo huyó 435
tu original o traslado.
Vámonos a pasear;
que si has cenado, bien puedes,
no nos oigan las paredes,
que aun ellas saben soplar. 440


DON RODRIGO

¡Ay, qué Clavela, oh Chinchilla!
¡Qué amor, qué conversación!
¡Qué cara, qué discreción!


CHINCHILLA

¿Hate dado ya papilla?
¿Hay babera?


DON RODRIGO

No me pesa 445
del parentesco que he hallado
aquí.


CHINCHILLA

Habrante preguntado
muchas cosas sobre mesa.


DON RODRIGO

Muchas.


CHINCHILLA

¿Y tú respondido
ad Galatas?


DON RODRIGO

Por no dar 450
con todo en tierra, y quedar
descubierto y conocido,
le dije que me dolía
la cabeza, y que después
respondería.


CHINCHILLA

Esa es 455
discreta bellaquería.
Mas ¿cómo te has escapado
de los dos?


DON RODRIGO

Envió por ella,
por lo que gusta de vella,
la condesa de este estado. 460


CHINCHILLA

Es una viuda gentil,
según me han dicho, señor.
¡Ojalá me hiciera amor...!


DON RODRIGO

¿Qué?


CHINCHILLA

Aforro de su monjil.
Ven, y darete razón 465
de lo que quieres saber.


DON RODRIGO

En fin, ¿que Otón he de ser?


CHINCHILLA

O ayunar, o ser Otón.

(Vanse.)


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Escena VII
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


Sala en el palacio de la CONDESA.
  
La CONDESA, con unas cartas;
CASIMIRO, PINABEL, FLORO.
  
CONDESA

(A CASIMIRO.)
 
¡Que mi hermano, el duque Arnesto,
con el conde Casimiro 470
quiera casarme, y para esto
me escriba con vos! Me admiro.
Para casarme es muy presto.
Un año ha que visto luto
por mi esposo, y vierto llanto 475
que no tiene el tiempo enjuto;
y no es bien, cuando él es tanto,
hacer agravio a su luto.
Viuda soy, moza y mujer,
con un condado a mi cargo, 480
que, aunque sola, podrá ser
que con el discurso largo
del tiempo venga a tener
para regille prudencia;
y cuando esta me faltare, 485
no está lejos su presencia,
con que los daños repare
de mi poca suficiencia.
Cuanto y más que mis vasallos
no se quejan hasta ahora 490
de que no sé gobernallos;
que al fin, como su señora
legítima, sé estimallos.
Pues yo no tengo heredero,
no le estará a Arnesto mal 495
serlo mío: al fin, no quiero
dar en el mundo señal
de que fue el amor ligero,
que tuve al duque de Clèves,
mi señor, mientras vivió. 500
Esto quiero que le lleves
por respuesta.


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Escena VII
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El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CASIMIRO

¿Con un «no»
a dar la muerte te atreves
a un enfermo, que contando
los términos de su vida, 505
el «sí» dulce está aguardando,
la esperanza entretenida
entre las dudas de un «cuándo»?
Por los dos puedes traer
el luto que has escogido, 510
y vendrá, señora, a ser
por un esposo fingido,
y otro que lo quiso ser.
Mal pagas la voluntad
de Casimiro, a quien llevo 515
el fin de su verde edad.


CONDESA

Si no pago como debo
al Conde la voluntad,
por no quedar obligada
a pagalla, no la admito. 520
Yo he quedado escarmentada,
y con deseo infinito
de no vivir mal casada;
y así el Conde que encareces,
busque a su contento esposa, 525
haciendo sus ojos jueces;
porque el casarse no es cosa
que se ha de probar dos veces.
Aquesto escribo a mi hermano,
y aquesto propio le di.


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Escena VII
Pág. 021 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CASIMIRO

Mira, señora, que es llano
que si le niegas el sí
de tu idolatrada mano,
ha de arriesgar (aunque ofenda
el amor, que es su homicida) 535
su Estado, porque se entienda
que quien arriesga la vida
por ti, arriesgará la hacienda.
Mira que te ha de cercar
en Momblán.


CONDESA

No me amenaces; 540
que quien no puede obligar
a la voluntad con paces,
con guerra no ha de bastar.


CASIMIRO

Por rogártelo tu hermano...


CONDESA

Que no hay ruegos para mí. 545
Pártete; acaba.


CASIMIRO

(Desviándose y hablando aparte con FLORO.)
 
¡Qué en vano,
colgada el alma de un sí,
di entrada al amor tirano!
¡Ay cielo!


FLORO

¿Qué hemos de hacer?


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Escena VII
Pág. 022 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CASIMIRO

¿Qué? Morir, desesperar, 550
rabiar, sentir, padecer.


FLORO

Mucho puede él porfiar;
pero date a conocer;
que si a ver si su belleza
igualaba con su fama 555
veniste; si amor empieza
a dar materia a tu llama,
y principio a su flaqueza;
el saber que tú has venido,
quizá le dará cuidado; 560
que si ausencia causa olvido
en el amante obligado,
¿qué hará en el no conocido?


CASIMIRO

No, Floro; que amor desnudo
con las armas suele hacer 565
lo que sin ellas no pudo.
A Momblán he de volver
cuando en el silencio mudo
esté el descuido acostado.
Mil tudescos, como sabes, 570
en escuadrón concertado
traigo, que serán las llaves
de su alcázar torreado.
Seré esta noche con ellos
de aquesta Troya Sinón, 575
y de sus despojos bellos
otro Paris.


FLORO

La ocasión
te dé, señor, sus cabellos.

(Vanse los dos.)


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Escena VIII
Pág. 023 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


La CONDESA, PINABEL.
  
CONDESA

Nadie espere, Pinabel,
tener de mi esposo nombre, 580
pues murió el Duque con él;
que en la libertad de un hombre
libre, soberbio y cruel,
no estriba bien la flaqueza
de una mujer, a quien ves 585
con mocedad y riqueza;
porque es locura el ser pies
la que puede ser cabeza.
Cansada de estar casada
estoy. ¡Gracias a los cielos, 590
que no lloro despreciada,
ya desdenes, ya desvelos
de una afición mal pagada!
Si en el conyugal amor
hubiera penas iguales 595
para el esposo agresor,
y sus obras desleales
tocaran en el honor,
como las de una mujer;
perseverara en los dos 600
el recíproco querer;
pero que en la ley de Dios
iguales vengan a ser
los delitos del marido
y la esposa; y que en el suelo 605
haya el vulgo establecido
venganza en leyes del duelo
para el esposo ofendido,
y no para la mujer,
esa es terrible crueldad, 610
suficiente a deshacer
a amor, que sin igualdad,
no sabe permanecer.


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Escena VIII
Pág. 024 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


PINABEL

Dios conserve a Vuexcelencia
en esta opinión honrada, 615
que es digna de su prudencia.


CONDESA

El ser dos veces casada
juzga el mundo a incontinencia.
Yo viviré con cuidado
de no adquirir este nombre. 620


PINABEL

Si no hay gobierno alabado
en una casa sin hombre,
¿qué hará donde hay un Estado?


CONDESA

Hombre tiene, Pinabel,
aquesta ciudad en vos, 625
para regirse por él;
y gobernando los dos,
seguro está Oberisel.


PINABEL

A Vuestra Excelencia beso
los pies por tanto favor. 630


CONDESA

De vuestra prudencia y seso
conozco el mucho valor,
y sé que en cualquier suceso
no hará falta el Duque muerto
de quien fuisteis tan querido. 635


PINABEL

Si a servir, señora, acierto
a Vuexcelencia, habré sido
muy dichoso.


CONDESA

Aquesto es cierto.


PINABEL

Y para podello hacer
mejor, pues que Vuexcelencia 640
casada no quiere ser,
le vengo a pedir licencia...


CONDESA

¿Es para elegir mujer?


PINABEL

Es para que intercesora
Vuexcelencia sea con ella. 645


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Escena VIII
Pág. 025 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CONDESA

¿Es muy hermosa?


PINABEL

Señora,
en vuestra presencia bella
no puede serlo el aurora;
mas de vos abajo, vuela
su fama por todo Flandes. 650


CONDESA

¿Quién es?


PINABEL

Clavela.


CONDESA

¿Clavela?
Méritos tiene muy grandes.
Pero en eso, ¿qué recela
vuestro amor? ¿No fue homicida
su hermano del vuestro?


PINABEL

Fue 655
el que le quitó la vida,
y con su hacienda heredé
su amor. Quiero que le pida
a su padre Vuexcelencia
le mande me dé la mano; 660
y usando de su clemencia,
alce el destierro a su hermano,
sin hacelle resistencia.


CONDESA

Envialdos a llamar.


PINABEL

Ya, señora, eso está hecho, 665
y poco pueden tardar
los dos.


CONDESA

En vuestro provecho
sois vigilante.


PINABEL

En amar,
¿quién no lo es?


CONDESA

La elección
que habéis hecho me contenta, 670
que en belleza y discreción
Clavela la fama aumenta
de la flamenca nación.


PINABEL

Ella misma entra, señora,
a estimar y agradecer 675
tal merced.


CONDESA

Intercesora
con ella os tengo de ser,
pues que tanto os enamora.


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Escena IX
Pág. 026 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LIBERIO, CLAVELA, LUCRECIA.
-La CONDESA, PINABEL.
  
LIBERIO

En que tenga Vuexcelencia
memoria de nuestra casa 680
y nos traiga a su presencia,
todos los límites pasa
nuestra dicha.


CONDESA

La experiencia,
Liberio, que resplandece
en vos, que tenga memoria 685
de vuestras canas merece,
y de Clavela, que es gloria,
que como sol resplandece.


CLAVELA

Por no quedar corta, callo,
estimando la ventura, 690
que en vos, gran señora, hallo.


CONDESA

No es bien que tanta hermosura,
y tan prudente vasallo,
dejen de participar
de mi privanza y favor; 695
y que toda esta ciudad
estime vuestro valor
y alabe vuestra beldad,
y yo, que soy su señora,
no la goce.


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Escena IX
Pág. 027 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CLAVELA

Mi vergüenza 700
responderá por mí ahora.


PINABEL

Su rostro hermoso comienza
a imitar la blanca aurora.


CONDESA

Ya sé que el dar muerte Otón
a Enrico, de Pinabel 705
hermano, fue la ocasión
que perdiésedes por él
el favor y estimación
que el Duque, que tiene Dios,
hizo en negocios de peso, 710
Liberio noble, de vos;
pero aquel triste suceso
podéis convertir los dos
en un pacífico estado,
como queráis. Pinabel, 715
en vez de estar agraviado
y pedir venganza dél,
que alcance me ha suplicado
le dé Clavela la mano:
ya sabéis que por la suya 720
regirse mi Estado es llano;
y para que restituya
la paz a su muerto hermano
Liberio, el modo mejor
y más común, es juntar 725
prendas de sangre y amor,
de quien puede resultar
tanta nobleza y valor.
Pues yo intercedo, no creo
que habrá aquí dificultad. 730


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Escena IX
Pág. 028 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LIBERIO

Cuando en tan dichoso empleo
faltara la calidad
y la nobleza que veo
en Pinabel, gran señora,
y no interesara yo 735
su amistad y paz que ahora
a tan buen tiempo llegó;
basta ser intercesora
Vuexcelencia para hacer
de nosotros a su gusto. 740
No tengo que responder;
sólo, si os parece justo,
será con el parecer
de Otón, mi hijo, que está
en Momblán.


PINABEL

¡Válgame el cielo! 745


CONDESA

Si es discreto, él lo tendrá
por bien.


LIBERIO

Comunicarelo,
y él vendrá, señora, acá
a besar a Vuexcelencia
los pies.


CONDESA

Clavela, ¿no habláis? 750


CLAVELA

Si está dada la sentencia
en el pleito que tratáis,
gran señora, en la presencia
de mi padre, ¿qué he de hablar?
Serviros sólo apetezco. 755


CONDESA

Venid, que os quiero enseñar
mi alcázar.

(Vanse todos, menos PINABEL.)
  

PINABEL

Si es que merezco,
Amor, el cielo gozar
de tan bella perfección,
términos acorta y plazos; 760
que es muerte la dilación
de sus amorosos lazos.
Voy a ver y hablar a Otón.

(Vase.)


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Escena X
Pág. 029 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


Plaza delante del palacio de la CONDESA.
DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
DON RODRIGO

¿Hay sucesos semejantes?


CHINCHILLA

Cuando los llegue a saber 765
Madrid, los ha de poner
en sus novelas Cervantes.
Aunque en el tomo segundo
de su manchego Quijote
no estarán mal, como al trote 770
los lleven por ese mundo
las ancas de Rocinante,
o el burro de Sancho Panza.


DON RODRIGO

Basta, que la semejanza
deste Otón, tan importante 775
para mi necesidad
y aumento de los cuidados,
hoy libres y enamorados,
tiene toda la ciudad
engañada y persuadida 780
que soy Otón.


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Escena X
Pág. 030 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


CHINCHILLA

Lindo cuento
es llegar de ciento en ciento
a darte la bienvenida,
y decir uno espantado:
«¿Cómo no me conocéis, 785
si ha tantos años que habéis
mi lado y mi casa honrado?»
Y otro decir: «No entendiera
que con tanta brevedad
las leyes de la amistad, 790
Otón, el tiempo rompiera»;
y tú, mascando entre dientes
ambiguas satisfacciones,
como quien reza oraciones,
dar los brazos a parientes 795
que en toda tu vida viste.


DON RODRIGO

Con todos cumplo callando,
lo que dicen otorgando.
Tú en aquesto me metiste.
¿Qué he de hacer?


CHINCHILLA

El callar sabe 800
vencer. No ha faltado loco
que viéndote hablar tan poco,
dijo: «¡Qué necio y qué grave
que viene el señor Otón!»
Yo respondí, aunque lacayo: 805
«Como Otón no es papagayo,
no habla aquí de ostentación,
ni hay pena para los mudos».
Mas nada hubo como ver
el llegarte el mercader 810
a pedir los cien escudos,
y tú, muy disimulado,
decir: «No penséis, señor,
que como el mal pagador,
de la deuda me he olvidado. 815
Venid a casa mañana;
que mi padre os los dará».


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Escena X
Pág. 031 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO

En esto estoy puesto ya.
La hermosura desta hermana
en Momblán me ha detenido; 820
que si no, yo deshiciera
con mi ausencia esta quimera.


CHINCHILLA

¿Hate Cupido escupido?


DON RODRIGO

Desmandados pensamientos
han dado en ser estudiantes, 825
y como son principantes,
andan en los rudimentos.
Pero en escuelas de amor,
con poca dificultad
alcanza en su facultad 830
borla y grado de doctor
quien, para que no se excuse,
el alma ofrece en propinas.


CHINCHILLA

Ya parece que declinas
con Clavela a musa, musæ; 835
pero no querrás pasar
con el estudio adelante,
por más que seas estudiante.
Si llegas a conjugar
con ella...


DON RODRIGO

No sé, por Dios, 840
lo que te responda en eso.
Que es hermosa te confieso.


CHINCHILLA

¡Noramala para vos!


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Escena XI
Pág. 032 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


PINABEL.
-DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
PINABEL

Los brazos que a la venganza
pudieran dar otro tiempo 845
debida satisfacción
y muerte al atrevimiento,
por el amor enlazados
que a prendas del alma tengo,
y de quien vos sangre sois, 850
para abrazaros ofrezco.
Seáis, Otón, bien venido.


DON RODRIGO

¿Qué es esto, señor? Teneos.
(Aparte a él.)

Chinchilla, huyamos de aquí;
que cada instante me veo 855
en un mar de confusiones.


CHINCHILLA

(Aparte a DON RODRIGO.)

Con la industria y el silencio
podrás salir bien de todo.
Disimula, si eres cuerdo.


PINABEL

Si pesadumbres pasadas, 860
que en paces trocar deseo,
os obligan a no hablarme,
romped al enojo el velo;
que en mí no bastan agravios
de un hermano, por vos muerto, 865
a que, olvidadas pasiones,
no os salga, Otón, al encuentro.
Los cielos quieren que sea
amigo y pariente vuestro.
No neguéis a Pinabel 870
lengua y brazos.


CHINCHILLA

(Aparte a su amo.)

Ya di en ello.
Este es, señor, el hermano
de aquel muerto caballero,
causa de ausentarse Otón,
y de todo este embeleco. 875
Háblale y dale los brazos,
pues ya te he contado el cuento
de la historia.


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Escena XI
Pág. 033 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO

Pinabel,
si he dudado en responderos,
la novedad lo ha causado 880
que en vuestras palabras veo,
y aguardo de vuestras obras.
¡Gracias a Dios y a los tiempos,
que mudan las voluntades!

(Abrázale.)

PINABEL

La priesa de mis deseos 885
atropella las palabras.
Sabed que el amor, tercero
entre enojos criminales
eternas paces ha puesto
en pasiones ya olvidadas; 890
y hablando claro, yo quiero
a vuestra hermana Clavela
tanto, como al movimiento
circular el primer móvil,
y como la piedra al centro. 895
La Condesa, mi señora,
a mi intercesión y ruegos,
se la pidió a vuestro padre,
y respondió el cortés viejo
a medida de mi gusto 900
(como de su entendimiento
y prudencia se esperaba).
A vos, Otón, remitiendo
la ejecución de mi dicha;
pues siendo noble, no creo 905
dejaréis de efetüarla,
y estimar mi sangre y deudo.
Vamos, amigo, a palacio,
donde Clavela y Liberio
con la Condesa os aguardan. 910


DON RODRIGO

(Aparte con su criado.)
 
¡Ay Chinchilla! ¿qué es aquesto?


CHINCHILLA

Atambores en cuaresma.


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Escena XI
Pág. 034 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.
 
Por la puerta de los celos
entré en vuestra casa, amor:
no saldré de ella tan presto.) 915

La dicha que se nos sigue
a nosotros en teneros
por pariente y por amigo,
es notorio y manifiesto.
Cuando a esta parte, no hay duda 920
sino que seré el primero
que por honrar nuestra sangre,
trate vuestro casamiento.
Sólo hay un inconveniente,
que la industria hará ligero, 925
suspendiendo algunos días
las bodas.


PINABEL

Siglos eternos
serán los breves instantes.
Pero, ¿qué estorbo hay?


DON RODRIGO

Yo vengo
de Madrid, corte de España, 930
patria y madre de extranjeros.
Profesé en ella amistad
con un noble caballero,
que porque en Flandes nació,
quiere bien a los flamencos. 935
Es don Rodrigo Girón
su nombre, a quien amo y quiero
como a mí mismo, porque es
conmigo un alma.


CHINCHILLA

(Aparte.)
 
Y un cuerpo.


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Escena XI
Pág. 035 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO

Mil veces, comunicando 940
los dos, le dije el suceso
que me desterró de Flandes,
la hermosura encareciendo
de Clavela de tal suerte,
que aunque el amor es perfeto 945
y entra al alma por los ojos,
aquella vez entró dentro,
como fe, por los oídos;
y fue con tan grande extremo,
que está pretendiendo un cargo 950
en Flandes, sólo por esto.
Prometile a la partida,
por la fe de caballero,
si hallaba a Clavela libre,
aguardar un año entero 955
su venida, sin casalla;
pero en Madrid, que es el cielo
de ocasiones amorosas,
y yo ausente, que era el cebo
de su amor, ya habrá el olvido 960
con él sus milagros hecho;
que a la mudanza en la corte
le dan casa de aposento.
No he dicho nada hasta ahora
a mi padre; que lo dejo 965
para tratarlo despacio,
por ser negocio de peso.
Escribirele esta noche
que Clavela, como es cierto,
está con vos concertada; 970
y aunque las bodas suspendo
por guardalle la palabra,
se han de poner en efeto.
Que suelte, y dé al desposorio
lugar. ¿Qué decís?


PINABEL

Que temo 975
de mi desdicha que venga
a estorbar mi casamiento
don Rodrigo, con las alas
de sus mismos pensamientos,
que le traerán por los aires, 980
para que llegue más presto.
  
(Tocan arma dentro.)
  
Pero, ¿qué alboroto es este?


DON RODRIGO

Tocar a rebato siento.


PINABEL

¡Válgame Dios!, ¿qué será?


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Escena XII
Pág. 036 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


LEONELO.
-DON RODRIGO, PINABEL, CHINCHILLA.
  
LEONELO

¡Notable caso!


PINABEL

Leonelo, 985
¿qué enemigos nos asaltan,
cuando estamos libres dellos?


LEONELO

El palatino del Rin,
Casimiro, que viniendo
curioso o enamorado 990
hoy a Momblán encubierto,
a saber por experiencia
si son encarecimientos
o verdades los que alaban
nuestra condesa hasta el cielo; 995
perdido por su hermosura,
y a su amor correspondiendo,
conforme su pretensión
y cartas del duque Arnesto;
en saliendo de Momblán, 1000
con un escuadrón tudesco,
que en el bosque le esperaba,
la vuelta ha dado, resuelto
de conquistar por las armas
la que no alcanzaron ruegos; 1005
y no ha sido poca dicha
de que no haya entrado dentro,
cogiéndonos descuidados.


PINABEL

¿Hay mayor atrevimiento?
Pero la Condesa es esta. 1010


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Escena XIII
Pág. 037 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


La CONDESA, acompañamiento.
-Los mismos.
  
PINABEL

Señora...


CONDESA

¿Que el mensajero
era del Duque mi hermano
Casimiro, el Conde?


LEONELO

El mesmo
que nuestra ciudad asalta.


CONDESA

Como no asalte mi pecho, 1015
poco importa. Pinabel...


DON RODRIGO

Los pies, gran señora, beso
a Vuexcelencia.


CHINCHILLA

(Aparte.)

¡Por Dios,
que es gentil hembra en extremo
la viuda!


CONDESA

¿Sois vos, Otón? 1020


DON RODRIGO

Y humilde vasallo vuestro.

(Aparte al criado.)
 
¡Qué hermosa mujer, Chinchilla!


CONDESA

Mucho me he holgado de veros.
Yo prometí a vuestro padre
daros, Otón, en viniendo, 1025
la plaza de secretario.
Ya podéis servirla.


DON RODRIGO

Vuelvo
a besar a Vuexcelencia
los pies.


CHINCHILLA

(Aparte con su amo.)
 
Hucha de secretos
eres. ¿Qué seré yo?


DON RODRIGO

Calla. 1030


CONDESA

¿Querrá el Conde poner cerco
a Momblán?


LEONELO

Así se dice.


CONDESA

Id, Pinabel, repartiendo
soldados por las murallas,
que los que en presidios tengo, 1035
y los que de los Estados
del Duque mi hermano espero,
humillarán la arrogancia
de aqueste amante soberbio.

(Vase PINABEL.)


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Escena XIV
Pág. 038 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


La CONDESA, DON RODRIGO,
LEONELO, CHINCHILLA, acompañamiento.
  
DON RODRIGO

Si en vez del papel y tinta 1040
que me dais sin merecello,
me concedéis, gran señora,
que escriba con el acero
hazañas, con que os sirváis,
con vuestra licencia trueco 1045
la plaza de secretario
por la de soldado vuestro.


CONDESA

Secretario y capitán
podéis ser. Venid, tratemos
lo que importa en este caso, 1050
porque sepa el Conde necio
que si en la constancia imito
a la viuda de Siqueo,
en fortaleza la igualo.

(Vase con su acompañamiento.)


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Escena XV
Pág. 039 de 118
El castigo del penseque Acto I Tirso de Molina


DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
DON RODRIGO

¡Hay tal mujer!, ¡hay tal cielo! 1055


CHINCHILLA

¿Qué te parece?


DON RODRIGO

Un milagro,
y entre crepúsculos negros
de aquel luto, me parece
un sol que está amaneciendo.


CHINCHILLA

¿Hate enamorado ya? 1060


DON RODRIGO

¿Tengo yo merecimientos
para tal ángel?


CHINCHILLA

Patudo.
¿Y Clavela?


DON RODRIGO

En ese empleo
me ocuparé, que es mi igual.


CHINCHILLA

¡Bueno ha estado el embeleco 1065
con que a Pinabel burlaste!


DON RODRIGO

El amor es todo enredos.


CHINCHILLA

Vamos, señor secretario.


DON RODRIGO

Si me fía sus secretos,
mil veces dichoso yo. 1070


CHINCHILLA

Chamuscado te has al fuego
de la viuda.


DON RODRIGO

Así es verdad.


CHINCHILLA

Parecerás pie de puerco.


DON RODRIGO

¿Por qué?


CHINCHILLA

Porque se chamusca.


DON RODRIGO

¡Ay viuda hermosa!


CHINCHILLA

¡Ay babero! 1075


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Escena I
Pág. 040 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


Jardín de la CONDESA.
  
La CONDESA.

  
Yo os prometí, mi libertad querida,
no cautivaros más, ni daros pena;
pero promesa en potestad ajena,
¿cómo puede obligar a ser cumplida?
    Quien promete no amar toda la vida, 5
y en la ocasión la voluntad enfrena,
seque el agua del mar, sume su arena,
los vientos pare, lo infinito mida.
    Hasta ahora con noble resistencia
las plumas corto a leves pensamientos, 10
por más que la ocasión su vuelo ampare.
    Pupila soy de amor; sin su licencia
no pueden obligarme juramentos.
Perdonad, voluntad, si los quebrare.


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Escena II
Pág. 041 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA. -La CONDESA.
  
CLAVELA

(Sin ver a la CONDESA.)
 
   Todas las veces que a mi hermano veo 15
tan discreto, apacible y cortesano,
se va la voluntad del pie a la mano,
y sale de su límite el deseo.
    Como hermano le quiero; mas no creo
que es bastante el amor, cuando es de hermano, 20
a dormir tarde, a despertar temprano,
ni a ver cuál con sus ojos me recreo.
    Decid vos la verdad, desnudo ciego,
que aunque en amor de hermano no hay cautela,
me dan que sospechar tantos desvelos. 25
    «La sangre hierve (me diréis) sin fuego.»
Sí; pero amor de hermano no desvela
y cuando desvelara, no da celos.


CONDESA

Clavela...


CLAVELA

Señora mía...


CONDESA

Después que en mi casa estás, 30
y con tu presencia das
tregua a mi melancolía,
cuanto tú más la deshaces,
más la aumentan mis cuidados,
que en esta guerra engendrados, 35
no admiten medios de paces.
Ninguna cosa me agrada.


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Escena II
Pág. 042 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

No fueras tú tan prudente
a no tener al presente
pena de verte cercada. 40


CONDESA

(Aparte.
 
¡No lo estuviera yo más
de alterados pensamientos,
que, todos atrevimientos,
no vuelven un paso atrás!)
Sentémonos aquí un rato, 45
pues contra agravios del sol
nos sirve de quitasol
el compuesto y verde ornato
de estos jazmines y nuezas,
que con apacibles lazos 50
traen estos muros en brazos,
formando calles y piezas.


CLAVELA

En aqueste cenador
hay sillas.


CONDESA

Siéntate en una.


CLAVELA

No hagas a mi fortuna, 55
señora, tanto favor.
En el suelo estaré bien.


CONDESA

Gocemos de la llaneza
que alborota la grandeza
de palacio. No nos ven 60
criados que nos murmuren.
Siéntate, Clavela, aquí.


CLAVELA

Aunque no hay partes en mí
que esta merced aseguren,
por servirte, te obedezco. 65

(Siéntanse.)


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Escena II
Pág. 043 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

¿Quieres bien a Pinabel?


CLAVELA

Si he de tener dueño en él,
y por tu mano merezco
darle título de esposo,
cuando impedimentos quite 70
mi hermano, que los permite,
querelle bien es forzoso.


CONDESA

¿Forzoso dices? Amor
no es perfeto, si es forzado.
Si anduviera Amor armado, 75
llevárase por rigor:
desnudo nos da señales
que quien le ha de conquistar,
Clavela, ha de pelear
con él con armas iguales. 80


CLAVELA

Si Casimiro advirtiera
en eso, no te cercara.


CONDESA

Es necio, pues no repara
que Amor, que es niño, se altera
de ver espadas desnudas. 85


CLAVELA

Sí, porque es de la paz dueño.


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Escena II
Pág. 044 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

El ver Amor tan pequeño
materia ha dado a mis dudas;
porque siendo tan antiguo
cuanto ha que el mundo es amante, 90
ya pudiera ser gigante;
pero después que averiguo
que entra por la vista Amor,
y que tan pequeña puerta
la entrada hace más incierta, 95
cuanto es el que entra mayor,
no me causa espanto el ver
que a ser niño Amor se aplica;
pues se desnuda y achica,
Clavela, para caber 100
mejor, pequeño y desnudo,
por entrada tan estrecha.
Pues si el Conde se aprovecha
de las armas, cuando pudo
dejar marciales despojos, 105
y pide en la vista entrada,
no es bien que entre con la espada,
que me sacará los ojos.
Amor, Clavela, es ladrón;
siempre se entra sin rüido, 110
y así del Conde atrevido
venganza me dará Otón,
en quien miro, te prometo,
un gallardo capitán,
un cortesano galán, 115
un secretario discreto,
y un...
 
(Aparte.)
 
¿Dónde vais? Deteneos
pensamientos mal nacidos,
que os arrojáis atrevidos
tras desbocados deseos, 120
que os tienen de despeñar.


CLAVELA

Por la parte que me cabe
de que Vuexcelencia alabe
mi hermano; a poderle dar
la corona de Alemaña, 125
honrándose en su cabeza,
aumentara su grandeza;
aunque después que de España
vino Otón tan mejorado
en valor y cortesía, 130
discreción y gallardía,
la merced con que le ha honrado
Vuexcelencia, la merece.


<<<
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Escena II
Pág. 045 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

Es muy sazonado Otón;
muy buena conversación 135
tiene...

(Aparte.
 
Y muy bien me parece.)
Holgárame de saber
qué dama es la que entretiene
sus penas, por ver si tiene
tan buen gusto en escoger 140
como en lo demás.


CLAVELA

¿Quién duda
que no querrá ser Otón
en la mejor perfección
imagen compuesta y muda?
No creo que el pensamiento 145
tan divertido tendrá,
que algún tiempo no tendrá
para algún atrevimiento
digno de tan buen sujeto:
pero Otón es tan callado, 150
que hasta ahora no ha pagado
censo a nadie su secreto.

(Aparte.)
 
Mucho se informa de Otón
la Condesa, y la eficacia
con que conserva su gracia, 155
unos dejos de afición
descubre de cuando en cuando.
Celos, si sois adivinos,
sospechando desatinos,
la verdad vais apurando. 160


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Escena II
Pág. 046 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

(Aparte.
 
Mucho, Amor, manifestáis
mi fuego; pues sois su centro,
alma, amad puertas adentro.
¿Para qué lo pregonáis?
Pero sois fuego que apura 165
verdades contra el sosiego
y diréis que nunca el fuego
supo profesar clausura.
Divertir quiero a Clavela
no sospeche que amo a Otón.) 170
Si en materia de afición
cursara el Conde la escuela
de cortesía, y dejara
las armas, pudiera ser
que mereciera vencer, 175
y mi rigor se ablandara;
que no me pareció mal
cuando desde las almenas,
dando vidas a sus penas,
de muro hizo tribunal. 180
Buen talle tiene.


CLAVELA

(Aparte.

Eso sí.)
¿Qué, tan bien te pareció?


CONDESA

Después que el Duque murió,
no casarme prometí;
pero esto de no tener 185
herederos...


CLAVELA

Deja achaques;
que cuando sin ellos saques
a la luz tu amor, merecer
puede el conde Casimiro
que digas te ha desvelado 190
más de una vez, y que has dado
por él más de algún suspiro.


CONDESA

No tanto.


CLAVELA

¿Por qué razón?
¿Hay más gallardo sujeto,
más valiente, más discreto? 195


CONDESA

Sí,
Clavela.


CLAVELA

¿Quién?


CONDESA

Otón.


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Escena iI
Pág. 047 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

¿Otón más que el Conde?

(Aparte.)
 
¡Ay cielos!


CONDESA

(Aparte.)

Desvelos, ¿queréis callar?
Qué, ¿no os puedo refrenar?


CLAVELA

(Aparte.)

Despertad otra vez, celos. 200


CONDESA

Si ello va a decir verdad,
bien quiero al Conde, Clavela;
lo demás todo es cautela:
yo le tengo voluntad;
y si desdén le he fingido 205
es porque el Conde en rigor
no diga, pudiendo Amor,
que Marte me dio marido.
Esto sólo me hace esquiva,
pues si me viene a vencer, 210
no me tendrá por mujer,
sino sólo por cautiva.
Por esto deseo que Otón
le venza y traiga a mis ojos,
y entre soberbios despojos 215
humille su presunción.
Podrá ser que entonces pruebe
dichas, que ahora no es justo,
porque agradezca a mi gusto
lo que a sus armas no debe. 220
Esto es verdad, en rigor.


CLAVELA

Tu deseo veas cumplido.


CONDESA

No piense, si no es vencido,
verse el Conde vencedor.


CLAVELA

(Aparte.)
 
Alguna satisfacción 225
tenéis ya, niño tirano.
¡Que me dé celos mi hermano!


CONDESA

¡Que quiera yo bien a Otón!

(Suenan cajas.)


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Escena III
Pág. 048 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


Soldados,
PINABEL, LIBERIO, CHINCHILLA,
y detrás con bastón, DON RODRIGO.
-La CONDESA, CLAVELA,
que se sienta en el suelo.
  
DON RODRIGO

Ya el conde Casimiro ha levantado
el cerco, excelentísima señora, 230
no voluntariamente, mas forzado
de vuestra suerte, siempre vencedora.
La vuelta da a su tierra, castigado
como merece, quien os cercó ahora,
de armas, mereciendo esa belleza 235
cercos de oro que ciñan la cabeza.
El deseo que anima mi ventura,
para que os sirva ardides me ha ofrecido
con qué rendir al Conde, que procura
esposa conquistada, amor vencido. 240
Salí amparado de la noche escura,
que apadrina al amante prevenido,
y a la puerta que el mar combate a besos,
mil hombres embarqué, diez tiros gruesos.
Fue Pinabel su capitán valiente, 245
si cortesano en paz, diestro en la guerra;
y alargándose en par circularmente
dos millas de distancia, saltó en tierra.
Sacó las piezas luego, echó la gente,
y por las faldas de una cana sierra 250
marchó hacia el campo, las banderas bajas,
sin dar licencia a vocingleras cajas.
Un hora antes que el alba pise flores
llegó a vista del campo; a quien incita
el sueño con quiméricos vapores; 255
y como Gedeón al madianita,
al son de las trompetas y atambores,
«Viva Diana, la Condesa», grita,
escupiendo las piezas de campaña
pelotas para chazas desta hazaña. 260
El campo cercador y ya cercado,
de Casimiro (digo yo) despierto
(que no duerme el amante descuidado),
con más voces y gritos que concierto,
a la defensa acude alborotado, 265
que para más temor, tuvo por cierto
que el Duque vuestro hermano a socorreros
venía, dando acero a sus aceros.
Yo entonces, que aguardaba prevenido
en la ciudad al venturoso efeto, 270
abro las puertas, la campaña mido,
al enemigo ejército acometo.
De franjas de oro guarnecía el vestido
a Flora hermosa el dios pastor de Admeto,
cuando entre sangre, muertos y alboroto, 275
vio el Conde, no su amor, su campo roto.
En fin huyó, dejándose a los ojos
del mismo sol, cubierta la campaña
de muertos, de banderas, de despojos,
testigos nobles desta ilustre hazaña. 280
Así el amor castiga los enojos
que el Conde os dio, quedando en Alemaña
publicando la fama sus delitos;
que también tiene amor sus sambenitos.


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Escena III
Pág. 049 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

Otón, a vuestros hechos inmortales 285
la fama ofrezca plumas y pinceles,
si para celebrallos son iguales
versos de Homero, imágenes de Apeles;
que cívicas coronas y murales,
de grama, de oro, robles y laureles, 290
no bastan a premiar vuestra persona,
si mis brazos no os sirven de corona.

(Abrázale.)
(Aparte.)
 
¡Ay amor!, deteneos, que los lazos
rompéis del alma, donde os tuve preso.


DON RODRIGO

Si mi cuello coronan vuestros brazos, 295
los premios, las coronas intereso
de la triunfante Roma. Estos abrazos,
¿qué triunfos no aventajan?


CLAVELA

(Aparte.)
 
Pierdo el seso,
celos rabiosos: ¡Nunca Otón viniera,
si en daño mío tal favor espera! 300


DON RODRIGO

A Pinabel se debe, gran señora,
esta vitoria.


CONDESA

Ya yo sé que tengo
en él un gran vasallo, y desde ahora
premios de amor que goce le prevengo.
Pues a Clavela por esposa adora, 305
ella le premie.


PINABEL

A suplicaros vengo
que a su hermano mandéis que acorte plazos,
pues no quiero más premio que sus brazos.


CONDESA

Alcaide de Albarreal quiero que sea
Pinabel desde hoy.


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Escena III
Pág. 050 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


PINABEL

¡Mercedes tantas, 310
gran señora!


CONDESA

A Clavela doy la aldea,
en dote, de Belflor.


CLAVELA

Ya te adelantas
a Cleopatra magnífica.

(Aparte.)
 
No vea
mi amor en su poder, estrellas santas,
Pinabel en su vida, o de la mía 315
el curso corte en flor la muerte fría.


CONDESA

Liberio, que tal hijo nos ha dado
para defensa nuestra y honra suya,
será gobernador de mi condado,
porque en sus canas su valor se arguya. 320


LIBERIO

Con que él os sirva a vos quedo yo honrado:
su dicha a vuestra fama se atribuya.


CONDESA

Y a vos, que de valor sois un trasunto,
os quiero yo pagar. Otón, por junto.
Pensando estoy qué os dar.

(Aparte.)
 
¡Ay, quién pudiera 325
hacerle de mí misma eterno dueño!


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Escena III
Pág. 051 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

Del sol hermoso la dorada esfera,
no os sirviendo, será premio pequeño.


CONDESA

(Aparte.
 
Quiero huir de mí misma; qué ligera,
por los ojos el alma ardiente enseño.) 330
Venid, porque Momblán, Otón, os goce,
pues por su defensor os reconoce.


CHINCHILLA

¿Pues cómo? ¿De Chinchilla no hay más cuenta,
que en esta guerra desplumó la fama?


CONDESA

¿Pues qué habéis hecho vos?


CHINCHILLA

Eso me afrenta. 335
Quité ayer los cordeles a mi cama,
y juntando seis mil ciento y sesenta
chinches que, como celos a quien ama,
pican, marchando fui (¡gran maravilla!),
con tanta chinche, el capitán Chinchilla. 340
Ellas y yo vencimos, y quisiera,
que en premio de ser yo tan gran soldado,
me hiciera Vuexcelencia...


CONDESA

¿Qué?


CHINCHILLA

Me hiciera
tabernero mayor deste condado.


DON RODRIGO

Necio, vete de ahí.


CONDESA

(Aparte.)
 
¡Ay!, ¡quién pudiera, 345
Otón, hacerte conde! ¡Que a un criado
tenga yo amor! El verle me enloquece;
mas es bizarro Otón: bien lo merece.

(Vanse todos,
menos DON RODRIGO y CHINCHILLA.)}}


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Escena IV
Pág. 052 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
DON RODRIGO

¡Ay Chinchilla!, si en los ojos
el amor su idioma tiene, 350
y a quien a mirallos viene
habla regalos o enojos;
y en las amorosas dudas
son sus niñas hechiceras,
cuando callan, más parleras, 355
porque hablan por señas mudas;
ya la condesa Diana
(leyendo sus bellos ojos)
me ha dicho cosas por ellos
divinas. No hay lengua humana 360
tan discreta y elegante,
aunque a la de Tulio exceda,
que en un año decir pueda
lo que ellos en un instante.
¡Qué de cosas me ha advertido! 365
¡Qué de regalos me ha hecho!
¡Qué bien me mostró su pecho!
¡Qué bien me ha favorecido!
Loco estoy.


CHINCHILLA

Mira que son
quimeras todas y antojos. 370


DON RODRIGO

Si hay retórica en los ojos
con colores de afición,
yo sé bien que no me engaño:
lenguaje es este de amor.


CHINCHILLA

Basta, que eres Galaor. 375
Bien habrás mudado hogaño
cien damas. ¿Qué yerbas pisas?
¿Quién te ha vuelto camaleón?
En un año ciento son
aun muchas para camisas. 380
¿No te estaba bien, Clavela,
mujer rica y principal,
en sangre y amor tu igual?
Que en sabiendo la cautela
con que finges ser su hermano, 385
y que eres en vez de Otón,
un castellano Girón,
del de Osuna el más cercano,
mienta yo, si no imagino
que olvidando a Pinabel, 390
te hiciera dueño en vez dél,
de su talle peregrino.
Vuelve a casa, pan perdido:
Clavela te está mejor.


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Escena IV
Pág. 053 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

No menosprecio su amor, 395
pues que tengo entretenido
a Pinabel; mientras sé
si me tiene voluntad
la soberana beldad
de la Condesa, podré 400
contemporizar, Chinchilla,
con Clavela.


CHINCHILLA

¡Plegue a Dios
que no volvamos los dos
tresquilados a Castilla!
Ya es de noche.


DON RODRIGO

No es posible 405
que pueda dormir quien ama.
Al terrero de mi dama,
no en la cama aborrecible,
me tiene de amanecer.
Dame otra capa y sombrero. 410


CHINCHILLA

¿No quieres cenar primero?


DON RODRIGO

No, Chinchilla.


CHINCHILLA

¿Sin comer
amar? ¡Lindo desvarío!
Tú te pondrás presto flaco,
porque sin Ceres ni Baco 415
dicen que amor tiene frío.

(Vanse.)


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Escena V
Pág. 054 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


Plaza delante del palacio de la CONDESA.
-Noche.
  
CASIMIRO, FLORO.
  
CASIMIRO

Floro, en vano me aconsejas:
si a la muerte de un rigor
estoy, ¿no será mejor
morir delante estas rejas? 420
Oiga este muro mis quejas,
pues aquestas piedras frías
a mis malogrados días
obsequios haciendo están:
quizá las ablandarán 425
las tristes lágrimas mías.


FLORO

Refrena el atrevimiento
con que en las manos te pones
de Diana.


CASIMIRO

En sus prisiones
moriré, Floro, contento. 430
Entre estas piedras intento
escoger sepulcro igual
a mis penas, Floro leal,
para que mi ingrata bella
conozca que si no en ella, 435
en piedras hacen señal.
Palma ingrata, cuyo fruto
no goza el dueño en su vida,
¿por qué, si sois homicida,
dando muerte os ponéis luto? 440
¿Por qué no pagáis tributo
a amor, cuyo tribunal
tiene imperio universal?
¿Cómo puede, ingrata, ser
que tenga en todos poder, 445
y en vos nunca, por mi mal?


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Escena VI
Pág. 055 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA, a una ventana del palacio.
-CASIMIRO, FLORO.
  
CLAVELA

En vano, locos desvelos,
prueba a dormir mi temor;
que no tiene mucho amor
quien puede dormir con celos. 450
¡Que me hayan dado los cielos
un mal con pensión tan fiera,
que aunque sin remedio muera,
no me consientan hablar
a quien me pueda quejar 455
que estoy enferma siquiera!
Mi hermano me tiene loca
de amor y celos: ¿no es mengua,
Amor, que os ate la lengua,
y os tape el temor la boca? 460
Quejándose, el fuego apoca
de la fiera calentura
el enfermo que procura
sanar; mas ¡ay suerte avara!
que mal que no se declara, 465
difícilmente se cura.
¿Con qué cara será justo
que me atreva a declarar
con mi hermano? No ha lugar;
pensarlo me causa susto. 470
¿Es bien pagar tal pensión,
mi ciega y nueva pasión?
Decilde vosotros, ojos,
la causa de mis enojos;
que la lengua no es razón. 475


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Escena VI
Pág. 056 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CASIMIRO

Los acentos de unas quejas
oigo, Floro, a una ventana
del palacio de Diana.


FLORO

Suyas son aquellas rejas.
Quejarase, desvelada, 480
entre sus damas alguna,
contra el amor y fortuna,
o celosa, o desdeñada.


CASIMIRO

Pues déjamela escuchar
que si desdichas ajenas 485
disminuyen propias penas,
los dos podremos llorar
a versos la tiranía
deste amor, que puede tanto;
que hasta en la pena y el llanto 490
consuela la compañía.


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Escena VI
Pág. 057 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

(Aparte.)
 
Hablar siento en el terrero;
saltos me da el corazón.
¿Si adivina que es Otón,
y muere del mal que muero? 495
La Condesa le ha mirado
con tan eficaz afeto,
que si al paso que es discreto,
es Otón considerado,
ya habrá su amor conocido; 500
y no pienso yo de Otón
que perderá la ocasión,
favorable al atrevido.
¿Si le quiere bien? Querrá,
y tras querer bien, ¿quién duda 505
que amante al terrero acuda,
si ya entre los dos no está
concertado que a estas horas
la venga a este puesto a hablar?
Mi mal quiero averiguar. 510
¡Ay sospechas embaidoras!
Caminante que anda a escuras,
astrólogo que experiencias
conoce por consecuencias,
médico por conjeturas, 515
en vano pienso que trazo
averiguar mis desvelos;
que de ordinario los celos
ven por tela de cedazo.


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Escena VII
Pág. 058 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO, de noche;
CHINCHILLA. -CLAVELA, CASIMIRO, FLORO.
  
DON RODRIGO

(Hablando con su criado sin reparar en nadie.)
 
Chinchilla, aguárdame aquí. 520


CHINCHILLA

¿Con qué brasero a los pies?
¿Piensas tú que Flandes es
Madrid o Sevilla? Di.
En mayo estamos, y nieva
como por la Candelaria. 525


DON RODRIGO

Siempre has de ser de contraria
opinión.


CHINCHILLA

Párate y prueba.
¿Tú no ves con cuánta prisa
el cielo a la tierra llana,
porque es domingo mañana, 530
la está vistiendo camisa?
Los hielos ¿no te congojan,
ni el ver que aquí a todas horas
son las nubes cardadoras?
Mira los copos que arrojan; 535
mira asomar, por gateras
de nubes despedazadas,
estrellas, de puro heladas,
temblando. ¿No consideras
tú cuál están, señor mío? 540
Pues cree que aunque estrellas sean,
parece que centellean,
y es que tiritan de frío.


CASIMIRO

Gente ha venido al terrero.
¡Válgame Dios!, ¿quién será? 545


FLORO

Rondantes tenemos ya.


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Escena VII
Pág. 059 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CASIMIRO

Apártate aquí, que quiero
saber, Floro, si la dama
que se quejaba, le espera,
y quién es él.


FLORO

Considera, 550
señor, que a la puerta llama
del alba el sol.


CASIMIRO

No amanece.
¿No dejaste el barco atado?


FLORO

Junto a este muro bañado
del mar, que besos le ofrece. 555


CASIMIRO

Déjame ahora, que presto,
dando los remos al mar,
nos pueden asegurar.
  
(Apártanse los dos.)}}
  

DON RODRIGO

Despejado me han el puesto.
No les debe de importar 560
este sitio lo que a mí.


CLAVELA

¡Ay!, ¡si fuese Otón!


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
Yo oí
de una reja a Otón nombrar.
¡Cielos!, ¿hay dicha mayor?


CHINCHILLA

(Aparte.)
 
¡Pese a los hielos judíos! 565
Tiritando con dos fríos,
de la nieve y del temor,
¡y alcahuete centinela!

(Paséase.)
 
Eso sí; pasear y dalle,
por no pasmarme en la calle, 570
pues no he cenado cazuela.


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Escena VII
Pág. 060 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.
 
¿Qué dudo? ¿No puede ser
que sea la Condesa? No.
¿Si me quiere? ¿Qué sé yo?
¿No soy hombre? ¿No es mujer? 575
Llego.)
¡Ah de arriba!


CLAVELA

¿Quién llama?


DON RODRIGO

Otón, que ausente merece
que dél se acuerden.


CLAVELA

(Aparte.)
 
Parece
que es mi hermano.


DON RODRIGO

¿Si es mi dama?


CLAVELA

¿Sois vos, Otón?


DON RODRIGO

Sí, señora. 580
Vos, ¿quién sois?


CLAVELA

Mirad primero
qué gente está en el terrero.


DON RODRIGO

Dos estaban aquí ahora;
pero o se fueron, o yo
con la mucha escuridad, 585
no alcanzo a vellos.


CLAVELA

Llegad.
Más cerca.


DON RODRIGO

¿Que mereció
esta suerte mi ventura?
¿Que esto mi amor interesa?

(Aparte.)
 
Sin duda que es la Condesa. 590


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Escena VII
Pág. 061 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

¡Cómo! ¿En noche tan escura,
rondando vos? Mucho gana
conmigo vuestra opinión.
Buen amante hacéis, Otón.


DON RODRIGO

En palacios de Dïana, 595
nunca falta luz, señora.


CLAVELA

Agora no hay luz ninguna;
que está enlutada la luna
por el sol que muerto llora.


DON RODRIGO

¡Ay!, ¡quién pudiera enjugar 600
sus lágrimas!


CLAVELA

¿Vuestra dama
tan pocas por vos derrama,
que os deseáis ocupar
así en lágrimas ajenas?


DON RODRIGO

A merecer yo saber 605
quién sois vos, pudiera ser
que os declararan mis penas
si son ajenas o no
las lágrimas que deseo
enjugar.


CLAVELA

A lo que veo, 610
la dama que os mereció,
es dama de la Condesa.


DON RODRIGO

Tan su querida, que alcanza
harto más que mi esperanza.


CLAVELA

Si queréis que en esta empresa 615
os sirva yo de tercera...


DON RODRIGO

Nunca admite en su favor
tercero el juego de amor.
Pero para que no muera
del deseo que me abrasa, 620
¿quereisme vos declarar
quién sois?


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Escena VII
Pág. 062 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

No os ha de importar.
Una dueña de su casa.


DON RODRIGO

Dueña, porque la señora
sois desta casa.


CLAVELA

Eso no. 625


DON RODRIGO

¡Pluguiera a Dios, como yo
os conozco a vos ahora,
quisiésedes conocer
vos un pecho agradecido!


CLAVELA

¡Qué mal me habéis conocido! 630
La Condesa no es mujer
que a tal hora había de estar
en ventanas del terrero,
siendo viuda.


DON RODRIGO

Yo no quiero
la ocasión averiguar; 635
pero a veces el león
huye cuando no le ven;
y la Condesa también
conservará su opinión
en público; pero a solas, 640
¿qué perderá porque aquí
se divierta?


CLAVELA

¿Hácenlo así
las viüdas españolas?


DON RODRIGO

Españolas y alemanas.
¿Queréis no hacerme penar? 645


CLAVELA

¿Pues habíaos yo de hablar
de noche por las ventanas,
si la que vos pensáis fuera?


DON RODRIGO

Y aun por ver que lo negáis,
más mi sospecha aumentáis. 650


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Escena VII
Pág. 063 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA

Ahora bien, Otón, no quiera
el cielo que a quien me ha dado
vitoria y libertad hoy,
tenga suspenso. Yo soy
la condesa deste estado. 655


CASIMIRO

(Aparte con FLORO.)
 
¡Ay Floro! ¿No escuchas esto?
Sin duda tiene afición
la ingrata condesa a Otón.
Él me ha vencido, él me ha puesto
en este estado. ¿Será 660
justo que le demos muerte?


FLORO

Señor, tu peligro advierte.


CASIMIRO

No hay temer peligros ya.
Con las alas del batel
volveremos por el mar: 665
la noche nos da lugar,
y prisa el odio cruel
que a Otón tengo.


FLORO

Espera un poco;
satisfácete primero
de a quién ama.


CASIMIRO

Si eso espero, 670
fuerza será el verme loco.


DON RODRIGO

No en balde el alma adivina,
contra la sospecha vana,
hermosísima Diana,
conoció la luz divina 675
que eclipsa el funesto luto
que traéis.


CLAVELA

Nuevos cuidados,
para el sosiego pesados,
han usurpado el tributo
que al descanso paga el sueño. 680
No puedo pegar los ojos.


<<<
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Escena VII
Pág. 064 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

¡Ay! ¿Quién de aquesos enojos
supiera quién es el dueño?
¿Queréis decírmelo a mí?


CLAVELA

Vos la ocasión de mi bien 685
sois, y de mi mal también.


CASIMIRO

¿Esto escucho?


DON RODRIGO

¿Cómo así?


CLAVELA

De mi bien, porque vencido
habéis al Conde, que a amor
quiere obligar con rigor, 690
sabiendo que el bien nacido
con halagos y blandura
se deja mejor llevar;
de mi mal, porque el penar
que al Conde distes, procura 695
desvelarme como veis.


DON RODRIGO

¿Pesar del Conde os desvela?


CLAVELA

Con vos no ha de haber cautela;
y pues ya lo más sabéis,
¿veis el aborrecimiento 700
que al Conde he mostrado, Otón?
¿Veis que arriesgo mi opinión,
huyendo su casamiento,
rebelde, por resistir
las armas con que pretende 705
el amor con que me ofende?
Pues más hago en reprimir
desvelos que han de vencer
al cabo.


CASIMIRO

¡Ay piadosos cielos!
¿Esto es verdad?


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Escena VII
Pág. 065 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.
 
Viles celos, 710
¿esto venimos a ver,
y me dejáis con la vida?
¡Ay esperanza engañada,
tan despacio conservada,
y tan aprisa perdida!) 715
Pues si queréis bien al Conde,
y su valor y grandeza
con vuestro estado y riqueza
igualmente corresponde,
señora, y el duque Arnesto, 720
vuestro hermano, os ha pedido
que le admitáis por marido;
siendo el medio tan honesto,
¿por qué le habéis despreciado,
y vuestro rigor le ofende? 725


CLAVELA

Porque por armas pretende
lo que se ha de hacer de grado.
Amor se cobra por plazos
(como censo), por desvelos,
suspiros, penas, recelos; 730
pero no a fuerza de brazos;
que es dios, y ha de poder más.
Si el Conde querer supiera,
menos armado viniera;
que no se rindió jamás 735
Cupido a Marte, y es loco
quien inquieta su sosiego;
que amor, del modo que el fuego,
se introduce poco a poco.
A fe que si por despojos 740
de vuestra vitoria, Otón,
en prueba de su afición,
trujérades a mis ojos
al Conde preso y rendido,
que sospecho de mi amor 745
que viéndose vencedor,
se sujetara al vencido.
¡Ay Otón!, si en lugar vuestro
el Conde me oyese...


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Escena VII
Pág. 066 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CASIMIRO

(Aparte a FLORO.)
 
Floro,
¿diré a voces que la adoro? 750
¿Daré del gozo que muestro
señales? ¿Diré quién soy?


FLORO

Calla.


CASIMIRO

¿Qué espero?, ¿qué aguardo?


CLAVELA

¿Hay príncipe más gallardo
que el Conde en el mundo hoy? 755
Del Imperio es eletor,
y pretendiente también.


DON RODRIGO

En fin, vos le queréis bien,
que es la ventura mayor.

(Aparte.)
 
¡Ay de mí!


CHINCHILLA

(Aparte.
 
¡Que el cielo esté 760
echando chuzos aquí,
y se estén los dos así,
sin por qué ni para qué!
Maldiga Dios tal paciencia.
Aquesto va muy despacio; 765
alborotar a palacio
quiero, fingiendo pendencia.
Meto mano.) Perro, advierte

(A voces, dando cuchilladas al viento.)
 
que es de Chinchilla esta espada.
¡Muere! -Desta cuchillada, 770
le espeto. -¡Ay! -Dile la muerte.


CLAVELA

¿Qué ruido es este? ¡Ay cielos!


CHINCHILLA

¡Muera!

(Vase.)


CLAVELA

Otón, mirad por vos,
y guardad secreto.


DON RODRIGO

Adiós.

(Vase.)


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Escena VIII
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El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CLAVELA, a la ventana;
CASIMIRO, FLORO.
  
CLAVELA

Yo he dado gentiles celos 775
a Otón, y quizá por ellos
mudará de parecer;
que no querrá pretender
de Diana los ojos bellos,
compitiendo con el Conde; 780
mas ¿qué os aprovecha, Amor,
el ser vos enredador,
si un imposible os responde
que no puedo, aunque a mi hermano
adore, ser su mujer? 785
Mas diréis que queréis ser
el perro del hortelano.

(Quítase de la ventana.)


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Escena IX
Pág. 068 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CASIMIRO, FLORO.
  
CASIMIRO

¿De qué sirve el encubrirme?
¡Ah mi condesa!, ¡ah mi bien!
Luz esos ojos me den. 790
El Conde soy; a rendirme
vengo a esos pies. Yo fui necio
en pretender conquistaros
por armas: con adoraros
por sol de divino precio, 795
con veros no más, Diana,
pudiera alegre vivir;
sólo por mí sé decir
que fue cólera alemana.
Mas, mi bien, yo aguardaré 800
desde aquí, si he sido loco,
un año, un siglo, y es poco.


FLORO

Aqueso, sí; cansaté;
que un hora ha que se quitó
de la reja la Condesa. 805


CASIMIRO

Oh muros, ¿cómo no os besa
quien en vosotros oyó
tal favor? Oh rejas mías,
cera sois, no hierro duro.


FLORO

Deja las rejas y el muro, 810
y mira que desvarías.


CASIMIRO

Si la Condesa ha propuesto,
viéndome a sus pies rendido,
darme nombre de marido,
volvereme al duque Arnesto, 815
y pedirele perdón;
y cuando me le conceda,
procuraré que interceda
con la Condesa. Razón
será que a los bellos pies 820
de Diana humilde pida,
o que me quite la vida,
o lo que más cierto es,
me dé con Oberisel
la gloria que merecí. 825


FLORO

¿Quieres que nos vamos?


CASIMIRO

Sí.
Desata, Floro, el batel.
¿Qué intenté con mano armada
venceros, viuda constante?
¡Mal haya, amén, el amante 830
que quiere mujer forzada!
  
(Vanse.)


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Escena X
Pág. 069 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO, CHINCHILLA.
-CASIMIRO, dentro.
  
DON RODRIGO

¡Vive Dios!, si no mirara
el amor que me has tenido
y lo mucho que te debo,
loco, necio, sin jüicio, 835
que te cortara las piernas,
y sirvieras de castigo
y venganza a mis agravios.


CHINCHILLA

¿Así se pagan servicios?
¿Qué te he hecho?


DON RODRIGO

¿Qué, cobarde? 840
Fingir, borracho o dormido,
cuando estoy con la Condesa,
pendencias vanas.


CHINCHILLA

¡Bonito
soy yo para fingimientos!
¿Qué había de hacer, si vino 845
al encuentro...?


DON RODRIGO

¿Quién, borracho?
Dilo presto.


CHINCHILLA

Vino el vino,
o un gigante con cien pies,
doce brazos, mil colmillos,
seis gaznates, diez quijadas, 850
un ojo, y tres colodrillos.
Díjome: «Suelta la capa».
Respondile yo: «Hace frío».
Diome una coz, y dejome
la chinela en el ombligo; 855
eché mano...


DON RODRIGO

Calla, infame.


CASIMIRO

(Dentro.)
 
Adiós, palacios propicios,
donde vive mi condesa;
que antes de un mes Casimiro
será su dichoso dueño. 860
Boga, Floro.


DON RODRIGO

¡Ay Dios! ¿Qué he oído?
¿Dijo «Casimiro»?


CHINCHILLA

Sí,
«Casimiro» la voz dijo.


DON RODRIGO

¿Luego Casimiro ha estado
aquí?


CHINCHILLA

¡Y cómo! Todo ha sido 865
encantamentos; que andan
estantiguas o estantiguos.


DON RODRIGO

¿Si vino a hablar la Condesa,
llamado, el Conde atrevido?
Mas pues aquí le aguardaba, 870
llamado por ella vino.
¡Oh altanera presunción!
¡Qué presto por vos imito
a Luzbel en el caer
de la altivez de mí mismo! 875


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Escena XI
Pág. 070 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


La CONDESA, a la ventana.
-DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
CONDESA

(Aparte.)
 
Voces oigo en el terrero,
y a esta ventana he sentido
hablando no sé yo a quién.
Desvelos y desatinos
engañan mi pensamiento. 880
¿Cómo, Amor, si os pintan niño
no dormís? ¿Cómo si viejo
tenéis de mozo los bríos?


DON RODRIGO

Alto, pensamientos locos,
hagamos cuenta que ha sido 885
lo que por mí pasó, un sueño;
de la memoria os despido.
La Condesa es muy discreta;
Casimiro, el conde, digno
de su hermosura y Estados; 890
gócense años infinitos;
que a Clavela por hermosa,
por hija de un padre rico,
por discreta y principal,
desde aquí otra vez elijo. 895
¿Declararele quién soy?
¡Ay cielos!


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Escena XI
Pág. 071 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

Entre suspiros
oigo quejas lastimadas,
aunque el porqué no percibo.
¿Quién será? ¡Válgame el cielo! 900


CHINCHILLA

Escucha; que aún no se ha ido
tu dama de la ventana;
que la luz que por resquicios
de nubes nos da la luna,
nos muestra lejos y visos 905
de una dama en embrión.


DON RODRIGO

¿Mi dama? ¿Qué dices?


CHINCHILLA

Digo
que habemos de amanecer
como besugos.


DON RODRIGO

Si es ido
el Conde, ¿qué aguardará 910
la Condesa?


CHINCHILLA

Un romadizo.

(DON RODRIGO se acerca a la ventana,
y CHINCHILLA se arrima a una pared.)


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Escena XI
Pág. 072 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

¡Ah de la reja!


CONDESA

¿Quién llama?


DON RODRIGO

¿Cómo habéis desconocido
a Otón, que ahora os hablaba?
¡Tanto rigor!, ¡tanto olvido! 915


CONDESA

(Aparte.)
 
¡Otón aquí y a tal hora
y que hablaba en este sitio
con dama de mi palacio!
¿Qué es aquesto, celos míos?
Fingirme Clavela quiero. 920
Amor, ¿tan en los principios,
en celos vais dando de ojos?
¿Qué haré yo, pobre, que os sigo?


DON RODRIGO

¿Ya, señora, no me habláis?


CONDESA

Si no os hablo, hermano mío, 925
es porque estoy enojada
con vos, y mucho he sentido
que con vuestras dilaciones
Pinabel pierda el sentido,
entre esperanzas dudosas. 930
Perdonadme si esto os digo;
que la vergüenza a la noche
licencia, Otón, ha pedido.


DON RODRIGO

¡Cómo!, ¿pues sois vos Clavela?


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Escena XI
Pág. 073 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

Clavela soy, que he venido 935
a entretener esperanzas
de quien padece el martirio
de un año de noviciado,
sin ser en amor novicio.
Aquí a Pinabel espero. 940


DON RODRIGO

¿Quereisle mucho?


CONDESA

Infinito;
que es muy galán Pinabel,
muy discreto y bien nacido.


DON RODRIGO

Alto, pues; si eso es así,
desde aqueste lugar mismo 945
me parto, por desdichado,
al desierto del olvido;
mas porque sepáis primero
las desgracias que han seguido
mi suerte desde la cuna, 950
(¡ojalá que hubiera sido
mi sepulcro juntamente!)
Yo no soy (verdad os digo),
no soy vuestro hermano Otón.


CONDESA

¡Cómo! ¿Estáis en vos?


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Escena XI
Pág. 074 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


DON RODRIGO

Perdido 955
estoy; mas esto es verdad.
Madrid, corte de Felipo,
Clavela, es mi patria ingrata,
y mi nombre don Rodrigo
Girón; de reyes desciendo, 960
no obstante que el cielo quiso
hacerme tan desdichado,
señora, cuan bien nacido.
Tengo un hermano mayor
con un mayorazgo rico, 965
de quien cobraba alimentos
muy cortos y muy reñidos.
Tratábame mal mi hermano;
sufrile mil desatinos,
por ser menor y más pobre; 970
mas como no es infinito
el sufrimiento en un hombre,
acabose en fin el mío;
descompúsose una vez
demasiado; reñimos, 975
sin ser bastantes terceros;
con que dejándole herido,
fue fuerza salir de España,
pobre y desapercebido.
Vine a Flandes confiado 980
en cartas de deudos míos
para el archiduque Alberto;
llegué a Momblán de camino;
tuvísteme por Otón,
que si me es tan parecido 985
en desdichas como en cuerpo,
poco su fortuna envidio.
Porfïastes de manera,
Liberio, que era su hijo,
y vos que era vuestro hermano, 990
que obligado y persuadido
de porfías y pobrezas,
la necesidad me hizo
contemporizar con todos.
Yo, Clavela, os he querido 995
de modo, que he dilatado
la boda, como habéis visto,
de Pinabel, siendo yo
aquel caballero mismo
que fingí esperar de España; 1000
bien que intentos atrevidos
me prometieron quimeras,
que por serlo, no las digo.
Pero pues a Pinabel
amáis, como me habéis dicho, 1005
y yo que soy caballero,
engañaros no permito,
a España quiero volverme;
que si en ella y aquí he sido
desdichado, mal por mal, 1010
moriré entre mis amigos.
Adiós, mi fingida hermana.


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Escena XI
Pág. 075 de 118
El castigo del penseque Acto II Tirso de Molina


CONDESA

Esperad.

(Aparte.
 
¡Cielos benignos!
Detenédmele.) No os vais;
que ya seáis don Rodrigo, 1015
como decís, o ya Otón,
con juramento os afirmo
de no amar a Pinabel;
antes si sé y averiguo
que no soy hermana vuestra 1020
os daré de esposo mío
mano y palabra, a pesar
de desdichas y peligros.


DON RODRIGO

Clavela, ¿será esto cierto?


CONDESA

Como el volar sucesivo 1025
el tiempo: como el correr
para su centro los ríos.


DON RODRIGO

Pues, querida esposa, adiós.


CONDESA

Adiós, esposo querido.
Fingid que sois vos mi hermano. 1030


DON RODRIGO

Sólo en amaros no finjo.


CONDESA

(Aparte.)
 
Porque no se me ausentase,
quimeras le he prometido,
que no cumplirá Clavela,
si yo puedo.


DON RODRIGO

Dueño mío, 1035
adiós.


CONDESA

Adiós, mi español.

(Aparte.)

Amor, deste laberinto
me sacad.


DON RODRIGO

Chinchilla, vamos.


CHINCHILLA

Por Dios, que me había dormido.


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Escena I
Pág. 076 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


Sala de palacio.
  
La CONDESA, CLAVELA.
  
CLAVELA

Mucho madrugas.


CONDESA

Clavela,
tengo bastante ocasión.


CLAVELA

(Aparte.)
 
Si es la que el alma recela,
cuidados serán de Otón,
que a mí también me desvela. 5


CONDESA

¿Qué dices?


CLAVELA

Que Pinabel,
en cuya ausencia suspiro,
es con mi sueño crüel,
como tú con Casimiro.


CONDESA

Hoy te has de casar con él. 10


CLAVELA

¡Cómo, señora!


CONDESA

No es justo
que Otón haga tanto daño
a la esperanza y al gusto,
que quiera que aguarde un año,
conociendo tú el disgusto 15
que causa su dilación.
Esto pide Pinabel.


CLAVELA

Sí; mas mira...


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Escena I
Pág. 077 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CONDESA

No es razón
que cuando tú seas Raquel,
quiera ser Labán Otón, 20
de un Jacob enamorado;
pues ni hay Lía, ni paciencia
ni es Otón suegro pesado;
aunque poca diferencia
irá de un suegro a un cuñado. 25
Yo he conocido el pesar
que a ti también te atormenta,
y acabas de confesar;
y pues corre por mi cuenta,
hoy te le pienso aliviar. 30


CLAVELA

Sí; mas ¿la palabra dada
a don Rodrigo Girón...?


CONDESA

¡Oh, lo que pecas de honrada!
En viniendo, dirá Otón
que fuiste por mí forzada 35
a casarte. -¿Dónde vas?


CLAVELA

Voy a traerte los guantes.


CONDESA

Hoy la mano le darás.


CLAVELA

(Aparte.)
 
Darela a la muerte antes.
Clavela, a morir; no hay más. 40

(Vase.)


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Escena II
Pág. 078 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


La CONDESA.

¿Que no ha de bastar valor
para resistir desvelos?
Pero entre espinas de celos,
¿cuándo sosegó el amor?
Quiero dormir, y es peor, 45
pues si goza mi cuidado,
durmiendo, el sabroso estado
que intenta mi atrevimiento,
despierto, y da más tormento
el bien después de soñado. 50
¿Que con fuerza tan extraña
un español me avergüence?
Pero ¿qué no rinde y vence
la gala y valor de España?
Si con una ilustre hazaña 55
no volvéis por vos, honor,
decilde a vuestro temor
que os ha un español rendido;
pues es honra del vencido
la opinión del vencedor. 60
¿No es noble el español? -Sí;
mas, ¡ay esperanza necia!
Quien a un príncipe desprecia,
¡se rinde a un vasallo así!
Yo me acuerdo que leí 65
que con ánimo constante,
a un león, a un elefante
rinde un pequeño animal:
venza, pues, con honra igual
a un loco conde mi amante. 70


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Escena III
Pág. 079 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO.
-La CONDESA.
  
DON RODRIGO

A que firme las libranzas,
que me mandó Vuexcelencia,
he venido a su presencia.

(Aparte.)
 
¡Ay difuntas esperanzas!


CONDESA

¿Libranzas traéis, Otón? 75

(Aparte.

¡Ojalá en ellas hallara
libranza yo, que librara
mi afligido corazón!)
¿Cómo venís tan temprano?


DON RODRIGO

Porque me han dicho, señora, 80
que por imitar la aurora,
al sol ganastes de mano,
levantándoos antes que él.


CONDESA

Otón, no puedo dormir.


DON RODRIGO

Tenéis mucho que advertir; 85
que el regir a Oberisel
no da cuidado pequeño.

(Aparte.)
 
Un mal tenemos los dos.


CONDESA

Dadme algún remedio vos,
si le sabéis, para el sueño. 90


DON RODRIGO

No le hay para esas ojeras,
sino es que le den los cielos,
porque no dan sueño a celos
jarabes de adormideras.


CONDESA

¿Celos yo?


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Escena III
Pág. 080 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

Quien tiene amor, 95
mal sin celos vivirá.
Como el Conde ausente está,
venturoso sucesor
de Duque, harán lo que suelen
los celos, que en los amores 100
pintan con falsos colores
pensamientos que desvelen
la más segura lealtad;
porque celos entre amantes
son como los caminantes, 105
que pocos cuentan verdad.


CONDESA

(Aparte.
 
Clavela le habrá contado
que amo al conde Casimiro.)
Otón, según lo que miro,
vos estáis escarmentado 110
del mal de los celos fiero.


DON RODRIGO

¿Yo celos, señora mía?


CONDESA

¿Que sirve callar de día
lo que de noche el terrero
sabe, y vos decís en él? 115


DON RODRIGO

¿Celos yo? No sé hasta aquí
de quién los tenga.


CONDESA

Yo sí.


DON RODRIGO

¿Vos? ¿De quién?


CONDESA

De Pinabel.


DON RODRIGO

¿No es amante de mi hermana?
¿Qué celos me puede dar? 120


CONDESA

No lleguemos a apurar
más verdades; que no es vana
aquesta imaginación,
aunque viváis con cautela.


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Escena III
Pág. 081 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¿Mas que le ha dicho Clavela 125
que no soy su hermano Otón?


CONDESA

Mañana se han de casar
ella y Pinabel, sin falta.


DON RODRIGO

¿Y si mi palabra falta?


CONDESA

Por mí, no importa faltar 130
una palabra.


DON RODRIGO

Hela dado
a don Rodrigo Girón,
caballero de opinión,
y a quien estoy obligado.


CONDESA

Vos, ¿no gustáis que se haga, 135
Otón, este casamiento?


DON RODRIGO

Quitando este impedimento,
justo es que se satisfaga
a Pinabel, que es mi amigo.


CONDESA

Pues si gustáis, Otón, vos 140
de que se casen los dos,
también gusta don Rodrigo.


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Escena IV
Pág. 082 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CLAVELA, con unos guantes en una salvilla.
-La CONDESA, DON RODRIGO.
  
CLAVELA

(Aparte al salir.)
 
¡Tan de mañana mi hermano
con la condesa!


CONDESA

¿Qué es eso?


CLAVELA

Los guantes son.

(Aparte.)

Pierdo el seso. 145


CONDESA

Salte allá fuera.


CLAVELA

(Aparte.)

¡Qué en vano
entre mis sospechas temo!
¡Ay ciego y desnudo dios!

(Da los guantes a la CONDESA y se retira.)


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Escena V
Pág. 083 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


La CONDESA, DON RODRIGO.
  
CONDESA

(Calzándose los guantes.)
 
Mucho me espanto de vos,
Otón, que siendo el extremo 150
de cortesía, no hayáis
en los ojos de una dama,
que sé yo que os quiere y ama,
visto lo que si estimáis,
os ha de estar más a cuento 155
que el amor que pena os da.


DON RODRIGO

Señora, de ayer acá
me ha mandado un pensamiento
que no dé crédito a ojos.


CONDESA

¿Por qué?


DON RODRIGO

Porque prometieron 160
lo que después no cumplieron,
dando principios a enojos.
Y mentir quien ama es mengua.


CONDESA

Pues vos, ¿cómo habéis sabido
que esos ojos han mentido? 165


DON RODRIGO

Porque lo dijo la lengua.


CONDESA

No tengo por discreción
dar a la lengua más fe
que a los ojos, pues se ve
por ellos el corazón. 170
Vos tenéis poca experiencia
en ciencia de ojos.


ON RODRIGO

Sí tengo,
gran señora, pues que vengo
a saber por experiencia
lo que al conde Casimiro 175
amáis.


CONDESA

¿En mis ojos?


DON RODRIGO

Sí:
en ellos su dicha vi.

(Aparte.)
 
Y en ellos mi muerte miro.


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Escena IV
Pág. 084 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CONDESA

Alto; pues vos lo habéis visto,
al Conde debo de amar. 180

(Aparte.
 
No quiero más declarar
el ciego amor que resisto.)
¿No es galán el Conde, Otón?


DON RODRIGO

Pues a vuestro amor se iguala,
¿qué más dicha?, ¿qué más gala? 185


CONDESA

Mudemos conversación.
No paséis más adelante.


DON RODRIGO

¿Qué querrá decir por esto
la Condesa?


CONDESA

No me he puesto
jamás tan estrecho guante. 190


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡En qué nueva confusión,
alma, volvemos a entrar!


CONDESA

No me le puedo calzar:
calzádmele vos, Otón.


DON RODRIGO

(Turbado.)
 
¿Yo, señora? Aqueso no; 195
que os burláis.


CONDESA

Acabad, necio,
que es el cordobán muy recio,
y no tengo fuerzas yo.


DON RODRIGO

Pues tal dicha he merecido,
gozarla y serviros quiero. 200

(Llega turbado, y se le cae la capa y sombrero.)


CONDESA

Alzad del suelo el sombrero.
La capa se os ha caído.
¿Turbaisos?


DON RODRIGO

Es Amor niño,
y túrbase.


CONDESA

¿Qué decís?


DON RODRIGO

Que nunca, si lo advertís, 205
la turbación tuvo aliño.


CONDESA

¿Pues de qué os turbáis?


DON RODRIGO

¿Es poco
tocar la mano, señora,
al sol, la luna, al aurora?
Si nieve entre llamas toco, 210
¿no es justa mi turbación?


CONDESA

Acabad ya, lisonjero.


DON RODRIGO

Calzaos quiero primero
el dedo del corazón.


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Escena V
Pág. 085 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CONDESA

¿Para qué?


DON RODRIGO

Para obligalle 215
con la lealtad que le enseño.


CONDESA

Si el corazón tiene dueño,
¿de qué sirve sobornalle?


DON RODRIGO

¿Dueño?


CONDESA

El conde Casimiro.


DON RODRIGO

No cabe el guante, señora. 220

(Aparte.)
 
¡Ay de mí!


CONDESA

Tirad agora.


DON RODRIGO

Romperele si le tiro...

(Aparte.)
 
Al paso que mi esperanza:
que aunque la barra tiró
cuando pudo, la rompió 225
mi mortal desconfianza.


CONDESA

En fin, ¿me viene pequeño
el guante?


DON RODRIGO

Cual mi ventura.

(Aparte.)
 
Que aunque igualarme procura
con el valor de su dueño, 230
es imposible alcanzalle.


CONDESA

¿Quién hay, Otón, que no sepa,
que para que un guante quepa,
no hay cosa como picalle?


ON RODRIGO

Puede venir tan pequeño, 235
que el picalle sea excusado.


CONDESA

Dadme vos que esté picado;
que vendrá sin duda al dueño.


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Escena V
Pág. 086 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Cielos! ¿Es favorecerme
esto, o burlarse? -No sé. 240
¿Si, necio, presumiré
que todo aquesto es quererme?
Pero si con la Condesa
habló el venturoso conde,
si con él se corresponde, 245
si ella misma lo confiesa,
¿hay claridad más oscura?
¿hay oscuridad más clara?



CONDESA

(Aparte.
 
Amor que así se declara,
ya toca en desenvoltura. 250
Yo volveré sobre mí.)
Otón, si el Conde viniera
tan picado, que estuviera
rendido y sujeto aquí,
alcanzara por amante 255
lo que por soldado no.


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Ah cielos!, ya declaró
la enigma oscura del guante.
Volvamos, loca porfía,
a casa la libertad; 260
que es lo demás necedad.


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Escena VI
Pág. 087 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CLAVELA.
-La CONDESA, DON RODRIGO.
  
CLAVELA

Albricias, señora mía.


CONDESA

¿De qué? ¿Ha venido mi hermano?


CLAVELA

No; mas tu esposo ha venido.


CONDESA

¿Cómo? ¿Pues ha merecido 265
ese título hombre humano,
sino el Duque? Loca, necia...


CLAVELA

El ver que le quieres bien,
y que es público también
que como a esposa te precia, 270
y a darte la mano viene,
me ha obligado a anticipar
el nombre que le has de dar,
y él por tan seguro tiene.


CONDESA

¿Hay hombre más atrevido? 275


DON RODRIGO

Si ha dicho Vuestra Excelencia
que el venir a su presencia
enamorado y rendido
le ha de ser de más provecho
que armado con gente tanta, 280
¿por qué le culpa, y se espanta?
Lo que deseaba ha hecho.


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Escena VI
Pág. 088 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CONDESA

No todo lo que se dice
se desea siempre, Otón;
de la lengua al corazón 285
hay mil leguas; contradice
la lengua al alma mil veces.
Vamos; que el Conde verá,
si persuadido a eso está,
en los ojos, que son jueces 290
del pensamiento, el rigor
de una enojada mujer;
y a no estar en mi poder,
y deslustrar mi valor,
viniendo de paz, prendelle, 295
yo le hiciera castigar.


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¿Quién os sabrá contentar,
mujeres?


CONDESA

Yo voy a velle
contra mi gusto. Esos guantes,
porque del mío lo son, 300
picad entre tanto, Otón,
y no os asombren gigantes,
pues torres la industria escala,
sin reparar en su altura;
que en mano de la ventura 305
un pastor a un rey iguala.

(Vase.)


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Escena VII
Pág. 089 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO.

(Aparte.)
 
¿Otra vez volvéis, engaños,
a despertar mi sosiego?
¿Otra vez sopláis el fuego
que apagaron desengaños? 310
Eso no; ya el Conde vino
anoche, y le prometió
ser su esposo; oílo yo:
lo demás es desatino.
Palabra me dio Clavela 315
de ser mi esposa: ¿qué aguardo?


CLAVELA

(Aparte.)
 
Amor, ¿por qué me acobardo?
¿Declarareme?


DON RODRIGO

¿Hablarela?
Mi bien...


CLAVELA

¿Mi bien? No se llama
así la hermana.


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Escena VIII
Pág. 090 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


La CONDESA.
-CLAVELA, DON RODRIGO.
  
CONDESA

¿Qué hacéis 320
los dos aquí?

(A CLAVELA.)
 
¡Ven conmigo!


CLAVELA

(Aparte.
 
¿Qué es esto, amor enemigo?
¿Siempre estorbos me ponéis
para declarar mi llama?)
¿Qué dices?


CONDESA

Conmigo ven, 325
y esta noche te prevén
a dar la mano a quien te ama.


DON RODRIGO

Señora...


CONDESA

Aqueste es mi gusto,
y hoy se ha de ejecutar.


DON RODRIGO

¿Pues será justo quebrar...? 330


CONDESA

Ya sea justo, ya sea injusto,
esta noche te dispón
a dar esposo a tu fama;
que ya yo he buscado dama
a don Rodrigo Girón. 335

(Vanse las dos.)


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Escena IX
Pág. 091 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO.

«¿Que ya yo he buscado dama
a don Rodrigo Girón?»
Pues ¿quién le dio comisión,
si no conoce a quien ama
don Rodrigo, en prevenir 340
dama para él? Mas Clavela
mis secretos le revela,
aunque procura fingir.
Siendo don Rodrigo Otón,
y si la Condesa me ama, 345
guardarase para dama
de don Rodrigo Girón.
Pero ¿cómo puede ser,
si Casimiro ha llegado,
por la Condesa avisado, 350
a quien ya llama mujer,
y una noche en el terrero,
junto a la lengua del mar,
le oí yo mismo alabar,
arrogante y lisonjero, 355
que le amaba la Condesa?
Ella misma ha confesado
que toda el alma le ha dado;
y pues ella lo confiesa,
no pasemos adelante, 360
engañosas conjeturas.
Mas, ¡cielos! ¿Las picaduras
y la pequeñez del guante...?
No es afición, sino es sueño.
¿Hay más confuso cuidado? 365
«Dadme vos que esté picado;
que yo haré que venga al dueño.»
Todas estas muestras son
que se guarda, porque me ama,
la Condesa para dama 370
de don Rodrigo Girón.


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Escena X
Pág. 092 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


PINABEL, CHINCHILLA.
-DON RODRIGO.
  
PINABEL

Pues, Otón, ¿vos aquí tan melancólico,
cuando todo Momblán se regocija
de ver a Casimiro tan gallardo,
que todo el mundo le echa bendiciones? 375
Salid a recebir a quien ha sido,
si ahora vencedor, vuestro vencido.


DON RODRIGO

No sé qué pesadumbres interiores
me tienen, Pinabel, desazonado
para cosas de gusto. El Conde venga 380
con bien, para que goce a la Condesa.


PINABEL

Según vos lo decís, mostráis que os pesa.


DON RODRIGO

¿A mí pesar? ¿Por qué? -¿Y han ya llegado
a palacio?


PINABEL

Ya están en la gran sala,
cercados de parientes y de amigos. 385
Saliole a recebir a la escalera
Diana, entre la nieve de sus tocas
deshojando claveles la vergüenza
que a verle se asomó por sus mejillas.
Hincose el Conde de rodillas luego, 390
diciéndole turbado: «Gran señora,
por imitar a Dios de todos modos,
si soberbio y armado me humillastes,
humilde y desarmado premio aguardo.
Por preso vuestro vengo; que intereso 395
ser vuestro esposo ya por vuestro preso».
Ella entonces, no sé si desdeñosa
(propiedad de mujer cuando más quiere),
le dio la mano y dijo: «No permita
Vuestra Excelencia, cuando está en su casa, 400
hincar rodillas a quien mandar puede».
Y no dando respuesta a las razones
tocantes a su amor y alegres bodas,
alzando al Conde, de miralla ufano,
le dio lugar para besar su mano. 405


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Escena X
Pág. 093 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

¿La mano le besó?


PINABEL

Y al lado suyo
se entraron en la sala, donde un pliego
abrió del duque Arnesto, en que le ruega
se case con el conde Casimiro,
diciéndole que escribe al mismo punto 410
que se pone a caballo, porque quiere
venir a ser padrino destas bodas.


DON RODRIGO

(Aparte.
 
Ea, juntaos, desdichas; venid todas.)
En fin, ¿que la Condesa muestra gusto
con el dichoso conde?


PINABEL

¿Pues no es justo? 415


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Ay, vanas esperanzas mal logradas!


PINABEL

Aunque ocupada, Otón, con tantas cosas,
mira con tal cuidado por las mías,
que acaba de advertirme que esta noche
quiere que dé la mano a vuestra hermana, 420
responda o no responda don Rodrigo;
que gusta que a sus bodas se anticipen
las mías, y a pesar de la mudanza,
la posesión destierre a la esperanza.
Y aunque querello la Condesa sobra, 425
estimo de manera vuestro gusto,
que no quiero sin él ninguna dicha;
puesto que ya debéis de estar cansado
de dilaciones deste don Rodrigo,
y el sí le concedáis por ser su amigo. 430


DON RODRIGO

Pinabel, no ha dos horas que una carta
de don Rodrigo tuve, en que me avisa
que en Momblán ha de estar esta semana.
Mirad ¿cómo os podré dar a mi hermana?


PINABEL

Fácilmente podéis, si la Condesa 435
me desposa esta noche; que forzado,
ni podéis hacer más, ni estáis culpado.


DON RODRIGO

La Condesa, en sabiendo que está en Flandes
don Rodrigo Girón, no le hará agravio,
ni a mí me querrá dar tal pesadumbre. 440


PINABEL

Siempre vos la mostráis en cosas mías;
y si por ser yo hermano del difunto,
os parece que sea yo heredero
del odio que le habéis, Otón, tenido,
podrá ser que lo sea en su venganza. 445


DON RODRIGO

Habladme, Pinabel, con más templanza.


PINABEL

¿Qué templanza merecen vuestros humos?
¿Vos entendéis que yo no los conozco?
Ya sé que os prometéis sin fundamento
condados que soñáis, y que perdida 450
está por vuestro talle alguna dama,
con quien haciendo al Conde competencia,
pasáis de la merced a la excelencia.
También sé que el negarme a vuestra hermana
es porque imagináis no ser iguales 455
mis prendas a las vuestras; que un cuñado
de un duque, potentado de Alemania
(como vos soñáis ser), querréis que sea
algún emperador, y aun será poco.
Quedaos para arrogante, necio y loco, 460
que ni Clavela es digna de llamarse
mi esposa, ni de vos hay que hacer caso,
que sois loco de atar.
(Vase.)


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Escena XI
Pág. 094 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO, CHINCHILLA.
  
CHINCHILLA

Detén el paso,
liebre, conejo, y triunfe la espadilla:
sabrás quién es el capitán Chinchilla. 465


DON RODRIGO

Déjale; que padece el mismo daño
que yo. De celos muero, celos tiene;
no me espanto que diga disparates.


CHINCHILLA

Si no se va, por Dios que hay carambola.
Cambrones lleva bajo de la cola. 470


DON RODRIGO

Voy a ver a Clavela; que si el Conde
viene a ser, como dicen, de Dïana
amado dueño, con Clavela pienso
el tropel aplacar de mis desdichas,
pues todas mis venturas son tan cortas. 475


CHINCHILLA

Cuando hay falta de pan buenas son tortas.

(Vanse.)


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Escena XII
Pág. 095 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CASIMIRO, FLORO, PINABEL.
  
PINABEL

Diérale yo el bien venido
a Vuexcelencia, señor,
si hubiera para bien sido,
y no impidiera su amor 480
un loco desvanecido.
Vuexcelencia cree que viene
a gozar en esta empresa
dichas que por ciertas tiene;
pues si ama a la Condesa, 485
para gozarla conviene
dar primero muerte a Otón,
que es pesado impedimento
de su justa posesión.


CASIMIRO

¿Cómo así?


PINABEL

Trae pensamiento 490
(que a esto llega su ambición)
de ser en Oberisel
conde.


CASIMIRO

¿Otón?


PINABEL

Otón, que loco
sitial previene y dosel,
y todo lo juzga poco, 495
no siendo debajo dél
esposo de la Condesa.


CASIMIRO

¿Pues tiene ella dél memoria?


PINABEL

Como en la pasada empresa
de vos alcanzó vitoria, 500
no le castiga, ni aun pesa
a Diana de que intente
lo que imposible ha de ser,
y más teniéndoos presente.


CASIMIRO

¡Ah, mudanzas de mujer, 505
ya en menguante, ya en creciente!
¿Que Otón loco y arrogante,
osa hacerme competencia?
¡Él de la Condesa amante!
No hay sufrimiento y paciencia 510
para agravio semejante.
Matarle será mejor.


FLORO

Advierte lo que hacer quieres.


CASIMIRO

Esto conviene a mi honor.
¡Ah liviandad de mujeres! 515
Siempre escogéis lo peor.


PINABEL

(Aparte.)
 
Así la arrogancia vana,
Otón, sé yo castigar
de una locura liviana.
La vida te ha de costar 520
no haberme dado a tu hermana.

(Vanse.)


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Escena XIII
Pág. 096 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


La CONDESA.

  
¿Es posible, rapaz ciego y desnudo,
cuando el seso por un español pierdo
que a mis locuras se resista cuerdo,
y a mis palabras contradiga mudo? 525
    Declarado se ha el alma cuanto pudo
permitir la vergüenza sin acuerdo.
Si es español y amante, ¿cómo es lerdo?
Si Amor habla por señas, ¿cómo es mudo?
    Aquí está el Conde, el Duque viene a verme, 530
que quiere darme esposo aborrecido,
y de pensallo la esperanza muere.
    Decilde, Amor, que acabe de entenderme;
pero no se dará por entendido:
que es peor sordo el que entender no quiere. 535


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Escena XIV
Pág. 097 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO. -La CONDESA.
  
DON RODRIGO

Dícenme que Vuexcelencia
me llama.


CONDESA

¿Yo? ¿Para qué?


DON RODRIGO

¿No? Luego yo me engañé.
Voyme con vuestra licencia.


CONDESA

Ya que estáis aquí, no os vais. 540
¿Cómo, si el Conde ha venido,
y la causa habéis sabido,
el parabién no me dais?


DON RODRIGO

Sea, señora, para bien.


CONDESA

¡Qué breve me le habéis dado! 545
¿Habéis los guantes picado?


DON RODRIGO

Si ya el Conde os quiere bien,
a quien sirvieron de enima,
¿para qué los guantes son?


CONDESA

Decís bien; tenéis razón. 550
Es vuestro ingenio de estima.

(Aparte.)
 
Amor, declararme quiero.
Mas la lengua no osará,
porque el temor le pondrá
freno: a la industria prefiero, 555
que es madre de la ocasión.


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Que así esta mujer pretenda
burlarme, y que no lo entienda
mi dudosa confusión!


CONDESA

(Aparte.
 
Pintaba cierto discreto, 560
retratando a la vergüenza,
un billete que comienza
a descubrir su secreto;
y yo para descubrir
este secreto crüel, 565
me he de valer de un papel.)
Traed recado de escribir.


DON RODRIGO

Voy por él.
(Vase.)


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Escena XIV
Pág. 098 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CONDESA

¿No es gran crueldad
callar el enfermo triste,
si en el principio consiste 570
la mayor dificultad?
Ánimo imposibles venza;
que si es el comenzar
la mitad del negociar,
lo más hace el que comienza. 575

(Saca DON RODRIGO recado de escribir.)
  

DON RODRIGO

Aquí está lo necesario
para escribir.


CONDESA

La opinión
que de vuestra discreción
tuve siempre, secretario,
me obliga a fiar de vos 580
cosas de honor y recato,
y lo que aquí veis que trato,
querría que entre los dos
se quedase.


DON RODRIGO

Por mi parte
seguro el secreto está. 585


CONDESA

El Conde ha venido ya,
el Duque a casarme parte.
El deseo y la ocasión
ahora ofrecen lugar,
que después han de estorbar 590
mi hermano y la dilación.
El asegurarla es bien.
¿No os parece?


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Escena XIV
Pág. 099 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

El fin espero.


CONDESA

Un papel escribir quiero
por vos, a quien quiero bien. 595


DON RODRIGO

¿No es al Conde?


CONDESA

Es, y no es.


DON RODRIGO

¿Es y no es, gran señora?


CONDESA

Sí, porque no es conde ahora;
pero seralo después.


DON RODRIGO

No entiendo esa enigma yo. 600


CONDESA

El papel os la dirá.


DON RODRIGO

(Aparte.)

¡Cielos! Esto ¿qué será?


CONDESA

Comenzad.


DON RODRIGO

Si os escribió
vuestro hermano, el duque Arnesto,
que por esposo admitáis 605
al Conde, ¿de qué dudáis?


CONDESA

(Aparte.)
 
¡Que aun no me entienda con esto!
¡Hay desventura mayor!


DON RODRIGO

«¿Es y no es?» ¡Qué contrario
modo de hablar!


CONDESA

Secretario, 610
no es para bobos amor.
Poco despuntáis de agudo.


DON RODRIGO

Indignos merecimientos
acobardan pensamientos.
¡Dichoso el Conde, que pudo 615
llamarse, desde que vino,
esposo vuestro!


CONDESA

¿Eslo ya?


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Escena XIV
Pág. 100 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

Poco menos.


CONDESA

De aquí allá
hay mil leguas de camino.


DON RODRIGO

¿Luego no le amáis?


CONDESA

Yo... sí. 620


DON RODRIGO

¿Pues qué leguas puede haber?


CONDESA

¿Qué queréis? ¿No puede ser
que Dios lo estorbe?


DON RODRIGO

Es así.


CONDESA

Pues no pierda la esperanza
el que la puede tener. 625


DON RODRIGO

(Aparte.
 
¡Válgate Dios por mujer,
por amor y por mudanza!)
Señora...


CONDESA

(Aparte.)
 
Aquí se declara.


DON RODRIGO

¿Tendría algún fundamento
mi atrevido pensamiento, 630
si viéndoos, imaginara
que al Conde soy preferido?


CONDESA

¡Vos! ¿Tan galán os pintáis?
Arrogante y necio andáis.
Sois un bárbaro atrevido. 635


DON RODRIGO

(Aparte.
 
¡Oh, nunca yo hubiera hablado!)
Suplícoos me perdonéis.


CONDESA

Escribid; que bien sabéis
lo que ha que estáis perdonado,
y en lo que os estimo y precio. 640

(Aparte.
 
Hombre que ha dudado ya
que le quiero bien, será
si me pierde, un grande necio.)


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Escena XIV
Pág. 101 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
Entre miedos y esperanzas,
me traéis, amor sutil, 645
puesta mi vida en el fil
destas dudosas balanzas.
¿Qué pensáis hacer de mí?
¿Tuvo más dudas Teseo
en su intrincado rodeo? 650


CONDESA

¿No escribís?


DON RODRIGO

Señora, sí.


CONDESA

(Dictando.)
 
«Mi bien...»


DON RODRIGO

¡Señora!


CONDESA

No os llamo,
sino digo que escribáis
«mi bien».


DON RODRIGO

(Escribiendo.)
 
Tierna comenzáis.


CONDESA

(Dictando.)
 
«Con tan grande extremo os amo...» 655


DON RODRIGO

(Escribiendo.)
 
«Os amo».


CONDESA

¿A quién amáis vos?


DON RODRIGO

«Os amo» he puesto, señora.


CONDESA

¿A mí?


DON RODRIGO

Yo repito ahora
lo que he escrito; aunque, por Dios,
que si hacéis los ojos jueces, 660
ellos dirán mi delito.


CONDESA

Poned «os amo».


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Escena XIV
Pág. 102 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

Ya he escrito...


CONDESA

(Dictando.)
 
«Os amo yo».


DON RODRIGO

¿Tantas veces?


CONDESA

¿Qué se os da a vos que sean tantas?


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
Entre esperanzas, desvelos, 665
tantas dudas, tantos celos,
ciego amor, ¿por qué me encantas?


CONDESA

(Dictando.)
 
«Que por ver si me amáis vos,
dando a mis cuidados fin,
a las doce en el jardín 670
seré vuestra esposa. Adiós.»


DON RODRIGO

Escrito está ya.


CONDESA

El tercero,
Otón, habéis vos de ser.


DON RODRIGO

¡Dichoso quien merecer
pudo tanto, que es primero! 675


CONDESA

Cerralde. Bien está así,
y dareisle... ¿Entendéis...?


DON RODRIGO

Sí, señora.


CONDESA

A quien sabéis
que me quiere más que a sí.

(Vase.)


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Escena XV
Pág. 103 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO.

«¡A quien sabéis que me quiere 680
más que a sí!» Luego soy yo.
Pero ¿por qué me escribió,
si a mí en su amor me prefiere?
¿No me hablara, si es que muere
del mal que muero? Mas venza 685
un papel, pues que comienza
a ser de mi amor la suma,
porque en los nobles, la pluma
es lengua de la vergüenza.
Pero no será, ¡ay de mí!, 690
sino el Conde a quien escribe;
que si por amarla vive,
amarala más que a sí.
Pero ¿cómo será así?
Si aguarda al Duque su hermano, 695
sólo para dar la mano
al Conde, ¡cielo!, ¿a qué fin,
llamándole a su jardín,
quiere hacer su amor liviano?
Por ella el Conde ha venido; 700
que le quiere ha confesado;
y querrá, pues fue el llamado,
hacerle hoy el escogido.
Pero si fuera querido,
preguntada, respondiera 705
que le amaba, y no dijera
aquel «es y no es» dudoso.
¿Hay mar más tempestüoso
con más confusa ribera?
No es posible, ni imagino 710
que a Casimiro escrito ha,
pues dijo que de aquí allá
hay mil leguas de camino.
¡Pues qué!, ¿diré que soy dino
de gozalla yo? ¡Ay de mí! 715
Que aquí la sentencia oí
de mi arrogante interés.
Decidme, cielos, ¿quién es
quien la quiere más que a sí?


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Escena XVI
Pág. 104 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CASIMIRO, FLORO. -DON RODRIGO.
  
FLORO

Aquí está Otón; pero mira 720
primero lo que has de hablar.


CASIMIRO

No hay que advertir ni mirar;
que no tiene ojos la ira.


DON RODRIGO

El Conde ha venido aquí:
decid, obscuro papel. 725
¿Sois para mí o para él?
¿Quién la quiere más que a sí?


CASIMIRO

Otón...


DON RODRIGO

Gran señor...


CASIMIRO

En vos
sé yo que tuve un testigo,
cierta noche que conmigo 730
fue piadoso el ciego dios;
de la mucha voluntad
con que, estando ausente yo,
a mi amor favoreció
la Condesa.


DON RODRIGO

Así es verdad. 735


CASIMIRO

¿Ella no os lo dijo?


DON RODRIGO

Sí.


CASIMIRO

También habréis visto, Otón,
de mi larga pretensión
que la quiero más que a mí.


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Escena XVI
Pág. 105 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO

Si más que a vos la queréis, 740
aunque mi mal solicito,
a vos viene el sobre escrito...


CASIMIRO

Esto mejor lo sabéis
que yo, pues que lo confiesa
Diana.


DON RODRIGO

Digo que sí. 745
Quien la quiere más que a sí,
sois vos, y ansí la Condesa
os escribe este papel.


CASIMIRO

¿Para mí?


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Pluguiera a Dios
que no fuera para vos! 750


CASIMIRO

(Aparte.
 
Engañome Pinabel.)
¿Que es de la Condesa?


DON RODRIGO

Sí;
mandome que le escribiese,
y que yo mismo le diese
a quien la ama más que a sí. 755
Y pues vos venís por él,
y esas señas me habéis dado,
vos, conde, sois el llamado.
Gozad dichoso el papel.

(Dásele y se aparta del CONDE.)


CASIMIRO

(Aparte.)
 
¿Qué oís, confusos deseos? 760


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
¡Ay de quien se ha de matar,
si el Conde llega a gozar
la gloria de sus empleos!


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Escena XVI
Pág. 106 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CASIMIRO

Floro, mira si estoy loco.


FLORO

De cólera y sinrazón 765
lo estabas poco ha.


CASIMIRO

Perdón
le pido. En tiempo tan poco,
¿tal premio mi amor recibe?


FLORO

Aún no has llegado a saber
lo que dice.


CASIMIRO

Quiero ver 770
lo que mi condesa escribe.

(Lee para sí.)


DON RODRIGO

(Aparte.)
 
Si no sois, Clavela, vos
saludable contrayerba
contra la ponzoña acerba
destas desdichas, por Dios 775
que muero infelicemente.


CASIMIRO

(Acabando de leer.)
 
«Dando a mis cuidados fin,
a las doce en el jardín,
seré vuestra esposa.» Miente
quien dice que la mujer 780
es liviana, es inconstante;
que es bronce, mármol, diamante,
y más firme viene a ser.
Diana es la discreción,
la hermosura, la nobleza, 785
la gracia y la gentileza,
el donaire, la sazón...


FLORO

Señor, basta.


CASIMIRO

Otón leal,
mi estado es tuyo desde hoy;
tú eres el Conde, yo soy 790
mucho menos que tu igual.
Dame los brazos, los pies...
Pero todo aquesto es poco.
Dame...


FLORO

Señor, ¿estás loco?


CASIMIRO

¿No lo he de estar? ¿No lo ves? 795
Llegó mi ventura al fin.
Ven; que el amor me da priesa.


FLORO

¿Dónde?


CASIMIRO

A ver a mi condesa,
que me aguarda en el jardín.

(Vanse CASIMIRO y FLORO.)


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Escena XVII
Pág. 107 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


DON RODRIGO.

¡Cielos! ¿A ver su condesa 800
que le aguarda en el jardín?
¿Que la ha de gozar, en fin,
aunque la adoro, y me pesa?
¿Que tanto bien interesa
por la letra de un papel, 805
que leyó su dicha en él,
estando mi suerte en duda?
Nunca el Conde a verla acuda,
si el Conde no es dueño dél.
Si viene el Duque mañana, 810
¿qué prisa, cielos, es esta?
Necio he sido; no hay respuesta
porque a no querer Diana
que yo la ocasión gozara,
y el papel para mí fuera, 815
por su mano le escribiera,
y con otro le enviara.
El Conde ha de ir a las doce,
como el papel lo advirtió;
anticipareme yo 820
luego, porque no la goce,
o moriré si me engaño
en saber que soy querido.
Amor, ya que necio he sido,
suelde la industria este daño. 825


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Escena XVIII
Pág. 108 de 118
El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


CHINCHILLA. -DON RODRIGO.
  
CHINCHILLA

En todo este santo día
no te he visto.


DON RODRIGO

Ni podrás
agora.


CHINCHILLA

Pues ¿dónde vas?


DON RODRIGO

¡Ayuda, presteza mía!
Aguárdame en el terrero. 830


CHINCHILLA

Tres días ha que no cenas
ni comes.


DON RODRIGO

Manjar de penas
es sólo el que busco y quiero.


CHINCHILLA

¡Anda bueno el dios machín!
¿Dónde vas con tanta priesa? 835


DON RODRIGO

Voy...


CHINCHILLA

¿Vas...?


DON RODRIGO

A ver mi condesa
que me aguarda en el jardín.

(Vase.)


CHINCHILLA

Él se fue a mudar vestido,
y yo me habré de quedar, 840
como suelo, a repasar
cuentas de lo que he bebido.
¡Válgate el diablo, el terrero,
lo que das en perseguirme!
Pues ¿si tengo de dormirme? 845
Pues sí chero, pues no chero.

(Vase.)


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Escena XIX
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El castigo del penseque Acto III Tirso de Molina


Vistan exterior del jardín de la CONDESA.

-Noche.

CASIMIRO, FLORO.
  
CASIMIRO

¿No son las doce?


FLORO

¿Las cuántas?
Ni las diez.


CASIMIRO

Quien ama, cuente
horas, amor, de relojes
que cuestan caro si mienten. 850
Sabes tú que la Condesa,
con ver que su hermano viene
con tanta priesa a casarme,
un día esperar no puede,
y que esta noche me manda 855
la venga a ver, ¡y tú quieres
que aguarde la flema yo
de un reloj, porque se hiele
y por no dar, no reciba
ni amor el premio que tiene 860
tan cierto! La diligencia
siempre gana y nunca pierde.


FLORO

En fin, ¿a entrar te dispones?


CASIMIRO

A entrar me dispongo. Vete.


FLORO

¿Quieres que te aguarde aquí? 865


CASIMIRO

No, porque si pasa gente,
darás lugar a malicias.


FLORO

Guíete el amor, si puede
un ciego guiar a otro.

(Vase.)


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Escena XX
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CHINCHILLA. -CASIMIRO.
  
CHINCHILLA

(Aparte al salir.)
 
Mi señor sin duda es este. 870


CASIMIRO

Allí está la cerca baja:
trepando por los laureles
que están pegados al muro,
podré saltar fácilmente.


CHINCHILLA

(Con recato al CONDE, desde lejos.)
 
¡Ah, señor!, ¿no me conoces? 875


CASIMIRO

(Sin oír a CHINCHILLA.)
 
Noche propicia y alegre,
no salga en un año el sol
en los brazos de su oriente,
porque ni mi amor estorbe,
ni mi silencio despierte. 880
¡Dulce esposa!, ¿que en tus brazos
antes de una hora he de verme?

(Vase.)


CHINCHILLA

¡Ah, señor!, ¡señor! -Zampose.
Si la Condesa le quiere,
y entra a gozalla, no dudo 885
que don Rodrigo ha de hacerme,
en casándose con ella,
archibodeguero siempre,
y de Lucrecia, Tarquino.


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Escena XXI
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DON RODRIGO. -CHINCHILLA.
  
DON RODRIGO

(Sin ver a CHINCHILLA.)
 
Si era para mí el billete 890
y necio al Conde le di,
goce su amor en papeles,
y yo por obra advertido,
mi cortedad necia enmiende.
Dos horas antes del plazo 895
vengo; y si Diana duerme
(que con amor no es posible),
mis suspiros la despierten.
Vos, jardín, habéis de ser
tálamo amoroso y verde 900
de mis dichas. Subir quiero.


CHINCHILLA

Hacia mí un gigante viene.
¡Válgame Dios! ¡Que haya santos
abogados de los dientes,
de las tripas, de la ijada, 905
de las bubas y la peste,
y no haya santo abogado
del miedo que un hombre tiene!
Pero no hay santo cobarde;
que quien se salva es valiente. 910


DON RODRIGO

¡Hola! ¿Quién va?


CHINCHILLA

(Aparte.)
 
Ya me ha visto.


DON RODRIGO

¿Quién sois? ¡Hola!


CHINCHILLA

Quien quisiere,
porque a los hombres de paja
cualquier nombre les conviene.


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Escena XXI
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DON RODRIGO

¿Sois señor, o sois criado? 915


CHINCHILLA

Criado he sido tres veces:
una de Dios; de mi madre
otra, que me dio su leche;
y otra (que nunca lo fuera)
de un amo que aquí me tiene, 920
mientras se calienta él,
como cantimplora en nieve.


DON RODRIGO

¿Es Chinchilla?


CHINCHILLA

¿Es don Rodrigo?


DON RODRIGO

¡Borracho!


CHINCHILLA

¿Tan presto vuelves?
Cortos fueron los oficios; 925
amante eres diligente.
Pero pues tan presto sales,
algo ha habido. ¿Qué hay?, ¿qué tienes?
¿Hante sentido en palacio,
o la viuda no te quiere? 930


DON RODRIGO

¿Estás borracho? ¿Qué dices,
que tantas cosas revuelves
unas con otras?


CHINCHILLA

¿Qué digo?
¡Bueno será que lo niegues!
¿No acabas de entrar ahora, 935
por entre aquellos laureles,
al jardín de la Condesa?


DON RODRIGO

¿Yo?


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Escena XXI
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CHINCHILLA

No, sino el mequetrefe.
¿Pídote yo la alcabala?
¿Vengo por los alquileres, 940
que me niegas lo que he visto
por estos ojos o ojetes?


DON RODRIGO

¿Hombre hay dentro del jardín?


CHINCHILLA

Hombre y tan hombre, que viene
a mostrar que es para hombre. 945


DON RODRIGO

¡Ay cielos!, el Conde es este.
¿Tú le viste entrar?


CHINCHILLA

Yo mismo,
no ha un cuarto de hora, y dejele
porque pensé que eras tú.


DON RODRIGO

¡Oh celos! ¡Oh amor aleve! 950
Yo tengo la culpa, yo,
y pues la tengo, no quede,
vida en mí tan desdichada.
Más vale darme la muerte.


CHINCHILLA

¿Tenemos ya carambola? 955


DON RODRIGO

¡Que yo al Conde el papel diese
que era para mí! ¡Mal haya
quien ama, y la ocasión pierde!
¡Ah del parque!, ¡ah de palacio!
¡Ah del jardín! ¡Hola! Gente, 960
jardineros...


CHINCHILLA

No des voces.


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Escena XXI
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DON RODRIGO

¡Pues qué!, ¿quieres que reviente?
Déjame, pues por mi causa
perdí la ocasión alegre
de mis dichas, que dé alivio 965
a mis ansias desta suerte.
Árboles, ¿no veis vosotros
por los ojos de hojas verdes,
que mi amor se llama a engaño?
Si el Conde entró, detenelde. 970
Flores, volveos espinas;
así nunca en mayo fértil
de los brazos de Amaltea
vuestros valles frescos deje.
Creced, arroyuelos claros, 975
haced mares vuestras fuentes,
para que el Conde no pase,
y si pasase, se anegue.
Pero todos diréis y justamente,
que muera el que una vez la ocasión pierde. 980
Ya la perdí, yo el ignorante he sido;
sólo puedo quejarme de mí mismo.


CHINCHILLA

Aquí nos han de matar,
si das voces, imprudente.
Las puertas abren del parque; 985
por ellas sale gran gente:
Casimiro y la Condesa,
enlazando manos, vienen
oyendo de sus vasallos
venturosos parabienes. 990


DON RODRIGO

Para mí son paramales.
¡Ay celos!, ¡ay rabia!, ¡ay muerte!
Y, ¡ay de mí!, que ya no hay
industria que me remedie.


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Escena XXII
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LIBERIO, PINABEL, CLAVELA,
LUCRECIA, CASIMIRO, de las manos;
acompañamiento.
  
CONDESA

Lo que os escribió mi amor 995
(en fe del mucho que os tiene,
conde y señor, vuestra esposa)
fue acelerado accidente;
que sin consultar al alma
los deseos, impacientes 1000
de esperar términos largos,
juzgan siglos horas breves.
Mas no es razón que en secreto
vuestra firmeza se premie,
cuando en público desea 1005
esta ciudad que celebre
el amor entre los dos,
los deseos excelentes
de Casimiro y Diana,
que el alma y mano os ofrece. 1010
Por eso desde el jardín,
donde amor, que nunca duerme
cogiéndoos en él, ha sido
hoy cazador diligente,
os traslado a mi palacio, 1015
para que como merece
vuestra constancia, Himeneo
coyundas de amor nos eche.


CASIMIRO

¡Venturosas dilaciones,
que, en fin, dulce esposa, tienen 1020
tan apacible remate!
Y yo, ¡dichoso mil veces,
que esta mano he merecido!


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Escena XXII
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CONDESA

(Aparte.
 
Pues el Cielo así lo quiere,
loco amor, salid del alma.) 1025
¡Otón!, ¿aquí estáis?

(Aparte con él.)
 
Quien tiene
entendimiento tan corto,
que para corto se quede.


DON RODRIGO

Siempre hablastes por enigmas.


CONDESA

Siempre el cuerdo las entiende. 1030
¡El papel distes al Conde!
¡Agudeza fue prudente!


DON RODRIGO

Pensé que era para él.


CONDESA

¿Hombre érades de «penseque»?

(A CASIMIRO.)
 
Vamos venid, conde mío. 1035


DON RODRIGO

(Aparte con la CONDESA.)
 
¿Aqueste pago merece
mi amor?


CONDESA

Así se castigan
necedades de un «penseque».


CHINCHILLA

(Aparte con su amo.)

¿«Pensé que» ibas a decir
ahora?


DON RODRIGO

Déjame. ¿Quieres 1040
que me mate?


CHINCHILLA

¿Tú no sabes
la descendencia y parientes
del «penseque», que en el mundo
tantos mentecatos tiene,
dando piensos de cebada? 1045
Que es bien que a «penseques» piensen.


CONDESA

Ya, conde y señor, que sois
mi esposo, y el Duque viene
a celebrar nuestras bodas,
quiero, primero que llegue, 1050
hacer con vuestra licencia,
otras segundas que alegren
las vuestras.


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Escena XXII
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CASIMIRO

Vuestra hermosura
lo que más gustare ordene.


CONDESA

Clavela se ha de casar 1055
con quien sé yo que la quiere
desde que a esta tierra vino.


PINABEL

Yo, gran señora, soy ese.


CONDESA

No es sino este caballero.

(Por DON RODRIGO.)
 
Los dos desposarse pueden. 1060


LIBERIO

¿Con mi hijo?


CLAVELA

¿Con mi hermano?

(Aparte.)
 
¡Ojalá nunca lo fuese!


CONDESA

No es Otón, como pensáis
todos, el que veis presente...


CLAVELA

¿Pues...?


CONDESA

Don Rodrigo Girón, 1065
que el verdadero Otón viene
en servicio de mi hermano,
y es quien por él intercede.


LIBERIO

Clavela, si esto es así,
por vuestro esposo se quede; 1070
que de hijo a yerno va poco.


CLAVELA

La mano le doy mil veces.


DON RODRIGO

Yo a vos con ella mi vida,
pues por vos a cobrar vuelve
el sosiego que perdió. 1075


PINABEL

Pues ¿este pago merecen
mis servicios, gran señora?


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Escena XXII
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CONDESA

Para que en parte se premien,
mi prima Laura será
vuestra esposa.


PINABEL

Ya no puede 1080
osar quejarse mi agravio,
pues me hacéis vuestro pariente.


DON RODRIGO

Yo he de partirme a Castilla
con mi esposa...


CONDESA

Sois prudente.


DON RODRIGO

Por no tener a mis ojos 1085
El castigo del penseque.


CONDESA

Diez mil ducados os doy.


CHINCHILLA

¿Y a mí?


CONDESA

Dos mil.


CHINCHILLA

Dios te deje
llegar a ver choznos viejos.
Señora Lucrecia, llegue, 1090
y deme esa mano.


CASIMIRO

Vamos,
primero que en Momblán entre
hoy el Duque, a recibille.


DON RODRIGO

El cuerdo amante escarmiente
en mí, y goce la ocasión; 1095
porque al que cual yo la pierde,
le cabrá parte conmigo
de Castigo del penseque.


Fin01.jpg


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